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La educación encierra un tesoro
Informe
a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el
siglo XXI.
Compendio. (*)
La educación o la utopía necesaria
Frente
a los numerosos desafíos del porvenir, la educación constituye un
instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia
los ideales de paz, libertad y justicia social. Al concluir sus labores,
la Comisión desea por tanto afirmar su convicción respecto a la función
esencial de la educación en el desarrollo continuo de la persona y las
sociedades, no como un remedio milagroso –el “Ábrete Sésamo” de
un mundo que ha llegado a la realización de todos estos ideales– sino
como una vía, ciertamente entre otras pero más que otras, al servicio
de un desarrollo humano más armonioso, más genuino, para hacer
retroceder la pobreza, la exclusión, las incomprensiones, las
opresiones, las guerras, etcétera.
La
Comisión desea compartir con el gran público esta convicción mediante
sus análisis, sus reflexiones y sus propuestas, en un momento en que
las políticas de educación son objeto de vivas críticas o son
relegadas, por razones económicas y financieras, a la última categoría
de prioridades.
Quizás
no sea necesario recalcarlo, pero la comisión ha pensado ante todo en
los niños y los adolescentes, en aquellos que el día de mañana tomarán
el relevo de las generaciones adultas, demasiado inclinadas a
concentrarse en sus propios problemas. La educación es también un
clamor de amor por la infancia, por la juventud que tenemos que integrar
en nuestras sociedades en el lugar que les corresponde, en el sistema
educativo indudablemente, pero también en la familia, en la comunidad
de base, en la nación. Hay que recordar constantemente este deber
elemental para que inclusive las decisiones políticas, económicas y
financieras lo tengan más en cuenta. Parafraseando las palabras del
poeta, el niño es el futuro del hombre.
Al final de un siglo caracterizado por el ruido y la furia tanto como
por los progresos económicos y científicos –por lo demás repartidos
desigualmente–, en los albores de un nuevo siglo ante cuya perspectiva
la angustia se enfrenta con la esperanza, es imperativo que todos los
que estén investidos de alguna responsabilidad presten atención a los
objetivos y a los medios de la educación. La Comisión considera las
políticas educativas como un proceso permanente de enriquecimiento de
los conocimientos, de la capacidad técnica, pero también, y quizás
sobre todo, como una estructuración privilegiada de la persona y de las
relaciones entre individuos, entre grupos y entre naciones.
Al aceptar el mandato que les fue confiado, los miembros de la Comisión
adoptaron explícitamente esta perspectiva y, apoyados en argumentos,
destacaron la función central de la UNESCO, conforme a la idea
fundacional que se basa en la esperanza de un mundo mejor, capaz de
respetar los derechos del hombre y la mujer, practicar el entendimiento
mutuo y hacer del progreso del conocimiento un instrumento de promoción
del género humano, no de discriminación.
Sin
duda para nuestra Comisión resultaba imposible superar el obstáculo de
la extraordinaria diversidad de las situaciones del mundo a fin de
llegar a análisis válidos para todos y a conclusiones también
aceptables por parte de todos.
Sin
embargo, la Comisión trató de razonar dentro de un marco prospectivo
dominado por la mundialización, de seleccionar las buenas preguntas que
se nos plantean a todos, y de trazar algunas orientaciones válidas a
nivel nacional y a escala mundial.
El marco prospectivo
Este
último cuarto de siglo ha estado marcado por notables descubrimientos y
progresos científicos, muchos países han salido del subdesarrollo y el
nivel de vida ha continuado su progresión con ritmos muy diferentes según
los países. Y, sin embargo, un sentimiento de desencanto parece dominar
y contrasta con las esperanzas nacidas inmediatamente después de la última
guerra mundial.
Podemos entonces hablar de las desilusiones del progreso, en el plano
económico y social. El aumento del desempleo y de los fenómenos de
exclusión en los países ricos son prueba de ello y el mantenimiento de
las desigualdades de desarrollo en el mundo lo confirma. Desde luego, la
humanidad es más consciente de las amenazas que pesan sobre su medio
ambiente natural, pero todavía no se ha dotado de los medios para
remediar esa situación, a pesar de muchas reuniones internacionales,
como la de Río, a pesar de graves advertencias consecutivas a fenómenos
naturales o a accidentes tecnológicos. De todas formas, el
“crecimiento económico a ultranza” no se puede considerar ya el
camino más fácil hacia la conciliación del progreso material y la
equidad, el respeto de la condición humana y del capital natural que
debemos transmitir en buenas condiciones a las generaciones futuras.
¿Hemos sacado todas las conclusiones, tanto respecto a las finalidades,
las vías y los medios de un desarrollo duradero como respecto a nuevas
formas de cooperación internacional? ¡Ciertamente no! Y éste será
entonces uno de los grandes desafíos intelectuales y políticos del próximo
siglo.
Esta constatación no debe llevar a los países en desarrollo a
descuidar los motores clásicos del crecimiento, y concretamente el
indispensable ingreso en el mundo de la ciencia y la tecnología con
todo lo que ello implica de adaptación de las culturas y modernización
de las mentalidades.
Otro desencanto, otra desilusión para quienes vieron en el final de la
guerra fría la perspectiva de un mundo mejor y pacificado. No basta
repetir, para consolarse o encontrar justificaciones, que la Historia es
trágica. Todo el mundo lo sabe o debería saberlo. Si la última gran
guerra ocasionó 50 millones de víctimas, cómo no recordar que desde
1945 ha habido unas 150 guerras que han causado 20 millones de muertos,
antes y también después de la caída del muro de Berlín. ¿Nuevos
riesgos o riesgos antiguos? Poco importa, las tensiones están latentes
y estallan entre naciones, entre grupos étnicos, o en relación con
injusticias o en relación con injusticias acumuladas en los planos económico
y social. Medir estos riesgos y organizarse para prevenirlos es el deber
de todos los dirigentes, en un contexto marcado por la interdependencia
cada vez mayor entre los pueblos y por la mundialización de los
problemas.
Pero, ¿cómo aprender a vivir juntos en la “aldea planetaria” si no
podemos vivir en las comunidades a las que pertenecemos por naturaleza:
la nación, la región, la ciudad, el pueblo, la vecindad? El
interrogante central de la democracia es si queremos y si podemos
participar en la vida en comunidad. Quererlo, no lo olvidemos, depende
del sentido de responsabilidad de cada uno. Ahora bien, si la democracia
ha conquistado nuevos territorios hasta hoy dominados por el
totalitarismo y la arbitrariedad, tiende a debilitarse donde existe
institucionalmente desde hace decenas de años, como si todo tuviera que
volver a comenzar continuamente, a renovarse y a inventarse de nuevo.
¿Cómo podrían las políticas de la educación no sentirse aludidas
por estos tres grandes desafíos? ¿Cómo podría la Comisión no
recalcar en qué pueden estas políticas contribuir a un mundo mejor, a
un desarrollo humano sostenible, al entendimiento mutuo entre los
pueblos, a una renovación de la democracia efectivamente vivida?
Las tensiones que han de superarse
A
este fin conviene afrontar, parar superarlas mejor, las principales
tensiones que, sin ser nuevas, están en el centro de la problemática
del siglo XXI.
La tensión entre lo mundial y lo local: convertirse poco a
poco en ciudadano del mundo sin perder sus raíces y participando
activamente en la vida de la nación y las comunidades de base.
La tensión entre lo universal y lo singular: la mundialización de la
cultura se realiza progresivamente pero todavía parcialmente. De hecho
es inevitable, con sus promesas y sus riesgos, entre los cuales no es el
menor el de olvidar el carácter único de cada persona, su vocación de
escoger su destino y realizar todo su potencial, en la riqueza mantenida
de sus tradiciones y de su propia cultura, amenazada, si no se presta
atención, por las evoluciones que se están produciendo.
La tensión entre tradición y modernidad pertenece a la misma problemática:
adaptarse sin negarse a sí mismo, edificar su autonomía en dialéctica
con la libertad y la evolución de los demás, dominar el progreso científico.
