Sobre los escombros de toda Yugoeslavia, se impuso la "paz" imperialista
por Gustavo Gamboa
Luego de 78 días de incesantes e ininterrumpidos bombardeos, se firmó el llamado "acuerdo de Kumanovo", entre la OTAN y el Estado Mayor serbio. La localidad macedonia que da nombre al Acuerdo fue escenario de la imposición de una "paz" a la medida de los intereses globales del Imperialismo, hecho previsible en las últimas semanas, como adelantáramos en MASAS 138. El acuerdo preliminar fue rápidamente homologado por el Concejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con el voto a favor de Rusia, y tan sólo la abstención de China, que ni siquiera usó su poder de veto, atributo que tiene en tanto miembro permanente de dicho organismo.
Kumonovo=Bosnia +Rambouillet+Derrota de la nación oprimida
El acuerdo supone un despedazamiento de Kosovo, el que se partirá en 5 regiones bajo control de las potencias hegemónicas en esta guerra de opresión imperialista. Como se puede apreciar en el mapa que se anexa, se garantiza para Inglaterra y EEUU el control fundamental de la región, tanto en la capital (Pristina), como en la zona limítrofe caliente con Serbia. La presencia de 10.000 efectivos rusos (más los 50.000 de la OTAN en su conjunto), se mantienen bajo una suerte de comando paralelo a la OTAN, en estrecha relación con el Alto Mando norteamericano, tal como funcionan en Bosnia.
En realidad, no sólo en la relación entre tropas rusas y de la OTAN sirvió la experiencia bosnia: el propio criterio de partición de Kosovo reproduce el despedazamiento de Bosnia-Herzegovina, contemplado en los acuerdos de Dayton. En aquella oportunidad, el "demonio y carnicero" Milosevic fue el interlocutor válido de los Bill Clinton y Tony Blair en la imposición de la "paz" imperialista.
Sin embargo, a diferencia de Bosnia, las zonas en que quedaría despedazado Kosovo no se partirán con arreglo a etnias hegemónicas (recordemos las regiones serbo, croata y musulmano-bosnias), sino según control de las potencias imperialistas, lo que demuestra una intervención aún más activa de las mismas.
Pero además, Kumanovo es también el producto (corregido y aumentado), del Acta de Rambouillet (París), que firmara la delegación kosovar, y que fuera rechazada por Milosevic, desencadenando la guerra. En efecto, se desconoce el derecho a la autodeterminación de Kosovo (con la posibilidad consiguiente a su independencia y fusión con Albania), retornando a la figura de la "autonomía" como parte integrante del territorio yugoeslavo, figura lo suficientemente ambigua como para dejar abiertas conflictivas negociaciones al respecto. Se impone el retiro de toda fuerza militar serbia, así como el desarme del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK). Y fundamentalmente, se duplican las fuerzas de ocupación de la OTAN contempladas en el pre-acuerdo de París. Lo que medió entre Rambouillet y Kumanovo fue una aplastante derrota de Yugoeslavia, a manos de la expresión militar del capital imperialista: la OTAN.
El Imperialismo es reacción en toda la línea
"Los bombardeos de la OTAN han causado unos 2000 muertos y 6.000 heridos civiles, según las autoridades de Belgrado, y han reducido las infraestructuras y la industria yugoslavas al mismo nivel que cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial" ("La Capital", de Rosario, del 10-6-99). Este contundente párrafo da cuenta de la barbarie capitalista, y da también un mentís rotundo a todos aquellos planteos que pronosticaban el desarme como una consecuencia lógica de la superación de los conflictos de la post-guerra.
