La literatura tiene mucho que ver con la música. O mejor dicho, la música tiene mucho que ver con la música. Las dos son un reflejo de lo que vivimos a diario, expresan las ideas, los sueños, las frustraciones de generaciones enteras a través de toda la historia. La música ha ido de la mano con la literatura, van en constante cambio, en una transformación permanente que va a la par con la evolución del hombre y de su manera de pensar. La música y la literatura son el constante desahogo de una sociedad que está cansada de la sombría rutina, del fracaso del capitalismo, del comunismo, de la vida. Es la música y la literatura aquel escape, aquella puerta que nos ofrece un universo distinto aunque sea por unos cuantos minutos. Pero la relación trasciende ese aspecto. La literatura llega a acoplarse de manera perfecta con la música, llegan a un grado de perfección casi inconcebible. La música sin la literatura es genial pero son aquellas letras, las desgracias de un compositor las que nos hacen sentir identificados con ese ser que escribió lo que nosotros estamos pasando, que con su melancolía nos termina de partir el alma o que nos calma o saca la rabia, el odio que tenemos tan bien guardado. Son aquellas letras las que quedan esculpidas en nuestras mentes y en nuestros corazones, canciones que recordamos como si fueran nuestros himnos o cantamos con todas nuestras fuerzas, son aquellas letras las que tiempo después nos traen con nostalgia los recuerdos de aquellas épocas que hubiéramos querido vivir por siempre. Que nos acuerdan de los que se fueron, de los que están. Es la música junto con la literatura que juntas en una canción nos cuentan sobre un mundo que alguna vez pudo haber existido pero no existió.
Agradecimientos a Andrés Gómez.