La Pregunta

Por: Daniel Valles.

No cabe duda que toda la vida, la muerte y más aún, la resurrección de Jesús de Nazareth, generan controversias de mega proporciones. Primeramente porque Jesús de Nazareth, llamado también El Cristo, responde a las situaciones de la vida humana exactamente en forma opuesta, a como responde el mundo entero para una misma situación dada. En vez de odiar a los enemigos, Jesús recomienda amarlos, pedir a DIOS por ellos. Eso provocó en sus días y provoca hoy una división inmediata, la que es producto de aquella, su primera venida. Pero ¿Quién es éste Jesús, al que cada año recordamos su vida, en su muerte y su resurrección? Para los musulmanes, Jesús es un judío, para los negros, Jesús es un hombre blanco, para los blancos, Jesús es un judío, para los ricos, Jesús es pobre, para las feministas, ¡Jesús es hombre! para los hombres, Jesús es DIOS.

Jesús, no es uno de los grandes del mundo, como Alejandro EL Grande, como Carlo Magno o como Napoleón. Jesús está y va aparte de todos ellos. Él no es completamente grande, ÉL es el único. Es simplemente Jesús.

Él confunde los cánones de la naturaleza humana y provoca pavor al espíritu del ser humano. Lord Byron, prolífero poeta afirmó: “Si alguna vez un hombre fue DIOS; o DIOS fue hombre, Jesucristo fue ambos.”

J.J. Rousseau; famoso unitario y para nada amigo del cristianismo, expreso: “Si la vida y muerte de Sócrates fue de aquellos que son sabios, la vida y muerte de Jesús, fue la de un DIOS”.

James Martineau, también un famoso unitario, expresó: “Jesucristo debe de ser llamado el Regenerador de la raza humana”.

Robert Ingersoll, el célebre conferencista ateísta: “…por el hombre Cristo…tengo la más grande admiración y respeto. Si yo hubiera vivido en su tiempo, hubiera sido su amigo.”

Pecanut, notable ateo francés: “El carácter moral de Cristo, se levanta más allá de cualquier comparación con cualquier otro gran hombre de la antigüedad. Nadie fue nunca tan gentil, tan humilde, tan amable como ÉL. En Su Espíritu, vivió en la casa de Su Padre Celestial. Su vida moral está llena de DIOS.

David Strauss, otro famoso escéptico, admitió que la resurrección, fue la prueba no sólo en la vida de Jesús, sino de la cristiandad misma y es decisiva para todo el concepto del cristianismo.”

El cristianismo descansa en la verdad de la resurrección de Jesús, cualquier persona que conozca un poco de la doctrina cristiana lo sabe. Entonces, si los escépticos, si los racionalistas y ateístas pueden destruir la creencia en la resurrección de Jesús, entonces pueden destruir el cristianismo mismo. Es por eso que tantos eruditos racionalistas y ateos se han propuesto atacar la resurrección de Jesús. Aunque sus ataques han demostrado ser una bendición para quienes sinceramente buscan la verdad. ¿Por qué? Porque han forzado a los cristianos, a través de los siglos, a responder a sus argumentos con pruebas sólidas de que en verdad Jesús, sí se levantó de entre los muertos.

Uno de los dilemas más grandes de los escépticos, es la necesidad de explicar el crecimiento del cristianismo y la misma deidad de Jesucristo, pero, sin tratar el punto primordial de la resurrección y esto por razones obvias. No obstante lo anterior, la resurrección de Jesús es el hecho histórico más fácil de probar de toda la historia de la humanidad. El material para la investigación-de primera mano-es más extenso y abundante que lo existente en museos de las obras atribuidas a “William Shekespeare”, que los materiales de Herodoto y aún los de Platón.

Que expliquen los escépticos sus argumentos para que un pobre e insignificante carpintero judío-hace dos mil años-surgiera a la escena mundial e iniciara un fuego espiritual que ha transformado la vida de millones de personas-incluida la mía-sin el toque divino de su vida y sin su resurrección. Simplemente no hay argumento posible. Hasta ahora, los intentos de los escépticos son patéticos y sus sugerencias son más difíciles de creer, que la misma historia de Jesús.

