La actual coyuntura nacional e internacional, esta marcada por la cada ves más evidente y profunda, crisis estructural del modo de producción capitalista. Es esta realidad la que determina que casi a diario y en los mas diversos y distantes entre si, países del globo, se produzcan convulsiones de tales magnitudes, que economías que hasta ayer parecían gozar de gran salud, de golpe y sin aparentes explicaciones -salvo para los marxistas-, entran en colapso, y lo que es peor aún, sus consecuencias: hambre y miseria, se hacen sentir de manera casi inmediata, en el mundo entero. En este sentido, América Latina y Argentina en particular, no constituyen excepciones a la regla. Por el contrario, en la conciencia de los trabajadores argentinos, la principal preocupación que existe, es la del miedo ante la posibilidad de perder el trabajo. Ni siquiera el caracter miserable de los salarios actuales, llega a constituir una preocupación equivalente a la anterior. Sin embargo, es justamente esta realidad objetiva, la que determina que la lucha contra la desocupación y por el derecho (!!democrático!!) al trabajo, a vivir de un salario, adquieran hoy un caracter abiertamente revolucionario. Esta particularidad esta motivada en la incapacidad en que se encuentra la burguesía, tanto argentina como mundial, para resolver esta contradicción.
Por el contrario, la propia lógica del capitalismo implica que, lejos de lograr resolver el problema, esta obligado a seguir profundizandolo a pasos agigantados, a seguir ensanchando la brecha entre los que tienen y los que no, entre ricos y pobres, entre Socialismo o Barbarie. Por ello, la politica que deben desarrollar los revolucionarios en la actual coyuntura, no podría partir si no es desde este punto crucial. Se trata de dar expresión conciente, en programa de lucha y en consignas, a la experiencia que diariamente las masas realizan. De dotar a estas una clara orientación de lucha, de cuales son los métodos que se corresponden para lograr imponer sus necesidades, que no son precisamente, el de exigir leyes o promesas a tal o cual gobierno o tal o cual candidato electoral, ya sea tanto de los partidos patronales, como de los innumerables partidos de izquierda, que sobre la base de llenar el PARLAMENTO BURGUÉS de diputados obreros , prometen realizar planes obreros de emergencia, que permitirian acabar con el flajelo de la desocupación y la miseria. Mienten. El único camino que permitira sacar a las masas de la barbarie a la que las condena el capitalismo en descomposición, es el camino de la movilización, el de la acción directa, el de la Revolución Social. Pero, si en el fondo no existen términos medios acerca de cual es la estrategia, el problema para los revolucionarios, radica en lograr concentrar ese programa revolucionario en unas pocas y acertadas consignas que, al ser tomadas por las masas, orienten a éstas hacia la estrategia. En este sentido, los revolucionarios debemos dirigirnos decididamente hacia las masas, explicando y demostrando pacientemente las innumerables falsedades, que a diario divulgan los ideologos burgueses y sus laderos reformistas, acerca de la imposibilidad de acabar con la desocupación, de que debemos acostumbrarnos a vivir sin educación ni salud, de que pobres ha habido siempre y que siempre los habra. A esto demos responder: FALSO, no es verdad que no pueda haber trabajo para todos!! La desocupación puede ser eliminada de raíz y en pocos días, sólo hace falta desarrollar un basto plan estatal de obras públicas, que comience por garantizar su propia casa a cada trabajador y su familia, que aborde la construcción de hospitales y escuelas suficientes para garantizar la mejor salud y educación para las familias obreras. etc. un plan que aborde el desarrollo de la industria pesada.