El Presupuesto en discusión es la clave de un nuevo ajuste contra las masas
Detrás de la discusión del Presupuesto para el año 2000, que divide cada día más las aguas entre la Alianza triunfante y el Partido Justicialista, hay un tironeo que agita los ánimos. Pero en ninguna de las fracciones que tironean hay disidencias de fondo, sino más bien quién se hace cargo de un nuevo ajuste antiobrero y antipopular.
Está en juego si se aprueba o no un nuevo paquete impositivo, que incluya suba de alícuotas y la extensión del IVA y Ganancias a nuevas actividades y sectores de la población. Y hay debate en torno al equilibrio fiscal en las provincias, muchas de ellas desoladas por la falta de industrias y de fuentes de trabajo.
La envergadura del "paquete" de la Alianza es tal que nadie quiere aparecer como "el malo de la película". Y entonces cada bloque político quiere presentar las cosas de tal manera que el costo político del "ajustazo" lo pague el otro.
Para la Alianza, el PJ debe votar el Presupuesto que elevó Roque Fernández. Porque prevé reducir la masa salarial de los empleados públicos, seguir con las jubilaciones de 150 pesos, elimina el Plan Trabajar y practica recortes sustanciales en los fondos especiales que van a las provincias (sin los cuales les resultaría difícil resolver la denominada "deuda social").
La Alianza considera que si el PJ vota ese Presupuesto, tendría allanado parte del camino por recorrer, con la ventaja de que el actual oficialismo pagaría con "la responsabilidad concreta" del gran ajuste.
En la vereda de enfrente, el PJ no está dispuesto a saldar ese costo y modificó el proyecto de Roque Fernández, para forzar a la Alianza a que saque el "paquetazo" fiscal y cargue con el ajuste. El problema del actual Presupuesto, del que nadie habla, es el enorme peso que tienen los intereses de la deuda pública (140.000 millones de dólares).
El Presupuesto nacional es de 48.175 millones y se prevé pagar intereses por 9.033 millones. Significa que casi el 20% del Presupuesto se los llevan los intereses de la deuda. Esos intereses superan la suma de los gastos totales en Salud, Promoción Social, Educación, Ciencia y técnica, Vivienda y Urbanismo y Agua Potable.
Además, las provincias pagan otros 2.500 millones en intereses (la deuda global de las provincias es de 15.500 millones). Falta algo más: las empresas privadas cargan con otros 3.000 millones anuales de intereses por su deuda de unos 40.000 millones de dólares.
El reciente aumento de la tasa internacional encarece la deuda pública y privada en unos 400 millones de dólares.
Por esta razón es que después de ajustes y ajustes y nuevos impuestos, el Presupuesto continuaría con un déficit de 4.500 millones, que tendrían que cubrirse tomando más deuda. Pese a todo, se dice que este déficit estaría "dibujado" y el bache real treparía a casi 7.000 millones. Esta emergencia, producto de varios años de "piloto automático" y negación de cierta realidad, requiere ahora una discusión a fondo sobre la estructura de los ingresos y de los gastos. En tanto clase dominante, la burguesía ha logrado que la discusión del Presupuesto se dé sobre la base del más absoluto respeto al pago de la deuda, y a los intereses del Gran Capital y el Imperialismo. Más aún, pretende avanzar aún más, reclamando beneficios sectoriales, incluso en detrimento de algún otro sector patronal. Por ejemplo, la Unión Industrial acaba de proponer que la renta financiera pague el Impuesto a las Ganancias. También cuestiona que se bajen los aportes patronales a los servicios. Porque sólo sirven para que las empresas del sector aumenten sus ganancias mientras esa reducción de costos no se traslada a una baja en los precios. Los trabajadores debemos intervenir con una política independiente en la discusión del Presupuesto. Bien lejos de esto, las centrales sindicales se dedican a hacer lobby parlamentario para conservar alguna migaja en la puja distributiva, paralizando a las bases, y permitiendo así que pase un Presupuesto a la medida de los capitalistas. Hay que romper con esa política. Discutir en Asambleas de base las necesidades presupuestarias de cada sector, y unir a todos los trabajadores estatales en un pliego común y en un plan de lucha de rechazo del Presupuesto de la miseria, la entrega y la infamia.