Joseph
B. Stanford, doctor en Medicina, es Catedrático de Medicina
Familiar y Preventiva en la Universidad de Utah (EE.UU.), y
fue hasta hace poco Presidente de la Academia Americana de
Planificación Familiar Natural. Partes de este documento se
han adaptado de un ensayo que apareció en Physicians Heales (One
More Soul). (Traducido por Victor A. Ramia).
Por
gentileza del Departamento de Sociología de la Universidad de
Valencia:
http://www.uv.es/~perejos/sasece/
Cuando
empecé mis estudios en la Facultad de Medicina de la
Universidad de Minesota en 1984, no sabía que 15 años más
tarde, como médico de familia, me dedicaría por completo a
promover la comprensión de la sexualidad humana y de la
procreación desde un punto de vista totalmente contrario a
las opiniones más extendidas y a las prácticas generalizadas
de nuestra cultura contemporánea.
He
descubierto que la medicina está empapada de posturas hacia
la sexualidad y la fertilidad que son incompatibles con los
valores cristianos acerca del matrimonio, y la procreación.
Estas posturas reflejan y perpetúan la aproximación a la
sexualidad como recreo que se hallan en nuestra cultura laica.
Basadas
en experiencias personales, experiencias con pacientes, mi
propia investigación y las investigaciones y estudios de
otros, me llevan al convencimiento de que existe una postura
espiritualmente auténtica y científicamente correcta frente
a la sexualidad y la procreación humana, de la que carece
enormemente la medicina actual, pero que es esencial recuperar
para el auténtico respeto hacia la vida humana en nuestra
cultura.
Tal
vez, mi primer encuentro directo con la doctrina laica de la
sexualidad en medicina fue un seminario universitario sobre «replantearse
la actitud frente a la sexualidad humana». Parte de este
curso incluía varias horas de películas pornográficas
agresivas, usadas para “ampliar” las perspectivas de los
estudiantes sobre la sexualidad humana.
Mientras
decidía si asistiría a este seminario, recé y me dejé
aconsejar por los líderes de mi iglesia. Esta postura me ha
ayudado a mantenerme en mi camino en temas fundamentales desde
entonces. Junto con otros compañeros de clase, decidí no
tomar parte en el seminario, y escribí una artículo sobre mi
postura ante la sexualidad y de qué manera afectaría al
cuidado que yo daría a los pacientes que tuviesen posturas
distintas a la mía.
Esto
me ayudó a clarificar mis ideas referentes a cómo podía yo
ser consecuente con mis creencias sobre el valor sagrado de la
sexualidad humana y el valor de la castidad, al tiempo que
proporcionaba un cuidado compasivo a los pacientes que quizás
no tuviesen estas ideas. Comencé a aprender cómo tratar a
todos los pacientes con total respeto humano, incluyendo a
aquellos que tomaban decisiones que yo consideraba inmorales.
En
las clases de farmacología en la Facultad de Medicina, se nos
enseñaba que la contracepción hormonal (“la píldora” y
otros métodos), que no siempre impide la ovulación, altera
el endometrio de forma que se reduce la probabilidad de
implantación en el vientre de vidas humanas acabadas de
formar. Un pequeño grupo de los que estábamos en las clases,
decidimos que no prescribiríamos contraceptivos hormonales.
Los que hicimos este compromiso éramos una Católica, una
Baptista y yo, perteneciente a los Santos de los Últimos Días
(Mormones). No estoy seguro en lo que respecta a mis compañeros,
pero yo he sido fiel a mi decisión a lo largo de mi preparación
y mi práctica médica, y esto me ha abierto el camino para
darles a mis pacientes muchas cosas que de otro modo no
hubiese sido capaz de ofrecer.
El
potencial de la contracepción hormonal para actuar tras la
concepción, ofrece un interesante estudio que contrasta con
la medicina moderna. A pesar de que está reconocido en la
mayor parte de documentos ginecológicos y farmacológicos, la
mayoría de ginecólogos lo ignoran, y tampoco hace eco de
ello la información escrita que los pacientes reciben sobre
la contracepción. La evidencia de que la contracepción
hormonal actúa de esta forma no es definitiva, pero lo
sugiere. Los pacientes deberían ser informados sobre todo
este tema como un principio básico: las mujeres y sus maridos
necesitan tener la mejor información médica disponible para
poder tomar decisiones sobre planificación familiar que estén
de acuerdo con sus propios valores y su conciencia moral.
