Editorial
La previsible victoria electoral de Fernando De la Rúa marca una situación inédita en la Argentina dentro del cuadro político burgués:
*El peronismo, movimiento nacionalista burgués que tuviera la hegemonía del movimiento obrero argentino, ha hecho su peor elección de la historia.
*Por primera vez sufre un desplazamiento de la Presidencia de la República por la vía electoral.
*Por primera vez también en la historia nacional, la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires (distrito que reúne a más del 30% de la población, y casi el 45% del producto bruto interno), corresponde a la fuerza política opositora (PJ) respecto a quien detenta la Presidencia de la República (Alianza).
*La Cámara de Senadores conserva una clara hegemonía del PJ, en tanto, en la Cámara de Diputados, la Alianza tampoco alcanzó quórum propio.
*El PJ se alzó con 14 gobernaciones provinciales, la Alianza con 7 más la Capital Federal, y el Movimiento Popular Neuquino con una. Por lo tanto, Fernando de la Rúa deberá ejercer su control federal con la mayoría y las principales provincias del país en manos de la oposición.
*La tendencia al voto en blanco, nulo o el abtencionismo, crecientes en los últimos eventos electorales, alcanzó una suerte de meseta, estancándose un poco por encima de los niveles históricos. (2% para el voto en blanco, 15% para el abstencionismo).
*La derecha orgánica, repesentada tradicionalmente por la UCD de Alsogaray y por ciertos partidos provinciales, experimentó un progreso significativo a través de "Acción para la República", partido liderado por el ex Ministro de Economía de Menem, Domingo Cavallo. Este reunió casi dos millones de votos (arriba del 10%), conformó un bloque de 12 diputados (que le permite arbitrar respecto del quórum), logrando todo esto en un plano nacional. Si comparamos estas cifras con el mejor momento de la UCD (1989, un millón de votos, 6%), debemos caracterizar el avance de la derecha, hecho que se confirma con las excelentes perfomances de ciertos partidos provinciales, como los demócratas de Mendoza o los demoprogresistas de Santa Fe, o el mismo ex policía fascitizante Patti en la provincia de Buenos Aires.
*En contraste, la izquierda reformista, que se presentó bajo 5 alternativas (Izquierda Unida, Partido Humanista, Partido Obrero, Partido de los Trabajadores por el Socialismo, Frente de la Resistencia y Partido Socialista Auténtico), reunió en total un 2,5% de los sufragios, porcentaje equivalente al que obtuviera solamente la IU en 1989, cuando fuera ungido diputado Luis Zamora. Desde luego, la izquierda reformista no ha conquistado ningún escaño (ni siquiera a concejal o a diputado privincial), en distrito alguno del país.
Estos datos objetivos de la realidad emergente de la elecciones del pasado 24 de octubre nos permiten algunas observaciones, análisis y conclusiones, útiles para establecer un prónostico político y un plan de acción para los luchadores y revolucionarios:
1- En tanto recurso político de dominación de la clase dominante, que es quien pauta todas y cada una de las reglas y los tiempos, colocando a favor de sus candidatos sus recursos ecónomicos y sus influencias, las elecciones son un terreno adverso y distorsionado para la necesaria intervención revolucionaria. Las expresiones de lucha de la clase obrera y del pueblo explotado de la ciudad y el campo pierden, en el acto individual del sufragio, identidad de clase. Los mismos activistas y sectores combativos que hasta ayer combatían en varias provincias y sectores sociales, forjando como podían la unidad de los explotados, son aislados y fracturados de esas experiencias, y en la mayoría de los casos quedan atrapados por el discurso burgués del "voto útil".
2- Si bien la consideración anterior vale para cualquier elección burguesa, en las presidenciales que nos ocupan el hecho se ve potenciado, porque las peleas que se venían protagonizando tuvieron un marcado carácter defensivo, regional y/o sectorial, y despolitizado.
3- La enorme apatía que las masas expresaron ante las campañas electorales es también un subproducto de dicha despolitización. Como señaláramos en "MASAS" anteriores y a lo largo de nuestra propia campaña de agitación y propaganda, la mencionada apatía expresaba desilusión democrática y descreimiento de los políticos patronales, pero la progresividad de tal fenómeno estaba (¡y está!) condicionada por la estructuración de otra política (obrera, clasista, revolucionaria) acto totalmente contrario al individualismo y la indiferencia reinantes.
4- La variantes de la Izquierda Reformista que se presentaron como alternativa, no tuvieron su principal déficit en su división, su sectarismo y su marginalidad, sino en su adaptacionismo al curso general de derechización del electorado: desde el "ala derecha" de esa Izquierda (el Partido Humanista) hasta su ala izquierda (el PTS), hubo un común denominador: un afán desmedido (y a veces, desesperado) por encontrar un discurso que les permita conquistar un "nicho electoral". Su propaganda y su agitación no colocó en primer plano la denuncia de la democracia burguesa como dictadura de la clase capitalista (y la consiguiente contraposición de la acción directa y revolucionaria de las masas). Bien por el contrario, con matices particulares que escapan a este análisis global, se puso el énfasis en el posibilismo. Destaca en este torneo de reformismo el Partido Obrero de Jorge Altamira, quien llegó a sostener la consigna de "prohibir los despidos" (como si pudiera ser el Estado Burgués y sus instituciones, y no la lucha obrera y popular la que ponga un límite a la desocupación), o la de "Confederación de Estados Latinoamericanos" (al margen de una definición de clase de esos estados).
