HISTORIA DE ALFONSO PÉREZ MUÑOZ:

 

Alfonso era un chico peculiar le daba mucha importancia al deporte, la gimnasia era su asignatura favorita y se la tomaba muy en serio, tanto que cuando descuidaba alguna de las otras, los profesores del Colegio Severo Ochoa de Getafe lo castigaban sin gimnasia. Desde siempre destacó en el deporte, le gustaba especialmente el futbol, aunque en los comienzos era un chico más con aspiraciones deportivas. Fue su padre quien viendo la actitud de Alfonso ante el balón hizo que se tomara eso muy en serio, metiéndolo en el equipo de su barrio, el Getafe Sport a los diez años, fue fichádo más tarde por el Real Madrid para su cantera, con tan sólo trece años.

Alfonso Pérez Muñoz todavía era un adolescente cuando Di Stéfano le ordenó ponerse la comiseta del primer equipo del R. Madrid. Alfonso estaba acostumbrado a jugar los domingos por la mañana con el equipo sub-19 en la Ciudad Deportiva.

Era el invierno de 1991. Alfonso tenía entonces 18 años. Era un chaval introvertido, prudente y callado, contestaba con monosílabos a los periodistas y se enrojecía cuando le preguntaban si se veía como el sucesor de Butrageño. Menuda pregunta para un muchacho que cada mañana cogía el tren en Getafe para hacer transbordo y llegar en metro hasta la estación de Begoña en la Ciudad Deportiva. No tenía carnet de conducir, venía de un ambiente amateur, no estaba acostumbrado a que las niñas le piropeasen, ni a que los chavales le diesen un bolígrafo para firmar autógrafos. Pero de repente ya era profesional. Mietras sus compañeros del sub-19 entrenaban en el campo de tierra de la Ciudad Deportiva él vestía traje y corbata e iba a hoteles de cinco estrellas con el primer equipo. A la fuerza debía madurar.

Desde niño Alfonso se aficionó al éxito. Cosas de la vida. Cuando le pasaron al Madrid tuvo suerte, porque llegó en un momento oportuno, la decadencia de los resultados también pedía gente nueva. Después de las Olimpiadas de Barcelona Alfonso extendió su crédito. Entonces formó con Kiko la delantera, y los dos sacaron buenas notas.

El despertador ya sonaba en Chamartín, Benito Floro no se taponó los oídos y no opuso resistencia a su titularidad. Era la hora de Alfonso y sus primeras tardes fueron verdaderas. De Alfonso siempre se ha aplaudido el talento.

Era enero de 1994, faltaban seis meses para el Mundial de Estados Unidos; Javier Clemente ya pensaba en la convocatoria de Alfonso para éste, pero la cosa se estropeó una noche en el Camp Nou, Alfonso además de ver perder a su equipo no salió del campo por su propio pie, tuvo una lesión grave al jugar un balón sin importancia en el centro del campo. Dos días después el doctor Herrador anunciaba que Alfonso no podría estar en el Mundial. En los siguientes seis meses cambió el césped por el sanatorio, el entrenamiento por la rehabilitación, y los consejos del entrenador por los del fisioterapeuta.

Mendoza fichó a Redondo y a Laudrup en el verano del 94, pero le decía a Valdano que "el mejor fichaje sería la recuperación de Alfonso". Encantado estaba Valdano con el talento del delantero. Pero de nuevo le fastidió otra lesión. Esta vez en el primer partido de Liga frente al Sevilla. Mientras Alfonso se quitaba la escayola Valdano encontró a Raúl. La aparición de Raúl fue extraordinaria y Alfonso perdió minutos e importancia.

Cuando gestionó las cuentas, Valdano aprobó su cesión al Betis, para fichar al colombiano Rincón. Desde entonces ha sido la única camiseta que se ha puesto en partidos que se ha puesto en partidos oficiales de la Liga española.

No, Alfonso ya no es aquel chaval tímido del 91 destinado a triunfar con el Madrid. Ahora tiene 25 años, está casado, no se puede decir que sea tímido e intuye que ya no se hará viejo en Chamartín. Cosas de la vida.

 

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