John George Haigh, mas conocido como "el vampiro
de Londres", nació en el seno de un familia de fuertes convicciones
religiosas y muy conservadora en Yorkshire (Inglaterra) en una fecha que
no se conoce a ciencia cierta. Debido a la estricta educación recibida
fue un niño muy religioso, llegando incluso a cantar en el coro
de su iglesia. A medida que crecía se empezó a relacionar
cada vez mas con mafias de ladrones para los que realizaba pequeños
trabajos. Estuvo varias veces en la cárcel hasta 1943, año
en que entro por ultima vez en la cárcel antes de empezar a cometer
sus terribles asesinatos. Poco después de salir de la cárcel
mato a su primera víctima, un joven llamado Donald Mcswann. Haigh
le robo todo lo que llevaba, y a continuación se bebió su
sangre y disolvió su cuerpo en ácido sulfúrico, supuestamente
creyendo que no hacia nada por lo que después pudiera tener que
pagar.
Esa macabra forma de matar seria la que seguiría
en los 5 años siguientes. En todo ese tiempo mataría y bebería
la sangre de los padres de Mcswann además de otros 3 individuos,
disolviendo todos los cuerpos en ácido. La ultima víctima
de Haigh fue una mujer llamada Mrs. Durand-Deacon. Haigh la engaño
para llevarla a su casa en donde le pego un tiro en la nuca, al instante
fue a su coche donde cogió un vaso y con un cortaplumas pincho en
el cuello de la mujer para llenar el vaso con su sangre. Después
disolvió el cuerpo.
En 1949, John George Haigh seria arrestado
por sus terribles crímenes. El 28 de Febrero de 1949, hizo una confesión
en la que decía haber matado a 6 personas. Según sus palabras
"hice una incisión con el cortaplumas en un lado de la garganta
y llene un vaso de sangre que después bebí". Gran parte de
lo declarado por Haigh jamas pudo ser probado. En el juicio contó
historias acerca de extrañas alucinaciones y delirios que tenia
y en los que aparecían determinados símbolos relacionados
con el vampirismo. Decía tener pesadillas en las que aparecían
crucifijos llenos de sangre y extraños seres que bebían este
liquido.
Nunca se ha sabido con seguridad si todos estos
delirios de los que Haigh decía ser objeto eran simplemente una
farsa para conseguir que le declararan loco y así librarse de la
pena de muerte. Sin embargo hay un detalle final que puede resultar chocante
y es que tras recibir la pena de muerte se le enterró en un ataúd
especial para que su carne se pudriera mas rápido de lo normal,
quizás por un inexplicable temor a que el muerto pudiese escapar
de su tumba.
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