La recta final hacia el IX congreso de nuestra organización

    Hacia fines de años, el Partido Obrero Revolucionario realizará su IX Congreso.

    Desde nuestra fundación, allá por 1988, nos fuimos forjando como militantes y como grupo en el intento de defender la concepción leninista de partido.

    Por eso definimos Estatutos, Pautas Programáticas, Tesis políticas, Balances de nuestra actividad, cuya aprobación siempre requirió de la máxima autoridad partidaria: el Congreso, formado por los delegados elegidos en las células.

    Uno de los rasgos más negativos de la izquierda reformista y centrista, es haber procedido en forma contraria: dar sanción a las posiciones políticas sin matriz programática, a manera de golpes de facto y de ocasión acomodaticios.

    Mediante este mecanismo las pequeñas burocracias que dirigen esos grupos políticos garantizan su monopolio intelectual, bastardeando el concepto del centralismo democrático: lo transforman en centralismo burocrático.

    La lucha política interna (incluso aquélla que lleva a las escisiones partidarias) puede canalizarse hacia la comprensión y maduración política de los debates, o hacia la pelea camarillesca. Lo primero es lo que ha marcado nuestra historia. Lo segundo es el lamentable espectáculo que brindan grupos como el PC, el MAS, el MST, el PO, o el PTS.

    La discusión congresal es la prioridad número uno de nuestro partido. En pleno período de "recta final", las células deben abocarse al posicionamiento por escrito y la elección de los delegados hacia el evento.

    Oportunamente, el nuevo Comité Central electo en nuestro IX Congreso difundirá ampliamente sus resoluciones.

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