El País, Montevideo 29 de octubre de 2000

PLANTEO | La resolución fue impulsada por la Corriente Gremial Universitaria

Derecho rechazó la huelga y demandó un plebiscito

La decisión de la asamblea registró 422 votos en contra de la medida y 338 estudiantes sufragaron a favor.

La asamblea de estudiantes de la Facultad de Derecho resolvió por mayoría en la madrugada de ayer sábado exigirle a la Federación de Estudiantes Universitarios (FEUU) que realice un plebiscito entre los estudiantes de todos los centros de estudio a efectos de determinan con certeza cuántos son los que realmente están a favor de llevar adelante la huelga general, dijeron a El País fuentes de esa gremial.

Agregaron que de acuerdo a los datos que arroje dicho plebiscito los estudiantes de Derecho demandarán que se ratifique o rectifique la medida.

En esa asamblea los estudiantes rechazaron la huelga en su facultad por 422 votos, contra 338 a favor de la medida y 4 abstenciones. De esta forma, se constituyó como el primer y único servicio universitario en oponerse a la medida de lucha declarada por la FEUU, siendo además la facultad más numerosa con un total de 13.698 estudiantes que alcanzan el 20% de la matrícula total.

Por mayoría los estudiantes de Derecho decidieron continuar normalmente con los cursos, aunque deberán aguardar la decisión de la gremial de docentes (ADUR) que se reunirá el lunes para resolver si se declaran en huelga o no.

En caso de que los docentes resuelvan continuar dictando clases, en la resolución de la misma asamblea se les solicita a los funcionarios de la facultad que desde el martes pasado se declararon el huelga, que entreguen las llaves de las instalaciones para que se pueda continuar con el normal funcionamiento de los cursos.

Por mayoría Derecho no se declaró ni huelga ni tampoco en conflicto, lo que generó un clima de tensión con los estudiantes que defendían esas medidas, aseguraron a El País fuentes de las distintas corrientes estudiantiles.

La moción aprobada fue presentada por integrantes de la Corriente Gremial Universitaria (CGU), en oposición a la propuesta de huelga general impulsada por la FEUU a través de las agrupaciones Frezelmi y Unidad Estudiantil --frentista--.

Mediante esta moción los estudiantes manifestaron su disconformidad con el presupuesto propuesto por el Poder Ejecutivo para la enseñanza, pero señalaron sin embargo que "las medidas de huelga y ocupación resultan ineficaces como forma de reclamo, además de perjudiciales para los estudiantes".

Asimismo, convocaron a una instancia de diálogo abierto en el Paraninfo de la Universidad donde concurran autoridades del poder político, autoridades universitarias y el propio presidente Jorge Batlle.

 

Editorial El País, Montevideo 29 de octubre de 2000

Decisión democrática

Un hecho que debe llamar a todos a las reflexión se registró en la madrugada del sábado en el ámbito de la Universidad de la República: la asamblea de estudiantes rechazó las propuestas de ir a la huelga por 422 votos a 338 y con 4 abstenciones, y reclamó la realización de un plebiscito con la participación de estudiantes de todas las Facultades y Escuelas de la universidad estatal para que se establezca con certeza, quiénes realmente están a favor de llevar a cabo una huelga por reivindicaciones presupuestales.

A primera vista, la novedad puede provocar sorpresa, ya que en la Universidad de la República por lo general las decisiones son impuestas por las corrientes de izquierda que tienen entre sus actividades habituales una militancia indeclinable y diversidad de tácticas para imponer sus ideas.

Sin embargo, en la Facultad de Derecho, desde hace años, el panorama es diferente al del resto de la Universidad, debido a que existe fuerte presencia de estudiantes que están nucleados en la Corriente Gremial Universitaria (CGU). Esa diversidad quedó de manifiesto en las elecciones universitarias realizadas en la última década, en las que la FEUU, que responde en su mayoría a la izquierda, cedió terreno en la Facultad de Derecho, ante las votaciones de otras corrientes y especialmente de la CGU.