Iba
aprendiendo que la píldora podía actuar como un abortivo, y
esto fue el principio para cuestionarme el valor de los
contraceptivos. Durante el MIR en medicina familiar, evité
hacer ligaduras de trompas o vasectomías porque los estatutos
oficiales de los Santos de los Últimos Días rechazan
firmemente estos procedimientos. Al final, me di cuenta de que
la fertilidad forma parte de la salud, y no es una enfermedad,
y que hay algo fundamentalmente contradictorio en las
operaciones que buscan impedir una función saludable del
cuerpo.
Con
el tiempo y la experiencia adquirida con mis pacientes, comencé
a pensar que cualquier forma de contracepción tenía efectos
nocivos en los matrimonios e incluso en las relaciones
prematrimoniales, aunque no todos lo reconocían. Cada vez más,
tenía la seguridad de que la sexualidad y la fertilidad están
unidas al nivel más fundamental tanto físicamente como
espiritualmente. Comencé a ver más claro lo que puede
ocurrir cuando el hombre intenta deshacer esta conexión.
La
unión sexual en el matrimonio debería ser un don perfecto de
cada cónyuge hacia el otro, y cuando la fertilidad (aunque
sea en potencia) se excluye deliberadamente de este don, estoy
convencido de que algo valioso se pierde. El marido puede
comenzar a ver a su esposa como un objeto de placer sexual que
debe estar siempre disponible para su propia satisfacción.
Esta tendencia toma fuerza en la perspectiva reinante de la
sexualidad en nuestra sociedad, que idealiza la erotización y
la satisfacción sexual ilimitadas, pero libres (al menos teóricamente)
de cualquier posibilidad de embarazo. La esterilización y los
contraceptivos hormonales alimentan especialmente esta
perspectiva masculina tan común y enormemente distorsionada
(también adoptada por muchas mujeres).
Las
parejas pueden perder de vista fácilmente por qué tomaron la
decisión de evitar los embarazos, y no tratar el tema durante
meses e incluso años, teniendo relaciones sexuales de manera
muy alejada incluso de la idea de procreación.
Existen
también efectos secundarios de mayor o menor naturaleza con
cada contraceptivo. En un par de años, llegué a la conclusión
de que no prescribiría en conciencia, contraceptivos de ningún
tipo (abortivos o no), porque sentía que de algún modo, toda
contracepción es perjudicial para el matrimonio y la salud de
los esposos.
No
hubiese sido capaz de tomar esta decisión sobre la prescripción
de contraceptivos si no hubiese aprendido simultáneamente, de
forma efectiva, científicamente correcta y espiritualmente
saludable, sobre la planificación familiar. Existen vías fáciles
y precisas de monitorizar e interpretar los signos de
fertilidad en el cuerpo de una mujer. Las parejas pueden
aprender a utilizar estos signos de fertilidad para planificar
la concepción mediante el acto sexual durante los periodos fértiles,
o espaciar los embarazos mediante la abstinencia sexual
durante estos periodos.
Los
signos de fertilidad básicos son:
1.
cambios en las secreciones vaginales durante los
periodos de ovulación, que corresponden a secreciones de la cérvix
uterina que permiten al esperma sobrevivir y desplazarse
2.
el aumento de la temperatura basal corporal, que es una
señal de que la ovulación ha tenido lugar.
Con
la preparación adecuada, estos signos pueden ser
interpretados de modo fiable, independientemente del
calendario, y de si los ciclos de la mujer son regulares o no.
De hecho, estos fenómenos fisiológicos de la fertilidad
humana tienen aplicaciones que van más allá de un simple método
para planificar la familia “naturalmente”, es decir, sin
contraceptivos. Sin embargo, como la expresión “planificación
familiar natural”
(PFN) se ha usado
mucho para describir el conocimiento básico de los ciclos de
fertilidad e infertilidad del cuerpo de la mujer, además de
su aplicación para espaciar los embarazos, en este documento
nos referiremos a todas las aplicaciones que tiene el conocer
estos fenómenos.
Tres
métodos modernos de PFN están respaldados por un conjunto
amplio de datos científicos:
1.
el método sintotérmico,
basado en las observaciones de secreción vaginal y la
temperatura basal del cuerpo, combinada, en ocasiones, con
otros síntomas
2.
el método de la ovulación, también conocido como el
método de la ovulación Billings,
de los doctores John y Evelyn Billings, basado únicamente en
las observaciones de secreción vaginal
3.
el Modelo Creighton,
una adaptación del método de la ovulación que estandarizó
protocolos para usarlo y enseñarlo, desarrollado en la
Universidad de Creighton.
