| Construir o De-Construir.
A través de los siglos las naciones del mundo han mostrado las
mismas características cuando la violencia ha irrumpido en sus
sociedades, causándoles el colapso social que conocemos por la
historia de cada una de ellas. Sí consideramos que nosotros, la
sociedad actual con su pos-modernismo filosófico, no somos diferentes
de las que nos han antecedido, esto se torna muy importante de considerar.
Actualmente tenemos más tecnología para nuestro uso y disfrute
que nunca en la historia de la humanidad, lo que nos permite ver, tocar
y conocer, lo que otras personas solamente imaginaron en sus más
alocados y salvajes sueños. Por otro lado; el enorme crecimiento
del estado secular y la pérdida de la normatividad moral, están
provocando los mismos cambios que en el pasado destruyeron a las sociedades
que nos antecedieron. El Meollo del Asunto es que ninguna sociedad anterior
a la nuestra pudo superar tal declive en sus estándares de vida.
“Karl Marx”, refiriéndose a esta repetición
de factores y características sociales señalaba: “La
historia se repite a sí misma, primero como tragedia, segundo como
una farsa.” “Edward Gibon”, historiador del siglo XVIII,
en su libro: “El Declive y Caída del Imperio Romano, enlista
5 razones que caracterizaron la caída de las sociedades: 1.- El
rápido aumento de los divorcios entre la población, el menosprecio
de la dignidad de las personas y la santidad del hogar y la familia, que
es base de la sociedad. 2.- Más altos y diversos impuestos, el
gasto desmedido en los pobres y causas populacheras. 3.- La alocada búsqueda
de placer, los deportes cada vez más brutales. 4.- Construcción
de sofisticadas maquinarias de guerra, cuando el decaimiento moral de
la gente era el verdadero enemigo y estaba adentro y entre ellos. 5.-
El decaimiento de la religión, el debilitamiento de la fe, con
la imposibilidad de guiar a las personas y la importancia para convencerlas.
El decaimiento de la normatividad moral, es sólo uno de esos factores
que irrumpen en una sociedad de cualquier lugar y que la alteran violentamente,
es decir, le producen violencia por la fuerza intensa e impetuosa que
emplean contra la ley, el derecho y la normatividad moral. Citaré
la institución del matrimonio como ejemplo de esto.
Para nadie es una sorpresa que el matrimonio cambia con cada día
que pasa y hoy, son más las personas que consideran que el matrimonio
consiste en sólo la “firma de un papel” sin mucha importancia.
Dicen: “si nos queremos, no hace falta ese papel, hay amor. En nuestros
días, el amor se confunde con un acto físico, con una relación
sexual entre un hombre y una mujer-y últimamente entre un hombre
y un hombre o una mujer y otra mujer-provocada únicamente por un
deseo lujurioso y que el mismo acto se podría describir como la
antítesis del amor verdadero.
Hoy el amor está muy lejos de ser entendido por lo que realmente
es, un sentimiento que inicia con la decisión de amar, sin egoísmo,
sin orgullo, que lo cree y espera todo, que no es jactancioso ni guarda
rencores, menos se alegra de las injusticias, sino de la verdad, no presume,
sabe soportar y ser bondadoso. El verdadero y real amor es así.
Las generaciones actuales están verdaderamente confundidas al no
poder definir el amor dentro del matrimonio, lo entienden como un deseo
o como un acto sexual, así, al acabarse el deseo físico,
se acaba el amor y con él, el matrimonio. Al mismo tiempo, al matrimonio
se le puede considerar desde otra óptica, la legal. Las leyes mexicanas
definen el matrimonio como la unión legítima entre un HOMBRE
Y UNA MUJER. Este es el matrimonio tradicionalmente aceptado por la ley,
por la cultura, por las costumbres, la religión, por la normatividad
moral, pero hoy sufre violencia.
La cultura y las tradiciones están entretejidas en todas las etapas
de la vida de una nación, el violentar una, es dañar la
otra.
