El resultado del proceso electoral federal del presente año,
expresa el grado que pudo alcanzar en los electores que fueron a votar, el
examen a todas las fuerzas políticas actuantes en la vida nacional, examen que
incluye cuestiones de forma, fondo, e interrelación con la sociedad en pleno.
El PRD -y como si los ataques del sistema en voz y acción de
PRI y PAN no fueran suficientes- exhibió otra vez el dilema en el que se
debate: proclamar postulados de vanguardia para transformar el país a favor de
las mayorías, por un lado; y cultivar la intolerancia y antidemocracia en su
vida interna por otro, en una reedición más del guión de decires y haceres
que no se corresponden, que tanto le han dañado, y que nos obligan a referirnos
a dos PRDs, el formal, autodefinido en los documentos básicos, y el real, cuyo
perfil se define todos los días, con la práctica de los hombres y mujeres que
lo integran.
Esa imposible amalgama, al parecer empeñada en mantener
"en sus entrañas el germen de su propia destrucción", en mucho debe
la distorsión de su vida interna, a la que experimentan las -por cierto-
necesarias corrientes de opinión, caldo de cultivo en el que han proliferado
apetitos de poder, celos, soberbia, clientelismo, pragmatismo extremo,
individualismo, oportunismo, etc. y cuyo mayor engendro es llevar la
contradicción entre el ser y el decir ser, al plano de entrampar la relación
dinámica que debe existir entre las vías políticas, por un lado, y el marco
normativo partidario por el otro.
El 2000 otra vez estrujó nuestra esperanza, ahora por una
alternancia que nada cambia en esencia, y que fue decidida en la cúpula del
poder económico, ése que no conoce fronteras ni se ata a siglas o personeros.
He aquí mi visión del recuento de los daños, sistematizando datos, y
formulando mis reflexiones:
Éstos son los números:
- En la elección federal de 1997, el PRD obtuvo 70 diputaciones de mayoría
relativa, en 11 entidades federativas; en la de 2000, sólo ganamos 28 en 9
entidades. Ganamos presencia en nuevas entidades, y ahora tendremos
diputados federales por Baja California Sur (1), Tabasco (2) y Zacatecas
(2); pero perdimos los de Chiapas (2), Guanajuato (1), Morelos (3), Sonora
(2) y Tamaulipas (1). Mi comparación es entre 1997 y PRD, con 2000 y
Alianza por México, de lo que resulta la pérdida de al menos 60 % de
diputaciones federales de mayoría en tres años.
- En el plano de los diputados de representación proporcional, perdimos en
todas las circunscripciones plurinominales (5), con relación a lo
conquistado en 1997, pasando de 58 a 40, en una pérdida del 31.04 %.
- Mientras en la LVII Legislatura, el Grupo Parlamentario del PRD tenía
más del 25 % de la Cámara Federal de Diputados; para la LVIII Legislatura,
recién electa, seremos 13.6 %, y esto si se cuenta a todos los diputados de
la Alianza por México.
- Sobresalen las caídas en el Distrito federal y Estado de México,
perdiendo 22 y 12 diputaciones de mayoría (76 y 80 %) respectivamente, así
como la notable resistencia michoacana.
- En la Cámara de Senadores pasaremos de 15 senadores perredistas que
actualmente tenemos, a 16 de la Alianza por México en la LVIII Legislatura.
- Democracia Social y el Partido de Centro Democrático, neonatos y casi sin
recursos, nos ganaron una franja del electorado, pues sus votos sumaron, en
la elección de diputados plurinominales, 23, 20, 7, 28 y 13 % de nuestra
votación; en la I, II, III, IV y V circunscripción, respectivamente.
Éstas son mis interrogantes y reflexiones:
- ¿Por qué la paradoja de que en un país con más de 60 millones de
pobres, nosotros, que decimos ser su voz, no tuvimos respaldo en las urnas?.
- ¿Por qué triunfó -y sin necesidad del albazo zedillista- el mejor gallo
del neoliberalismo y la derecha, responsables de haber generado tanta
pobreza y tanto pobre?: otra paradoja.
- ¿Por qué el PRD, que en 97 ganó la Capital del País, y más
legisladores que Acción Nacional; que luego participó del triunfo en
Zacatecas, Tlaxcala, Baja California Sur y Nayarit; cedió su lugar al PAN
en la disputa real por la presidencia de la República?
- En marzo de 99 nos mostramos incapaces para organizar y respetar una
elección de dirigentes, y reproductores de la cultura de fraude que al PRI
le criticamos, lo que profusamente fue difundido por los candidatos -unos
más que otros- en esa curiosa dualidad de acusados-acusadores.
- Luego, el borrón y la cuenta nueva, el acuerdo en las alturas, el
carpetazo al asunto, con un marcado desdén por el análisis y el necesario
fincamiento de responsabilidades con la participación de la base.
- Con esos antecedentes, el Partido fue más obstáculo que respaldo a una
campaña que requería de estructuras organizativas sólidas y funcionales,
y se situó al margen del proceso electoral, incapaz para enfrentar sus
retos.
- El equipo de campaña en un hermetismo total, canceló con sus desdenes la
oportunidad de suplir -apoyado en comités ciudadanos- sus deficiencias.
Y ésta es mi propuesta:
- Validar al interior las corrientes de opinión, y aún los grupos de
poder, no debe derivar nunca más en una confederación de tribus hostiles
entre sí, que se disputan -y reparten- al Partido.
- Los liderazgos unipersonales -por buenos y nobles que sean- deben tener
como único espacio para su legitimación, la contribución que hagan a
favor del fortalecimiento de la vida institucional del PRD.
- Se debe concretar un acuerdo entre los liderazgos reales del Partido, para
reconocerse entre sí, y para hacer valer la institucionalidad partidaria.
- Impulsar un proceso de reforma partidaria que involucre la participación
de las bases y revise -para rectificar- desde la norma que rige la vida
interna, ética, estructura, y nuestra política de inserción en la vida
nacional.
Sobre esas bases, podemos tener esperanza razonable de
supervivencia como la opción de izquierda en el espectro político mexicano, y
el "beneficio de la duda" del que tanto hoy se habla, define su
horizonte en el tiempo: Si de aquí a marzo de 2001 no se cumplen esos dos
puntos, el congreso que para entonces esperamos pueda refundar al PRD, derivará
en evento formal de su disolución