Cada
uno de estos métodos, tiene una base sólida de estudios médicos
que demuestran una alta efectividad para evitar el embarazo.
Las
parejas que tienen una necesidad seria de espaciar los
embarazos o de evitarlos, pueden hacerlo de manera fiable
utilizando PFN. Muchas parejas afrontan estas situaciones
durante alguna época de su matrimonio. Si no existiera
ninguna alternativa efectiva a la contracepción (más que la
abstinencia total) estaríamos ante una difícil situación.
La
abstinencia periódica utilizada en la PFN para evitar el
embarazo, puede resultar un reto, a veces difícil, pero une a
los matrimonios, ya que los dos cónyuges ponen las
necesidades del otro (y del matrimonio) por delante de sus
propias necesidades. Se necesita fe para utilizar la PFN: si
no Fe en Dios, al menos fe en la fuerza del matrimonio, y en
el buen augurio y la capacidad de cada esposo de ceder a una
disciplina de PFN para el bien común de su matrimonio y su
familia.
Esta
fe se ve compensada con creces: existe un efecto profundo de
«cortejo - luna de
miel» entre los
matrimonios que utilizan la PFN, incluso tras años de
matrimonio. La abstinencia del contacto genital durante el
periodo fértil evoca un sentido de “cortejo” periódico,
tras el cual, la pareja disfruta de una “luna de miel” que
aumenta el gozo y la capacidad de apreciar la unión sexual.
Las
investigaciones sugieren que la frecuencia de uniones sexuales
entre parejas que utilizan la PFN es similar a la de la mayoría
de parejas casadas que utilizan la contracepción, pero que se
distribuye de forma distinta. Yo he conocido parejas durante
mis años de práctica médica que realizan el acto sexual por
rutina diariamente, pero que no experimentan la satisfacción
de su “vida sexual” con la profundidad que lo hacen
aquellas parejas que utilizan la PFN. Dicho de otro modo, la
PFN mejora los matrimonios de un modo que la contracepción no
lo hace.
En
mi opinión, las parejas que utilizan la PFN obtienen los
siguientes beneficios:
1.
los esposos saben apreciar más profundamente la
fertilidad como un don de Dios más que como un fenómeno biológico
que se puede manipular o un mal que hay que evitar
2.
generalmente, consiguen consciente y rápidamente los
embarazos cuando ellos los eligen (los embarazos
“sorpresa” suceden muy raramente entre las parejas que
usan la PFN)
3.
se replantean sus opciones sobre fertilidad periódica
y constantemente
4.
en su relación íntima, cada esposo envía un mensaje
implícito y poderoso: «Te acepto completamente, incluída tu
fertilidad»
5.
aprenden a asumir y a ejercer juntos la responsabilidad
sobre su fertilidad
6.
aprenden que los periodos de abstinencia de contacto
genital pueden hacer una relación más sólida.
La
mayoría de gente que empieza a usar la PFN no lo hace
porque espera experimentar los beneficios en su relación y
su espiritualidad que acabamos de describir.
Las investigaciones sugieren que, al principio, la mayoría
están interesados básicamente en los beneficios
saludables: la ausencia de efectos secundarios y el
conocimiento del funcionamiento normal del cuerpo. Otros
comienzan a utilizar la PFN por un compromiso religioso.
Independientemente de la razón por la cual se empieza a
usar la PFN, las investigaciones han demostrado que,
comparado con otros métodos de planificación familiar, una
proporción relativamente alta de usuarios continúa utilizándolo.
Y después de algunos meses de uso, la mayoría de ellos te
dicen que han notado algunos de los beneficios de los que
acabamos de hablar, en su relación.
La
diferencia fundamental entre la PFN y la contracepción
resulta más clara cuando las parejas que utilizan la PFN
para evitar el embarazo intentan concebir una nueva vida.
Para las parejas que utilizan la contracepción, la elección
de concebir significa, normalmente, cortar con la
contracepción (o utilizarla de un modo dispar e
inconsistente) y “jugársela” o “ver qué pasa”.
