Almas con Pendientes

Leyendas Urbanas

compiladas por: Sunaona Shiratori


Almas con Pendientes

A estas leyendas las llamé así porque no se me ocurrió otro nombre. Esta es una de las tantas que tiene diferentes versiones de diferentes países. Comenzaré con las versiones de mi país, Guatemala.

Versión 1: “La chica de la Cadena de Oro”
Se cuenta que todos los primeros de noviembre (Día de los Santos), una chica muy bonita esperaba un taxi cerca del Cementerio General. Cuando uno de ellos paraba, la chica pedía al taxista que la llevara a siete iglesias, en cada una de ellas se tardaba un buen rato.
Tras recorrer las siete iglesias, le pedía al taxista que la llevara al cementerio.
Al llegar al cementerio, bajaba del taxi, se disculpaba con el taxista por no tener efectivo, y le entregaba una cadena de oro con una medalla del niño Jesús, pidiéndole que fuera a cierta dirección para que le pagaran. Luego se desvanecía cerca de uno de los mausoleos.
Por lo regular los taxistas enfermaban tras esto, pero cuando al fin llegaban a cobrar a la dirección de la chica, un hombre mayor los atendía, contándoles que la chica que habían llevado era su hija, y que había muerto hacía varios años, pero que siempre se aparecía los primeros de noviembre.
Como explicación al porqué esta chica salía, algunos decían que era porque nadie le había hecho misas cuando murió, mientras que otros decían que era porque nunca se debe enterrar a un muerto usando joyas de oro.


Versión 2: “La niña de las Iglesias”

Esta versión se cuenta el México.
Durante una noche de invierno frío, un taxista se dirigía a su casa, cuando de pronto observó a una chica que le hacía parada frente al cementerio general de la ciudad. Sintiendo pena por la chica y no queriéndola dejar a merced de algún delincuente paró. La chica parecía tener entre 18 a 20 años.
En cuanto la chica subió al taxi, el chofer sintió un frío intenso, pero no le dio importancia. La chica se veía muy bonita, y amable pero inspiraba mucha tristeza. Llevaba un vestido blanco, de encaje, y en su cuello colgaba un relicario de oro.
El le preguntó a dónde iba, y ella le pidió que la llevara a visitar 7 iglesias de la ciudad, las que él quisiera. El taxista la llevó las siete iglesias, luego de un rato en cada una, ella salía viéndose tranquila, pero sumamente triste.
Al final, ella le dijo llamarse “Alicia”; le entregó el relicario de oro y le pidió que fuese a visitar a su padre en la colonia “Jazmines # 245” y que él le pagaría. Luego le pidió que la dejara donde la encontró.
El taxista obedeció y luego se fue a su casa. Luego de unos días se decidió a ir a la dirección que la chica le había dado, buscó el relicario y al verlo notó que ahora tenía restos de tierra negra.
Al llegar a la casa abrió un hombre de edad avanzada. El taxista se presentó y le mencionó a Alicia, mostrándole el relicario. El hombre al ver la joya rompió a llorar, hizo pasar al taxista y le mostró un de Alicia, tenía el mismo vestido que la noche que el taxista la llevó.
El hombre le contó que su hija llevaba 7 años de muerta, y que justo el día que el taxista la había llevado era el aniversario de su muerte, se lamentó por no haberle hecho una misa a su hija, y en agradecimiento al taxista por ayudar a la chica le heredó toda su fortuna.


“El Anima Inconfesa”

Se dice que esto sucedió en México, durante el siglo XVII.
Una noche oscura, un sacerdote se dirigía a una reunión con algunos de sus feligreses y amigos. La calle era angosta y empedrada, la única luz visible era la de la luna. De pronto escuchó que alguien le venía siguiendo, los pasos eran apresurados, así que se volvió, observó a dos angustiados muchachos, quienes le dijeron que cerca había una mujer moribunda, y que necesitaba confesarse.
El sacerdote decidió ir, pidiendo a los muchachos que se apresuraran a llevarlo al lugar.
Al llegar a la casa, una señora les abrió la puerta, llevaba una vela encendida. Al entrar a la casa el sacerdote percibió un olor nauseabundo, pero no le dio importancia y siguió a la mujer, quien lo llevó al cuarto donde estaba la mujer moribunda y los dejó solos.
El sacerdote se acercó a la mujer, que estaba en la cama, vestida de negro. Era muy bella, pálida y rubia. Ella estaba llorando y le pidió al padre que la confesara. El así lo hizo, la mujer lloraba mientras se confesaba, haciéndolo sentir gran pena por ella. Cuando finalizó la confesión, ella se veía tranquila y resignada, el padre la absolvió, y al despedirse de ella se dio cuenta de que ya estaba muerta.
Entonces el padre salió del cuarto, y buscó a la señora que lo había llevado ahí, pero nadie le contestó, así que salió a la calle para buscar a los muchachos, pero tampoco los encontró, en ese momento la puerta se cerró a sus espaldas. Él intentó abrirla, pero no pudo
El sacerdote algo confundido se retiró del lugar. Al llegar con los amigos que iba a reunirse, les contó lo sucedido, en ese momento recordó que había dejado su rosario en el cuarto de la chica. Uno de sus amigos envió a unos mozos para que fueran por el rosario, pero estos volvieron diciendo que nadie abría y que los vecinos no les dieron razón de nada.
Los amigos del sacerdote y este decidieron ir juntos a la mañana siguiente, y así lo hicieron. Llegaron a la casa, tocaron pero nadie les abrió, de pronto uno de los vecinos, un hombre de edad avanzada, les dijo que en esa casa no vivía nadie desde hacía muchos años, pues parte de la casa se había quemado, y con ella los que vivían ahí.
Aun así, el padre estaba seguro de que había hablado con alguien en ese lugar, así que llevaron un herrero para que abriera la puerta.
Cuando abrieron, rodos entraron, y el padre pudo ver su rosario tirado en el suelo. Al ver un poco más adentro, observaron un pedazo de tela negra quemado, y cerca de éste un cadáver amarillento aun con rastros de cabello rubio.


BACK