La moción para continuar la normal actividad en la Facultad fue presentada por la CGU, sin perjuicio de que en la misma, los estudiantes expresaron su divergencia con los montos propuestos por el gobierno para la Universidad en el Presupuesto. No quieren ir a la huelga porque consideran que lo único que logra esa medida es perjudicar a los propios estudiantes.

Más allá de los detalles y de la reacción de molestia que generó en los otros sectores que la huelga no fuera aprobada y que se promueva un plebiscito general, la actitud asumida por los estudiantes que votaron esa moción se inscribe en el espíritu democrático que es tradición y orgullo de los uruguayos y que ha destacado a nuestro país en el mundo, con excepción de los períodos en los que imperó el autoritarismo.

 

 EDITORIAL EL PAÍS  2 de noviembre de 2000

Dos mentalidades

CUANDO por una amplia mayoría, el Centro de Estudiantes de Derecho rechazó la huelga, la resolución fue completada con el requerimiento de un plebiscito en todas las Facultades y Escuelas, para decidir ese problema en forma definitiva. El rechazo de la FEUU y la huelga de docentes de la Facultad de Derecho, decidida por una escasa votación de treinta y nueve contra veintinueve, en un electorado mucho más amplio, frustraron la decisión de aquella asamblea, pero no su ejemplo.

Si bien aquel Centro pareció ser el único que se opuso a la huelga, entre otras cosas por considerarla ineficaz y perjudicial, en otros centros, como ocurrió en Ciencias Económicas, y en Odontología, las asambleas estudiantiles se pronunciaron también contra la huelga, en algunos casos por mayorías incuestionables. No obstante, cuando aprobada la resolución se retiran buena parte de los estudiantes, se reabre el debate y la minoría termina por decidir exactamente lo contrario. La CGU por su parte acusó a la FEUU que había manipulado algunas de esas asambleas.

SIN perjuicio de considerar que el país debe hacer un esfuerzo muy especial para aumentar los recursos a la educación, y seguirlos acompasándolos después con la mejora de la economía, no por eso hay que dejar de reconocer que la huelga es un recurso absolutamente desgastado. El abuso con que se ha recurrido a ella, la predominancia a lo largo de los años de la intencionalidad política, el inútil perjuicio ocasionado a los propios estudiantes, especialmente aquellos a quienes más apremia el fin de sus cursos, y la propia realidad nacional que constriñe esos reclamos, conspiran además contra su eficacia.

Pero cualquiera sea la opinión que se tenga sobre su conveniencia o su desacierto, lo que debería ser elemental para todos, es que la huelga, tanto más en ámbito del saber, debe ser una expresión de la voluntad real de quienes la realizan y la padecen, y no decisiones de minorías que no son representativas del sentir del gremio.

Desde ese punto de vista, el reclamo del Centro de Estudiantes de Derecho reivindicó las mejores tradiciones cívicas, aquellas que se fueron consolidando a través de históricas gestas y que han ensanchado los caminos de la libertad.

CUANDO el rector de la Universidad, ingeniero Guarga, sin pronunciarse, por su investidura, a favor de la huelga, señala que en ella, son al fin y al cabo, los estudiantes, los que aportan su cuota de sacrificio, anota efectivamente una realidad. Pero faltaría agregar, que en verdad se la asume, cuando es la expresión libre de la voluntad del estudiantado, porque si no es sólo una imposición, que suele estar mucho más cerca de la arbitrariedad que de la legitimidad.

Es obvio por otra parte, que la cuota mayor del sacrificio la pone aquel estudiantado que por su nivel económico o el de su familia más apremio tiene en la pronta terminación de sus estudios, extremo que suele ser menospreciado por presuntos adalides de la justicia, tal vez, porque desdichadamente todavía sigue siendo muy baja la participación, a nivel universitario, de quienes pertenezcan a estratos sociales de menores ingresos.

DE todas maneras debe reconocerse que la huelga universitaria, a pesar de que es una más de las que se registran casi anualmente, no tiene similitud con las idas y venidas que desde hace casi un mes, un grupo de estudiantes de Secundaria --un pequeño islote, en la multitud de alumnos--, paralizó las clases, ocupó y desocupó locales liceales, seguramente impulsado por otros que desde hace tiempo han dejado las aulas.

