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La nueva ciencia y la declaración de Venecia
Por Ramón Gallegos Nava
Centro Universitario de Los Altos (México)
El siglo XX ha presenciado tres grandes revoluciones en la ciencia
causadas por tres grandes desarrollos científicos. Al iniciar el siglo,
Max Planck, estudiando los microuniversos, inicia la revolución de la física
cuántica; posteriormente, Heisenberg postula el principio
de indeterminación y con ellos se da el primer golpe a la visión
mecanicista del universo desarrollada por pensadores como Descartes,
Newton y Bacon. Posteriormente, Einstein, estudiando el macrouniverso,
desarrolla la teoría de la relatividad y da el segundo
golpe a la filosofía mecanicista. Recientemente David Peat, a través
de la Teoría del Caos, muestra la posibilidad y
necesidad del estudio de lo irregular y único, con lo cual se derrumba
el mito de que la ciencia solo estudia las regularidades. La teoría cuántica,
la teoría de la relatividad y la teoría del caos, han dado nacimiento
a un nuevo paradigma científico con profundas implicaciones para la
vida cultural de las sociedades de fin de siglo. Estos tres desarrollos
representan una refutación contundente a la idea de que el universo es
una máquina, que el mundo natural es un mundo muerto y que el ser
humano está separado de su ambiente.
La ciencia y la educación se han basado en los supuestos mecanicistas
de la filosofía del siglo XVII y XVIII, dando por resultado una ciencia
fragmentada, positivista, reduccionista y materialista que ha llevado a
los seres humanos actuales a ser depredadores de su misma especie y ha
convertido a la educación en un entrenamiento de la conciencia para que
actúe dentro de la rutina mecánicamente. Con el desarrollo de los nuevos
paradigmas de la ciencia estamos viviendo un profundo cambio de
época que se expresa en todos los campos de la experiencia humana. Esto
quedó de manifiesto en el año de 1986 cuando la Organización de las
Naciones Unidas (ONU)
realizó, a través de la UNESCO, el simposio "La ciencia y las
fronteras del conocimiento". A este encuentro asistieron eminentes
científicos de todo el mundo, entre ellos algunos premios Nobel. El
objetivo del evento fue analizar la situación de la ciencia en el
momento actual; el resultado fue una declaración final conjunta avalada
por la UNESCO, la cual ha pasado a ser histórica y se le conoce como
"La declaración de Venecia".
Esta declaración es sumamente importante, especialmente para las
ciencias sociales, que representan el conjunto de disciplinas más
rezagadas. Esta declaración afirma:
- Que nos encontramos en una profunda revolución en el
campo de la ciencia, generada en gran parte por el desarrollo de la
física y la biología. Existe una significativa brecha entre la
nueva ciencia surgida del estudio de los sistemas naturales y los
valores que siguen prevaleciendo en la filosofía, las ciencias
sociales y la vida en las modernas sociedades, estos valores están
basados en un determinismo mecanicista y en el positivismo. Esta
discrepancia es un profundo peligro para la sobrevivencia de la vida
sobre la tierra.
- El
conocimiento científico actual ha alcanzado el punto donde puede
empezar a integrarse con otras formas de conocimiento. En este
sentido y reconociendo las diferencias entre ciencia y tradición se
ve que éstas pueden ser complementarias más que contradictorias.
Este nuevo y rico intercambio entre ciencia y las diferentes
tradiciones del mundo, abre la puerta a una nueva visión de
humanidad, y a una nueva racionalidad que será la
base de una nueva perspectiva científca.
- No
se intenta establecer sistemas cerrados que contengan una nueva utopía,
se reconoce la necesidad urgente de una investigación
transdiciplinaria a través de un intercambio dinámico
entre las ciencias naturales, las ciencias sociales, arte y tradición.
Esto sugiere que el modelo transdiciplinario es inherente a
nuestro cerebro a través de una interacción dinámica de los dos
hemisferios. Integrar la investigación de la naturaleza y
de la imaginación, del universo y del hombre, nos dará una mejor
visión de la realidad para enfrentar los retos de nuestro tiempo.
- La
manera convencional de enseñar la ciencia a través de una
presentación lineal, enmascara la separación entre la ciencia de
frontera y las visiones obsoletas del mundo. Existe la angustiosa
necesidad por nuevos métodos educativos que surjan
de lo más nuevo del progreso científico, este desarrollo educativo
estará en armonía con las grandes tradiciones culturales. Aplicar
esta visión es esencial. La UNESCO es la organización apropiada
para promover estas ideas.
- El
reto de nuestro tiempo -el riesgo de la destrucción de nuestras
especies, el impacto de los nuevos descubrimientos, las
implicaciones de la genética, etc.- arrojan una nueva luz sobre la
responsabilidad de la comunidad científca sobre el uso del
conocimiento que ellos producen. Aunque los científicos no deberían
preocuparse del uso que se dará a sus descubrimientos no deberían
quedarse pasivos cuando sus descubrimientos son usados en una mala
dirección. La visión de la magnitud de los retos nos obliga a que,
de un lado, la nueva ciencia tenga información fluida y
confiable para el público en general y por otro,
establecer mecanismos multi y transdiciplinarios para guiar la toma
de decisiones.
- Se
espera que la UNESCO considere este simposio como el punto de
partida e inicie una reflexión encaminada a desarrollar
un espíritu transdiciplinario y
universal. Esta declaración de Venecia, avalada por la UNESCO
representa el nuevo espíritu científico y educativo que es
necesario implementar en las mentalidades de fin de siglo. La
ciencia de frontera representa una alternativa para superar los
complejos problemas que hoy vivimos, nos invita a replantearnos
nuestro lugar en el planeta y en el universo, a integrar nuestra
vida en un orden ético universal. La nueva ciencia abre una nueva
visión de la humanidad.
Revista
El Mercurio
Última
revisión: 2 de agosto de 2001
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