LAS RIQUEZAS Y EL MATERIALISMO

 

 

Texto Mt.6:19-24

 

Introducción:

            Hermanos, vivimos en un mundo donde  las riquezas y  el materialismo es el eje que mueve a casi todas las personas, a tal punto que esto se ha convertido en un gran problema para el cristiano. Fue un problema en los tiempos de Cristo y ahora en nuestros tiempos, por lo tanto, debemos estar preparados para enfrentar algo que en nuestros tiempos es denominado como el problema de la globalización, que nos lleva al consumismo, lo cual nos quita el tiempo que debemos dedicar a Dios.

            ¿Dónde están nuestros pensamientos?¿En qué pensamos diariamente?¿Están nuestros pensamientos centrados en la tierra o en el cielo?¿Está nuestra mente atenta a las cosas terrenales o las cosas de Dios?¿Qué estamos buscando, las cosas de la tierra o las cosas del cielo?¿Dónde esta nuestro corazón, atento a la tierra o atento al cielo?

            En estos pasajes Cristo se ocupa del dinero, las posesiones y las cosas materiales. Su preocupación es prevenir que centremos nuestra vidas en cosas, muebles, vehículos, tierras, edificios, acciones, cosas; todas ellas que constituyen la seguridad y riqueza en esta tierra. El motivo se entiende fácilmente: en esta tierra nada es seguro ni duradero. Todo envejece, decae, se gasta. Todo es corruptible y temporal. Lo que Cristo quiere es que centremos nuestras vidas en él, en el cielo, porque todo lo referido a él y al cielo, es vida y seguridad. Todo es permanente y eterno. Para motivar nuestros pensamientos nos da lecciones sobre las riquezas y el materialismo.

 

UN CONTRASTE: Dos clases de riquezas. Mt.6:19-20

            Existen las riquezas terrenales. Hay cosas en la tierra que los hombres anhelan tener. Cristo las llama riquezas y tesoros terrenales. Riquezas terrenales ¿que pueden ser? como ropa, automóviles, joyas, casas, edificios, mobiliarios, placeres, fama, poder, profesión, propiedades, dinero y cualquier cosa que domina la vida de una persona y la mantiene sujeta a esta tierra. Un tesoro es aquello que tiene valor y que para una persona encierra un gran valor. Los hombres toman cosas y les adjudican un valor: pueden ser piedras (a los que les llaman diamantes); o rocas y polvo (a lo que le llaman oro); papel y metal (a lo que les llaman dinero); o tierras (a los que le llaman propiedades); maderas o materiales (a lo que les llaman casas); influencias ( a lo que le llaman poder) o la atención de la gente (a lo que le llaman fama). Cristo dice tres cosas de las riquezas que son de crucial importancia tanto para el creyente como para el incrédulo.

No juntes para ti riquezas terrenales (posesiones materiales). Cristo dice que una persona no debe centrar su vida en cosas terrenales, ni fijar sus ojos y su mente y su energía y esfuerzo en esos tesoros pasajeros.

            Las riquezas terrenales son corrompibles. Hay algo terrible que le ocurre a todas las cosas de la tierra. Todo envejece, muere, se deteriora, y decae. Las cosas sólo están brevemente en la tierra, luego no están más. Todas las cosas tienen en si la simiente de la corrupción.

            Las riquezas temporales son inseguras. Por tres motivos son inseguras:

            Pueden ser hurtadas o consumidas.

            No duran; se gastan.

Una persona no puede llevar una sola cosa cuando pasa de este mundo. ¿Cuál era el pensamiento de los indígenas que enterraban sus pertenencias cuando morían? O que pensamiento era el de los egipcios que enterraban sus riquezas y su enseres en sus fosas? ¿Qué piensa usted de estas cosas?

            ¿Por qué es más fácil codiciar cosas terrenales que cosas celestiales?

            Son visibles; se las puede manipular.

            La mayoría de las gentes las buscan, y otras gentes influyen sobre nosotros. Una persona tiene mentalidad terrenal o celestial (Rom. 8:5-7).

            En diferentes grados son necesarios para la vida.

            Son actuales, están constantemente ante nosotros, pueden ser poseídas ahora mismo.