Con este ánimo conviene enfrentarse al desafío de las nuevas tecnologías
de la información.
La tensión entre el largo plazo y el corto plazo, tensión eterna pero
alimentada actualmente por un predominio de lo efímero y de la
instantaneidad, en un contexto en que la plétora de informaciones y
emociones fugaces conduce incesantemente a una concentración en los
problemas inmediatos. Las opiniones piden respuestas y soluciones rápidas,
mientras que muchos de los problemas encontrados necesitan una
estrategia paciente, concertada y negociada de reforma. Tal es
precisamente el caso de las políticas educativas.
La tensión entre la indispensable competencia y la preocupación por la
igualdad de oportunidades. Cuestión clásica, planteada desde comienzo
de siglo a las políticas económicas y sociales y a las políticas
educativas; cuestión resuelta a veces pero nunca en forma duradera.
Hoy, la Comisión corre el riesgo de afirmar que la presión de la
competencia hace olvidar a muchos directivos la misión de dar a cada
ser humano los medios de aprovechar todas sus oportunidades. Esta
constatación nos ha conducido, en el campo que abarca este informe, a
retomar y actualizar el concepto de educación durante toda la vida,
para conciliar la competencia que estimula, la cooperación que
fortalece y la solidaridad que une.
La tensión entre el extraordinario desarrollo de los conocimientos y
las capacidades de asimilación del ser humano. La Comisión no resistió
a la tentación de añadir nuevas disciplinas como el conocimiento de sí
mismo y los medios de mantener la salud física y psicológica, o el
aprendizaje para conocer mejor el medio ambiente natural y preservarlo.
Y sin embargo los programas escolares cada vez están más recargados.
Por tanto, será necesario escoger, en una clara estrategia de reforma,
pero a condición de preservar los elementos esenciales de una educación
básica que enseñe a vivir mejor mediante el conocimiento, la
experimentación y la formación de una cultura personal.
Por último, la tensión entre lo espiritual y lo material, que también
es una constatación eterna. El mundo, frecuentemente sin sentirlo o
expresarlo, tiene sed de ideal y de valores que vamos a llamar morales
para no ofender a nadie. ¡Que noble tarea de la educación la de
suscitar en cada persona, según sus tradiciones y sus convicciones y
con pleno respeto del pluralismo, esta elevación del pensamiento y el
espíritu hasta lo universal y a una cierta superación de sí mismo! La
supervivencia de la humanidad –la Comisión lo dice midiendo las
palabras– depende de ello.
Pensar y edificar nuestro futuro común
Nuestros
contemporáneos experimentan una sensación de vértigo al verse ante el
dilema de la mundialización, cuyas manifestaciones ven y a veces
sufren, y su búsqueda de raíces, referencias y pertenencias.
La educación debe afrontar este problema porque se sitúa más que
nunca en la perspectiva del nacimiento doloroso de una sociedad mundial,
en el núcleo del desarrollo de la persona y las comunidades. La educación
tiene la misión de permitir a todos sin excepción hacer fructificar
todos sus talentos y todas sus capacidades de creación, lo que implica
que cada uno pueda responsabilizarse de sí mismo y realizar su proyecto
personal.
Esta finalidad va más allá de todas las demás. Su realización, larga
y difícil, será una contribución esencial a la búsqueda de un mundo
más vivible y más justo. La Comisión desea recalcarlo enfáticamente
en un momento en que ciertas mentes se ven embargadas por la duda
respecto a las posibilidades que ofrece la educación.
Por supuesto, hay otros muchos problemas que resolver. De ello
hablaremos más adelante. Pero este informe se redacta en un momento en
que la humanidad duda entre acompañar una evolución que no se puede
controlar o resignarse, ante tanta infelicidad causada por la guerra, la
criminalidad y el subdesarrollo. Ofrezcámosle otro camino.
Todo convida entonces a revalorizar los aspectos éticos y culturales de
la educación, y para ello dar a cada uno los medios de comprender al
otro en su particularidad y comprender el mundo en su curso caótico
hacia una cierta unidad. Pero hace falta además empezar por
comprenderse a sí mismo en esta suerte de viaje interior jalonado por
el conocimiento, la meditación y el ejercicio de la autocrítica.
Este mensaje debe guiar toda la reflexión sobre la educación,
juntamente con la ampliación y la profundización de la cooperación
internacional con que terminarán estas conclusiones.
En esta perspectiva todo se ordena, ya se trate de las exigencias de la
ciencia y la técnica, del conocimiento de sí mismo y de su medio
ambiente, de la creación de capacidades que permitan a cada uno actuar
como miembro de una familia, como ciudadano o como productor.
Esto significa que la Comisión no subestima de ninguna manera la función
central de la materia gris y de la innovación, el paso a una sociedad
cognoscitiva, los procesos endógenos que permiten acumular los
conocimientos, añadir nuevos descubrimientos, ponerlos en aplicación
en los diferentes campos de actividad humana, tanto la salud y el medio
ambiente como la producción de bienes y servicios. También conoce los
límites, cuando no los fracasos, de los esfuerzos por transferir las
tecnologías a los países más desprovistos, precisamente a causa del
carácter endógeno de los mecanismos de acumulación y de aplicación
de los conocimientos. De ahí la necesidad, entre otras, de una iniciación
temprana a la ciencia, a sus formas de aplicación, al difícil esfuerzo
por dominar el progreso dentro del respeto de la persona humana y su
integridad. Aquí también debe estar presente la preocupación ética.
Esto también significa recordar que la Comisión es consciente de las
misiones que debe cumplir la educación al servicio del desarrollo económico
y social. Demasiado frecuentemente se responsabiliza del desempleo al
sistema de formación. La constatación es sólo parcialmente justa y,
sobre todo, no debe ocultar las demás exigencias políticas, económicas
y sociales que hay que satisfacer para realizar el pleno empleo o
permitir el despegue de las economías subdesarrolladas. Ahora bien, la
Comisión piensa, volviendo al tema de la educación, que un sistema más
flexible que permita la diversidad de estudios, pasarelas entre diversos
campos de enseñanza o entre una experiencia profesional y un regreso a
la formación constituye una respuesta válida a las cuestiones
planteadas por la inadecuación entre la oferta y la demanda de trabajo.
Un sistema así permitiría también reducir el fracaso escolar,
causante de un tremendo despilfarro de recursos humanos que todo el
mundo debe medir.
Pero estas mejoras deseables y posibles no dispensarán de la necesidad
de innovación intelectual y de la aplicación de un modelo de
desarrollo sostenible de acuerdo con las características propias de
cada país. Todos debemos convencernos de que con los progresos actuales
y esperados de la ciencia y la técnica y la creciente importancia de lo
cognoscitivo y lo inmaterial en la producción de bienes y servicios,
conviene reconsiderar el lugar del trabajo y sus diferentes estatutos en
la sociedad de mañana. La imaginación humana, precisamente para crear
esta sociedad, debe adelantarse a los progresos tecnológicos si
queremos evitar que se agraven el desempleo y la exclusión social o las
desigualdades en el desarrollo.
Por todas estas razones, nos parece que debe imponerse el concepto de
educación durante toda la vida con sus ventajas de flexibilidad,
diversidad y accesibilidad en el tiempo y el espacio. Es la idea de
educación permanente lo que ha de ser al mismo tiempo reconsiderado y
ampliado, porque además de las necesarias adaptaciones relacionadas con
las mutaciones de la vida profesional, debe ser una estructuración
continua de la persona humana, de su conocimiento y sus aptitudes, pero
también de su facultad de juicio y acción. Debe permitirle tomar
conciencia de sí misma y de su medio ambiente e invitarla a desempeñar
su función social en el trabajo y la ciudad.