El empeño demostrado por el progresismo pequeñoburgués pacifista en demostrar "lo absurdo" (tanto de la limpieza étnica de Milosevic contra los kosovares, como de la brutal carnicería humana implementada por la OTAN), demuestra su impotencia visceral para comprender los fenómenos históricos en general, y el de la violencia en particular. Las raíces materiales de las guerras hay que buscarlas en la base social que las sustenta, y esta guerra de opresión de las principales potencias imperialistas contra Yugoslavia hay que buscarla en su necesidad económica. Lo esencial de esta necesidad es correctamente admitido por el sociólogo español Ignacio Sotelo, que proclama dos razones íntimamente relacionadas en su artículo "Por qué EEUU hizo la guerra en Europa" ("La Nación", del 13-6-99): "…una hegemonía mundial que se basa en una superioridad militar absoluta tiene que responder militarmente al rechazo de un ultimátum" (se refiere al rechazo de Milosevic al acuerdo de Rambouillet). "En este sentido, la conferencia de Washington, al establecer una nueva estrategia para la OTAN del siglo XXI que legaliza intervenciones de este tipo, ha terminado revelándose el objetivo principal."
"En segundo lugar -continúa Sotelo- dado que la primacía norteamericana en Europa es indispensable para su hegemonía mundial, Estados Unidos no podía dejar de encarar la crisis de Yugoslavia…" Esta es la base geo-política-estratégica de la intervención imperialista en los Balcanes. Si EEUU -con su lugarteniente Gran Bretaña- lideró el genocidio, no es menos cierto que las socialdemócratas Alemania, Francia o Italia se sumaron a la dramática pasión de la guerra, a fin de no quedar afuera en la disputa del botín.
¿Y cuál es el botín? : Sólo una visión excesivamente simplificada de la realidad vería tal cosa en el enorme negocio de la industria armamentista (que sin duda existe, y es la expresión dramática del capitalismo, el que para revitalizarse necesita dinero fresco, emergente de la producción de mercancías, aunque estas sirvan, como las drogas o las armas, para destruir a la humanidad).
En verdad, hay objetivos de más largo alcance, cuales son sostener con la "superioridad militar absoluta" (como dice Sotelo), el control del mercado mundial, en condiciones de crisis del sistema, y de formación de bloques que disputan entre sí. De cara al traumático proceso de restauración capitalista en Rusia, y más a largo plazo, en China, el control militar directo de una zona estratégica como los Balcanes es fundamental para la voracidad imperialista.
Los explotados del mundo debemos sacar las cuentas, y proclamar bien fuerte que esta guerra de fin de siglo sienta jurisprudencia, es precedente para similares intervenciones de la OTAN en todo el mundo. El rostro de barbarie del capitalismo en descomposición no es una "impresión" de los marxistas, es la cruda realidad. Quien no quiera verlo y no luche por terminar con este sistema que lleva a la destrucción a la civilización humana, es cómplice pasivo de él.
La victoria posible no es la victoria ideal: En Kosovo se refracta la crisis capitalista en su conjunto
Clinton representa (en la interna de la burguesía norteamericana), a las "palomas". En contraste con los "halcones" (cuya expresión política más evidente es el Partido Republicano), que lo criticaba por no tener una política militar más agresiva (que incluía una invasión en regla), el actual Presidente yanquee montó una verdadera ingeniería que combinaba la masacre vía aérea, con constantes negociaciones. Así logró subordinar a su política a los gobiernos socialdemócratas europeos, neutralizar a Rusia, y mantener a raya a China.
Pero especialmente, su política mediática, sin contacto físico directo entre las tropas opresoras y el oprimido pueblo yugoslavo, facilitó el papel desorganizador y desmovilizador de Milosevic, con cuya conducción capituladora Clinton sin dudas contaba para apostar a una guerra de bombardeos de meses.
Clinton y Blair lograron una victoria: la posible, en las condiciones de enorme dificultad para que cualquier guerra tenga consenso en las propias masas de los países imperialistas. No olvidemos que las condiciones salariales y de vida de estos trabajadores deben ser atacadas aún más, a fin de fortalecer a las respectivas burguesías en la guerra económica por el mercado mundial.
Cabe recordar que el euro (moneda única de la Europa comunitaria) valía 1,17 dólares cuando nació, y hoy ya cotiza por debajo de la divisa norteamericana.
