Soros movió el avispero de la economía argentina
Las declaraciones del magnate de las finanzas George Soros produjeron un verdadero revuelo en la bolsa, en los economistas, y en el propio equipo gobernante de Carlos Menem.
A tal punto llegó la intranquilidad y la incertidumbre, que este burgués de origen húngaro envió una carta al Presidente angustiado, tranquilizándolo. Pero...¿Qué dijo Soros? Una verdad de Perogrullo: "Que el peso argentino estaba sobrevaluado respecto al dólar". Esto es tan obvio, que no hace falta decirlo. A nadie se le escapa que la famosa convertibilidad es el resultado de un mecanismo artificial monetario, basado en una Ley del congreso, y no en el juego determinado por leyes del mercado capitalista. Si desapareciera esa Ley, es obvio que se produciría una rápida corrida hacia el dólar (u otras monedas fuertes). Por eso todos los sistemas crediticios se establecen en dólares.
Los economistas a sueldo de la burguesía argentina respondieron que "no hay posibilidad alguna de devaluación", y sostienen para esto que las reservas del Banco central están al 100% contra la masa monetaria circulante, y que el seguro de liquidez y los encajes bancarios al 25%, configuran un trípode por el cual sobran divisas para agunatar una fuga hacia el dólar. Digamos en primer lugar que dicho "respaldo" se conformó en base a endeudamiento, tanto externo como interno, así como al remate de hasta la última "joya de la abuela". Por eso, a pesar de que Argentina paga como puede los interses de la deuda, ésta creció considerablemente en los últimos años.
Es imposible saber si las declaraciones de Soros apuntan a un plan de desestabilización en provecho de determinados grupos económicos. Lo cierto es que la crisis que provocaron (el MERVAL sigue cayendo al cierre de esta edición de MASAS), demuestra la enorme fragilidad de la economía argentina, totalmente sometida al capital financiero internacional. Lo cierto es que el mantenimiento de la paridad (en condiciones que el principal cliente comprador, Brasil, devaluó su moneda), obliga a la burguesía y a su Estado a buscar otros caminos para aumentar la rentabilidad de sus negocios, y en especial, aquellos ligados a la exportación. De ahí que exista toda una corriente que pregona disminuir nominalmente los salarios (¡López Murphy, de la Alianza!), así como reducir el gasto del Estado a expensas de la salud, la educación y la obra pública.
Todo este debate se da en el marco general de una creciente recesión, sin que se vea en el horizonte burgués una salida a la misma que no implique más hambre, miseria y desocupación para las masas.
Tomar conciencia de esta realidad es el punto de partida para empezar a comprender que sólo una acción colectiva, independiente y política de los explotados puede dar una respuesta progresiva a la actual crisis.