UN
TAPETE DE MENTIRITAS
Un
día Enrique se paró frente a su mamá y le dijo:
-
Mamá, tú no supiste, pero ayer vino mi abuelito y me llevó a pasear al pueblo
donde nació. Un camión nos llevó hasta allí. Todo estaba lleno de casitas de
teja roja. Los rayos del sol atravesaban las nubes y se estrellaban en las
calles de piedritas.
Todas
las personas caminaban aprisita, aprisita; unas señoras iban al mercado, y los
señores, con sus cueros de chivo en la espalda, se iban a los magueyales. Mi
abuelito decidió que fuéramos a la plaza para que yo viera todo lo que venden.
Había muchos puestos de verduras y frutas.
-
Todo esto que ves - me dijo el abuelo - se siembra en el pueblo. Una parte se
vende a la ciudad y a otros pueblos que no lo tiene, y la otra parte es para la
gente de aquí mismo.
También
vimos cosas que traen de otros lugares. Pero lo que más me gustó ver fue cómo
tejían los chales y los tapetes. Para unos utilizaban lana, y para otros lazo.
Los tejían de muchos colores.
-Escoge
algo - dijo el abuelo - para que se lo lleves a tu mamá.
-
¿Y qué fue lo que me trajiste? - le preguntó la mamá a Enrique.
-
Este tapete de mentiritas que acabo de contarte.
Oscar Muñoz - España