Se ha podido evocar a este respecto la necesidad de dirigirse hacia
“una sociedad educativa”. Es verdad que toda la vida personal y
social puede ser objeto de aprendizaje y de acción. Grande es entonces
la tentación de privilegiar este aspecto de las cosas para recalcar el
potencial educativo de los medios modernos de comunicación o de la vida
profesional, o de las actividades culturales y de esparcimiento, hasta
el punto de olvidar por eso algunas verdades esenciales. Porque, si bien
hay que aprovechar todas estas posibilidades de aprender y
perfeccionarse, no es menos cierto que para poder utilizar bien ese
potencial la persona debe poseer todos los elementos de una educación básica
de calidad. Más aún, es deseable que la escuela le inculque más el
gusto y el placer de aprender, la capacidad de aprender a aprender, la
curiosidad del intelecto. Imaginémonos incluso una sociedad en que cada
uno sería alternativamente educador y educando.
Para ello, nada puede reemplazar al sistema formal de educación en que
cada uno se inicia en las materias del conocimiento en sus diversas
formas. Nada puede sustituir a la relación de autoridad, pero también
de diálogo, entre el maestro y el alumno. Todos los grandes pensadores
clásicos que han estudiado el problema de la educación lo han dicho y
lo han repetido. Es el maestro quien ha de transmitir al alumno lo que
la humanidad ha aprendido sobre sí misma y sobre la naturaleza, todo lo
que ha creado e inventado de esencial.
Implantar la educación durante toda la vida en el seno de la sociedad
La
educación durante toda la vida se presenta como una de las llaves de
acceso al siglo XXI. Esta noción va más allá de la distinción
tradicional entre educación básica y educación permanente, y responde
al reto de un mundo que cambia rápidamente. Pero esta afirmación no es
nueva, puesto que en anteriores informes sobre educación ya se
destacaba la necesidad de volver a la escuela para poder afrontar las
novedades que surgen en la vida privada y en la vida profesional. Esta
necesidad persiste, incluso se ha acentuado, y la única forma de
satisfacerla es que todos aprendamos a aprender.
Pero además surge otra obligación que, tras el profundo cambio de los
marcos tradicionales de la existencia, nos exige comprender mejor al
otro, comprender mejor el mundo. Exigencias de entendimiento mutuo, de
diálogo pacífico y, por qué no, de armonía, aquello de lo cual,
precisamente, más carece nuestra sociedad.
Esta posición lleva a la Comisión a insistir especialmente en uno de
los cuatro pilares presentados e ilustrados como las bases de la educación.
Se trata de aprender a vivir juntos conociendo mejor a los demás, su
historia, sus tradiciones y su espiritualidad y, a partir de ahí, crear
un espíritu nuevo que impulse la realización de proyectos comunes o la
solución inteligente y pacífica de los inevitables conflictos, gracias
justamente a esta comprensión de que las relaciones de interdependencia
son cada vez mayores y a un análisis compartido de los riesgos y retos
del futuro. Una utopía, pensarán, pero una utopía necesaria, una utopía
esencial para salir del peligroso ciclo alimentado por el cinismo o la
resignación.
En efecto, la Comisión piensa en una educación que genere y
sea la base de este espíritu nuevo, lo que no quiere decir que haya
descuidado los otros tres pilares de la educación que, de alguna forma,
proporcionan los elementos básicos para aprender a vivir juntos.
Lo primero, aprender a conocer. Pero, teniendo en cuenta los rápidos
cambios derivados de los avances de la ciencia y las nuevas formas de la
actividad económica y social, conviene compaginar una cultura general
suficientemente amplia con la posibilidad de estudiar a fondo un número
reducido de materias. Esta cultura general sirve de pasaporte para una
educación permanente, en la medida en que supone un aliciente y sienta
además las bases para aprender durante toda la vida.
También, aprender a hacer. Conviene no limitarse a conseguir el
aprendizaje de un oficio y, en un sentido más amplio, adquirir una
competencia que permita hacer frente a numerosas situaciones, algunas
imprevisibles, y que facilite el trabajo en equipo, dimensión demasiado
olvidada en los métodos de enseñanza actuales. En numerosos casos esta
competencia y estas calificaciones se hacen más accesibles si alumnos y
estudiantes cuentan con la posibilidad de evaluarse y de enriquecerse
participando en actividades profesionales o sociales de forma paralela a
sus estudios, lo que justifica el lugar más relevante que deberían
ocupar las distintas posibilidades de alternancia entre la escuela y el
trabajo.
Por último, y sobre todo, aprender a ser. Este era el tema dominante
del informe Edgar Faure publicado en 1972 bajo los auspicios de la
UNESCO. Sus recomendaciones conservan una gran actualidad, puesto que el
siglo XXI nos exigirá una mayor autonomía y capacidad de juicio junto
con el fortalecimiento de la responsabilidad personal en la realización
del destino colectivo. Y también, por otra obligación destacada por
este informe, no dejar sin explorar ninguno de los talentos que, como
tesoros, están enterrados en el fondo de cada persona. Citemos, sin ser
exhaustivos, la memoria, el raciocinio, la imaginación, las aptitudes físicas,
el sentido de la estética, la facilidad para comunicar con los demás,
el carisma natural del dirigente, etc. Todo ello viene a confirmar la
necesidad de comprenderse mejor a uno mismo.
La Comisión se ha hecho eco de otra utopía: la sociedad educativa
basada en la adquisición, la actualización y el uso de los
conocimientos. Estas son las tres funciones que conviene poner de
relieve en el proceso educativo. Mientras la sociedad de la información
se desarrolla y multiplica las posibilidades de acceso a los datos y a
los hechos, la educación debe permitir que todos puedan aprovechar esta
información, recabarla, seleccionarla, ordenarla, manejarla y
utilizarla.
Por consiguiente, la educación tiene que adaptarse en todo momento a
los cambios de la sociedad, sin dejar de transmitir por ello el saber
adquirido, los principios y los frutos de la experiencia.
Por último, ¿qué hacer para que, ante esta demanda cada vez mayor y más
exigente, las políticas educativas alcancen el objetivo de una enseñanza
a la vez de calidad y equitativa? La Comisión se ha planteado estas
cuestiones con respecto a los estudios universitarios, los métodos y
los contenidos de la enseñanza como condiciones necesarias para su
eficacia.
Reconsiderar y unir las distintas etapas de la educación
Al
centrar sus propuestas en torno al concepto de educación durante toda
la vida, la Comisión no ha querido decir con ello que este salto
cualitativo dispensara de una reflexión sobre las distintas etapas de
la enseñanza. Al contrario, se proponía confirmar ciertas grandes
orientaciones definidas por la UNESCO, por ejemplo la importancia vital
de la educación básica y, al mismo tiempo, dar pie a una revisión de
las funciones desempeñadas por la enseñanza secundaria, o incluso
responder a los interrogantes que inevitablemente plantea la evolución
de la enseñanza superior y, sobre todo, el fenómeno de la masificación.
La educación durante toda la vida permite, sencillamente, ordenar las
distintas etapas, preparar las transiciones, diversificar y valorizar
las trayectorias. De esta forma, saldríamos del terrible dilema que se
plantea entre seleccionar, y con ello multiplicar el fracaso escolar y
los riesgos de exclusión, o igualar, pero en detrimento de la promoción
de personas con talento.
Estas reflexiones no restan nada a lo que se definió tan bien durante
la Conferencia de Jomtien en 1990 sobre la educación básica y sobre
las necesidades básicas de aprendizaje:
“Estas necesidades abarcan tanto las herramientas esenciales para el
aprendizaje (como la lectura y la escritura, la expresión oral, el cálculo,
la solución de problemas) como los contenidos básicos del aprendizaje
(conocimientos teóricos y prácticos, valores y actitudes) necesarios
para que los seres humanos puedan sobrevivir, desarrollar plenamente sus
capacidades, vivir y trabajar con dignidad, participar plenamente en el
desarrollo, mejorar la calidad de su vida, tomar decisiones
fundamentadas y continuar aprendiendo”.
Esta enumeración puede parecer impresionante y, de hecho, lo es. Pero
de eso no se ha de inferir que lleva a una acumulación excesiva de
programas. La relación entre profesor y alumno, el conocimiento del
medio en el que viven los niños, un buen uso de los modernos medios de
comunicación allá donde existen, todo ello puede contribuir al
desarrollo personal e intelectual del alumno. Aquí, los conocimientos básicos,
lectura, escritura y cálculo, tendrán su pleno significado. La
combinación de la enseñanza tradicional con enfoques extraescolares
tiene que permitir al niño acceder a las tres dimensiones de la educación,
es decir, la ética y cultural, la científica y tecnológica, y la económica
y social.
