El Significado De La

Misericordia De Dios

 

 

            Introducción.

 

     A. La misericordia de Dios es una cualidad que siempre nos ha mostrado a través de todos los tiempos. Su palabra así lo expresa “Misericordioso y clemente  es Jehová, lento para la ira, y grande en misericordia”  Salmo. 103: 8.

          El significado de esta palabra es muy profundo, en su esencia significa; sentir dolor profundo en el corazón; es sinónimo de compasión y piedad.

 

      B.   La misericordia  es algo que escasea en nuestros días en el ser humano porque la ha suplantado por egoísmo, odio, rencor y desconfianza, mientras que Dios la proclama para todo el mundo por medio de su Hijo Jesucristo. “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero y no sacrificio”  Mateo: 9:13.

 

      C. La misericordia de Dios es una cualidad que todo cristiano debe tener como herencia divina. “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” Mateo 5:7

 

      D. Todo discípulo de Cristo (Anciano, predicador, diácono, maestro o miembro en particular) necesita entender y practicar la misericordia de Dios tal y como él nos la ha mostrado por medio de su Hijo Jesucristo.

 

1. LA MISERICORDIA DE DIOS ES INCOMPARABLE. Lucas 18:35-43.

 

“Aconteció que acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando; y al oír a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello. Y le dijeron que pasaba Jesús Nazareno. Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Y los que iban delante le reprendían para que callase; pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerle a su presencia; y cuando llegó, le preguntó, diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista. Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado. Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios”.

 

    A. Incomparable  por su sincero interés.

         1. Un interés sincero porque lo demuestra con los más desposeídos. La misericordia del Señor se distingue porque muestra su especial interés con los necesitados del mundo. Dice la palabra que a lo vil, necio y menospreciado por el mundo,  ha escogido Dios para avergonzar al mundo y dar a conocer su gloria y poder. Cristo en esta historia nos muestra interés verdadero por un ciego, olvidado y estorbado por la sociedad.

         2. Un interés sincero porque lo muestra   con los más humildes. A los  sociales y humildes de corazón, les ha mostrado su misericordia. ¿Sería acaso porque vivió y murió así? Posiblemente. En la vida común también lo vemos asociándose con toda clase de personas humildes, entre ellos, pobres, ciegos, cojos, enfermos, niños, etc.

Dios Ama a los hombres humildes  “Humillaos bajo la mano poderosa de Dios, porque  El resiste a los soberbios y da gracia a los humildes”

         3. Un interés sincero  porque lo hace todo por amor. Esto es lo que siempre ha caracterizado la misericordia de Dios, su inmenso amor. Todo lo que recibimos es por gracia.  Por esta causa nos da las bendiciones que recibimos cada día. El Señor desea que pregonemos al mundo el gran amor de Dios, practicándolo como buenos discípulos de él. No permitamos que el mundo exprese: ¡Qué bello es el amor de Dios, pero que horrible es el de los cristianos. La iglesia del primer siglo se caracterizó por mostrar esa gran misericordia y lo demostró teniendo  favor con todo el pueblo.

 

    B. Incomparable por su generosidad.

        1. El Señor nunca pide nada a cambio. Ni siquiera el corazón del hombre. Para que usted pueda comprender la generosidad de Dios, solo piense en todo lo que usted ha recibido en su vida.

        2. Nunca hace acepción de personas. Dios el Señor, “Hace llover y salir el sol por los buenos y por los malos”  El  ayuda a sus hijos, pero también a sus criaturas.

 

    C. Incomparable por su  justicia.

         1. Da al hombre no lo que merece sino lo que necesita. ¿Cuántas cosas necesitamos? Pero te has preguntado, ¿Cuántas cosas mereces?

         2. Da al hombre no lo que quiere sino lo que es importante. ¿Cuántas cosas queremos?  Pero,  ¿Cuántas de ellas son importantes?

         3. Da al hombre no que lo que piensa sea su beneficio, sino lo que realmente contribuye, aun cuando éste no logre entenderlo. En mi vida he conocido a muchas personas que cuestionan la misericordia y la justicia de Dios. Conozco a una hermana de la iglesia, que su padre enfermó gravemente, empezó a pedir en oración que su padre fuese sanado. Lamentablemente eso no fue así y una vez  que él murió, empezó a cuestionar la justicia de Dios y a blasfemar alegando: Si tú realmente eres justo, ¿Por qué haces esto conmigo? ¿No soy yo acaso tu hija? 