Por supuesto que en este caso, los procedimientos son claramente antidemocráticos y además, el perjuicio y el desdén para los alumnos pertenecientes a los estratos sociales más modestos son mayores aún, porque son muchos más los que cursan esta rama de la enseñanza, y quienes por lo tanto más urgidos están de prepararse, de acceder a conocimientos que son imprescindibles para que mejoren las ocasiones de trabajo. Todo ello demanda además duros sacrificios económicos de sus hogares ya castigados por sus dificultades y privaciones.

POR la vía de los hechos, sin investiduras que nadie conoce de dónde provienen, un grupo de adolescentes, con la inspiración de otros que han dejado de serlo, ocuparon algunos locales, y de allí empezó una suerte de calesita, en la que se dejaban unos y se tomaban otros, en medio de una creciente anarquía, de la burla y el escarnio a las autoridades y a sus competencias más obvias. Poco importan la opinión y los derechos de casi doscientos mil alumnos.

Minorías autoiluminadas y politizadas, que son en definitiva quienes una vez más asedian la enseñanza pública, han pretendido erigirse en rectoras por encima de las leyes, de la Constitución, de las autoridades, del derecho de los demás alumnos y de las legítimas esperanzas de miles de hogares, especulando con la inmadurez juvenil para convertir todo ello en una forma solapada de adoctrinamiento político.

La distancia que hay entre el pronunciamiento del Centro de Estudiantes de Derecho, reclamando la opinión de todo el estudiantado libremente expresada en las urnas, y la mentalidad de quienes en los liceos impulsaron al pequeño grupo de adolescentes a avasallar el derecho de los demás estudiantes, es la que media entre la vocación democrática, y aquella de la que se nutren los despotismos.

 

El País, Montevideo 23 de noviembre de 2000. Hoy Importa

¡Plebiscito Ya!

La CGU (Corriente Gremial Universitaria, agrupación estudiantil de notoria matriz blanca pero que cuenta en sus filas con militantes colorados y frentistas) ha planteado el asunto en sus justos términos: son los estudiantes los que deben decidir, a través de un plebiscito con todas las garantías, la realización de una huelga en el ámbito universitario. Las razones en que apoya la CGU su propuesta son muy claras: la FEUU no tiene legitimidad para decidir por sí sola la aplicación de medidas de fuerza. Si bien sus representantes ocupan el 80% de los cargos en el cogobierno, su fuerza electoral sólo alcanza al 44% del estudiantado, como lo demuestran tozudamente los resultados de las elecciones. Lo cual significa en buen romance que una amplia mayoría de estudiantes no vota las listas de la federación o no se sienta representada por ella. Tampoco demuestra claridad el proceso por el que se llega a la huelga u ocupación de las facultades en estos críticos momentos, agregan los voceros de la CGU; y traen a colación ejemplos patentes de ello. En la Facultad de Medicina, sobre una cifra total de 7.000 alumnos, apenas unos 2.000 asistieron a la asamblea convocada por la Asociación de Estudiantes y en el momento de votar, tras horas de interminables discursos y de todo tipo de tretas usadas por los fogueados militantes de la FEUU para prolongar la asamblea y llegar al momento de la decisión con un quórum mínimo y claramente favorable, los presentes en sala eran unos 1.300. Y de ellos apenas unas 800 manos se levantaron para apoyar la huelga.

Esta situación se ha vivido en términos casi idénticos en otros centros de estudio en los cuales, luego de extenuantes asambleas, la votación arrojó resultados favorables a la postura oficialista pero por muy estrecho margen, como en Economía, Odontología, Arquitectura (un 43% de votos en contra de la huelga) y Veterinaria (el apoyo a la huelga ganó por un solo voto). En Derecho la FEUU fue derrotada.

En definitiva, la postura de llamar a plebiscito entre todos los estudiantes respecto a la conveniencia o no de la huelga parece ser la respuesta más sensata y la más democrática para resolver esta situación. La voluntad de los interesados, libremente expresada, es el camino más genuino y sensato a recorrer en estos momentos. El otro, por el que transita la FEUU desde hace ya demasiado tiempo, es decididamente antidemocrático.

 

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