Dicho de otro modo, la educación es también una experiencia social, en
la que el niño va conociéndose, enriqueciendo sus relaciones con los
demás, adquiriendo las bases de los conocimientos teóricos y prácticos.
Esta experiencia debe iniciarse antes de la edad escolar obligatoria según
diferentes formas en función de la situación, pero las familias y las
comunidades locales deben involucrarse.
A esta altura hay que añadir dos observaciones, que son importantes en
opinión de la Comisión.
La educación básica tiene que llegar, en todo el mundo, a los 900
millones de adultos analfabetos, a los 130 millones de niños sin
escolarizar y a los más de 100 millones de niños que abandonan la
escuela antes de tiempo. A ellos deben dirigirse de forma prioritaria
las actividades de asistencia técnica y de coparticipación en el marco
de la cooperación internacional. La educación básica es un problema
que se plantea, lógicamente, en todos los países, incluidos los
industrializados. Desde este nivel de la educación, los contenidos
tienen que fomentar el deseo de aprender, el ansia y la alegría de
conocer y, por lo tanto, el afán y las posibilidades de acceder más
tarde a la educación durante toda la vida.
Llegamos así a lo que representa una de las principales dificultades de
toda reforma, es decir, cuál es la política que se debe llevar a cabo
con respecto a los jóvenes y adolescentes que acaban la enseñanza
primaria, durante todo el período que transcurre hasta su entrada en la
vida profesional o en la universidad. ¿Nos atreveríamos a decir que
estos tipos de enseñanza llamada secundaria son, en cierto sentido, los
“impopulares” de la reflexión sobre la educación? De hecho, son
objeto de innumerables críticas y generan buen número de
frustraciones.
Entre los factores que perturban se pueden citar las necesidades en
aumento y cada vez más diversificadas de formación, que desembocan en
un rápido crecimiento del número de alumnos y en un atascamiento de
los programas. Aquí está el origen de los clásicos problemas de
masificación, que los países poco desarrollados tienen gran dificultad
en resolver tanto en el plano financiero como de organización. También
se puede citar la angustia del egreso o de las salidas, angustia que
aumenta la obsesión de acceder a la enseñanza superior, como si se
estuviese jugando a todo o nada. El desempleo generalizado que existe en
muchos países no hace más que agravar este malestar. La Comisión
destacó lo preocupante de una evolución que lleva, en medios rurales y
urbanos, en países en vías de desarrollo e industrializados, no sólo
al desempleo sino también al subempleo de los recursos humanos.
En opinión de la Comisión, sólo se puede salvar esta dificultad
mediante una diversificación muy amplia en la oferta de trayectorias.
Esta orientación se corresponde con una de las principales
preocupaciones de la Comisión, que consiste en valorar los talentos de
todo tipo, de forma que se limite el fracaso escolar y se evite el
sentimiento de exclusión y de falta de futuro a un grupo de
adolescentes demasiado numeroso.
Entre las distintas vías que se ofrecen deberían figurar las ya
tradicionales, más orientadas hacia la abstracción y la
conceptualización, pero también las que, enriquecidas por una
alternancia entre la escuela y la vida profesional o social, permiten
sacar a la luz otro tipo de talentos y gustos. En cualquier caso habría
que tender puentes entre esas vías, de manera que se pudieran corregir
los errores de orientación que con harta frecuencia se cometen.
Por lo demás, y en opinión de la Comisión, la perspectiva de poder
regresar a un ciclo educativo o de formación modificaría el clima
general, al garantizar al adolescente que su suerte no está echada
definitivamente entre los 14 y los 20 años.
Desde
este mismo punto de vista habrá que ver asimismo la enseñanza
superior. Lo primero que hay que señalar es que, junto a la
universidad, existen en muchos países otro tipo de centros de enseñanza
superior. Unos se dedican a seleccionar a los mejores, otros se han
creado para impartir una formación profesional muy concreta y de
calidad durante ciclos de dos a cuatro años. Sin duda esta
diversificación responde a las necesidades de la sociedad y la economía,
expresadas a nivel nacional y regional.
Respecto a la masificación que se observa en los países más ricos, no
puede haber una solución política y socialmente aceptable en una
selección cada vez más severa. Uno de los principales defectos de esta
orientación es que son muchos los jóvenes de ambos sexos que se ven
excluidos de la enseñanza antes de haber conseguido una titulación
reconocida y, por lo tanto, en una situación desesperante, puesto que
no cuentan ni con la ventaja de una titulación ni con la compensación
de una formación adaptada a las necesidades del mercado de trabajo.
Hace falta, por consiguiente, una gestión del desarrollo de los
recursos humanos, aunque tenga un alcance limitado, mediante una reforma
de la enseñanza secundaria que adopte las grandes líneas propuestas
por la Comisión.
La Universidad podría contribuir a esta reforma diversificando su
oferta:
- Como lugar de ciencia y
fuente de conocimiento que llevan a la investigación teórica o
aplicada, o a la formación de profesores.
- Como medio de adquirir
calificaciones profesionales conforme a unos estudios universitarios
y unos contenidos adaptados constantemente a las necesidades de la
economía, en los que se aúnen los conocimientos teóricos y prácticos
a un alto nivel.
- Como plataforma
privilegiada de la educación durante toda la vida, al abrir sus
puertas a los adultos que quieran reanudar los estudios, adaptar y
enriquecer sus conocimientos o satisfacer sus ansias de aprender en
todos los ámbitos de la vida cultural.
- Como interlocutor
privilegiado en una cooperación internacional que permita el
intercambio de profesores y estudiantes, y facilite la difusión de
la mejor enseñanza mediante cátedras internacionales.
De
esta forma la universidad superaría la oposición que enfrenta erróneamente
la lógica de la administración pública y la del mercado de trabajo.
Además encontraríade nuevo el sentido de su misión intelectual y
social en la sociedad, siendo en cierto modo una de las instituciones
garantes de los valores universales y del patrimonio cultural. La Comisión
cree que éstas son razones pertinentes para abogar en favor de una
mayor autonomía de las universidades.
La Comisión, al formular estas propuestas, destaca que esta problemática
reviste una dimensión especial en las naciones pobres, donde las
universidades deben desempeñar un papel determinante. Para examinar las
dificultades que se les presentan en la actualidad, aprendiendo de su
propio pasado, las universidades de los países en desarrollo tienen la
obligación de realizar una investigación que pueda contribuir a
resolver sus problemas más graves. Les corresponde, además, proponer
nuevos enfoques para el desarrollo que permitan a sus países construir
un futuro mejor de forma efectiva. También es de su incumbencia formar,
tanto en el ámbito profesional como en el técnico, a las futuras élites
y a los titulados de grado superior y medio que sus países necesitan
para lograr salir de los ciclos de pobreza y subdesarrollo en los que se
encuentran atrapados actualmente. Conviene, sobre todo, diseñar nuevos
modelos de desarrollo en función de cada caso particular, para regiones
como el África subsahariana, como ya se hizo para los países del Asia
Oriental.
Aplicar con éxito las estrategias de la reforma
Sin
subestimar la gestión de las obligaciones a corto plazo ni descuidar la
necesidad de adaptarse a los sistemas existentes, la Comisión desea
hacer hincapié en la importancia de adoptar un enfoque a más largo
plazo para llevar a cabo con éxito las indispensables reformas. Por esa
misma razón, previene sobre el hecho de que demasiadas reformas en
serie anulan el objetivo perseguido, ya que no dan al sistema el tiempo
necesario para impregnarse del nuevo espíritu y lograr que todos los
agentes de la reforma estén en condiciones de participar en ella. Además,
como demuestran los fracasos anteriores, muchos reformadores adoptan un
enfoque demasiado radical o excesivamente teórico y no capitalizan las
útiles enseñanzas que deja la experiencia o rechazan el acervo
positivo heredado del pasado. Ello perturba a los docentes, los padres y
los alumnos y, por consiguiente, condiciona su disposición a aceptar y,
ulteriormente, llevar a la práctica la reforma.