Aunque algunas parejas que utilizan la PFN pueden
ocasionalmente utilizar estas expresiones, su experiencia es
cualitativamente distinta. De modo contrario a lo que hacen
las parejas que utilizan la contracepción, ellos saben
perfectamente que probablemente se producirá la concepción,
aunque no estén planeando deliberadamente hacerlo. Además,
conocen la fertilidad, con los beneficios y
responsabilidades que implica. Todo esto está fuera del
alcance de la pareja que confía en la contracepción para
su planificación familiar.
Este
conocimiento tiene el potencial para hacer descubrir a la
pareja el poder divino de la procreación. Contrariamente a
lo que sucede con la contracepción, la PFN no lleva a
desear tener el menor número de descendencia posible. Más
bien al contrario. Al tiempo que capacita a las parejas a
evitar los embarazos de forma fiable, también anima a estas
parejas a tener tantos niños como razonablemente puedan
cuidar. Desde una perspectiva cristiana, esta es una ventaja
de la PFN que no comparte ningún otro método de
planificación familiar. La PFN es, por su propia
naturaleza, abierta a la vida.
No
quiero decir con todo esto que las parejas casadas que
utilizan la contracepción han de tener, necesariamente,
problemas familiares o conyugales. Conozco muchas parejas
maravillosas que están abiertas a la vida, están
completamente comprometidas con su familia y sin embargo
utilizan la contracepción. Pero estoy convencido de que la
mayoría de estas parejas utilizarían la PFN si tuvieran la
oportunidad de entenderla y conocer las bendiciones que
conlleva.
Hay
otras dos dimensiones de la PFN que sólo puedo mencionar
brevemente, pero que son de igual importancia por su valor
para espaciar los embarazos. El primero es la gran esperanza
que la PFN ofrece a las parejas que afrontan la
infertilidad. La PFN es el inicio de una postura frente a la
infertilidad que se basa en la regeneración de los procesos
naturales —don de Dios— de la reproducción humana para
su funcionamiento saludable. Esto está en contraste radical
con la mayoría de los esfuerzos que se desarrollan con
tecnología avanzada contra la infertilidad hoy en día, y
que tratan la vida humana como un objeto que se puede
manipular científicamente en lugar que una realidad
sagrada. Muchas parejas y muchos médicos utilizan la
fecundación in vitro y otros procedimientos semejantes por
su deseo de fertilidad, para al final encontrarse a ellos
mismos afrontando dilemas morales insospechados tales como
qué hacer con los embriones crio-conservados. La postura de
la «procreación natural» a la infertilidad, que puede
incluso incorporar técnicas médias y quirúrgicas
sofisticadas mientras se utilicen para devolver la fisiología
normal de fertilidad, se basa en el respeto a los procesos
de la procreación humana y a la vida humana en sus estadios
primeros.
Los
datos precisos sobre la efectividad de los planteamientos de
la procreación natural (que no recibe apenas fondos para la
investigación, actualmente) todavía se han de interpretar,
pero los datos disponibles me convencen de que este
planteamiento demostrará ser, al menos, tan efectivo como
los que se están utilizando actualmente para tratar médicamente
la infertilidad. (El Instituto Pablo VI
para el Estudio de la Reproducción Humana, en Omaha,
Nebraska, lidera el desarrollo sobre la opción de la «tecnología
procreativa natural» para la infertilidad). Esta aplicación
de la PFN será probablemente lo primero que entrará en el
maremagnum de la medicina reproductiva. Aún así, encontrará
una firme oposición de aquellos que invierten grandes sumas
en el sistema actual de tratamiento médico de la
infertilidad.
Otra
contribución esencial de la PFN es la posibilidad que
ofrece para la salud ginecológica y reproductiva de las
mujeres. Conocer cuándo y si una mujer está ovulando, y cuándo
y si su sistema reproductor funciona normalmente, es de gran
valor para el diagnóstico y tratamiento de las condiciones
que están relacionadas con el sistema reproductor, tales
como el síndrome premenstrual, hemorragias irregulares,
endometriosis y los quistes de ovario.
La
forma más común con diferencia, con la que los médicos
tratan todas estas condiciones —con éxito variable en el
control de los síntomas— es prescribir a las mujeres las
píldoras de control de la natalidad u otros tratamientos
hormonales que suprimen el funcionamiento normal del sistema
reproductor. Por contra, la PFN ofrece la posibilidad de
desarrollar tratamientos médicos que devolverán el
funcionamiento normal del sistema reproductor. Más todavía:
la PFN ayuda a la mujer a entender mejor su cuerpo, permitiéndole
conocer exactamente en qué consiste el tratamiento médico.
