LEÓN FELIPE

 

 

Su Biografía

 

Aunque el propio León Felipe dijera: "Los grandes poetas no tienen biografía, tienen destino", podemos intentar hacer un breve resumen de su interesante vida.

Nace en 1884 en Tábara, pueblo de Zamora, hijo de un notario. Su verdadero nombre era Felipe Camino Galicia de la Rosa. Pertenecía a una burguesía acomodada. Estudió farmacia (llegó a tener una botica) pero renunció muy pronto a esa vida monótona y en cierto sentido privilegiada, para ejercer su libertad embarcándose en aventuras que le acercaran a sus semejantes.

"Notable poeta español contemporáneo", dicen algunos, también las enciclopedias y los arrugados docentes, impartiendo el legado que León dejó entre España, el mar de aventuras, distinción noticiosa que albergó su vida y entre la hermosa patria grande... América. Sin embargo, León Felipe es una literatura de lírica desnuda, de formas nuevas y libres como él, quien arremetía con todo hacia la aventura que tanto lo llevó, lo cobijó y lo hizo grande.

En su juventud viaja por España como actor de una compañía ambulante, más tarde pasa tres años en la cárcel, acusado de haber realizado un desfalco. Con su primer amor, una chica peruana llamada Irene Lambarri que conoció en Valmaseda (Vizcaya), sienta un poco la cabeza y se radica con ella en Barcelona, pero al poco tiempo se separan y León Felipe decide ir a la capital de España, probablemente ya con la idea de dedicarse a la poesía. En Madrid vive una bohemia prostibularia y miserable que le lleva incluso a pasar algunas noches en las antiguas pensiones donde se permite dormir a los menesterosos sentados en un banco y apoyando la cabeza en una soga que sueltan a primera hora de la mañana:

He dormido en el estiércol de las cuadras,

en los bancos municipales,

he recostado mi cabeza en la soga de los mendigos

y me ha dado limosna -Dios se lo pague-

una prostituta callejera...

 

Se estableció por largos periodos en América y África, regresó a España en la época de la Guerra Civil, pero fue hacia 1938 cuando partió definitivamente al continente americano. Realizó la traducción de Canto a Mí Mismo de Walt Whitman, poesía de poeta a poeta, pero una poesía en obra y en libertad, arriesgando y comprometiendo innovaciones que hicieron a muchos pronunciarle con toda gallardía... León... León Felipe. Su obra se caracterizó por su tinte rebelde y político, entre ellas se cuentan: Versos y Oraciones del Caminante; Drop Star, La insignia, El Payaso de las Bofetadas, El Hacha, Español del Éxodo y del Llanto, El Gran Responsable, Ganarás la Luz, España e Hispanidad, Antología Rota, Llamadme Republicano, Belleza Cruel y Oh, Este Viejo y Solo Violín.

Su poesía ha sido razón y consecuencia de dificultades, ya que con severas complicaciones se le ha podido acomodar en moldes establecidos, así como en las fórmulas y análisis literarios comunes, no es para menos, escritor de esencias desaforadas y una búsqueda constante y perpetua de sí mismo.

León Felipe es de los hombres de sangre no de letra. Intenso inconformismo que lo llevó al curso y manejo de caminos que desencadenaron en viajes, palabras y términos que fue encontrando, sumadas, siempre sumadas a la poesía que lo hace tan endeble, "un místico de viaje que a cada hora saborea el cielo como de nuevo", palabras de Mistral.

Alimentó la fortuita circunstancia literaria con sus entrañas, creación de altibajos, relámpagos de justicia y de imprecaciones, de andar, ir y venir, devenir, sugerencia de caminos y destinos:

 

"Ser en la vida / romero,

romero solo que cruza

siempre por caminos nuevos

ser en la vida / romero

sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo

ser en la vida/ romero... romero... solo romero.

Que no hagan callo las cosas

ni en el alma ni en el cuerpo...

pasar por todo una vez,

una vez solo y ligero, ligero, siempre ligero..."

 

Parlante de la condición, lo terrenal, la interioridad y el origen, lengua de Castilla, poeta en depuración constante, buscador y aventura del mundo por ganas y destino, absorto de espíritus lejanos, "el predica con la vida el arte de ir dejando atrás lo pasajero para captar lo esencial". Díaz Plaja.

Versos cortos que casi desmayan; intimidad y nostalgia lo llevan a la amplitud de la ideología que intenta la dirección hacia lo cristiano de la sociedad, también el sentimiento de esa patria adolorida e irredenta, a la que no le perdona el fracaso de la guerra española contra el fascismo.

