Una polémica fundamental al interior de la izquierda, de cara a la vanguardia y a las masas: En qué consiste la lucha por la defensa incondicional de Yugoslavia y por su victoria en la guerra
por Gustavo Gamboa
La guerra es la política por otros medios. Y la política bajo el capitalismo, es la expresión de los intereses de las clases polares de la sociedad: la burguesía y el proletariado. Asistimos en la situación mundial a una crisis del capitalismo, que se expresa en que la enorme capacidad productiva de la humanidad (producción que es social y que es universal), entra en abierta contradicción con la apropiación privada y monopólica que hace la burguesía de la misma. Pero esa burguesía no realiza tal apopiación en forma homogénea. Como clase, no puede negar la historia que la conformó como tal, ligada por múltiples lazos a la nación estado. Así, el lugar que ocupan distintas burguesías en el mercado mundial determina distintos lugares en el reparto de la torta, lo que se refleja también en los aspectos diplomáticos y militares. El Imperialismo (fenómeno que analizara Lenin como fase superior y terminal, del capitalismo) expresa el más alto grado de concentración del capital, y por lo tanto determina no sólo la opresión de la clase obrera mundial en su conjunto, sino también que un puñado de naciones opresoras (aquellas que ocupan un lugar preponderante en el control del mercado mundial), sometan a la inmensa mayoría de los países oprimidos.
Para los comunistas, para los marx-leninistas-trotskystas, la defensa incondicional de una nación oprimida contra el Imperialismo no es una cuestión "humanitaria", sino la respuesta correcta ante la coyuntura concreta que nos plantea la historia: nuestro objetivo de cambiar el mundo de base, de expropiar a la burguesía, sólo podrá avanzar si en esta larga lucha su expresión más concentrada y reaccionaria (el Imperialismo), no se debilita, sufre derrotas, se quiebra.
Pues bien: Yugoslavia, que era un Estado Obrero Deformado (expropiada la burguesía, fue usurpada esa conquista por una burocracia de corte stalinista (el Mariscal Tito lideraba esa camarilla), ha sufrido ya (como también Rusia) la restauración capitalista. Esa restauración los ha incorporado al mercado mundial como países oprimidos, incapaces de alcanzar el desarrollo económico, técnico y militar de los líderes de la OTAN que controlan el mundo. En estas condiciones, en el medio de una guerra de agresión imperialista, cuyos objetivos poco tienen que ver con los "pobres kosovares" (y sí con objetivos geo-políticos-económicas, de cara al Oriente, a Rusia y a China, como explicamos en otras notas de esta edición de MASAS), es OBLIGATORIO ocupar el campo correcto de la pugna, que en este caso es indudablemente el que ocupa el pueblo yugoslavo. Es aquí donde la inmensa mayoría de los grupos de izquierda, incluídos no pocos autoproclamados trotskystas nos interpelan: "¿Y Milosevic? ¿Y la autodeterminación de Kosovo? ¿Y la limpieza étnica?"
Como queda claro en nuestra declaración común firmada con la LBI de Brasil y otros grupos del mundo, seguimos sosteniendo no sólo la autodeterminación de Kosovo, sino incluso el derecho a su separación de Yugoslavia y su unión territorial con Albania, si así lo desea la inmenas mayoría del pueblo kosovar, en la perspectiva de una Federación de Repúblicas Socialistas de los Balcanes. Pero sería una posición objetivamente pro imperialista colocar un signo igual entre Milosevic y la OTAN, o entre la consigna de "Fuera el Imperialismo de los Balcanes" y "La autodeterminación de Kosovo", como podemos leer en no pocos volantes y titulares de periódicos de grupos de izquierda. Y peor aún es decirles a las masas serbias que "su peor enemigo se llama Milosevic y está dentro de sus fronteras", como increíblemente reza una declaración de un grupo español que se autoproclama parte de la "izquierda transformadora".