Tres agentes principales coadyuvan al éxito de las reformas educativas:
en primer lugar, la comunidad local y, sobre todo, los padres, los
directores de los establecimientos de enseñanza y los docentes; en
segundo lugar, las autoridades públicas y, por último, la comunidad
internacional. En el pasado, la falta de un compromiso firme por parte
de alguno de los protagonistas mencionados provocó no pocas
exclusiones. Resulta evidente, además, que los intentos de imponer las
reformas educativas desde arriba o desde el exterior fueron un fracaso
rotundo.
Los países en los que este proceso se vio coronado por el éxito en
mayor o menor grado son aquéllos que lograron una participación
entusiasta de las comunidades locales, los padres y los docentes,
sustentada por un diálogo permanente y por diversas formas de ayuda
externa, tanto financiara como técnica y profesional. En toda
estrategia de aplicación satisfactoria de una reforma es clara la
primacía de la comunidad local.
La participación de la comunidad local en la evaluación de las
necesidades, mediante un diálogo con las autoridades públicas y los
grupos interesados dentro de la sociedad, es una primera etapa
fundamental para ampliar el acceso a la educación y para mejorarla.
La continuación de este diálogo a través de los medios de comunicación,
en debates dentro de la comunidad y mediante la educación y la formación
de los padres, así como la capacitación de los docentes en el empleo,
suele contribuir a una mayor toma de conciencia e incrementa el
discernimiento y el desarrollo de las capacidades endógenas en el nivel
comunitario. Cuando las comunidades asumen más responsabilidades en su
propio desarrollo aprenden a valorar la función de la educación,
concebida a la vez como un medio para alcanzar determinados objetivos
sociales y como una mejora deseable de la calidad de la vida.
En este sentido, la Comisión destaca la conveniencia de una
descentralización inteligente, que permita incrementar la
responsabilidad y la capacidad de innovación de cada establecimiento
escolar.
En todo caso, ninguna reforma dará resultados positivos sin la
participación activa del cuerpo docente. Por esa razón, la Comisión
recomienda que se preste una atención prioritaria a la situación
social, cultural y material de los educadores.
Se exige mucho al docente, incluso demasiado, cuando se espera que colme
las carencias de otras instituciones también responsables de la enseñanza
y la formación de los jóvenes. Mucho se le pide, mientras que el mundo
exterior entra cada vez más en la escuela, en particular a través de
los nuevos medios de información y comunicación. Así pues, el maestro
se encuentra ante jóvenes menos apoyados por las familias o los
movimientos religiosos pero más informados. Por consiguiente, debe
tener en cuenta ese nuevo contexto para hacerse escuchar y comprender
por los jóvenes, para despertar en ellos el deseo de aprender y para
hacerles ver que la información no es conocimiento, que éste exige
esfuerzo, atención, rigor y voluntad.
Con o sin razón, el maestro tiene la impresión de estar solo, no únicamente
porque ejerce una actividad individual, sino debido a las expectativas
que suscita la enseñanza y a las críticas, muchas veces injustas, de
que es objeto. Ante todo, desea que se respete su dignidad. Por otra
parte, la mayoría de los docentes pertenecen a organizaciones
sindicales a menudo poderosas y en las que existe –por qué negarlo–
un espíritu corporativo de defensa de sus intereses. Sin embargo, es
necesario intensificar y dar una nueva perspectiva al diálogo entre la
sociedad y los docentes, así como entre los poderes públicos y sus
organizaciones sindicales.
Debemos reconocer que no es fácil renovar la naturaleza de dicho diálogo,
pero es indispensable para disipar el sentimiento de aislamiento y de
frustración del docente, lograr la aceptación de los cuestionamientos
actuales y hacer que todos contribuyan al éxito de las indispensables
reformas.
En ese contexto, convendría añadir algunas recomendaciones relativas
al contenido de la formación de los docentes, a su pleno acceso a la
formación permanente, a la revalorización de la condición de los
maestros responsables de la educación básica y a una presencia más
activa de los docentes en los medios sociales desasistidos y marginados,
donde podrían contribuir a una mejor inserción de los adolescentes y
los jóvenes en la sociedad.
Es éste también un alegato en favor de que se dote al sistema de enseñanza
no sólo de maestros y profesores adecuadamente formados, sino también
de los elementos necesarios para impartir una enseñanza de calidad:
libros, medios de comunicación modernos, entorno cultural y económico
de la escuela, etcétera.
Consciente de las realidades de la educación actual, la Comisión hizo
particular hincapié en la necesidad de disponer de medios cualitativos
y cuantitativos de enseñanza, tradicionales (como los libros) o nuevos
(como las tecnologías de la información), que conviene utilizar con
discernimiento y promoviendo la participación activa de los alumnos.
Por su parte, los docentes deberían trabajar en equipo, sobre todo en
el nivel de enseñanza secundaria, principalmente para contribuir a la
indispensable flexibilidad de los programas de estudio. Ello evitará
muchos fracasos, pondrá de manifiesto cualidades naturales de los
alumnos y, por consiguiente, facilitará una mejor orientación de los
estudios y la trayectoria de cada uno, según el principio de una
educación impartida a lo largo de toda la vida.
Considerado desde este punto de vista, el mejoramiento del sistema
educativo obliga al político a asumir plenamente su responsabilidad. En
efecto, ya no puede comportarse como si el mercado fuera capaz de
corregir por sí solo los defectos existentes o como si una especie de
autorregulación bastara para hacerlo.
La Comisión ha hecho tanto más hincapié en la permanencia de los
valores, las exigencias del futuro y los deberes del docente y la
sociedad cuanto que cree en la importancia del responsable político. Únicamente
él, tomando en consideración todos los elementos, puede plantear los
debates de interés general que son vitales para la educación. Es que
este asunto nos interesa a todos, ya que en él se juega nuestro futuro
y que, justamente, la educación puede contribuir a mejorar la suerte de
todos y cada uno de nosotros.
Y ello, inevitablemente, nos lleva a poner de relieve la función de las
autoridades públicas, encargadas de plantear claramente las opciones y,
tras una amplia concertación con todos los interesados, definir una política
pública que, sean cuales fueren las estructuras del sistema (públicas,
privadas o mixtas), trace las orientaciones, siente las bases y los ejes
de aquél y establezca su regulación introduciendo las adaptaciones
necesarias.
Por supuesto, todas las decisiones adoptadas en ese contexto tienen
repercusiones financieras. La Comisión no subestima este factor. Pero,
sin adentrarse en la compleja diversidad de los sistemas, considera que
la educación es un bien colectivo al que todos deben poder acceder. Una
vez admitido ese principio, es posible combinar fondos públicos y
privados, según diversas fórmulas que tomen en consideración las
tradiciones de cada país, su nivel de desarrollo, estilos de vida y
distribución de ingresos.
De todas maneras, en todas las decisiones que se adopten debe predominar
el principio de la igualdad de oportunidades.
Durante los debates mencioné una solución más radical. Habida cuenta
de que poco a poco la educación permanente irá ganando terreno, podría
estudiarse la posibilidad de atribuir a cada joven que está por
comenzar su escolaridad un “crédito-tiempo”, que le diera derecho a
cierto número de años de enseñanza. Su crédito se consignaría en
una cuenta en una institución que, de alguna forma, administraría un
capital de tiempo elegido por cada uno con los recursos financieros
correspondientes. Cada persona podría disponer de ese capital, según
su experiencia escolar y su propia elección. Podría conservar una
parte del mismo para, una vez terminada su vida escolar y siendo ya
adulto, poder aprovechar las posibilidades de la formación permanente.
También podría aumentar su capital mediante contribuciones financieras
–una especie de ahorro previsional dedicado a la educación– que se
acreditarían en su cuenta del “banco del tiempo elegido”. Tras un
pormenorizado debate, la Comisión respaldó esta idea, no sin
percatarse de sus posibles derivas, que podrían ir incluso en
detrimento de la igualdad de oportunidades. Por esa razón, en la
situación actual, podría otorgarse a título experimental un crédito,
tiempo para la educación al finalizar el período de escolarización
obligatoria, que permitiría al adolescente elegir la orientación que
desee sin hipotecar su futuro.