5- Los innumerables grupos políticos (escisiones de dicha izquierda reformista) que sí colocaron en primer plano la denuncia de la trampa electoral, promoviendo el voto en blanco, el abstencionismo, el voto nulo programático y aún el voto crítico a alguna expresión del reformismo, no pudimos superar la dispersión y el aislamiento de nuestras respectivas campañas. Nuestra organización, que pugnó por forjar un Frente Único de Lucha contra el engaño electoral (ver nota sobre el Plenario de Trabajadores del 16 de octubre), se encontró con respuestas negativas para esta acción común, lo cual es expresión de la debilidad, el aislamiento, la inmadurez y cierto escepticismo que predomina en la izquierda que se pretende revolucionaria. La solidaridad recibida ante nuestra proscripción en Santa Fe no tuvo traducción posterior en las elecciones presidenciales, más allá de la utilización política que hicimos en nuestra campaña, como ejemplo demostrativo de la impostura de la democracia burguesa.
6- La victoria de De la Rúa se da en el marco de un cuadro económico-social dramático: la quiebra del Estado, el endeudamiento general que tiene su expresión concentrada en el crecimiento de la impagable deuda externa, la brutal recesión sin visos de reactivación del mercado interno o de las exportaciones, son todas taras que "hereda" la Alianza.
7- Es un secreto a voces la voluntad política del flamante Presidente de encarnar el continuismo en cuanto a las pautas económicas y sociales, no sólo respetando la "continuidad jurídica" de todo lo hecho (privatizaciones, concesiones, régimen impositivo, etc.), sino peor aún, profundizando el ajuste, completando la obra menemista.
8- Sin embargo, para ejecutar estos objetivos, emerge del 24 de octubre un Gobierno débil. Y esto no sólo por el complejo mapa institucional que surge de los guarismos electorales, sino por las propias fisuras al interior de la Alianza. Es que el espejismo de un frente antimenemista (que justificó en pos de la victoria electoral un frente que abarca desde sectores desplazados de la derecha orgánica hasta la izquierda del FREPASO y la UCR), tenderá a fisurarse ante el ejercicio concreto del poder.
9- Esta característica de gobierno débil debe ser relativizada (y relacionada) con la propia debilidad de los explotados y sus organizaciones. En todo caso, si las fisuras internas de la Alianza no han devenido en grietas insalvables es porque no se ha puesto en pie un movimiento nacional de lucha por las reivindicaciones postergadas.
10- Es de esta relación dialéctica entre la debilidad intrínseca del Gobierno electo y las limitaciones del movimiento de masas que surge la necesidad imperiosa de un GOBIERNO DE COALICIÓN. Los tres grandes ganadores de las elecciones, De la Rúa, Cavallo y el Gobernador electo de la Provincia de Buenos Aires, el peronista Ruckauf, fueron unánimemente claros cuando todavía se estaban contando los votos: "vamos a privilegiar un amplio diálogo con todos los sectores"; "vamos a integrar al Gabinete personalidades representativas de todos los sectores políticos", repetían al unísono.
11- Esta perspectiva de coalición (que incluye a las dos centrales sindicales, CTA y CGT), condiciona al Presidente electo para siquiera amagar con cumplir una de las pocas promesas electorales: investigar y castigar a los corruptos de 10 años de menemismo.
12- El gobierno de coalición es, hoy por hoy, el único recurso viable para fortalecer a un Gobierno visceralmente débil. Tal fortalecimiento es fundamental para profundizar el ajuste, la entrega y el sometimiento al Imperialismo. Al cierre de esta edición comienzan a sonar algunos nombres del futuro Gabinete: Machinea, López Murphy, Terráneo, Gallo, representan directamente al "establishment", que garantiza así su control concreto del próximo Gobierno.
13- Los esfuerzos por forjar un gobierno de coalición configuran la confesión de que hay peligro de fracturas. Esto vale especialmente para el FREPASO, que con la derrota de Graciela Fernández Meijide ha perdido espacio político. Una fractura hacia izquierda de sectores del FREPASO (o del propio radicalismo en su versión alfonsinista) puede constituirse, a futuro, en una nueva trampa para la evolución hacia la independencia de clase de los explotados, como nueva vía burguesa de canalizar el descontento popular.
14- Se abre para el movimiento de masas una situación sumamente compleja: la agudización de la lucha de clases será un fenómeno inevitable, a caballo de la profundización de los ataques en el marco de la brutal recesión actual. Salir a la lucha sin la zanahoria más o menos inmediata de una salida electoral despejará de falsas ilusiones, y obligará a tomar en nuestras manos nuestros reclamos. Deberemos por lo tanto pugnar por la unificación regional y nacional de las peleas, a partir de las ASAMBLEAS DE BASE, y de la mano de una elevación política de la conciencia. Se abre un proceso de recomposición de fuerzas del activismo, de unificación de los luchadores, de fusión política de grupos y de frente único.
15- Jorge Luis Borges lanzó aquella poética frase, sin prever que fuera tomada por los luchadores y la izquierda: "No nos une el amor, sino el espanto" -decía. Pues bien: este punto de partida como factor causal de la unidad, nos obliga a los auténticos revolucionarios a contestar que para que nos una el amor hace falta un programa, una política y una organización que avance en la construcción de un Partido Obrero Revolucionario.