Quienes militamos activamente durante la guerra de las Malvinas, aprendimos con la fuerza de quedar grabado a fuego, la importancia del ÁNGULO y de la JERARQUÍA que deben tener las consignas en la lucha por la dirección de las masas. En aquellos tiempos, la consigna que había encabezado toda pelea y toda movilización hasta la guerra contra Gran Bretaña ("Fuera la Dictadura"), pasó a un segundo plano, para colocarse en el primero "Guerra Total al Imperialismo" , combatiendo así a Galtieri y Costa Méndez, desde otro ángulo: su línea de capitulación miserable al Imperialismo anglo-yanquee. El paralelo histórico vale, porque corresponde desarrollar entre los explotados del mundo (y especialmente, entre el pueblo serbio) cual es la política para derrotar al Imperialismo, para derrotar la agresión genocida de la OTAN. Y sin lugar a dudas, como lo señala nuestra declaración conjunta con otros grupos, si el pueblo serbio hiciera suya la consigna de Autodeterminación de Kosovo (o en ese camino, Autonomía de Kosovo, de la que gozaba esa provincia de la Federación Yugoslava cuando era un Estado Obrero en tiempos de Tito), se daría un fenomenal impulso a la unidad imperialista, no sólo en la región, sino en toda Europa y el mundo. Aquí se aplica aquella lección de Carlos Marx, que decía "que ningún pueblo que oprime a otro tiene derecho a liberarse". Nuestros interlocutores dirán "Pero que el pueblo serbio levante esta consigna es incompatible con Milosevic en el poder". Contestamos: No sólo esto. Con Milosevic en el poder, es imposible también una victoria en la guerra, porque su política nacionalista burguesa (de la cual la opresión de los albano-kosovares es tan sólo un aspecto), le impide una lucha internacionalista contra el Imperialismo, le impide desarrollar todas las potencialidades por la victoria.
Del mismo modo que la dictadura genocida de Galtieri no aprovechó las ventajas comparativas territoriales de Argentina en la Guerra de Malvinas, y mucho menos, expropió las empresas inglesas instaladas en el país, Milosevic no aprovecha que sus misiles están a tan sólo 400 km de las bases de la OTAN en Italia, de donde salen los aviones que, todos los días, bombardean Belgrado y Pristina. Dialécticamente, la lucha consecuente contra el Imperialismo, es también una lucha contra Milosevic, pero sólo se puede tener derecho a librar esa lucha si se ocupa el mismo campo militar, la misma trinchera que la vieja camarilla burocrática serbia advenida a aprendiz de nacionalista burgués.
Esta política internacionalista y antimperialista también hay que levantarla entre los albano-kosovares, combatiendo la política pro-imperialista de sus dirigentes, incluídos los del ELK: ¿O acaso no alcanzan los misiles que han masacrado caravanas de refugiados? ¿O acaso el propio Imperialismo no se ha manifestado en contra de la autodeterminación de Kosovo? Efectivamente, uno de los voceros del Grupo de Contacto declaró durante las negociaciones de París: "Nuestra condena de las acciones de la policia serbia no deben en ningún caso ser erróneamente interpretadas como un respaldo al terrorismo (...) Nuestra posición es clara. Condenamos plenamente las acciones terroristas del Ejercito de Liberación de Kosovo así como de cualquier otro grupo" (El Pais, 10/3/98).
En estos tiempo de crisis de dirección revolucionaria del proletariado (que como explicara Trotsky, es la causa esencial de la crisis de la humanidad), su superación exige de los revolucionarios un gran rigor teórico y principista, al servicio de la unidad de acción, al servicio de una política de construcción. Es con este espíritu que libramos lucha política sin cuartel, contra desviaciones que son producto, en último instancia, de las presiones de la opinión pública burguesa hegemonizada por el Imperialismo. Esta lucha sin cuartel es tanto más fraternal en cuanto nos encontremos codo a codo en la calle en la movilización antimperialista con nuestros circunstanciales adversarios políticos.