Cuando las cosas no resultan en nuestro beneficio, es muy común pensar, Dios tiene la culpa. Pero todo lo que Dios hace es justo y correcto, aún cuando nosotros no lleguemos a entenderlo. Hay cosas que al hombre no se son dadas a conocer, Las cosas reveladas pertenecen a nosotros, más las secretas a Dios. ¿Y quién es el hombre para cuestionarlas?

 

2. LA MISERICORDIA DE DIOS ES ILIMITADA. Mateo 18:21-35.

 

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?  Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía”

 

    A. Ilimitada por su gran amor.

         1. Un amor lleno de compasión.

             Esta parábola nos muestra la misericordia de Dios, llena de amor y compasión. Note usted que cuando el  rey hizo cuentas con su siervo, el que le debía 10.000 talentos, (una suma incalculable)   y éste no pudo pagarle la deuda, inmediatamente ordenó venderle, su mujer e hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. Esto es lo que merecía. Pero su compasión fue más grande que la justicia, porque cuando aquel siervo postrado le suplicaba paciencia,  fue movido a misericordia y le perdonó la deuda”  Este es el amor de Dios y sólo él es capaz de hacer semejante acto con el hombre. La deuda que tenemos con Dios es tan grande que él hombre no merece misericordia, sino justicia, pero gracias a Dios que él es misericordioso. Las obras del justo nos son suficientes para el perdón. “Si el justo con dificultad se salva ¿En donde aparecerá el impío y el pecador?” I Pedro. 418.

           Pero también esta parábola nos ilustra el amor y la misericordia del hombre, pues este mismo que había sido perdonado, cuando halló  a uno de sus consiervos que le debía 100 denarios (una suna insignificante)  en vez de aplicar lo que había recibido de su rey, hizo todo lo contrario, pues ahogándole, arrestándole y echándole a la cárcel le cobró todo lo que le debía. Esto demuestra la justicia nefasta del hombre. Lamentablemente en la mayoría de los hombres, la compasión por los demás ya poco existe. A uno se le está muriendo su niño porque le falta un riñón, otro va y mata a otro niñito y extrae su órgano para luego cobrar, medio millón de dólares. ¿No le parece ingrato?

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    B. Ilimitada por su gran perdón.

          Suplicamos a Dios que nos perdone los pecados que cometemos contra él, entre ellos grandes inmoralidades, mentiras, hurtos, murmuraciones, pero somos incapaces de perdonar la ofensa o el agravio que nos hace nuestro hermano. Somos Tan poco compasivos que miramos la paja del otro, pero no la viga nuestra. No olvide que cuando el hombre perdona, siente más satisfacción que cuando es perdonado. “Es más bienaventurado dar que recibir”

 

3. LA MISERICORDIA DE DIOS ES PRACTICA. Lucas 10:30-37.

 

       Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? “Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;  y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

 

    A. Es práctica en el deber personal.

        1. El mal ejemplo del sacerdote y el levita.

            Los más conocedores de la palabra de Dios y su voluntad, están mayormente obligados a mostrar la buena práctica de ello.  A cada cristiano,  y a cada siervo y sierva de Dios, le corresponde practicar y demostrar la misericordia de Dios. Cada uno va a ser juzgado por sus obras y las obras de misericordia cuentan para el día del juicio final. Lamentablemente muchos cristianos se parecen más al sacerdote y al levita que al Samaritano, porque  olvidan el conocimiento y el amor de Dios practico en sus vidas, que a su vez ha sido suplantado por la desconfianza, desdén y despreocupación. Muchos predicadores y maestros,  se han olvidado y descuidado de practicar la misericordia con los miembros de su congregación. En vez de extenderle el auxilio y su mano de amor y misericordia, extienden su látigo como el del Faraón.