Pero en resumidas cuentas, si tras la etapa fundamental que constituyó
la Conferencia de Jomtien sobre Educación para Todos fuera necesario
definir una urgencia, deberíamos concentrarnos sin duda en la enseñanza
secundaria. En efecto, entre el egreso del ciclo primario y la
incorporación a la vida activa o el ingreso en la enseñanza superior,
se decide el destino de millones de jóvenes, varones y niñas. Y es ése
el punto flaco de nuestros sistemas educativos, por un exceso de
elitismo, porque no logran canalizar fenómenos de masificación o
porque pecan de inercia y son refractarios a cualquier adaptación.
Justamente cuando los jóvenes se enfrentan con los problemas de la
adolescencia, cuando en cierto sentido se consideran maduros pero en
realidad sufren de una falta de madurez y el futuro suscita en ellos más
ansiedad que despreocupación, lo importante es ofrecerles lugares de
aprendizaje y de descubrimiento, darles los instrumentos necesarios para
pensar y preparar su porvenir, diversificar las trayectorias en función
de sus capacidades, pero también asegurar que las perspectivas de
futuro no se cierren y que siempre sea posible reparar los errores o
corregir el rumbo.
Extender la cooperación internacional en la aldea planetaria
En
los ámbitos políticos y económicos la Comisión observó que, cada
vez más frecuentemente, se adoptan medidas en el plano internacional
para intentar hallar soluciones satisfactorias a problemas que tienen
una dimensión mundial, aunque sólo sea debido a ese fenómeno de
interdependencia creciente, tantas veces destacado. La Comisión lamentó
también que hasta el momento se hayan obtenido muy pocos resultados y
consideró necesario reformar las instituciones internacionales con
objeto de incrementar la eficacia de sus intervenciones.
Este análisis es válido, mutatis mutandis, para los ámbitos que
abarcan la dimensión social y la educación. De allí que se destacara
la importancia de la Reunión Cumbre de Copenhague de marzo de 1995,
dedicada a las cuestiones sociales. La educación ocupa un lugar
privilegiado entre las orientaciones adoptadas. En ese contexto, la
Comisión formuló las siguientes recomendaciones:
- Desarrollar una política
extremadamente dinámica en favor de la educación de las niñas y
las mujeres, conforme a la Conferencia de Beijing (septiembre de
1995).
- Utilizar un porcentaje
mínimo de la ayuda para el desarrollo (una cuarta parte del total)
para financiar la educación; este cambio en favor de la educación
debería también producirse en el nivel de las instituciones
financieras internacionales y, en primer lugar, en el Banco Mundial,
que desempeña ya una función importante.
- Desarrollar mecanismos
de “trueque de deuda por educación” (debt-for-education swaps)
con objeto de compensar los efectos negativos que tienen las políticas
de ajuste y la reducción de los déficit internos y externos sobre
los gastos públicos de educación.
- Difundir las nuevas
tecnologías llamadas de la sociedad de la información en favor de
todos los países, a fin de evitar una agudización aún mayor de
las diferencias entre países ricos y pobres.
- Movilizar el enorme
potencial que ofrecen las organizaciones no gubernamentales y, por
consiguiente, las iniciativas de base, que podrían prestar un
valioso apoyo a las actividades de cooperación internacional.
Estas
propuestas deberían desarrollarse en un marco asociativo y no de
asistencia. Es la experiencia la que, después de tantos fracasos y
derroches, nos induce a ello. La mundialización nos lo impone. Podemos
citar algunos ejemplos alentadores, como el éxito de las actividades de
cooperación e intercambio realizadas en el plano regional. Es el caso,
en particular, de la Unión Europea.
El principio de asociación encuentra también su justificación en el
hecho de que puede llevar a una interacción positiva para todos. En
efecto, si los países industrializados pueden ayudar a las naciones en
desarrollo compartiendo con ellas sus experiencias positivas, sus
tecnologías y sus medios financieros y materiales, a su vez pueden
aprender de esos países modos de transmisión del patrimonio cultural,
itinerarios de socialización de los niños y, más esencialmente,
formas culturales e idiosincrasias diferentes.
La Comisión desea que los Estados Miembros de la UNESCO doten a la
Organización de los recursos necesarios para animar el espíritu y las
actividades de asociación propuestas en el marco de las orientaciones
que somete a la Conferencia General de la UNESCO. La Organización lo
hará difundiendo las innovaciones exitosas y contribuyendo al
establecimiento de redes sustentadas en iniciativas de las ONG, con
miras a desarrollar una enseñanza de calidad (Cátedras UNESCO) o a
fomentar las asociaciones en el ámbito de la investigación.
Por nuestra parte, asignamos también a la UNESCO una importancia
fundamental en el desarrollo adecuado de las nuevas tecnologías de la
información al servicio de una educación de calidad.
Fundamentalmente la UNESCO contribuirá a la paz y al entendimiento
mutuo entre los seres humanos al valorizar la educación como espíritu
de concordia, signo de una voluntad de cohabitar, como militantes de
nuestra aldea planetaria, que debemos concebir y organizar en beneficio
de las generaciones futuras. En ese sentido, la Organización contribuirá
a una cultura de paz.
Para titular su informe, la Comisión recurrió a una de las fábulas de
Jean de La Fontaine, “El labrador y sus hijos”:
“Guardaos (dijo el labrador) de
vender el patrimonio,
Dejado por nuestros padres,
Veréis que esconde un tesoro.”
La
educación es todo lo que la Humanidad ha aprendido sobre sí misma.
Imitando al poeta, que elogiaba la virtud del trabajo, podríamos decir:
“Pero el padre fue sabio
Al mostrarles, antes de morir,
Que la educación encierra un tesoro.”
Jacques Delors
Presidente de la Comisión
Pistas y recomendaciones
Primera
parte
Capítulo
1
- La interdependencia
planetaria y la mundialización son fenómenos esenciales de nuestra
época. Actúan ya en el presente y marcarán con su impronta el
siglo XXI. Hoy hacen ya necesaria una reflexión global –que
trascienda ampliamente los ámbitos de la educación y la cultura–
sobre las funciones y las estructuras de las organizaciones
internacionales.
- El principal riesgo está
en que se produzca una ruptura entre una minoría capaz de moverse
en ese mundo en formación y una mayoría que se sienta arrastrada
por los acontecimientos e impotente para influir en el destino
colectivo, con riesgo de retroceso democrático y de rebeliones múltiples.
- La utopía orientadora
que debe guiar nuestros pasos consiste en lograr que el mundo
converja hacia una mayor comprensión mutua, hacia una intensificación
del sentido de la responsabilidad y de la solidaridad, sobre la base
de aceptar nuestras diferencias espirituales y culturales. Al
permitir que todos tengan acceso al conocimiento, la educación
tiene un papel muy concreto que desempeñar en la realización de
esta tarea universal: ayudar a comprender el mundo y a comprender al
otro, para así comprenderse mejor a sí mismo.
Capítulo 2
- La política de educación
debe diversificarse suficientemente y concebirse de modo que no
constituya un factor adicional de exclusión.
- Socialización de cada
individuo y desarrollo personal no deben ser dos factores
antagonistas. Hay pues que tender hacia un sistema que se esfuerce
en combinar las virtudes de la integración y el respeto de los
derechos individuales.
- La educación no puede
resolver por sí sola los problemas que plantea la ruptura (allí
donde se da) del vínculo social. De ella cabe esperar, no obstante,
que contribuya a desarrollar la voluntad de vivir juntos, factor básico
de la cohesión social y de la identidad nacional.
- La escuela sólo puede
llevar a buen puerto esta tarea si, por su parte, contribuye a la
promoción e integración de los grupos minoritarios, movilizando a
los mismos interesados, cuya personalidad debe respetar.