"Que viejo veneno lleva el río, y el viento, y el pan de tu meseta, que emponzoña la sangre, alimenta la envidia, da ley al fratricidio y asesina el honor y la esperanza". L. Felipe.

"Me gusta observar por largo rato las ruedas de las carretas que han recorrido largos caminos, porque en el polvo que aún guardan se esconde el sentido de la vida". dice Neruda. Espejo y mismo mérito de una trashumancia común entre la literatura de ambos poetas.

Sin resabios, es útil aceptar que León Felipe en su lenguaje no calificó entre la letra nueva, tiene fuerza... magnitud, en ocasiones no alcanza la grandeza en sus textos con sentido bíblico.

Países hermanos y enemigos, políticas extraviadas en su propia patria, rebelde y solitario, viajero de puertos y encantos, llegando a tocar en las ventanas de sus tremendas y también en ocasiones terribles travesías, mismas que se incluyen en sus parábolas y en la ansiedad de todos sus espíritus.

Versos y oraciones de caminante es su primer libro de poemas (años después titularía un poema: Versos y blasfemias de caminante) que leyó hacia 1919 en el Ateneo de Madrid.

Pero siguiendo la premonición del título y de su auténtico apellido, tarda poco en iniciar sus caminos fuera de España: ¡Solicita un empleo en los hospitales de Guinea y se embarca para la isla de ¡Elobey! Allí permanece tres años para volver a España por poco tiempo y embarcarse, esta vez, hacia América.

En México se dedica a la enseñanza, actividad que recuerda la de Antonio Machado, al que siempre consideró su maestro. Conoce a Berta Gamboa, profesora también, con quien se casa. El matrimonio pasa a vivir a Norteamérica, donde traduce a Waldo Frank y a Walt Whitman y escribe un largo poema titulado Drop a star.

Al estallar la guerra civil española en 1936 vuelve a su tierra, totalmente identificado con el gobierno republicano y constitucional amenazado entonces por el levantamiento militar del general Franco. Su experiencia es desgarradora. En 1938 huye del bando nacional y se exilia definitivamente en México. Es cuando escribe Español del éxodo y del llanto:

 

¡España, España!

todos pensaban

-el hombre, la Historia y la fábula-,

todos pensaban

que ibas a terminar en una llama...

y has terminado en una charca.

 

Fue uno de los mejores intérpretes del sentimiento español, humano, que supo transmitir intensamente en su poesía, como lo hizo su contemporáneo el peruano César Vallejo en España aparta de mí este cáliz. Sin embargo, a León Felipe no se le ha llegado a reconocer el innegable valor de su obra.

Por un lado, se le sitúa a caballo entre la Generación del 98 y la del 27, sin darle plenas credenciales en ninguna de las dos. Por otro, su origen burgués hizo que algunos lo encasillaran bajo la etiqueta de "señorito de provincias" aunque, como hemos visto, él rechazara desde su juventud tal condición. Su largo exilio republicano en México impidió que los críticos que permanecieron en la España franquista le prestaran atención: Vicente Gaos, en su obra Claves de la literatura española (Ediciones Guadarrama. Madrid, 1971). Sólo lo menciona en cinco líneas y ara incluirlo en un grupo de poetas que el autor considera de "segundo orden" que "no llegaron a desarrollar plena personalidad poética"; también es cierto, que el mismo Gaos considera "poetas menores" nada menos que a ¡Prados y Altolaguirre! Aunque la opinión crítica de este erudito puede estar filtrada en tamices políticos, esa era, al fin de cuentas, la crítica que había en España durante la larga dictadura.

Su obra fue respetada, valorada y querida (que sería lo más importante para él) por sus compañeros de exilio y por la crítica mexicana. Juan Ramón Jiménez, con una poesía tan alejada de la de León Felipe, no fue muy generoso con él, en 1953 lo considera injustamente "el mejor de los de menos importancia".

Es ahora que se vuelve sobre la poesía de este duro poeta leonés, sobre su grito terrible contra y a favor del mundo, de la "España desmembrada, del hacha, del llanto y la discordia." Poesía, a veces ruda, que se levanta en clara rebeldía contra la injusticia, el abuso y la insolidaridad:

 

Está muerta. ¡Miradla!

Los que habéis vivido siempre arañando su piel,

removiendo sus llagas,

vistiendo sus harapos

llevando a los mercados negros terciopelos y lentejuelas,

escapularios y cascabeles...

y luego no habéis sabido conservar este viejo negocio

que os daba pan y gloria,

quisierais que viviera eternamente.

Pero está muerta.

Miradla todos...

 

León Felipe ha muerto en América, en un día que bien podría ser hoy, sólo que hace treinta años. 18 de septiembre de 1968... México... país -dicen- donde radicó hasta los últimos días.