         2. El buen ejemplo del Samaritano.

             Este samaritano representa a Cristo, representa a cada cristiano, que sigue las pautas de nuestro Salvador. Los cristianos de hoy deben aprender a no obviar el mandamiento, de ser misericordiosos como Dios y como nuestro maestro. Aprendamos de este buen samaritano a hacer un buen ejercicio de la misericordia, no importando a quién. Recuerde, “hacer bien a TODOS, mayormente a los de la familia de la fe”

 

    B. Es práctica con nuestro prójimo.

         ¿Y quién es mi prójimo? Preguntó aquel intérprete de la ley. Seguro usted al igual que yo piensa, cómo es posible que alguien instruido haga semejante pregunta. Pero esta es una triste realidad. Los más conocedores, son también los más arrogantes. El conocimiento envanece, y esto conlleva a olvidar la vida práctica por una intelectual y filosófica. La vida del que se creé importante hace que pase de lejos ante la necesidad de nuestro prójimo. “andad, saciaos y calentaos, pero lamentablemente no tengo nada que darte”  Ironías de la vida; ¿quién es mi prójimo? Mira hacia tu corazón y entonces lo encontrarás. Cuando aprendamos a amarnos a nosotros mismos, entonces hallaremos a nuestro prójimo. A Cristo no le fue difícil hallar a sus semejantes, pero el orgulloso, el envanecido, el vanaglorioso, el insensible, el ingrato y el miserable nunca lo encontrará.

       No solo hay que ver al prójimo, hay que acercarse a él, hay que vendarle las heridas de su dolor por el pecado, hay que brindarle el aceite de la unción del Espíritu Santo, hay que ponerlo en la vía de la cabalgadura correcta y encaminarlo hacia la sanidad de su alma, Cristo. Hay que llevarlo al mesón que es la iglesia donde encuentre descanso y conforte de su alma.  Hay que estar dispuesto a gastar tiempo con amor y dedicación por su vida. Eso es misericordia, “ve tú y haz lo mismo” Nos dice Cristo.

 

    C. Es práctica  en la relación con Dios.

          Dios nos ha mostrado por medio de esta parábola, cómo debe ser la relación del cristiano con él. El que ama a Dios debe amar también a su hermano. No es con palabras y conocimiento que se practica la misericordia de  Dios. Es con hechos de amor y desprendimiento voluntario y desinteresado. Dios por medio de la persona de Jesucristo mostró su misericordia a TODOS los hombres, ricos, pobres, enfermos o sanos, negros y blancos, hombre o mujer. La misericordia de Dios es muy práctica porque en su esencia involucra amar a Dios con toda alma, corazón, fuerza y mente, pero también amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Habrá muchos que en el juicio reclamarán; Señor, dónde te vimos hambriento, sediento, desnudo, en la cárcel, enfermo para hacerlo. La respuesta será evidente, si no lo hiciste a tu prójimo, tampoco a mí lo hicisteis. La pregunta inquietante aquí es; Qué somos nosotros; ¿Un sacerdote o levita que conoce toda la voluntad de Dios, pero que no la practica o un humilde samaritano menospreciado, pero que agrada a Dios por su buen ejemplo práctico de su misericordia? Examinémonos sinceramente. La misericordia de Dios, nunca ha cambiado, lo que sí ha cambiado es la práctica de ella en muchos “cristianos”

       

Conclusión.

     

      A. ¿Hay algo comparable a la misericordia de Dios? Jamás, el interés, generosidad y justicia que Dios nos ha mostrado a través de todos los tiempos, es una verdad innegable. Cada vez que usted la recibe y goza de esta gran dicha, valórela.

 

      B. ¿Tiene límite la misericordia de Dios? Jamás, porque nos ha perdonado todas nuestras maldades.  Ha cambiado nuestro corazón negro por el pecado, en blancura como la nieve. Debemos estimar ese perdón haciendo lo mismo con nuestro prójimo y hermanos,  cuando del perdón se trata. No pongamos tampoco límite a nuestra misericordia, demostremos que somos hijos de Dios y glorifiquémosle. “En este conocerán los demás que somos sus discípulos”

 

      C. ¿Cómo practicamos la misericordia de Dios? Demostrándola con nuestro prójimo. Dios nos ha dejado a cada uno de nosotros con el solo propósito de ser luz. Cada vez que sus hijos muestran obras de amor y compasión, Dios está siendo glorificado en ello. Recuerde, “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia”

 

 

Por Francisco González G.

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