A pesar de que los gobiernos que lideraron la masacre triunfaron, no pueden escapar a las condiciones generales de precariedad determinadas por la crisis. Ellos mismos están obligados a atacar el "estado de bienestar", a ser belicistas, y por lo tanto, siguen corriendo la situación política "hacia la derecha". El progreso que ha tenido el voto conservador en las últimas elecciones al Parlamento europeo, es una consecuencia de este fenómeno.
En conclusión: la victoria del Imperialismo ha reforzado la ofensiva general de la burguesía sobre las masas, ha empeorado la ya preexsitente correlación de fuerzas desfavorable para el proletariado y los explotados del mundo. Sin embargo, no se ha producido una derrota histórica de la clase obrera mundial, y la propia crisis capitalista nos permite pronosticar un mundo de resistencia y levantamientos de masas contra el inevitable retroceso a las condiciones de vida que la ofensiva capitalista impone, en el marco de violentas disputas inter-imperialistas por el mercado.
Para este mundo, nada mejor -para los intereses generales del Imperialismo- que las "palomas" socialdemócratas…que también sepan actuar como "halcones".
La burguesía semicolonial rusa se quiere meter por la puerta trasera en la rapiña imperialista
Las relaciones de Rusia con el Imperialismo se mueven sobre la base de una paradoja, de una contradicción: por un lado, la consumación de la restauración capitalista ha generado una burguesía nacional débil, cuyo sometimiento semicolonial con el gran capital financiero internacional es evidente. Baste ver las negociaciones con el FMI, para comprender que en el plano económico Rusia se comporta como alguno de nuestros países de América Latina.
Pero por otro lado, Rusia conserva el poderío militar y nuclear construído durante décadas de Estado Obrero, que aún degenerado por el burocratismo antimarxista y contrarrevolucionario del stalinismo, operaba como contrapeso a la hegemonía yanquee de la post-guerra. La naciente, mafiosa y descompuesta burguesía rusa, cuenta con esta herencia militar, que apenas amenazó usar los primeros días de bombardeos sobre Pristina y Belgrado, para luego colocar los pies dentro del plato imperialista, jugando un papel fundamental como bisagra en las relaciones entre la OTAN y Milosevic.
La "primereada" de un destacamento ruso, que al escribir estas notas sigue ocupando el Aeropuerto de Pristina, debe interpretarse en un doble sentido, ambos compatibles con el común denominador de la conducta de una burguesía nacional: en primer lugar, se trata de una movida tendiente a hacer valer el poderío militar antedicho para disputar una parte del botín. En segundo lugar, e íntimamente relacionado con la anterior maniobra "ofensiva", hay una lógica preocupación defensiva, en el sentido de que estallidos como Kosovo pueden tener su correlato en la propia Rusia (¡recordemos Chechenia!), conflictos de los cuales puede valerse el Imperialismo para pautar aún más la restauración capitalista a sus intereses y medida. En cualquier caso, la conducta de los Yeltsin y compañía (incluída la conducción del ex Partido Comunista liderado por Ziuganov), es típicamente cobarde, demostrando el sometimiento de la burguesía nacional al Imperialismo, a pesar de buscar algún punto de negociación más ventajoso con él.
Derrota de Yugoslavia y se mantiene Milosevic: ¿Está planteada su caída a manos de la movilización de masas?
Se nos ha acusado de "milosevistas" por tener la correcta y elemental posición marxista de ocupar el campo de Yugoslavia ante la brutal agresión de la OTAN.
Lo que no entienden nuestros críticos es que es condición para una política de independencia de clase ocupar el campo correcto en la guerra. Y ésta no deja lugar a "varios campos", sino sólo a dos: o se está en la trinchera de Yugoslavia, o se está en la trinchera del Imperialismo. Ya ocupado el campo correcto, corresponde luchar en él por la dirección proletaria, revolucionaria e internacionalista. Esto implica una batalla política sin cuartel contra la política reaccionaria, nacionalista y burguesa de Milosevic. El ángulo de esta batalla en el medio de la guerra es combatir su política de capitulación, de apaciguamiento del Imperialismo, que se expresó militarmente en la ausencia completa de ataques a las fuerzas imperialistas.
