En la mañana del 29 de Julio amaneció bastante fría y
con cierta garúa que era el rezago de la lluvia de
anoche que azoto las calles de Lima, dejando algunos
charcos de agua por las veredas y las pistas. La hora
marcaba las 7.02 de la mañana, hora de ir al encuentro
con mis hermanos leonciopradinos que participarían del
desfile militar. Saco azul, camisa blanca, zapatos
negros, medias negras, pantalón gris, corbata roja,
insignia en el bolsillo de la parte superior del saco
cosido y la cristina azul en la que llevaba impregnada
el escudo del glorioso Colegio Militar. Luego de tomar
un desayuno muy ligero, y todo listo para salir, me
despedí de mi esposa y mis dos pequeñas hijas. Aquí
empieza la historia de una experiencia inolvidable más
en mi vida. Hubo dos puntos de encuentros, una en el
local de la Asociación Leonciopradina y la otra a
cuatro cuadras de la Av. Brasil por la Av. Javier
Prado. Yo opte por la segunda y al cabo de un rato
aparecieron desfilando la compañía de excadetes
correctamente uniformados, para tomar su emplazamiento
en la parte posterior de los cadetes del CMLP. Entre
recomendaciones del General EP ® Manuel Péndola, ir a
los baños movibles que se habían ubicado
estratégicamente para su uso, y tomarnos fotos con los
soldados del batallón femenino que nos seguían a
continuación de nuestra compañía, conversar un poco,
saludarnos, se escucho un grito, ¡Compañía a su
emplazamiento, firmes. De frente…Marchen...¡. Era la
orden para encaminarnos a la Av. Brasil y así lo
hicimos, todos alentándonos, gritando hagámoslo por
Leoncio Prado, ¡Carajo si se puede! El nerviosismo nos
invadía a medida que dábamos cada paso marcial.
Divisábamos mucha gente esperando nuestro
desplazamiento, nos equivocábamos en los pasos,
convinimos sobre la marcha que uno solo diera la orden
de mando, y así se hizo. Hombres entregados al
sentimiento Leonciopradino que sobrepasaban los 65
años, y que algunos de ellos estaban en la segunda
fila donde me ubicaron, y otro adelante mío no
desentonaron, claro esta que todos nos ayudábamos para
no desalinearnos y llevar el paso. Al hacer el ingreso
a la cuadra 36 de la Av. Brasil fue como abrir mis
ojos en la mañana de una noche muy oscura, la gente
vibraba de alegría, gritaba, aplaudía el paso de los
excadetes del Colegio Militar Leoncio Prado, y me
atrevo a decir sin equivocarme, que nos aplaudieron
mas que los mismos cadetes que iban delante de
nosotros.