La cultura del consumo: invasora de los espacios del hombre
Frase plan
Paralelamente al rápido avance de la tecnología, las sociedades latinoamericanas han experimentado un proceso de mutación en el cual han venido perdiendo su identidad cultural. Su despreocupación por lo público y por sus intereses personales a hecho que germinen las sociedades civiles ante la desaparición de lo popular. Todo esto se debe a que las sociedades latinoamericanas se han dejado envolver por los tentáculos de aquel gran pulpo llamado cultura del consumo. Pretenden esclavizarnos metiéndonos en un mundo de ilusiones publicitarias que tienen como objetivo hacernos olvidar quienes somos.
Plan de trabajo
1.
a) Paralelamente al rápido avance de la tecnología, las
sociedades latinoamericanas han experimentado un proceso de mutación
en el cual han venido perdiendo su identidad cultural.
b) Su despreocupación por lo público y por sus intereses personales a hecho que germinen las sociedades civiles ante la desaparición de lo popular.
2.
a) Todo esto se debe a que las sociedades latinoamericanas se han dejado
envolver por los tentáculos de aquel gran pulpo llamado cultura
del consumo.
b) Pretenden esclavizarnos metiéndonos en un mundo de
ilusiones publicitarias que tienen como objetivo hacernos olvidar quienes
somos.
Bibliografía
1. GARCÍA, Néstor. Consumidores
y ciudadanos, Méjico D.F. : Editorial Grijalbo, 1995, págs.
198.
Los cambios en la sociedad están de la mano con el avance de la tecnología. Cada día se inventan algo nuevo para hacernos la vida más fácil. Creamos máquinas que nos reemplacen en nuestra labor mientras nosotros descansamos y consumimos, lentamente nos volvemos más inútiles. Lo más alarmante es que ahora estamos dejando de ser, las culturas latinoamericanas están perdiendo su identidad. El espectro de la globalización nos ha cubierto con sus redes y fusionando con el resto de culturas, convirtiéndonos en una cultura global, internacional, la cultura consumista del siglo XXI.
“ En la actualidad son pocos los que pueden responder a la pregunta ¿ qué es ser colombiano? Es triste saber que son pocos los colombianos que se saben el himno nacional completo. ”1 Conocen al mundo sin conocer su país, buscan la cultura en lo que el exterior les pueda aportar. Latinoamérica está buscando desesperadamente dejar de ser periferia tercermundista. La publicidad se ha aprovechado vilmente de esto y ha encontrado en este sector del mundo al consumidor perfecto. Ha intoxicado a la población con sus mensajes, haciéndolos dejar su cultura, prometiéndoles un mundo mejor. Como diría William Ospina, “ ...nos vende una idea del mundo de la cual tienden a estar excluidos todos los elementos negativos, peligrosos o inquietantes de la realidad.”
Poco a poco la gente opta por lo extranjero. No es raro ver que los jóvenes latinoamericanos de hoy en día prefieren ver MTV a los noticieros. Conocen todo respecto al mundo de la farándula, del espectáculo. Sin embargo, desconocen el mundo que los rodea. Ya no tienen una identidad cultural definida, se han convertido en una fusión de datos publicitarios que recrean una ilusión mental a la cual los jóvenes identifican como su mundo.
Aún así el espectro de la publicidad y el consumo no sólo atormenta a la juventud, en general toda la población padece de esta pérdida de identidad cultural. Los adultos han ido dejando sus intereses a un lado para sumirse de lleno en el consumo. Han dejado de votar, de participar, prefieren ser sometidos, no les importa quien es el gobernante, muchas veces les da lo mismo que sea el uno o el otro. Las demandas sociales son cada vez más pero la gente que lucha por dichas causas son menos. Los partidos políticos finalmente favorecen a una minorías a costa del sudor de la mayoría. A la publicidad no le importa que la gente esté representada, para la publicidad es lo mismo vender la imagen de un candidato que vender la imagen de un carro o una gaseosa.