En mis años de práctica médica, he visto una diferencia
cualitativa cuando he tratado a mujeres que padecen estos
problemas y que utilizan (o están comenzando a utilizar) la
PFN para entender sus ciclos, y aquellas que no los
utilizan. Las investigaciones aumentarán el potencial de
esta opción en el futuro.
Al
igual que los métodos actuales son buenos para identificar
los periodos fértiles del ciclo menstrual, estoy convencido
de que en el futuro desarrollaremos prácticas más
completas y efectivas. Hay algunas parejas que todavía
tienen dificultades sustanciales para aprender e interpretar
sus signos de fertilidad. Sin embargo, he visto que cuando
las parejas que tienen estas dificultades reciben el mejor
apoyo médico y moral posible, normalmente permanecen en su
opción de utilizar la PFN, y son capaces de superar los
momentos difíciles con un matrimonio sólido.
Menos
de un 1% de las parejas de los EE.UU. utiliza la PFN
moderna. ¿Por qué no hay más? Entre las causas están la
falta de conocimientos, la imposibilidad de acceder a ella a
distintos niveles, una cultura saturada de contracepción, y
temas intrínsecos de confianza. Además, existe una minoría
que percibe la PFN como «contracepción natural» y que la
rechazan al igual que la contracepción.
En
una cultura en la que, estadísticamente, es muy improbable
que alguien conozca a alguien que utiliza la PFN, es difícil
conseguir información adecuada sobre el tema, y mucho menos
apoyo social para usarla. Para usar con efectividad la PFN
se precisa de una instrucción adecuada que ha de dar un
monitor especializado. El número de profesores de PFN
disponibles varía geográficamente, pero es todavía muy
limitado en la mayoría de lugares. Las compañías de
seguros no cubren los gastos médicos de las parejas que
utilizan servicios de salud relacionados con la PFN, aunque
es impactante que sí que lo hagan en temas como la
contracepción o la esterilización, aunque esto está
cambiando lentamente.
Los
médicos y los profesionales de la salud están muy poco
informados (o mal informados) sobre la PFN moderna, y
normalmente ni comentan la opción con los pacientes. La
primera vez que aprendí sobre PFN no fue a través de mis
clases, sino mediante una serie de clases nocturnas
optativas organizadas por estudiantes de medicina para
cubrir temas que no constaban en el curriculum de nuestra
Facultad de Medicina. La mayoría de facultades de medicina
y de programas de educación médica, carecen de información
adecuada y precisa sobre la PFN.
La
contracepción se ha convertido en una práctica tan
integrada en la práctica médica que es difícil para
aquellos estudiantes o médicos que deciden no prescribirlo,
que se les permita completar su educación, y en el campo de
obstetricia y ginecología es casi imposible.
Yo no atribuyo esto a ninguna conspiración, sino a
la aceptación cultural y la promoción de la contracepción
en los últimos 30 años.
Con
respecto a esto, uno no debería subestimar la influencia y
el rol de las compañías farmacéuticas en la práctica,
tan ampliamente aceptada, de la prescripción de contracepción
por profesionales de la salud, ya que quizás ellos son la
única fuente de fondos no estatales para continuar con el
estudio médico y las jornadas y congresos profesionales
sobre obstetricia y ginecología.
De
todos modos, la falta de uso de la PFN no se debe a que la
mayoría de mujeres y de parejas están satisfechos con los
métodos contraceptivos modernos. Pocas mujeres disfrutan
realmente con la experiencia física de tomar la píldora u
otros contraceptivos hormonales y con sus efectos
secundarios típicos y atípicos. No he encontrado ninguna
mujer que disfrute realmente teniéndose que poner un
diafragma, ni ningún hombre que prefiera ponerse un condón
a la hora de practicar el sexo. Las investigaciones han
demostrado que muchas mujeres y muchos hombres buscan algo
mejor.
No
intento juzgar a otros (en especial a mis pacientes) cuando
eligen usar contraceptivos. Sus opciones acerca de su
potencial reproductor están entre ellos y Dios, y están en
su derecho y responsabilidad para determinar por ellos
mismos qué hacer con su fertilidad. En conversaciones con
mis pacientes, hago un esfuerzo para mantener el equilibrio
comentando mis consejos médicos sobre los distintos métodos
contraceptivos.
