| Las once de la mañana en punto. El día, jueves 8 de
Mayo. Lugar: El salón Francisco I Madero, salón que se usa
normalmente para las reuniones públicas del Cabildo de Ciudad Juárez.
El presidente Municipal, Sr. Licenciado Jesús Alfredo Delgado,
invita a todos los presentes a tomar la posición de firmes para
entonar el Himno Nacional Mexicano. Todos los que estábamos en
el recinto entonamos al unísono las estrofas de nuestro glorioso
canto nacional. La mayoría de los presentes parecían que
verdaderamente eran personas que respetaban tanto el himno, como la enseña
nacional que estaba presente y a la que se le saludaba. Cualquier persona
que hubiera entrado de pronto, hubiera pensado que estaba ante un contingente
de ciudadanos y ciudadanas ejemplares, que su amor por su país,
por su ciudad y por lo que les llevó a estar en esa reunión
del Cabildo quedaba plenamente manifiesto por su expresión de patriotismo
que al parecer, emanaba de cada persona en perfecta posición de
firmes. Pero si quien entrara hubiera sido observadora y su mirada la
hubiera dirigido con acuciosidad a los ojos de las mismas personas que
patrióticamente cantaban, hubiera descubierto que las personas,
en su mayoría, no estaban realmente presentes al cantar las estrofas,
sino que retenían y escondían en su interior las verdaderas
causas por las que estaban en ese recinto municipal. Intenciones que quedarían
de manifiesto ése día y que ya son del conocimiento público.
!Firmes ya! dijo el Presidente Municipal. “A continuación
se pasará lista de asistencia. Cada uno de los Regidores fue gritando
el clásico, “presente”, al escuchar su nombre respectivo.
No terminaba la lista de ser leída, cuando se nombró al
profesor César Tapia, “presente”, contestó el
“ilustre e insigne maestro”- (se supone que todos los maestros
lo son y éste, se encuentra acusado de reclamar un auto robado).
Fue en ese momento en que con más entusiasmo y mejor fuerza que
la demostrada al cantar el himno nacional, que se escuchó en todo
el recinto: “Tapia, Tapia, Tapia” seguido de porras, gritos
y vivas a Tapia, “redentor de los desposeídos”. Entonces,
un presidente municipal cuyo tono de voz denotaba tener prisa, decreta
inmediatamente el receso de la reunión al no poder llevarla a cabo
debido a la euforia demostrada por los grupos que clamaban a su “líder”
y representante. Pero si bien, el presidente municipal no había
terminado de avisar de la suspensión temporal de la reunión
de Cabildo y por sólo quince minutos que, sin hacer punto y seguido
en su discurso, cual mal actor recitando sus parlamentos en una obra de
quinta categoría, siguió de frente a toda prisa diciendo:
“Se suspende la reunión para reanudarla de forma privada”.
Fue en ese momento que la totalidad de los regidores panistas se levantaron
de su asiento, casi al mismo tiempo y con sus carpetas en mano para dirigirse
a la parte posterior del salón, ahí donde el la administración
que presidió Ramón Galindo se ponían de acuerdo los
regidores panistas y priístas, para luego regresar y continuar
las reuniones. Pero no contaba el Presidente Municipal con la reacción
tan pronta de la regidora Isela Torres y su compañera de bancada,
la regidora Adriana Terrazas, creo que así se llama y más
rápido que los regidores panistas, Isela había llegado hasta
donde se encontraba el Presidente Municipal, quien en un error de logística,
buscó salir por el ala derecha del salón y fue ahí
donde se topó con una muy sorprendida y visiblemente furiosa Isela
Torres. Lo único que evitó que quedaran frente a frente
el alcalde y la regidora fue el cuerpo de la Regidora Lardizabal, que
ofrecía su espalda como barrera entre la Regidora Torres y el Alcalde.