Lo popular se extingue con rapidez. Cómo puede existir lo popular sin el pueblo? El pueblo es cada vez más reducido. Poco a poco el pueblo se llena de indiferencia ante sus asuntos y los delega a unas minorías, a unas sociedades civiles, las cuales finalmente no satisfacen sus necesidades y tampoco velan por sus intereses. Todos culpan al Estado, prefieren delegar las culpas en lugar de asumir sus responsabilidades. Hemos llegado al extremo donde la tripulación escoge a su capitán por lo fotogénico que es, en vez de escogerlo por su capacidad para dirigir la nave.
Al igual que el canto de las sirenas sedujo al gran Ulises, la publicidad sedujo a la población latinoamericana. Dejamos que nos creen paradigmas de un vida feliz, nos pintan un mundo donde el amor no se acaba y la belleza es eterna. De forma inocente creemos que hay en cantidad de gente trabajando para procurar nuestra felicidad. Nos hemos vuelto unos consumidores empedernidos. La sociedad ahora gira alrededor de un centro comercial. El estatus de la gente está determinado por su capacidad adquisitiva. Quizás ahora el refrán popular “ dime con quien andas y te diré quien eres” debería cambiar, actualmente es “ dime que compras y te diré quien eres”. Según esta cultura del consumo uno es lo que la gente ve, uno es lo que consume, lo que compra.
La publicidad se ha encargado de crear un mundo de ilusiones, una burbuja que nos impide percibir nuestra realidad. Como dice William Ospina “ ...la sociedad contemporánea parece empeñada en impedir que sus hijos se enteren de que existen la enfermedad, la vejez y la muerte”. Cada vez las sirenas de la publicidad canta mejor y convencen a más inocentes, cada vez manipulan su consumo y cada vez más aspectos de la vida del hombre. Cada vez los demás son menos interesantes, nos importan menos, a veces ni siquiera los miramos, es evidente que para muchos, las vallas publicitarias son muchísimo más interesantes. La publicidad cada vez nos hace más dóciles, más pasivos, nos están volviendo un ejército de zombis que se limitan a consumir.
La cultura enfermiza del consumo ha llevado a la gente a creer todo lo que dice la publicidad. Esto es muy peligroso ya que como lo manifiesta William Ospina “ ...todo culto por la belleza física lleva en sí como una gotas de los más peligrosos fascismos”. El exceso de consumo dentro de la sociedad actual puede llevar a que la gente se crea algo que no es. Eso puede causar problemas aún mayores de identidad de la gente. La fraternidad entre la gente ahora se encuentra en el consumo, la nacionalidad, la raza y demás parecen haber pasado a un segundo plano. Las aldeas globales se han empeñado en fortalecer estos nexos basados en la cultura del consumo.
La gente no entiende por qué aunque consumen y consumen, hay algo que en ellos que queda cada vez más insatisfecho. Esto los lleva a seguir consumiendo sin razón alguna. Aún no comprenden que la falla no está en los productos sino en nuestra imperfección como humanos. Esto lleva a que ante el desespero por satisfacer sus necesidades permitan que la cultura del consumismo invada cada vez más sus espacios personales. Cada vez más nos sugieren que ropa ponernos, que zapatos calzar, que comida comer y muy pronto nos dirán hasta que pensar.
Personalmente creo, que se le está dando demasiada importancia
al consumo y que aún estamos tiempo para hacer algo. Como
diría Pablus Gallinazus cantautor nadaísta colombiano “ La
publicidad hace cosas que en la televisión Dios tenga un minuto
y el demonio tenga un millón”. Es hora de quitarse la venda,
de ver que donde estaban los perfumes, ahora sólo hay frascos rotos,
que donde había vallas ahora sólo hay escombros.
La sociedad del siglo XXI no necesita más autos, ni mansiones
o aparatos novedosos, no necesita más publicidad sino que necesita
un poco más de calidad humana. Quizás un poco de honestidad
con nosotros mismos, de aceptar lo que somos y comprender que el consumo
no soluciona los problemas. Como diría William Ospina “ un poco
de sensatez en el breve tiempo que nos fue concedido”.
Notas a pie de página
1. Dylan A. Herrera. Colombia en su debate entre el desarrollo y la
identidad cultural. Bogotá, 2001, pág. 1.