Al
mismo tiempo, sin entrar en juicios, intento transmitir a
mis pacientes (hasta el punto que ellos quieran escuchar)
por qué creo que
existe una alternativa saludable y efectiva que está en
completa armonía con su fertilidad y con su dignidad de
personas humanas, como hijos de Dios. Les hago saber
claramente lo que puedo y no puedo hacer con mi propia
conciencia, y que tendrán que ir a otro sitio si eligen una
opción en la que yo no puedo participar. Casi todos mis
pacientes lo entienden. Aquellos que eligen que ya no se les
prescriban más contraceptivos, casi siempre vuelven conmigo
para el resto de sus cuidados médicos.
He
visto que aproximadamente una cuarta parte de mis pacientes
que no ha utilizado la PFN la eligen tras una conversación
conmigo sobre el asunto. (Muchos pacientes me visitan porque
están buscando un médico que les ayude en su opción
inicial de usar la PFN). Además de muchos médicos de
familia, existe un creciente número de profesionales en
obstetricia y ginecología que ha tomado la decisión de
prescribir sólo la PFN para espaciar los embarazos, para
tratar la infertilidad, y casi todo el resto de aspectos
relacionados con la salud reproductiva. Estoy muy metido en
el trabajo que realiza la Academia Americana de Planificación
Familiar Natural, una organización comprometida dedicada al
servicio y la investigación dentro de un marco de trabajo
de total respeto por la vida y la procreación. He estado
como director del Comité de Ciencia e Investigación, y
recientemente como presidente. Que yo sea uno de los pocos
miembros no católicos de la organización no ha dificultado
mi profunda amistad y propósito común con estos
profesionales de la salud.
Es
posible que una pareja utilice la PFN de un modo inadecuado,
para limitar su familia egoístamente, pero creo que es
mucho menos probable que suceda con la PFN que con el uso de
métodos artificiales de contracepción.
Desde
luego, estoy familiarizado con la perspectiva católica
sobre estos temas. He leído y releído la Humanae Vitae, la
encíclica de 1968 del Papa Pablo VI. Aunque existen algunos
puntos teológicos en los que discrepo, comulgo totalmente
con la visión fundamental de la sexualidad humana y la vida
familiar que la encíclica define de un modo precioso. Creo
que las ideas de la encíclica sólo pueden venir por
inspiración divina. De forma similar, aunque no estoy de
acuerdo con todos los puntos descritos por el Papa Juan
Pablo II en la Evangelium Vitae, encuentro esta visión de
la batalla entre la Cultura de la Vida y la cultura de la
Muerte, muy iluminadora.
La
resistencia más fuerte a la PFN permanecerá concentrada
probablemente entre aquellos que creen que el control de la
población es el tema más crítico de nuestro tiempo,
porque advierten —sin equivocarse— que la PFN no es tan
“fiable” como muchos métodos de contracepción desde la
perspectiva de animar a la gente a no tener hijos. Como he
dicho, los primeros pasos de la PFN dentro del gran caudal
de la medicina, vendrá probablemente al principio por su
potencial para ayudar a las parejas en la infertilidad.
Al
final, espero ver a la mayoría de profesionales de la salud
de los EE.UU. aceptando la PFN como una opción que debería
estar disponible para todas las mujeres y las parejas.
Incluso aquellos que están metidos en la contracepción y
en contra del aborto podrían apoyar esta “opción”
adicional.
Existe
un número creciente de profesionales de la salud que
promueven los beneficios de la PFN aunque ven la PFN básicamente
como uno entre tantos otros métodos de contracepción,
cualesquiera sean sus ventajas. Muchos de estos promueven
una versión de precaución ante la fertilidad que anima al
uso de métodos de contracepción de barrera (u otras
variaciones como el sexo oral) durante los periodos fértiles
—una versión que mantiene algunos beneficios de salud de
la PFN pero que pierde sus beneficios espirituales.
El
valor último de la PFN lo encontrarán aquellos que aúnen
sexualidad y fe. Se darán cuenta de que la PFN difiere
fundamentalmente de la contracepción en que coopera con el
don divino de la fertilidad, más que buscar suprimirla o
destruirla, y que cooperar con el don divino de la
fertilidad trae bendiciones espirituales al tiempo que
beneficios médicos. La PFN devuelve la conexión entre sexo
y procreación, mejora el matrimonio y ayuda a la virtud de
la castidad. Ayuda a los esposos a ver al otro como personas
y creadores de personas de forma apropiada, ya que es en la
procreación donde la gente percibe su dignidad de hijos
hechos a imagen de su Padre.
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