"Clarín" del pasado 24 de enero de 1999 publica una nota exclusiva del autor de "El amor en los tiempos del Cólera" que no tiene desperdicio: Gabo se vale de una serie de encuentros con el Presidente norteamericano para dise#ar una semblanza apologética del masacrador del pueblo iraquí: "Bill Clinton era todo lo contrario de la idea que los latinoamericanos tenemos sobre los presidentes de los Estados Unidos.
"Ahora bien: ?sería justo que este raro ejemplar de la especie humana tuviera que malversar su destino histórico sólo porque no encontró un rincón seguro donde hacer el amor?", para luego presentarlo como víctima de " una vasta y siniestra confabulación de fanáticos para la destrucción personal de un adversario político cuya grandeza no podían soportar" citando ademas una frase que Clinton le habría dicho en aquel encuentro: "Mi único enemigo es el fundamentalismo religioso de derecha"
Brillantemente escrita, la nota del colombiano nos presenta el siguiente contraste de "los dos Clinton" (antes y después del caso Lewinsky): "Lo conocí en una cena que el escritor William Styron ofreció en su casa veraniega de Marthas Vineyard, en agosto de 1995" "Era, a sus cuarenta y nueve a#os, un sobreviviente glorioso de la generación del 68, que había fumado marihuana, cantaba de memoria a los Beatles y protestaba en las calles contra la guerra de Vietnam" "El Bill Clinton que encontramos hace cuatro meses en la cena de gala que ofreció el presidente Andrés Pastrana en la Casa Blanca, era un hombre distinto. Ya no era el universitario desprejuiciado de Marthas Vineyard, sino un convicto enflaquecido e incierto, que no lograba disimular con una sonrisa profesional el mismo cansancio orgánico que destruye a los aviones: la fatiga del metal". "Vencido por la fatiga del metal, Clinton llegó hasta la locura imperdonable de castigar a sangre y fuego a un enemigo inventado a cinco mil trescientas noventa y siete millas nauticas de la Casa Blanca, sólo para desviar la atención de su desgracia personal". Note el lector la sutileza de Gabo para inducir al lector a simpatizar con Clinton, y presentarlo como un víctima de una suerte de medioeval persecusión moralista. La función política que tiene esta deformación de la realidad se puede sintetizar en los siguientes puntos:
1- Sería posible que un "izquierdista progre" (Clinton) llegara a la Presidencia de los Estados Unidos vía el Partido Demócrata, y esa sería la vía de mejora gradual de los conflictos emergentes del capitalismo: "Si Fidel y usted pudieran sentarse a discutir cara a cara, no quedaría ningún problema pendiente" (le habría dicho García Marquez a Clinton en esa cena donde lo conoció).
2- Este progresismo post-moderno de fines de milenio iría de la mano de una suerte de providencialismo subjetivista, donde el papel del individuo en la historia (Clinton, Castro, el Fiscal Kenneth Starr, etc.), podrían operar como una suerte de demiurgos, liberados de los intereses de clase que los determinan.
3- Siguiendo esta línea de análisis, el bloqueo imperialista a Irak y a Cuba, el reciente bombardeo a Bagdad, los actos terroristas de los yankees contra Sudan y Afganistan, responderían más a maniobras de estos demiurgos, que a las necesidades materiales de un sistema (el capitalismo en su fase imperialista), que sólo puede sobrevivirse sobre la destrucción, la muerte y la barbarie.
4- En estas condiciones cuasi sobre-naturales, las masas explotadas poco tendrían que decir o hacer: García Marquez, que esta operando como mediador en las negociaciones pacifistas entre el Gobierno de Pastrana y las FARC, refuerza el mensaje reaccionario en boga, que pretende colocar a los explotados ante supuestos hechos consumados, por los que su acción directa es impotente, y la revolución, una utopía.
5- En verdad, la aparente impunidad con la que actúan los supuestos demiurgos de la historia según García Marquez , es consecuencia de la fenomenal crisis de dirección revolucionaria del proletariado mundial, que se refleja en la enorme dificultad para que se abra camino una política de independecia de clase ante cada acontecimiento crucial de la humanidad.
En conclusión, la nota de Gabo da bronca, porque si bien el excelente escritor colombiano también ha sido víctima de esa crisis de dirección (dónde está el García Marquez comprometido con la lucha por los derechos humanos en Latinoamirica, solidario activo con la revolución nicaragüense, editorialista de obras de Trotsky?), la relación entre un intelectual de su talla y los problemas de la humanidad no es lineal, es dialéctica: un García Marquez antimperialista no cambiaría la correlación de fuerzas entre las clases, pero sin dudas serma un mojón contra el retroceso. Pero este Gabo, abiertamente proimperialista en su variante democratizante, configura un nuevo pu#ado de arena en los ojos de los explotados. En defensa del autor que diera vida a los Buendía, a Florentino Ariza, a Fermina Daza, corresponde combatir a quien usa la ductilidad de su pluma y la fuerza de su autoridad intelectual para embellecer al Presidente del Imperialismo.
Fernando Armas