Estrategia y NegociosRuta GERENCIAL
Planificación estratégica o seguir con las excusas
Alejandro Rivera La importancia de
la planificación estratégica para las empresas equivale a lo que sería un
mapa y una libreta de apuntes para una familia que decide ir en jeep a la
Gran Sabana, es decir, una guía que indica por dónde pasar, el tiempo que
tomará llegar a cada localidad, la planificación de la logística
(gasolina, comidas, alojamientos, etcétera). La planificación estratégica
debe responder a dónde vamos, por qué, por cuál camino y en cuánto tiempo,
y con cuáles recursos contamos para llegar. Adicionalmente, se deben
conocer las ventajas y debilidades del viaje que se emprende, así como las
oportunidades y amenazas que deben afrontarse.
Al leer este ejemplo coloquial pudiéramos pensar que todas
las empresas que funcionan y desarrollan una actividad productiva tienen
resueltas estas interrogantes. En la práctica, lamentablemente esto no es
así.
Empresas con 30 años de funcionamiento no tienen definida
con toda claridad cuál es su misión y cuál su visión. Negocios en pleno
funcionamiento tienen diferencias sustanciales en cómo entienden su
propósito los mismos accionistas y esto hace que la claridad de objetivos
y la energía que se les dedica se disipe constantemente con cambios de
orientación, marchas y contramarchas en el transcurso del tiempo. El poder
que ofrece el tener una misión y una visión es vital para que las empresas
se enrumben de forma eficiente, ya que este ejercicio, que normalmente se
lleva a cabo con los accionistas y la alta dirección, termina por poner
sobre la mesa aspectos muy importantes para el futuro de la empresa.
En un ejercicio de planificación estratégica (por lo
general es una actividad de dos o tres días) se levanta información de
gran utilidad: las fortalezas de la empresa, las debilidades, las
oportunidades y las amenazas. A esto se le conoce como matriz DOFA.
También se debe tomar en cuenta cuáles son los “valores núcleo”, que son
como la genética de la organización, que ha hecho posible el desarrollo
hasta el momento y que será un aspecto de gran valor para la expansión del
negocio a futuro, con el apoyo de esa genética que ha permitido a la
organización mantenerse en el tiempo. Es a partir de estos valores
núcleos, la misión y la visión, y del conocimiento de los puntos fuertes y
débiles, así como de las oportunidades y amenazas de desarrollar negocios,
que las empresas preparan las estrategias de gestión a un horizonte de
uno, dos, tres y hasta cinco años. A esto se le llama estrategias
competitivas y por lo general tienden a resolver debilidades de la empresa
y a desarrollar oportunidades de mercado.
Es común al evaluar la empresa que se le contraste con su
competencia directa e indirecta, así como evaluar su posición competitiva
con respecto a proveedores y clientes. Con este arsenal de información se
preparan los planes de trabajo y se fijan los rumbos estratégicos de
gestión.
La planificación estratégica es una de las herramientas más
poderosas que una empresa tiene para empezar a formalizar sus
competitividades y planificar su futuro; contestar preguntas a veces
triviales como: ¿en qué negocio estamos? puede resultar sorprendentemente
nutritivo y hacer que la empresa se reestructure, ya que se descubre que
el negocio se había planteado en función de una plataforma equivocada.
Recuerdo hace unos años a una importante empresa de
cosméticos que desarrollaba sus planes de acción en función de su
capacidad de fabricación y de sus potencialidades de manufactura. Se
descubrió que estaba en el negocio del mercadeo de la belleza y en
consecuencia, que no debería limitarse a la capacidad de su planta de
manufactura. Esto generó cambios importantes de paradigmas, pero también
un crecimiento exponencial de la facturación y de la rentabilidad. Se hizo
un cambio radical de mentalidad, se pasó de un pensamiento guiado por la
producción, que tenía sus limitaciones en la capacidad industrial, a un
pensamiento con orientación al mercadeo, solo limitado por las
prerrogativas de un mercado extenso y ávido de productos. Este ejemplo
ilustra que el ejercicio de planificación estratégica, a veces degradado
en su interpretación y utilidad, es una poderosa herramienta de
transformación que genera dividendos a corto plazo y garantía de conocer
el destino final a largo plazo.
Otra de las ventajas de que las empresas desarrollen su
planificación estratégica es que les permite preparar escenarios ante
situaciones cambiantes. En ese sentido, fue Shell, con el uso de esta
metodología, preparó escenarios de conflicto y su rápida acción (ya que
había previsto posibles contingencias, como el embargo petrolero) le
permitió ganar un importante nicho de mercado y hacerse más competitiva.
Este caso es sólo una ilustración de la aplicación de una metodología que
ya tiene 30 años, que de haberse empleado consistentemente habría impedido
que actualmente, la alta gerencia de muchas empresas estuviese explicando
cómo la devaluación, la inflación o la caída del consumo han generado
crisis en los resultados. Este panorama era perfectamente previsible hace
dos y hasta tres años atrás.
Pasos para iniciar la planificación estratégica1. Defina valores
núcleo (Valores intrínsecos a la organización) 2. Defina la misión (¿En
qué negocio está?) 3. Construya la visión (Visualice el futuro de la
empresa en 5 años) 4. Identifique las fortalezas y las debilidades 5.
Piense en las oportunidades y las amenazas 6. Evalúe el entorno
competitivo (competidores, proveedores, clientes) 7. Defina las
estrategias competitivas (máximo 5, con énfasis en las debilidades y las
oportunidades) 8. Ponga en operación las estrategias definidas (tiempos,
responsables, costos, indicadores de gestión) 9. Controle el desarrollo de
los puntos 7 y 8 a lo largo del año.
linkgerencial@genesisbci.net
|