La vida de Jesús lo sitúa aparte y por encima de cualquier persona que haya existido, sus enemigos-después de veinte siglos-aún no pueden encontrar ningún tipo de falta en ÉL, sea esta grave o menor. Jesús sigue siendo tan inocente de cualquier delito, como cuando fue juzgado antes de ser llevado a la cruz, por Poncio Pilatos.

Jesús nunca tuvo que disculparse por nada que haya hecho, nunca tuvo que pedir perdón por algo, a alguien. ÉL es único en todo sentido, tanto humano, como divino. Cuando Juan Bautista le llama: “el Cordero de DIOS”, Juan no quiso decir que Jesús era dulce, pacífico, cariñoso, amable o lindo. En realidad Juan no se refería en lo absoluto a la personalidad de Jesús, Juan quería decir que Jesús era el sacrificio requerido por la ley de Moisés, es decir, perfecto, sin pecado o error, para la salvación de la humanidad.

Durante su vida no hubo contradicciones, Jesús de Nazareth hizo exactamente lo que dijo que ÉL haría, poner su vida por toda la humanidad y también, como predijo, resucitó al tercer día de su muerte.

· SU MUERTE.

Eran como las tres de la tarde en Jerusalén. El clima allá, es casi idéntico al de nuestra ciudad, entonces podemos concluir que luciría como hoy en este mismo momento. De las 12 del medio día a las 3 de la tarde (hora sexta a la novena, según el tiempo judío), toda esa parte de la tierra quedó en oscuridad. Hubo un eclipse, el sol se oscureció totalmente. El fenómeno duró tres horas exactas. La oscuridad, durante la crucifixión de Jesús, fue un signo visible del castigo que vicaria mente Jesús había tomado sobre sí mismo. La oscuridad-cuando ocurría durante el día-era un término para nombrar y señalar la ira de DIOS. (Amos 8.9), era como un presagio del Día del Señor. (Joel 2.21; Mt.24.29)

El grito de sufrimiento de Jesús y que ocurre al final de la oscuridad que se está dando, es un grito fuerte, evidenciando una gran emoción: “¡Elí, Elí…!” palabras del Salmo 22.1. No eran las palabras pronunciadas por un desesperado que siente que fallece, sino de uno que sufre siendo inocente de los cargos que le imputaron. Son gritos del que sufre y que revelaban su confianza en la hora de su muerte, en DIOS, su Padre, mi DIOS.

Jesús muere y es puesto en una tumba, como lo fue puesto Mahoma, igual que Confucio, Ghandi y aún Buda, con la diferencia que la tumba de Jesús, el día de hoy se encuentra totalmente vacía y las otras, la de esos grandes maestros de la humanidad, están ocupadas por sus respectivos restos mortales, o lo que quedaría de ellos. El testimonio de la tumba vacía de Jesús, no debe de ser desestimado, ¿por qué? Porque fue atestiguada tanto por amigos, como por enemigos de Jesús.

LA CRUZ.
La cruz ha sido transformada en un objeto artístico y se la ha quitado su significado. La cruz, es lo más grande que ha sucedido en la historia de la humanidad, es el más grande punto de referencia en el cosmos; antes y después de la cruz. Cuando se incluye el mensaje de la resurrección, al mensaje de la cruz, ésta se transforma de una trágica derrota, a una victoria gloriosa.

En ésta Semana Santa, época de reflexión, meditemos en las palabras expresadas por Jesús durante su vida, especialmente éstas que están asentadas en el Evangelio, según San Juan, 11:25-26; palabras expresadas a una mujer llamada Marta, que era hermana de un hombre llamado Lázaro, que había fallecido tres días antes del encuentro público que Jesús tiene con Marta y al que Jesús resucitaría, después de hablar con la mujer: “-“Yo Soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que todavía está vivo y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?

La pregunta de Jesús a Marta, sigue vigente el día de hoy. La respuesta que cada uno de nosotros le demos, bien puede ser El Meollo del Asunto.