TRES
ROMANCES HISTÓRICOS - MARTIRIO DE SANTA OLALLA
A
Rafael Martinez Nadal
I
Panorama
De Mérida
Por
la calle brinca y corre
caballo
de larga cola,
mientras
juegan o dormitan
viejos
soldados de Roma.
Medio
monte de Minervas
abre
sus brazos sin hojas.
Agua
en vilo redoraba
las
aristas de las rocas.
Noche
de torsos yacentes
y
estrellas de nariz rota
aguarda
grietas del alba
para
derrumbarse toda.
De
cuando en cuando sonaban
blasfemias
de cresta roja.
Al
gemir, la santa niña
quiebra
el cristal de las copas.
La
rueda afila cuchillos
y
garfios de aguda comba.
Brama
el toro de los yunques,
y Mérida
se corona
de
nardos casi despiertos
y
tallos de zarzamora.
II
El
Martirio
Flora
desnuda se sube
por
escalerillas de agua.
El Cónsul
pide bandeja
para
los senos de Olalla.
Un
chorro de venas verdes
le
brota de la garganta.
Su
sexo tiembla enredado
como
un pájaro en las zarzas.
Por
el suelo, ya sin norma,
brincan
sus manos cortadas
que
aún pueden cruzarse en tenue
oración
decapitada.
Por
los rojos agujeros
donde
sus pechos estaban
se
ven cielos diminutos
y
arroyos de leche blanca.
Mil
arbolillos de sangre
le
cubren toda la espalda
y
oponen húmedos troncos
al
bisturí de las llamas.
Centuriones
amarillos
de
carne gris, desvelada,
llegan
al cielo sonando
sus
armaduras de plata.
Y
mientras vibra confusa
pasión
de crines y espadas,
el Cónsul
porta en bandeja
senos
ahumados de Olalla.
III
Infierno
Y Gloria
Nieve
ondulada reposa.
Olalla
pende del árbol.
Su
desnudo de carbón
tizna
los aires helados.
Noche
tirante reluce.
Olalla
muerta en el árbol.
Tinteros
de las ciudades
vuelcan
la tinta despacio.
Negros
maniquíes de sastre
cubren
la nieve del campo
en
largas filas que gimen
su
silencio mutilado.
Nieve
partida comienza
Olalla
blanca en el árbol.
Escuadras
de níquel juntan
los
picos en su costado.
Una
custodia reluce
sobre
los cielos quemados,
entre
gargantas de arroyo
y
ruiseñores en ramos.
¡Saltan
vidrios de colores!
Olalla
blanca en lo blanco.
Ángeles
y serafines
Dicen:
Santo, Santo, Santo.
Federico García Lorca