Más criminal aún, la persistencia de la represión sobre los albano-kosovares (y no sólo sobre el ELK, devenido en agente directo del Imperialismo), quebró toda posibilidad de unidad de acción contra la OTAN, haciéndole el juego a la monumental campaña de justificación de los bombardeos montada por los yanquees y sus secuaces. Como ya ha sido señalado, el acuerdo firmado por el alto mando serbio bajo órdenes de Milosevic, implica una vergonzosa capitulación. Ignoramos el estado real de las masas en la propia Serbia, en cuanto a si existen al menos tendencias embrionarias a una lucha antimperialista consecuente, y desde ese lugar, a una superación del nacionalismo burgués. Se nos ocurre pensar que cabe un paralelo histórico entre Milosevic y Galtieri, bien que sigue siendo un interrogante para nosotros si ha habido una reacción de masas de indignación ante la capitulación. Los informes de la prensa burguesa dan cuenta de festejos por el fin de la guerra, de una guerra que ningún serbio con dos dedos de frente pensaba ganar con esa dirección, y en condiciones aún inmaduras para superar en términos revolucionarios a Milosevic. Los planteos de su renuncia han venido por la derecha (la Iglesia Ortodoxa), bien que cabe preguntarse si tal posibilidad no implica una maniobra preventiva de un potencial movimiento de masas bajo la consigna "¡Abajo los Mariscales de la derrota!" "¡Fuera Milosevic!" Que sepamos, la oposición burguesa (representada por el Partido Radical del fascista Seselj, y por el pro-occidental Vuk Draskovic), no se han lanzado aún a ofrecerse como recambio del Gobierno en crisis, seguramente por el temor a abrir las compuertas al descontento de los explotados.
En verdad, la derrota de conjunto de las masas permite un margen de maniobra a Slobodan, verificándose como cierto nuestro pronóstico realizado el 9 de mayo de 1999: "Por eso nos preguntamos y podemos concluir: ¿Una victoria de Yugoslavia fortalece a Milosevic? NO. Es al revés. Una derrota (aún parcial de Yugoslavia) fortalece relativamente a Milosevic, y profundiza la opresión sobre Kosovo. Porque las masas terminan debilitándose, y es posible un punto de negociación, como sucediera en Irak con Sadam Hussein luego de la guerra del Golfo". (Acta de la reunión entre la LBI de Brasil y el POR de Argentina).
El E.L.K. como agente directo del Imperialismo
El Ejército de Liberación de Kosovo es una muestra acabada del derrotero archi-reaccionario del nacionalismo pequeñoburgués. Independientemente del grado que haya tenido la dependencia militar de la OTAN -todo indica que ha diferencia de movimientos guerrilleros separatistas de larga tradición en el movimiento de masas (ETA, IRA, etc.) el ELK fue en gran medida armado por la OTAN- lo esencial ha sido y sigue siendo su subordinación ideológica y política al Imperialismo.
Actualmente, lo que está en proceso es su desarme, de modo de evitar cualquier "salida de madre" de algún sector o fracción del ELK. Éste aceptó, tanto el acuerdo de Rambouillet como el de Kumanovo, que incluye su desmilitarización, y transformación en un partido político. Asímismo, ambos acuerdos combaten explícitamente la autodeterminación nacional y la independencia de Kosovo.
Según la prensa burguesa mundial, la cúpula del ELK aspira a un desarme incompleto, que transforme a la guerrilla de reclutamiento en la base del pueblo, en una guardia nacional disciplinada a la OTAN. Estas evidencias hacen crítica rigurosa por sí solas a la política de varios grupos autoproclamados trotskystas: "apoyo crítico al ELK" por considerarla una "fuerza independiente a pesar de la política de su dirección" y reclamar por ello "armas para el ELK" (Socialist Out Look, Workers Power, Workers Action, todos grupos con alguna fuerza en Gran Bretaña).
