Recovecos


Bajo las Uñas... Noticias escondidas 

en la frontera del Ocio

La tolerancia es una opción de libertad

Por: Olga Sáenz
Ocios
a (Costa Rica)

Hace muchísimos años, al borde de una piscina vacía, en una barra libre, uno de mis mejores amigos del colegio pasó más o menos dos horas tratando de decirme algo. Tartamudeaba, dudaba, justificaba la noticia por darme sin hablar concretamente sobre ella. Por fin aspiró una gran bocanada de aire y lo soltó… “Soy gay”. Muchas cosas se me pasaron por la mente, en esa capacidad que tiene el cerebro humano de reducir las ideas a micro millonésimas de segundo. Lo que pasó luego, la reacción en sí no es importante. Lo verdaderamente importante fue lo que sucedió en mi alma esa noche, en ese segundo en que me golpeó una noticia.

Nunca dudé en aceptar y seguir amando a este queridísimo amigo. Pero… Por qué me golpeó de inicio? A mis dieciocho años. Porque estoy y he vivido toda mi vida en una una sociedad que desgraciadamente y en términos generales es homo fóbica. Y si bien ahora las cosas se han abierto mucho, si bien y por fin ya los homosexuales (Al decir homosexuales me refiero a todos, femeninas y masculinos) no son considerados como enfermos o locos, o peor, delincuentes, como en tiempos pasados, sigue habiendo una enorme intolerancia basada en la ignorancia y en el miedo a nuestra propia sexualidad que, de alguna forma, ellos cuestionan sin querer hacerlo. Simplemente porque su gusto sexual es distinto al nuestro. 


Desgraciadamente entre las religiones, (No todas he de decir!) específicamente hablando de las basadas en el Dios judeo-cristiano la homosexualidad se ha visto como un pecado, una perversión digna de infiernos y tormentos. Eso hasta el colmo de la última blandura y generosidad que fue decir… “Esta bien que lo sea, pero cástrese. Elimine todo vestigio de sexualidad de su cuerpo y mente. Vaya contra su naturaleza y deje de ser quién es… y entonces así, tal vez el Dios de los cielos acepte a su creación imperfecta” Qué disparate! Qué pensará Dios del asunto?... No creo que tengamos o hayamos tenido forma de saberlo. La Biblia? La Biblia ha sido tan manoseada, tijereteada y convenientemente mal traducida durante tantas generaciones que yo personalmente no confío mucho en que la palabra de Dios venga literal. Por otra parte yo soy de las que creo que Dios habla en estéreo, por todas partes, en imágenes, sensaciones, emociones, pensamientos. Y esa comunicación lo que me ha dicho es que su creación es fenomenal realmente, que el Universo ha venido trabajando en forma perfecta durante eones y que a estas alturas este Ser venga a maldecir a parte de su creación, que sea tan profundamente injusto como para crear ciertas características en un individuo, para luego castigarlo por ellas. Pero no vengo a juzgar a Dios, mucho menos a decir lo que pienso que piensa.


Lo que quiero es, dirigir una llamada de atención a aquellos que todavía piensan que la homosexualidad es un asunto voluntario, una alcahuetería o tonterías del estilo. No creo que nadie elija el infierno de sentirse cuestionado, rechazado, humillado y aislado por la sociedad que lo rodea, voluntariamente. No creo que nadie en su sano juicio se va a someter a las estupideces de los que le temen a su propia libertad y su propia sexualidad, gente en general, capaz de llegar a los extremos mas primitivos con tal de no verse en el espejo su alma.

Yo soy heterosexual, a veces desearía no haberlo sido…pero lo soy. Y gracias a ello, tengo cinco hijos maravillosos. Mis mejores amigos de muchos, muchos años son, en su mayoría homosexuales. Gente valiosa, leal, brillante y sensible. (No son así por ser gays, simplemente porque son seres humanos muy completos). Pero si pudiera elegir preferiría, mientras vivamos en la sociedad en la que estamos que ninguno de mis hijos fuera homosexual. No por él o ella. Me da igual que les gusten las manzanas o que prefieran la piña como fruta. Y en último término no es algo que yo pueda escoger, pues sus vidas son de ellos, y ellos solo se pertenecen a si mismos. Y, obviamente, mi amor jamás sería cuestionado por eso.

 

Pero si en mi estuviera?... Querría evitarles que pasaran por el infierno al que todavía en muchos ámbitos se somete a la homosexualidad. No quisiera que pasaran por ser despedidos si se descubre su gusto sexual. No quisiera que amigos los rechazaran, que se sintieran rechazados hasta por el mismísimo Dios, que para todo el mundo es Amor, menos para los ellos. No quisiera que pasaran ni un minuto de su vida rechazándose a si mismos por algo sobre lo que no tienen voluntad. Y jamás, por nada del mundo, quisiera que tuvieran que vivir la vida con una máscara, escondidos por miedo y/o por culpa. Sin embargo, si alguno o todos mis hijos fueran homosexuales, me preguntaría seriamente qué hay en mi de intolerante, que viene a enseñarme este hijo o estos hijos… Porque ante todo los hijos nos traen las lecciones que mas tenemos que aprender.

 

No obstante, hay algo, algo maravilloso que quizás es la recompensa que los homosexuales y todos aquellos a quiénes les tocó ser inusuales en un mundo en que lo usual es regla y ley. Esta recompensa es la enorme tarea de auto conocimiento a la que estas personas casi por norma general se someten. Pasan por pruebas de fuego para llegar a la auto aceptación, y cuando por fin la logran se dan cuenta de que el camino era una buena meta al fin y al cabo. Quizás los que son distintos a la media tienen el corazón mas afuera a fuerza de estudiarlo, aprender para entenderse se convierte en un vicio, la belleza como consuelo en una adicción. Quizás y si, mis amigos homosexuales son maravillosos y completos precisamente por ser diferentes, porque la vida los obligó a ser mejores, llenos de intereses internos, con una capacidad casi rayana en lo celestial para apreciar y cultivar la belleza a su alrededor, leales a sangre y brasa. Brillantes porque se obligaron a brillar sin perezas ni malos modos. Intensamente sensibles porque a fuerza tuvieron que establecer una permanente comunicación con su corazón.


Los homosexuales no tuvieron la opción de elegir su gusto sexual, los heterosexuales tampoco la tuvimos. Simplemente pegamos y no nos tocó bailar con la mas fea. Ellos han tenido que aprenderse a aceptar, muchos todavía están en el camino. Los mas jóvenes apenas lo comienzan. Los heterosexuales deberíamos pues embarcarnos en la lucha de aceptación y tolerancia. Los heterosexuales somos quienes hemos marcado diferencias y somos los únicos que las podemos eliminar, en nuestras familias, en nuestros trabajos y con nuestros amigos. En ellos no va a cambiar nada si no los aceptamos. En nosotros si. Ellos no van a dejar de ser gays o lesbianas porque nosotros les cerremos las puertas. Pero nosotros podemos estar perdiendo a las personas mas valiosas de nuestras vidas. La intolerancia siempre va a ser una desgracia, además de una vergonzosa estupidez y siempre la libertad humana será la otra posible elección. Adónde nos vemos a nosotros mismos? Adónde colocaríamos a nuestros hijos? …La respuesta estará siempre en el diario vivir de cada cual…

 


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