- La democracia parece
progresar, según formas y etapas adaptadas a la situación de cada
país. Pero su vitalidad se halla amenazada constantemente. Es en la
escuela donde debe iniciarse la educación para una ciudadanía
consciente y activa.
- En cierto modo, la
ciudadanía democrática es un corolario de la virtud cívica. Pero
puede fomentarse o estimularse mediante una instrucción y unas prácticas
adaptadas a la sociedad de la comunicación y la información. Se
trata de proporcionar claves de orientación con miras a reforzar la
capacidad de comprender y de juzgar.
- Incumbe a la educación
la tarea de inculcar tanto a los niños como a los adultos las bases
culturales que les permitan descifrar en la medida de lo posible el
sentido de las mutaciones que están produciéndose. Para ellos se
requiere efectuar una selección en la masa de informaciones para
poder interpretarlas mejor y situar los acontecimientos en una
historia global.
- Los sistemas educativos
deben responder a los múltiples retos que les lanza la sociedad de
la información, en función siempre de un enriquecimiento continuo
de los conocimientos y del ejercicio de una ciudadanía adaptada a
las exigencias de nuestra época.
Capítulo 3
- Proseguir la reflexión
en torno a la idea de un nuevo modelo de desarrollo que sea más
respetuoso con la naturaleza y con los ritmos del individuo humano.
- Una consideración
prospectiva del lugar del trabajo en la sociedad de mañana, habida
cuenta de las repercusiones del progreso técnico y de los cambios
que origina en los modos de vida privados y colectivos.
- Una estimación más
exhaustiva de desarrollo humano que tenga en cuenta todas sus
dimensiones, de acuerdo con la orientación de los trabajos del
PNUD.
- El establecimiento de
nuevas relaciones entre política de educación y política, de
desarrollo con objeto de fortalecer las bases del saber teórico y técnico
en los países interesados: incitación a la iniciativa, al trabajo
en equipo, a las sinergias realistas en función de los recursos
locales, al autoempleo y al espíritu de empresa.
- El enriquecimiento y la
generalización indispensables de la educación básica (importancia
de la Declaración de Jomtien).
Segunda
parte
Capítulo
4
- La educación a lo
largo de la vida se basa en cuatro pilares: aprender a conocer,
aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser.
- Aprender a conocer,
combinando una cultura general suficientemente amplia con la
posibilidad de profundizar los conocimientos en un pequeño número
de materias, lo que supone además: aprender a aprender para poder
aprovechar las posibilidades que ofrece la educación a lo largo de
la vida.
- Aprender a hacer a fin
de adquirir no sólo una calificación profesional sino, más
generalmente, una competencia que capacite al individuo para hacer
frente a gran número de situaciones y a trabajar en equipo. Pero,
también, aprender a hacer en el marco de las distintas experiencias
sociales o de trabajo que se ofrecen a los jóvenes y adolescentes,
bien espontáneamente a causa del contexto social o nacional, bien
fundamentalmente gracias al desarrollo de la enseñanza por
alternancia.
- Aprender a vivir juntos
desarrollando la comprensión del otro y la percepción de las
formas de interdependencia –realizar proyectos comunes y
prepararse para tratar los conflictos– respetando los valores de
pluralismo, comprensión mutua y paz.
- Aprender a ser para que
florezca mejor la propia personalidad y se esté en condiciones de
obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de
responsabilidad personal. Con tal fin, no menospreciar en la educación
ninguna de las posibilidades de cada individuo: memoria,
razonamiento, sentido estético, capacidades físicas, aptitud para
comunicar.
- Mientras los sistemas
educativos formales propenden a dar prioridad a la adquisición de
conocimientos, en detrimento de otras formas de aprendizaje, importa
concebir la educación como un todo. En esa concepción deben buscar
inspiración y orientación las reformas educativas, tanto en la
elaboración de los programas como en la definición de las nuevas
políticas pedagógicas.
Capítulo 5
- El concepto de educación
a largo de la vida es la llave para entrar en el siglo xxi. Ese
concepto va más allá de la distinción tradicional entre educación
primera y educación permanente y coincide con otra noción
formulada a menudo: la de sociedad educativa en la que todo puede
ser ocasión para aprender y desarrollar las capacidades del
individuo.
- Con este nuevo rostro,
la educación permanente se concibe como algo que va mucho más allá
de lo que hoy ya se practica, particularmente en los países
desarrollados, a saber, las actividades de nivelación, de
perfeccionamiento y de conversión y promoción profesionales de los
adultos. Ahora se trata de que ofrezca la posibilidad de recibir
educación a todos, y ello con fines múltiples, lo mismo si se
trata de brindar una segunda o tercera ocasión educativa o de
satisfacer la sed de conocimientos, de belleza o de superación
personal que de perfeccionar y ampliar los tipos de formación
estrictamente vinculados con las exigencias de la vida profesional,
incluidos los de formación práctica.
- En resumen, la educación
a lo largo de la vida debe aprovechar todas las posibilidades que
ofrece la sociedad.
Tercera parte
Capítulo
6
- Requisito válido para
todos los países pero según modalidades y con contenidos
diferentes: el fortalecimiento de la educación básica, con el
consiguiente realce dado a la enseñanza primaria y a sus clásicos
aprendizajes de base, es decir, leer, escribir y calcular, pero
también saber expresarse en un lenguaje propio para el diálogo y
la comprensión.
- La necesidad –que mañana
será aun más aguda- de abrirse a la ciencia y a su mundo, que es
la llave para entrar en el siglo xxi con sus profundos cambios científicos
y tecnológicos.
- Adaptar la educación básica
a los contextos particulares y a los países y poblaciones más
menesterosos. Partir de los datos de la vida cotidiana, que brinda
posibilidades tanto de comprender los fenómenos naturales como de
adquirir las distintas formas de sociabilidad.
- Recordar los
imperativos de la alfabetización y de la educación básica para
los adultos.
- Privilegiar en todos
los casos la relación entre docente y alumno, dado que las técnicas
más avanzadas sólo pueden servir de apoyo a esa relación
(transmisión, diálogo y confrontación) entre enseñante y enseñado.
- Hay que repensar la
enseñanza secundaria en esta perspectiva general de educación a lo
largo de la vida. El principio esencial radica en organizar la
diversidad de cauces sin cancelar nunca la posibilidad de volver
ulteriormente al sistema educativo.
- Se clarificarían en
gran medida los debates sobre la selectividad y la orientación si
ese principio se aplicara plenamente.Todos comprenderían en tal
caso que, fueran cuales fuesen las decisiones tomadas y los cauces
seguidos en la adolescencia, no se les cerraría en el futuro
ninguna puerta, incluida la de la escuela misma. Así cobraría todo
su sentido la igualdad de oportunidades.
- La universidad debe
situarse en el centro del dispositivo, aunque, como ocurre en
numerosos países, existan fuera de ella otros establecimientos de
enseñanza superior.
- La universidad tendría
atribuidas cuatro funciones esenciales:
- La preparación para la
investigación y para la enseñanza.
- La oferta de tipos de
formación muy especializados y adaptados a las necesidades de la
vida económica y social.
- La apertura a todos
para responder a los múltiples aspectos de lo que llamamos educación
permanente en el sentido lato del término.
- La cooperación
internacional.
- La universidad debe
asimismo poder pronunciarse con toda independencia y plena
responsabilidad sobre los problemas éticos y sociales –como una
especie de poder intelectual que la sociedad necesita para que la
ayude a reflexionar, comprender y actuar.
- La diversidad de la
enseñanza secundaria y las posibilidades que brinda la universidad
deben dar una respuesta válida a los retos de la masificación
suprimiendo la obsesión del “camino real y único”. Gracias a
ellas, combinadas con la generalización de la alternancia, se podrá
también luchar eficazmente contra el fracaso escolar.
- El desarrollo de la
educación a lo largo de la vida supone que se estudien nuevas
formas de certificación en las que se tengan en cuenta todas las
competencias adquiridas.