Por su parte, la Mesa de Enlace entre el GTR y el PSR (grupos argentinos en un proceso de fusión, ambas escisiones del MAS), no tienen pelos en la lengua. En un artículo polémico contra nuestra declaración conjunta (LBI, POR, CIOS y otros grupos), que claramente llamaba a ocupar el campo militar de Yugoslavia atacada por la OTAN, se puede leer: "Por el contrario la única posibilidad de avanzar hacia la concreción del programa de la revolución socialista es luchando consecuentemente por la independencia del pueblo kosovar y esto sólo se puede hacer desde el campo militar del ELK, denunciando todas sus capitulaciones al Imperialismo, preparando de esta manera su reemplazo por una dirección obrera revolucionaria". ("La Causa Obrera" Nº 6, página 10).
Sin ir tan lejos, pero quizás con mayor empeño confusionista, la Liga Obrera Internacionalista (ex FPT del PTS), coloca en grandes caracteres en la tapa de su periódico, junto a otras consignas correctas, "Fuera las tropas serbias de Kosovo", bandera esencial del Imperialismo, que hoy se está llevando a la práctica según el Acuerdo de Kumanovo. Haber usado al ELK como instrumento circunstancial de sus objetivos, no hace que el Imperialismo deje de tener conflictos con la guerrilla albano-kosovar. En los días que estas notas se escriben, banderas de Albania flamean en varias localidades de Kosovo, pretendiendo establecer un poder propio, aprovechando la retirada de las tropas y de los civiles serbios. Todo indica que está planteada ahora una limpieza étnica al revés, cuyas víctimas serían los serbo-kosovares.
En este marco, el desarme del ELK es un factor de crisis para el Imperialismo, y es por eso que las propias autoridades de la OTAN en Kosovo declararon que lo harán en un "proceso gradual: primero el armamento pesado, y luego el liviano". ¡El mismo armamento provisto directamente por ellos mismos! La cúpula del ELK, por su parte, coloca su guardia alta en relación a la presencia de tropas rusas, advirtiendo del peligro de un nuevo Afganistán. Como se ve, está por delante un complejo proceso de ingeniería militar y diplomática para ir poniendo a todos bajo la batuta yanquee.
Kosovo: Como Bosnia, más oprimida que nunca El derecho a la autodeterminación nacional requiere como condición la expulsión del Imperialismo y la unidad de las masas serbias y kosovares en una perspectiva revolucionaria y socialista común
Nuestra organización levantó en todo momento el derecho a la autodeterminación de Kosovo, incluída su independencia y fusión con Albania, si así lo desearan. Combatimos la opresión Gran Serbia, no sólo de los kosovares, sino anteriormente de los bosnios.
Este planteamiento es para los trotskystas una consigna de transición, que permite tomar la reivindicación nacional de un pueblo oprimido, desde un ángulo obrero, es decir, desde la perspectiva de la revolución proletaria, superando al nacionalismo. Por eso la ligamos en todo momento a la lucha por una Federación de Repúblicas Socialistas en los Balcanes. De este modo, nuestra cita de Marx, "ningún pueblo que oprime a otro tiene derecho a liberarse", constituye un eje fundamental para disputarle la dirección nacionalista burguesa a los Milosevic o a los Sadam Hussein, bajo la condición de ocupar el campo de la nación oprimida globalmente por el Imperialismo.
