EDITORIAL
No es difícil entender que el 24 de octubre nada cambiará. Gane Duhalde, De la Rúa o Cavallo, los que pierden son los trabajadores
No es difícil entender que los tres son el continuismo de Menem, aunque pretendan disfrazarse de campeones del "cambio". Ante sus patrones, allá en Neuva York, mandaron a sus futuros ministros acompañando a Roque Fernández. Los cuatro mostraron una unidad de clase monolítica: sometimiento absoluto al imperialismo y al FMI.
Y justamente porque no es difícil de entender todo esto, las elecciones del próximo 24 de octubre ni han despertado entusiasmo alguno en el pueblo trabajador: las ilusiones en esta decocracia, años atrás poderosas, se han ido desvaneciendo a golpe de despidos, corrupción, entrega e impunidad.
Es que las luchas que se han producido en el último período, lamentablemente conducidas por la burocracia sindical de todo pelaje hacia la presión sobre las instituciones del régimen (Justicia, Parlamento, Gobiernos, etc.), han dejado a los explotados con las manos vacías.
Más que nunca, el activismo que ha protagonizado esas luchas está obligado a extraer algunas enseñanzas fundamentales:
Para triunfar, hay que confiar en las propias fuerzas, en la acción directa.
Para triunfar, hay que superar el aislamiento. Hay que unificar las peleas hacia un PLAN DE LUCHA ÚNICO del movimiento obrero y de los explotados de la ciudad y el campo.
Para triunfar, hay que pelear por la direccion de nuestros sindicatos y organizaciones de masas, pero también hay que poner en pie nuevos órganos de poder obrero y popular.
Para triunfar, hay que definir un PROGRAMA DE TRANSICIÓN, que partiendo de la reivindicaciones mínimas desemboque en la necesidad de expropiar al Gran Capital, de construir el Socialismo, de imponer un Gobierno Obrero y Campesino.