Capítulo 7
- Aunque es muy diversa
la situación psicológica y material de los docentes, es
indispensable revalorizar su estatuto si se quiere que la “educación
a lo largo de la vida” cumpla la misión clave que le asigna la
Comisión en favor al progreso de nuestras sociedades y al
fortalecimiento de la comprensión mutua entre los pueblos. La
sociedad tiene que reconocer al maestro como tal y dotarle de la
autoridad necesaria y de los adecuados medios de trabajo.
- Pero la educación a lo
largo de la vida conduce directamente a la noción de sociedad
educativa, es decir, una sociedad en la que se ofrecen múltiples
posibilidades, de aprender, tanto en la escuela como en la vida económica,
social y cultural. De ahí la necesidad de multiplicar las formas de
concertación y de asociación con las familias, los círculos económicos,
el mundo de las asociaciones, los agentes de la vida cultural, etcétera.
- Por tanto, a los
docentes les concierne también este imperativo de actualizar los
conocimientos y las competencias. Hay que organizar su vida
profesional de tal forma que estén en condiciones e incluso que
tengan la obligación, de perfeccionar su arte y de aprovechar las
experiencias realizadas en las distintas esferas de la vida económica,
social y cultural. Esas posibilidades suelen preverse en las múltiples
formas de vacaciones para educación o de permiso sabático. Deben
ampliarse estas fórmulas mediante las oportunas adaptaciones al
conjunto del personal docente.
- Aunque en lo
fundamental la profesión docente es una actividad solitaria en la
medida en que cada educador debe hacer frente a sus propias
responsabilidades y deberes profesionales, es indispensable el
trabajo en equipo, particularmente en los ciclos secundarios, a fin
de mejorar la calidad de la educación y de adaptarla mejor a las
características particulares de las clases o de los grupos de
alumnos.
- El informe hace hincapié
en la importancia del intercambio de docentes y de la asociación
entre instituciones de diferentes países, que aportan un valor añadido
indispensable a la calidad de la educación y, al mismo tiempo, a la
apertura de la mente hacia otras culturas, otras civilizaciones y
otras experiencias. Así lo confirman las realizaciones hoy en
marcha.
- Todas las orientaciones
deben ser objeto de diálogo, incluso de contratos, con las
organizaciones de la profesión docente, esforzándose en superar el
carácter puramente corporativo de tales formas de concertación. En
efecto, más allá de sus objetivos de defensa de los intereses
morales y materiales de sus afiliados, las organizaciones sindicales
han acumulado un capital de experiencia que están dispuestas a
poner a disposición de los decisores políticos
Capítulo 8
- Las opciones educativas
son opciones de sociedad. Como tales, exigen en todos los países un
amplio debate público, basado en la exacta evaluación de los
sistemas educativos. La Comisión pide a las autoridades políticas
que favorezcan ese debate a fin de alcanzar un consenso democrático,
que representa el mejor cauce para poner en práctica con éxito las
estrategias de reforma educativa.
- La Comisión preconiza
la aplicación de medidas que permitan asociar a los distintos
agentes sociales a la adopción de decisiones en materia educativa;
a juicio de ella, la descentralización administrativa y la autonomía
de los establecimientos pueden conducir, en la mayoría de los
casos, al desarrollo y a la generalización de la innovación.
- En este sentido intenta
reafirmar la Comisión el papel del político: a él incumbe el
deber de plantear claramente las opciones y de lograr una regulación
global, a costa de las necesarias adaptaciones. En efecto, la
educación constituye un bien colectivo que no puede regularse
mediante el simple funcionamiento del mercado.
- De todos modos, la
Comisión no subestima la importancia de las limitaciones
financieras y preconiza el establecimiento de formas de asociación
entre lo público y lo privado. Para los países en desarrollo, la
financiación pública de la educación básica sigue siendo una
prioridad, pero las decisiones que se tomen no deben menoscabar la
coherencia global del sistema ni hacer que se sacrifiquen los demás
niveles de la enseñanza.
- Por otro lado, es
indispensable revisar las estructuras de financiación en función
del principio de que la educación debe desenvolverse a lo largo de
la vida del individuo. En tal sentido, la Comisión estima que hay
que debatir y estudiar a fondo la propuesta de un crédito-tiempo
para la educación que se formula sucintamente en este informe.
- El desarrollo de las
nuevas tecnologías de la información y la comunicación debe dar
pie para la reflexión general sobre el acceso al conocimiento en el
mundo de mañana. La Comisión recomienda:
-
la diversificación y el mejoramiento de la enseñanza a distancia
gracias al uso de las nuevas tecnologías;
- una mayor utilización de estas tecnologías en el marco de la educación
de adultos, especialmente para la formación continua del personal
docente;
- el fortalecimiento de las infraestructuras y las capacidades de cada
país en lo tocante al desarrollo en esta esfera, así como la difusión
de las tecnologías en el conjunto de la sociedad; se trata en todo caso
de condiciones previas a su uso en el marco de los sistemas educativos
formales;
·
La puesta en marcha de programas de difusión de las nuevas tecnologías
con los auspicios de la UNESCO.
Capítulo 9
- La necesidad de la
cooperación internacional –que debe repensarse radicalmente– se
impone también en la esfera de la educación. Debe ser obra no sólo
de los responsables de las políticas educativas y de los docentes,
sino también de todos los agentes de la vida colectiva.
- En el plano de la
cooperación internacional, promover una política decididamente
incitativa en favor de la educación de las muchachas y las mujeres,
según las ideas de la Conferencia de Beijing (1995).
- Modificar la llamada
política de asistencia con una perspectiva de asociación,
favoreciendo en particular la cooperación y los intercambios en el
marco de los conjuntos regionales.
- Destinar a la
financiación de la educación una cuarta parte de la ayuda para el
desarrollo.
- Estimular la conversión
de la deuda a fin de compensar los efectos negativos que tienen
sobre los gastos de educación las políticas de ajuste y de reducción
de los déficit internos y externos.
- Ayudar a fortalecer los
sistemas educativos nacionales favoreciendo las alianzas y la
cooperación entre los ministerios en el plano regional y entre países
que se enfrentan con problemas similares.
- Ayudar a los países a
realzar la dimensión internacional de la enseñanza impartida (plan
de estudios, utilización de las tecnologías de la información,
cooperación internacional).
- Fomentar el
establecimiento de nuevos vínculos de asociación entre las
instituciones internacionales que se ocupan de la educación,
poniendo en marcha, por ejemplo, un proyecto internacional para
difundir y a poner en práctica el concepto de educación a lo largo
de la vida, según el modelo de la iniciativa interinstitucional que
tuvo como resultado la Conferencia de Jomtien.
- Estimular,
especialmente mediante la elaboración de los adecuados indicadores,
el acopio en escala internacional de datos relativos a las
inversiones nacionales en educación: cuantía total de los fondos
privados, de las inversiones del sector industrial, de los gastos de
educación no formal, etcétera.
- Constituir un conjunto
de indicadores que permitan describir las disfunciones más graves
de los sistemas educativos, poniendo en relación diversos datos
cuantitativos y cualitativos, por ejemplo: nivel de los gastos de
educación, porcentajes de pérdidas, desigualdades de acceso,
escasa eficacia de distintas partes del sistema, insuficiente
calidad de la enseñanza, situación del personal docente, etcétera.
- Con sentido
prospectivo, crear un observatorio UNESCO de las nuevas tecnologías
de la información, de su evolución y de sus previsibles
repercusiones no sólo en los sistemas educativos sino también en
las sociedades modernas.
- Estimular por conducto
de la UNESCO la cooperación intelectual en la esfera de la educación:
cátedras UNESCO, Escuelas Asociadas, reparto equitativo del saber
entre los países, difusión de las tecnologías de la información,
intercambio de estudiantes, de docentes y de investigadores.
- Reforzar la acción
normativa de la UNESCO al servicio de los Estados Miembros, por
ejemplo, en lo que atañe a la armonización de las legislaciones
nacionales con los instrumentos internacionales.
Recibido:
18 de enero de 2002. Aprobado: 2 de febrero de 2002.
*
Compendio. París: Ediciones UNESCO, 1996. Ed
– 96/WS/9(S).
inicio
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