Quienes se especializan en la de-construcción de la moral, de la
cultura y la familia, han ganado terreno en la sociedad y re-definen ante
nuestros ojos: la familia, la vida, el crimen, el matrimonio, etc. Se
habla y se escribe acerca de que la moral es relativa, lo que no es más
que un eufemismo para disfrazar la inmoralidad que lleva a la ilegalidad
y forza la entrada en la sociedad de la violencia que vemos por doquier.
Esto de acuerdo a Gibón, a Genovez y otros estudiosos de la violencia
y las sociedades. Uno de estos estudiosos es Jorge Gilder, graduado de
la Universidad de Harvard, fundador del reporte de análisis político
“Avanzada”, escritor y conferencista de la Fundación
Nelson Rockefeller, integrante del Instituto de Política Kennedy
y autor, en 1972, del libro: “Hombres y Matrimonio”. Gilder
establece en su “best séller” que: “una sociedad
civilizada existe, sólo cuando los hombres son domesticados por
medio de un matrimonio heterosexual”; agrega: “…cuando
el compromiso del matrimonio es quebrantado entre las personas, es quebrantada
la sociedad entera”.
Si queremos bajar los índices de violencia debemos usar un código
de moral en términos absolutos, no relativos, situación
que no es conveniente a tales de-constructores, sus seguidores y seguidoras.
Y es que en nombre de una alegada preferencia sexual-eufemismo que esconde
perversiones de todo tipo-se está promoviendo en el mundo el cambio
de las leyes en materia de matrimonio y se busca que se legitimase la
unión entre: un hombre y un hombre, o entre una mujer y otra mujer.
Esto no es ficción, es parte ya de las plataformas de un par de
partidos políticos mexicanos que buscarán llevar a sus candidatos
a la Cámara de Diputados en la próxima legislatura federal.
Para ello se usan eufemismos que logren su aceptación general.
Los ejemplos están a la vista de todos: en vez de sexo, se está
usando género, en vez de familia, se habla de familias, el ya aprobado
y usado neologismo “gay”, en vez de homosexual, esto es sólo
una muestra de la realidad en que vivimos y que de acuerdo a Gibón,
provocaría el declive de la sociedad entera.
Todo esto no es sino el reflejo, la muestra del avance que la violencia
ha tenido en la civilización moderna. No se trata de tolerancia
o intolerancia para las personas, yo creo que todas las personas son creadas
iguales y merecen el respeto como personas, los homosexuales y las lesbianas
tienen el mismo derecho que toda la gente que no es homosexual. Tienen
derecho al trabajo, a viajar, a votar, a ir al cine, a comprar lo que
quieran, a vivir donde quieran vivir, etc., las personas homosexuales
y las mujeres que son lesbianas YA TIENEN ESTOS DERECHOS en todo el mundo
libre y que bueno que así es, lo que es más, en México
tienen derechos que otras personas en la sociedad mexicana no tienen.
Ah, pero por el derecho por el que luchan arduamente es por el de poder
legitimizar la unión matrimonial entre personas del mismo sexo.
Para eso es que trabajan afanosamente, para cambiar el concepto tradicional
de la familia, para que el “statuos quo” sea modificado y
esto, produce violencia en la sociedad. Y es que la violencia se rige
por patrones y ciclos que se van dando en la cultura hasta que aparece
la anarquía y según Marx, esto no cambia a pesar de los
años.
La familia se forma con la unión de dos personas de sexos distintos,
no de géneros, esto a pesar de los esfuerzos que se hacen en todo
el mundo para que esto se cambie y en vez de familia, se use el eufemismo
“familias”; en vez de sexos, se use “géneros”.
Está perfectamente comprobado que la sociedad no se reproduce por
géneros, por lo mismo, no funcionaría el cambio.
Después de la elección del día seis de julio próximo,
donde muchos de estos factores estarán en juego, continuaré
con el tema y los hechos. Mientras, la sociedad mexicana decidirá
en la elección, si construye o de-construye. Ahí EL MEOLLO
DEL ASUNTO.
|