En vista de las consideraciones efectuadas en la
Sección I, destaco pues, en este informe, a:
Giácomo Leopardi (autor del Himno
a Ahrimán).
Charles Baudelaire (autor de Las flores
del mal).
Pedro B. Palacios (Almafuerte) y Arturo
Capdevila, afamados poetas argentinos que vivieron entre el siglo XIX
y el siglo XX, merecen un lugar destacado en este informe, por haber osado
cuestionar al hacedor de este mundo, por lo que consideraron como inaceptables
imperfecciones de su obra. Si bien no llegaron al punto de darse cuenta
de que el creador de lo que vivimos no es el mismo que quien creó
el Universo, lo rescatable es que algo sospecharon, que se rebelaron y
que dejaron escrita su protesta contra esta metodología de creación
de mundos de dolor.
Samuel Noah
Kramer (autor de La historia empieza en Sumer), por sus consideraciones
sobre la maldad de los dioses sumerios y del papel de servidumbre en que
colocaban a los humanos.
Franz Griese (autor del libro La desilusión
de un sacerdote).
Salvador Freixedo: (autor del libro ¡Defendámonos
de los dioses!, y varios otros sobre los extraterrestres y las religiones).
A Émile Cioran, es de destacarlo por
su pensamiento sobre la imperfección de este mundo y de su creador,
al cual calificó como un simple "infra-Dios", existiendo, según
su cosmovisión, un Dios trascendente ajeno a lo que pasa en este
planeta.
Similares conceptos ofrecen Platón,
la doctrina del zoroastrismo o mazdeísmo, la Gnóstica
y la de los Cátaros, que serán tratadas aquí
en sus aspectos más salientes sobre este dualismo de deidades.
También es de destacar el aporte que hizo
Erich
von Däniken, mostrando como simples "astronautas" extraterrestres
a los "dioses" no sólo paganos, sino hasta el mismo Dios bíblico
en su astronave descripta por Ezequiel.
Juan José Benítez, periodista
y ufólogo español, también merece una mención
por su concepto de un universo en el que Dios no está en todas partes,
sino que está representado por una cadena de "mandos intermedios"
que ejecutan sus directivas en los mundos galácticos. Este postulado,
que lo publicó en Los astronautas de Yahvé, si bien
no lo sugiere el autor, sirve a la hipótesis de que los errores
y males del mundo no son responsabilidad directa de Dios, que no es Él
quien dispuso que la realidad mundial sea como es, sino que la responsabilidad
corresponde a jerarquías mucho más próximas a nosotros
que al Ser Supremo. En Caballo de Troya 6, Hermón, quedan
muy claros los conceptos que expresa sobre la no divinidad de Yahvé.
En La Rebelión de Lucifer, tomando conocimientos del Libro
de Urantia (Urantia o "Iurancha": la Tierra), describe el uso experimental
a que fue destinado este planeta alterando los arquetipos de vida de mundos
normales, y en qué consistió la rebelión de Lucifer.
Otra mención es para el estadounidense José
Argüelles, estudioso de la cultura maya, quien plantea un origen
cósmico de los desequilibrios humanos, adjudicándoselos a
agentes corruptos incursionados aquí hace milenios, que interfirieron
en la normal evolución de los seres de este mundo.
James Redfield, por su revelación
sobre cómo los humanos nos "robamos" energía unos de otros,
merece si bien no destacarlo, por lo menos sí nombrarlo por haber
dicho esta mitad de la verdad, aunque le faltó la otra media, que
bien explica el en cambio sí aquí destacable John Baines,
detallando cómo a los humanos se les roba energía, pero no
precisamente por acción de otros humanos, sino por succión
efectuada por seres cósmicos que manipulan al hombre.
Destaco también a los seres de las Pléyades
que, contactándose con Bárbara Marciniak (autora de
Mensajeros
del Alba y Tierra, libros con el mensaje recibido) transmitieron
muchas revelaciones sobre la manipulación cósmica operada
sobre la humanidad, en un mensaje completamente distinto de cuanto ha llegado
por mensajeros de la Confederación Intergaláctica, que omiten
tal dominio manipulador en sus mensajes transmitidos a contactados.
Juan Atienza, con su concepción sobre
la gran manipulación mundial ejercida cósmicamente.
El Gentil Hombre, seudónimo del desconocido
autor del libro El Dios del Mal ("Un libro para leer con la Biblia en
la Mano").
Sumados a todos éstos, otros pensadores y
estudiosos que extienden la lista, serán citados en este informe.
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