De no ser planteada de este modo, es decir, como parte del arsenal de consignas antimperialistas que el proletariado debe levantar para ser caudillo internacionalista del conjunto de las masas oprimidas, sean éstas serbias o kosovares; kurdas o chiitas, se corre el peligro de deslizarse a la trinchera del Imperialismo, o al menos de mantenerse en una neutralidad idealista e imposible. Éste es el caso de grupos como el PTS, el MAS o el Partido Obrero (Argentina), que correctamente pusieron en primer plano "la derrota de la OTAN", pero al mismo tiempo y con la misma jerarquía, la "independencia de Kosovo". Si le sumamos el hecho de que no se pronunciaban claramente por la victoria militar de Yugoslavia, tenemos una capitulación al Imperialismo vía la abstracción idealista: no habría para ellos dos campos en guerra, sino un "tercero-campismo", "ni la OTAN ni Milosevic".
Les preguntamos sinceramente a estos compañeros ¿de qué manera era posible la derrota de la OTAN sin la victoria de Yugoslavia? Ya rompiendo totalmente con el trotskysmo, y demostrando una adaptación completa a sus respectivas burguesías, los grupos más poderosos de Europa (como la Liga Comunista Revolucionaria y Lutte Ouvrière de Francia), jugaron de furgón de cola del pacifismo pro-imperialista, que criticaba a los bombardeos por "excesos" de la OTAN, propugnando "una paz justa" mediante el despliegue en Kosovo "de una fuerza multinacional bajo mandato de la ONU". Bajo la misma perspectiva pro-imperialista, exigen "una investigación sobre las atrocidades cometidas en el Kosovo bajo la autoridad del Tribunal Penal Internacional". Como se puede apreciar, estos grupos debieran sentirse victoriosos, ya que buena parte de sus planteamientos fueron recogidos por el Acuerdo de Kumanovo.
La crisis de la humanidad es la crisis de dirección revolucionaria del proletariado: En la resolución de esa tarea pendiente, hay un antes y un después de la Guerra de los Balcanes
El imperialismo y las burguesías en su conjunto tienen fisuras importantes, que abren factores de crisis, y que se pusieron de relieve en la guerra. La ausencia de una política de independencia de clase ante esas fisuras es la manera en la que se expresa la crisis de dirección, y que es el producto de la adaptación de las corrientes autoproclamadas revolucionarias, trotskystas, etc., a la opinión pública de la burguesía.
Debemos combatir la idea de un "Imperialismo invencible". Bien lejos de esta caracterización, lo que indica la realidad es la crisis capitalista en crecimiento. Las masas a escala mundial, que no han sido derrotadas en términos históricos, mantienen un estado de movilización y de luchas defensivas, que no han podido aprovechar esas grietas y fisuras del edificio imperialista porque sus direcciones políticas (quienes lideran sus organizaciones de masas, sus sindicatos y federaciones estudiantiles), han impulsado hacer todo lo contrario: se han dedicado a ayudar a sus respectivas burguesías a cerrar esas brechas, para que no se filtre siquiera la posibilidad de la movilización independiente de los explotados. Una vez más, sólo el trotskysmo (como continuidad histórica del marxismo-leninismo) ha podido acreditar ser la única corriente que aborda los problemas nacionales desde un ángulo internacionalista proletario. Las variantes sobrevivientes del stalinsimo han demostrado una vez más su impotencia programática, simplemente porque han roto hace rato con cualquier vestigio de socialismo internacionalista.
El castrismo, y los burócratas chinos claramente empeñados en controlar el proceso restauracionista en el país más poblado de la Tierra, no han pasado de declaraciones diplomáticas formales, a pesar que sufrieron la voladura de su propia embajada en Belgrado. Declaraciones formales que se limitaron a "condenar los bombardeos" sin siquiera pronunciarse por la victoria militar de Yugoslavia.
Todo luchador o militante serio tiene el deber de sacar una conclusión elemental: la lucha antimperialista será bajo la dirección obrera, y por lo tanto socialista, revolucionaria e internacionalista…o no será. El nacionalismo de contenido burgués y pequeñoburgués ha demostrado, una vez más, merecer el basurero de la historia.
Debemos pasar a una política de ofensiva para clarificar los tantos de la vanguardia, fortalecer las tareas de reconstrucción de la IV Internacional, y lograr avanzar así en la resolución de la crisis de dirección del movimiento obrero mundial.