David se enfrenta a Goliath en el mercado de las medicinas
Basado en CNN en español. Octubre 11, 2000

NUEVA YORK -- Brian Gallagher, un ex ejecutivo de Bristol-Myers Squibb Co, sabe los escasos recursos con que cuentan las pequeñas empresas farmacéuticas cuando deben enfrentarse a los gigantes de la industria.

"Bristol-Myers o Merck tienen mucho más dinero para librar esas batallas", reconoce Gallagher como presidente y jefe ejecutivo de CollaGenex Inc., una compañía que utiliza una dosis inferior de un producto químico farmacéutico común para producir su medicamento principal, un tratamiento para enfermedades periodontales.

Gallagher indica que producir y vender una forma más barata de un medicamento de marca no es tan sencillo, y sostiene que las farmacéuticas más pequeñas enfrentan grandes obstáculos para comercializar sus productos.

Sin embargo, la recompensa puede valer la pena: 34.000 millones de dólares en ventas en Estados Unidos están en juego cuando las patentes de medicamentos como el antidepresivo Prozac de Eli Lilly and Co.'s y la droga contra el cáncer Taxol de Bristol-Myers expiren entre el 2000 y el 2005. Y 43 tratamientos clave perderán la protección de patente entre el 2000 y el 2003, según IMS Health Inc.

Ante la enorme competencia de los fabricantes de medicamentos genéricos, una potencial pérdida de ingresos y la dureza de los discursos de los candidatos presidenciales estadounidenses con respectos a los precios de las medicinas, las grandes empresas farmacéuticas tratan de contraatacar para retener la protección de la patente a través de los tribunales y fuertes sumas de dinero.

"Su deseo de luchar contra las expiraciones de patentes parece casi sin límites", expresó Larry Sasich, un farmacéutico de la organización Public Citizen.

Grandes sobornos

Uno de los más recientes desafíos a la competencia genérica es la decisión de grandes firmas farmacéuticas como Abbott Laboratories Inc. y la alemana Hoechst AG de pagar sobornos a compañías más pequeñas para que detengan sus planes de comercializar formas genéricas de drogas con marca.

Este método constituye un comportamiento anti-competitivo, según la Comisión Federal de Comercio (FTC por sus siglas en inglés), que demandó los casos de Abbott y Hoechst en marzo.

Se espera que la FTC anuncie el miércoles que recabará comentarios públicos en torno a si inicia un estudio sobre acuerdos anticompetitivos, dijeron fuentes cercanas a la situación. En el pasado, este tipo de estudios de la FTC han terminado en manos del Congreso como recomendaciones para leyes.

Según la ley federal actual, la primera compañía en recibir la aprobación de la Dirección de Alimentos y Fármacos para la forma genérica de un medicamento dispone de 180 días de comercialización en exclusiva antes de que el organismo pueda aprobar otras formas genéricas de ese medicamento.

Algunas grandes farmacéuticas han pagado a estos productores genéricos para que no comercialicen su versión, recibiendo así al menos seis meses de ventas adicionales a mayor precio.

La competencia con los primeros productores genéricos suele llevar los precios a entre un 50 y 70 por ciento del original de marca, y los subsiguientes genéricos los sitúa hasta un 20 por ciento del original, indicó Richard Feinstein, jefe de los servicios sanitarios y división de productos de la FTC.

"La ley ha creado oportunidades para las diabluras", señaló Feinstein. "Es difícil señalar hasta qué punto están generalizados estos arreglos", añadió.

Juegos de patentes

Sin embargo, las grandes farmacéuticas no siempre esperan a que sus patentes estén a punto de expirar y los genéricos aparecen en el horizonte. Las gigantes pueden aprovechar los descubrimientos realizados por las pequeñas, llegando a acuerdos de reparto de beneficios incluso antes de que el potencial producto reciba la aprobación.

Entonces, la grande puede establecer sus propias patentes sobre ciertos aspectos del medicamento, tales como el método de administración. No obstante, los fabricantes de drogas genéricas pueden desafiar la validez de las múltiples patentes de una compañía sobre un medicamento.

En un famoso caso reciente, se descubrió que tenía "doblemente patentado" su antidepresivo Prozac para extender la protección hasta el 2003, una decisión que abrirá el Prozac a la competencia genérica cuando su patente expire en el 2001.

En la misma línea, Bristol-Myers se prepara para perder 20 millones en ventas en Estados Unidos cada semana en su prolongada guerra de patentes por el medicamento Taxol, declaró Mario Corso, analista de ABN Amro.

Además de desafiar las patentes de uso, dosis o administración de las firmas que poseen medicamentos de marca, los competidores pueden encontrar ellos mismos estas variantes y patentarlas ellos. El CollaGenex de Gallagher, por ejemplo, utiliza para su medicina oral una dosis de 20 miligramos de doxyclina, un producto químico patentado por Pfizer Inc. hace décadas y utilizado como antibiótico y genérico por varias farmacéuticas desde que expiró la patente.

Si estas tácticas de patentes terminan siendo ineficaces para mantener a raya a las pequeñas farmacéuticas, las grandes pueden sufrir las consecuencias a la hora de hacer frente a sus nuevos rivales.

(Con información de Reuters)

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