
Monkey think, monkey do
MONKEY THINK, MONKEY DO:
Por Chuck Palahniuk
(Gear Magazine, Diciembre 2001)
¿Si creamos una idea, inevitablemente se realizará?
Chuck Palahniuk sobre todos esos malos, malos pensamientos que no pueden ignorarse.
Este verano un joven se me acercó en una librería y dijo que le encantó cómo escribí en el Club de la Pelea acerca de los meseros que contaminan los alimentos. Me pidió que le firmara un libro y comentó que trabajaba en un restaurante cinco estrellas donde se entretiene con la comida de las celebridades todo el tiempo.
"Margaret Tatcher" dijo "ha comido mi esperma." Levantó una mano, los dedos separados, y agregó, "al menos cinco veces."
Escribiendo ese libro, conocí a un proyeccionista de películas que coleccionaba cuadros de películas porno que convertía en diapositivas. Cuando les comenté a algunas personas sobre agregar estos cuadros en películas familiares clasificadas como G, uno amigo dijo "No lo hagas. La gente leerá eso y comenzarán a hacerlo."
Más tarde, cuando emitieron la película, algunas personas de renombre de Hollywood me dijeron que el libro se popularizó porque ellos, ellos mismos, habían añadido escenas porno en películas como molestos-proyeccionistas-adolescentes. Otras personas me hablaron acerca de limpiar su nariz con hamburguesas. Me contaron sobre cambiar las botellas de los tintes para cabello de caja en caja en las farmacias, el rubio en el negro etcétera, y regresaban a observar a molestas y decoloradas personas gritándole al gerente de la tienda. Esta fue la década de las "novelas transgresistas", comenzó con American Psycho y continuó con Trainspotting y Fight Club. Estas son novelas acerca de malvados tipos aburridos que intentan sentirse vivos. Todo lo que aquellas personas me dijeron, podría venderlo.
En alguna gira del libro, la gente me dijo cómo en cada ocasión que se sentaron junto a la salida de emergencia de un aeroplano, todo el vuelo era una lucha para no abrir esa puerta. El aire expulsa hacia fuera del avión, las máscaras de oxígeno cayendo, los gritos caóticos y "¡Mayday, Mayday!" aterrizaje de emergencia, todo era tan claro. La puerta, pidiendo ser abierta.
El filósofo danés Soren Kierkegaard, define al temor como el conocimiento de aquello que debes hacer para probar que eres libre, aún si eso te destruirá. Su ejemplo es Adán en el Jardín del Edén, feliz y contento hasta que Dios le mostró el árbol de la Sabiduría y le dijo "No comas de aquí". Ahora, Adán ya no es libre. Ahí tiene una regla que no puede romper, debe romperla para probar su libertad, aún si hacerlo lo destruye. Kierkegaard dijo que en el momento en que somos privados de hacer algo, lo haremos. Es inevitable.
El mono piensa, el mono hace.
De acuerdo con Kierkegaard, las personas que permiten que las leyes controlen su vida, esas que dicen que lo posible no es posible sólo porque es ilegal, se conducen por una vida inauténtica.
En Portland, Oregon, donde vivo, algunos están llenando pelotas de tenis con cientos de cabezas de cerillo y tapándolas bien. Dejan las bolas en las calles donde cualquiera puede encontrarlas, y cualquier patada o golpe las hará estallar. Entonces, un hombre pierde un pie, un perro su cabeza.
Ahora los taggers utilizan crema ácida de cristal-aguafuerte[1] para escribir sobre las ventanas de autos o tiendas. En Tigard High School, un adolescente tomó sus desechos y los esparció por las paredes del baño de hombres. En la escuela lo conocen como "The Una-Popper". Supuestamente nadie debe hablar de él porque temen que surjan imitadores.
Como Kierkegaard diría, cada vez que vemos lo que es posible, hacemos que suceda. Lo hacemos inevitable. Hasta que Stephen King escribió acerca de estudiantes perdedores que asesinan a su grupo de pares, los tiroteos en escuelas eran desconocidos. ¿Pero Carrie y Rabia los hicieron inevitables?
Millones de nosotros pagamos para ver el edificio del Empire State destruido en Día de la Independencia. Ahora el Departamento de Defensa ha enlistado a los mejores creativos de Hollywood para idear escenarios terroristas, incluyendo al director David Fincher, el hombre que hizo colapsar en el horizonte al Century City en el Club de la Pelea. Queremos saber cada manera en que podemos ser atacados. Para estar preparados.
Por Ted Kacyzynski, el Unabomber, no puedes enviar un paquete sin acudir a un empleado de la oficina de correos. Por las personas que lanzan bolas de boliche en la autopista tenemos cercas que incluyen pasos elevados en las mismas.
Todo esto, reactivo. Como si pudiéramos protegernos contra todo.
Este verano el hombre condenado por matar a mi padre dijo, hey, el estado puede darle una pena de muerte, pero él y sus amigos de la supremacía blanca han construido y enterrado varias bombas de ántrax alrededor de Spokane, Washington. Si el estado lo matara, algún día un excavador podría romper una bomba enterrada y decenas de miles morirían.
Lo que sigue es un millón de nuevas razones para no vivir tu vida. Puedes negar tu posibilidad de triunfar y culpar a cualquier cosa. Puedes pelear contra todo - Margaret Tatcher, terrateniente, el impulso por abrir aquella puerta en pleno vuelo, Dios... todo lo que finges te mantiene doblegado. Puedes vivir la vida inauténtica de Kierkegaard. O puedes vivir lo que Kierkegaard llamó Salto de Fe, donde dejas de vivir como una reacción y comienzas a vivir como una fuerza por lo que dices que deberías ser. Lo que sigue es un millón de nuevas razones para continuar.
Lo que sale es una catártica novela transgresista, ahora que tenemos alguien a quien odiar más que a cada uno.
[1]. Se refiere a una preparación química que contiene ácido nítrico disuelto en agua con la cuál es posible escribir sobre metales. O algo parecido.
NOTAS:
I. El artículo fue ligeramente modificado al adaptarlo al español.
II. Para los curiosos: pueden buscarlo en inglés, el título se conservó intacto.
III. Para los inconformes con la traducción: qué puedo decir, nada, eso mismo.
IV. En la próxima entrega lo más seguro es que se incluya otro artículo de Palahniuk.
Traducción: cz