            Existen muchos texto que debemos leer, sin embargo hagamos una lectura de estos que a continuación ponemos y saque su propia conclusión: (1 Tim.6:7 ; 1 Tim.6:10; Stg.5:3; Job.20:28; Sal.39:6; Sal.49:10; Prov.23:5; Prov.27:24; Ecl.2:18; Ecl.5:10; Jr.17:11;Ez.28:4-5).

            Notemos cuatro lecciones impactantes:

 

            Se buscan riqueza, y muchos la buscan. Lo que frecuentemente se olvida es esto: toda pizca de riquezas está en las manos de alguien. Por eso muchas personas se la pasan calculando como obtener algo de lo que tiene otro. Las cosas del mundo son muy inseguras.

            Una persona puede ser quitada de la tierra en un abrir y cerrar de ojos. Todo aquello por lo que ha trabajado tan arduamente en esta tierra se habrá ido inmediatamente (Lc.12:16-21).

            Una persona puede perder mucho de lo que tiene en esta tierra y lo puede perder rápidamente. lo puede perder por dificultades financieras, accidentes, enfermedades o muerte.

            Las personas somos necias al buscar la abundancia de las cosas: de procurar tener más y más. ¿Porque? Porque esta noche, mañana o un día cualquiera, Dios dirá: “necio, esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has provisto de quien será”. Cristo dijo: “así es el que hace tesoros en el cielo y no es rico para con Dios”. Aquella persona no va a escuchar los cantos de los que están en los cielos.

            Existen riquezas celestiales. Hay cosas en el cielo que los creyentes deben desear tener:

            Llegar a ser auténticos hijos de Dios.

El tener el perdón de los pecados.

Sabiduría.

Entender la voluntad de Dios.

Una herencia en los cielos.

Vida abundante y desbordante.

 

            Cristo dice tres cosas de las riquezas celestiales, que son de crucial importancia para el creyente como para el incrédulo.

            Acumula para si mismo riquezas celestiales.

            Es necia la persona al procurar y centrar su mente en cosas perecederas. ¿Por qué? Porque puede procurar aquello que le da todo el sentido, propósito y significación a la vida que uno se puede imaginar. El tener sentido y significado y propósito en la vida es la  esencia de la vida misma. Esto es así porque la vida no consiste en las cosas o bienes que se posee (Lc.12:15). ¿Cuanto sentido hay en algo que pasa y perece? Mientras la persona esta buscando algo en esta tierra, es interiormente consciente de que no va a durar. Cualquiera que sea el tesoro que busque. El sentido de la vida de un hombre mundano, su propósito y significado son temporales e incompletos.

Las riquezas celestiales son incorruptibles. Es posible escapar de la corrupción 2 P 1:4.

Hay una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible en los cielos para cada uno de nosotros. Cada persona debe poner su corazón en su herencia celestial.

Las riquezas celestiales son seguras. Los ladrones no pueden hurtar en el cielo; no pueden penetrar la dimensión espiritual.. Nadie ni nada puede quitarle su riqueza celestial

Conclusión:

            Existe un corazón que es bueno. Es como el ojo bueno. Note que el ojo es como una puerta que da entrada a la mente del hombre. Lo que el hombre mira, es lo que el hombre piensa y lo que piensa es lo que realmente llega a ser (Prov.23:7). Si una persona se fija en Jesucristo, quien es la luz del mundo (Jn.8:12) su mente se llenará de luz. Por eso las obras de su cuerpo serán obras de luz. Sinceridad del ojo y el corazón significa que la persona pone su atención en el Señor Jesús con el propósito de hacer su voluntad (Hch.2:46; Ef.6:5 ; col.3:22). Un ojo malo es aquel que se fija en todo aquello que no es de Dios. Un corazón de un hombre esta precisamente donde está su tesoro. Si su tesoro esta en la tierra, su corazón estará en la tierra. Si su tesoro está en el cielo, su corazón estará en el cielo. El ojo ilustra la verdad. Si el ojo de una persona es bueno y sano, el hombre es capaz de focalizar el tesoro y captar la verdad. Pero si el ojo es insano,  no se podrá fijar en el tesoro. Esta ciego y en tinieblas. Un corazón sano es como un ojo sano. Capta el verdadero tesoro; el tesoro en el cielo. Note que el cristiano tiene dos razones para fijar sus ojos en el cielo:

            Su ciudadanía esta en el cielo. (Fil.3:20-21).

En el cielo están los verdaderos tesoros eternos. (2 Cor.4:8).

 

 

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