“No es justo, ni puede usted hacer esto”, exclamaba airadísima
Isela Torres y la regidora Lardizabal seguía conteniendo al arremetida
de ahora dos regidoras priístas, hasta que fue “botada”
hacia la mesa en la que estaban sentados el Alcalde, el Secretario del
Ayuntamiento y el Síndico Municipal, quienes no se encontraban
en la “línea de golpeo”. El equipo de seguridad del
Alcalde entró a empellones desde atrás empujando a las regidoras
priístas, quienes a su vez y ayudados por toda la “mole”
de gente arremolinada en torno al alcalde, ejercieron la presión
que hizo salir disparada a la regidora Lardizabal. Un señor de
cachucha roja, cabello largo, al estilo del señor Alicia Cooper
(un famoso roquero de los sesenta que cantaba con una boa alrededor de
su cuello) y al que le falta un brazo, “echaba mano a sus fierros,
como queriendo pelear”. El mismo respetable señor, fue controlado
por los “guaruras” del Alcalde y algunos otros regidores panistas,
mientras el Sr. Delgado, se abría paso, como si se tratara de un
corredor profundo de un equipo de futbol americano, dejando en su paso
a las regidoras priístas y a la neopanista, quien con la risa típica
que denotaba nervios y vergüenza por haber sido avasallada, se hacía
a un lado para quedarse fuera de la gresca. Los fotógrafos imprimían
sus placas, los camarógrafos no sabían para donde apuntar
sus cámaras, el “respetable e insigne” maestro Tapia,
habría perdido toda la compostura y el decoro guardado con tanto
esfuerzo durante el canto del himno nacional y ahora, su verdadera personalidad
finalmente había emergido desde su interior, gritaba: “no
puede hacer eso. ¿Por qué lo hacen sólo cuando les
conviene? Regresen, no se vayan, reanuden la reunión”. Todo
fue inútil. El Alcalde Delgado se dirigió a la parte trasera
del salón, los guardias de seguridad montaron la protección
adecuada para proteger a su jefe, el secretario particular del Alcalde
se esforzaba por dar órdenes a gente que no le hacía caso,
pero era su momento, ahora era un tiempo de demostrar que él también
mandaba en ese edificio. El señor del pelo largo y cachucha, al
que le falta un brazo, intercambiaba gritos con un señor obeso,
de pelo cano y barba crecida de dos días, parecía que no
se había bañado para ir a la reunión solemne del
Cabildo. Otro señor, como de sesenta y tantos años, de lentes,
con profundas entradas en su cabellera, levantaba la mano para animar
a las “huestes” de César Tapia a que gritaran a favor
de su adalid. Entró la fuerza pública, discutieron los regidores,
se salieron los contingentes, se corrió amablemente a los reporteros
y a las chicas de la prensa que cubrían la sesión solemne
y, en algún momento del día, se reanudó la sesión,
en privado, con la ausencia de los regidores priístas y uno del
PRD. Así transcurrió la última sesión solemne
de este aún des-honorable cabildo de Ciudad Juárez, al que
prometo y en señal de protesta, no volver a escribirlo o a referirme
a él, con letras mayúsculas, sino sólo con minúsculas.
Ya que están demostrando que son, lo peor que ha pasado por esa
respetable Institución Mexicana, llamada Cabildo, la que mejor
sería se llamara, Cabilodo.
EL PRI.
El PRI, ha hecho las paces entre sus miembros que se encontraban distanciados
y altamente molestos con su dirigencia nacional debido a que en las listas
de candidatos a las diputaciones plurinominales, no fueron incluidas las
personas que a decir del Gobernador Del Estado de México, Sr. Arturo
Montiel, deberían de haber estado formando parte de ellas. Personas
que por supuesto, eran “montielistas” y su tarea sería
abrir el paso para que el mismo Montiel, pudiera tomar una fuerza tal
al interior del partido y fuera de él, para que Montiel y no Roberto
Madrazo, sea quien encabece la propuesta priísta para la presidencia
de la República en el 2006. Por espacio de una semana ambas partes
estuvieron dirimiendo sus diferencias en los medios-esta es la forma en
que se hace ahora-enviándose mensajes acerca de lo que pensaban.
Finalmente el pasado viernes, durante la reunión de algunos gobernadores
priístas, el gobernador Montiel, invitó al Roberto Madrazo
a hacer las paces, cosa que Madrazo, inteligentemente aceptó-en
público-ya que las negociaciones para logra esta “paz, se
venían dando desde mediados de semema, cuando Alfredo del Mazo,
prísta de la vieja guardia y que ahora va en la lista de “pluris”,
asomó la cara para empezar a enviar mensajes al príismo
nacional acerca de los acercamientos, de las negociaciones que en la más
alta cúpula priísta se venían dando. Finalmente,
las negociaciones condujeron a la celebración de la paz entre los
priístas para presentar una mejor campaña en las elecciones
intermedias del seis de julio próximo. Todo arreglado, aunque la
división al interior del PRI no termina, sólo entra en una
aparente calma y con la advertencia de Arturo Montiel a la dirigencia
priísta: “…que sea la última vez”. Cabe
destacar que Arturo Montiel, es autor de la frase: “En la política,
se tienen amigos de mentiras y enemigos de verdad”. Lo que en verdad
refleja lo sucedido en el PRI y es, El Meollo del Asunto
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