Editorial
"El presidente electo imaginó y terminó diseñando un gabinete capaz de emitir múltiples señales, afines e incluso antagónicas, destinadas a asentar toda su base política y electoral. De un lado la tríada de economistas (Giavarini, Llach, López Murphy) junto a Gallo; en el medio, Machinea y Ricardo Gil Lavedra; del otro, Terragno, Storani, Fernández Meijide y Alberto Flamarique. De la Rúa sigue arrimándose al poder como más le gusta. En silencio, cercado de enigmas, haciendo acrobacia entre dos orillas." (de Eduardo Van der Kooy, en Clarín del 21-11-99)
En esta breve síntesis del tradicional columnista de los domingos se puede apreciar toda la debilidad del Gobierno electo: lejos de un equipo de Gobierno, el Gabinete ya formado (que el Presidente electo habrá anunciado ya públicamente cuando este periódico esté en la calle), es más bien un mecanismo de compensaciones políticas, con el fin de preservar un equilibrio de fuerzas en la coalición.
Cuando hablamos de "gobierno de coalición" no nos referimos estrechamente a la Alianza gobernante, sino al conjunto de mecanismos políticos que permitan al oficialismo y a la oposición montar un régimen de gobernabilidad.
En este sentido, el flamante Gabinete ha sido pensado y elegido como producto de una complicada ingeniería política, que permita preservar la unidad de la Alianza-por un lado-, y al mismo tiempo, establecer una relación fluída con el PJ y el cavallismo, por otro.
Tanto esmero en que los hombres representen fracciones y tendencias de la burguesía no responde, sin embargo, a disidencias esenciales en las grandes líneas de Gobierno. Por el contrario, quizás como nunca en la historia nacional, hay en la partidocracia burguesa una gran homogeneidad en lo esencial de su programa de gobierno: privatizaciones, flexibilidad laboral, pago puntual de la deuda externa, achique del Estado en perjuicio de salud, educación y obras públicas, incremento impositivo a costa de las grandes mayorías nacionales, etc. Como nunca, el sometimiento al Gran Capital y al Imperialismo ha sido tan homogéneo y ovejuno.
De lo que se trata en la formación de este Gobierno de Coalición, es de amalgamar sin fisuras visibles un andamiaje que permita avanzar aún más en planes terriblemente antiobreros y antipopulares. Todos necesitan de todos a la hora de consensuar los ataques contra las masas.
Y justamente esta necesidad es síntoma de la debilidad intrínseca del Gobierno De la Rúa, el que aislado, seguramente se manifieste impotente para llevar adelante el continuismo profundizado del menemismo. La burguesía puede, sin embargo, operar en estos mecanismos de fortalecimiento de sus filas porque está ausente de la escena política nacional una intervención generalizada e independiente de las masas. A pesar del descontento popular (que no pocas veces se ha manifestado en el último período con luchas muy radicalizadas), los explotados de la ciudad y el campo seguimos atrapados en el aislamiento, la dispersión o incluso la parálisis que nos impone la clase dominante, con el auxilio fundamental de la burocracia sindical de todo pelaje (CGT, CTA, MTA, Federación Agraria Argentina, FUA, etc.). Más allá de las particularidades de cada una de estas direcciones, y las pequeñas o grandes sociedades que conforman con el establishment, todas forman parte de la Coalición, todas están buscando un lugar de protagonismo que les permita potenciarse como puntales del régimen, dando así la espalda a la más mínima tarea de organización y de combate de sus propias bases.
Ante este desamaparo concientemente realizado por los dirigentes, no tenemos otro camino ni otro remedio que iniciar un trabajoso y duro proceso de AUTOCONVOCATORIA DESDE LAS BASES.
A partir de los propios ataques (los ya sufridos, y los por venir), los explotados debemos avanzar en nuestra acción directa, gestando día a día nuestra propia democracia obrera, unificando nuestros reclamos en un PLIEGO ÚNICO NACIONAL DE REIVINDICACIONES; forjando la UNIDAD DE ACCIÓN para combatir el aislamiento y el divisionismo, que nos llevan a la derrota.
Todo agrupamiento de FRENTE ÚNICO de la vanguardia debe plantearse esas tareas, debe avanzar en la politización y en la superación del atraso y de las ilusiones que nos impone la burguesía. Debemos madurar hacia nuestra propia independencia política.