FUE UNA VEZ Y SERÁN MUCHAS MÁS
Fernando Peleato Sánchez

Nota para el lector o lectora:
Si lo bajas te agradeceriamos que nos lo comunicaras a EQUIPO ASIA FORMACION
Gracias!
I. UN VIAJE EXTENDIDO
A Lino, Víctor, Pilar, Enrique y Octavio, cuya destacada actuación ha inspirado algunos de los siguientes párrafos. A Vicente, responsable de que aquella locura siguiera adelante, inexplicablemente
A principios de 1995 decidí tomarme un año sabático para conocer la India. En mi imaginación dividí la estadía en dos periodos, con actividades bien diferentes: en el primero, me decía, recorrería el país y seguidamente tenía intención de colaborar con alguna organización no gubernamental de desarrollo (ongd), ya que me encontraba, y lo sigo estando, muy motivado por la cooperación.
Para este segundo propósito me dirigí a Imma Llort, una persona que había trabajado en India con distintas ongds para pedirle direcciones de éstas. Quería sondear desde mi casa las posibilidades de trabajo y así concertar mi estancia con alguna de ellas, en aras de una seguridad. Me recomendó que previamente a involucrarme en una organización viajara por el país, como ya tenía pensado hacer. También me sugirió que a lo largo del trayecto fuera estableciendo mis propios contactos con las agencias locales, y así conocería de primera mano en qué proyecto encajaría mejor. "Yo te puedo facilitar –me dijo- un listado de ongds para que les escribas, pero ˇquién sabe! las circunstancias son variables y las personas que conocí entonces han podido cambiar de trabajo, etc. Además, entablar relación con dichas organizaciones indias es más sencillo que en España, se requieren menos formalidades". Me quedé un poco extrañado pero decidí seguir su consejo.
1. Abrir los ojos
Finalmente marché para la India en junio de 1995 y comencé a explorar parte del país, inmenso. Viajaba a localidades turísticas, con un ritmo calmado, y también me abría a cualquier posibilidad de conocer los ambientes cotidianos, supuestamente sin tanto atractivo. De las primeras guardo una sensación en ocasiones un tanto rugosa, pues mucha gente estaba dispuesta a aprovecharse de los extranjeros, y nosotros a evitarlo. De todos modos son lugares que merece la pena visitar.
En el segundo caso, acercándome a los sitios corrientes, mis relaciones con la población nativa eran más sosegadas y, por lo general, más positivas. Observaba los diferentes oficios que a menudo se realizaban en la calle, tomaba los transportes locales, seguía la dieta autóctona, etc. Visité sobre todo numerosos proyectos de desarrollo acometidos por distintas ongds locales: este fue mi sesgo, y desde ellos pude observar y participar calladamente en momentos de la vida diaria de la India más sencilla, rural y urbana, a menudo pobre y analfabeta. La devoción popular –la religión es una seña de identidad primordial para sus gentes. El modo de vida ligado a la casta (vg: sus reglas de conducta, deidades, profesión, tabúes…); la desnutrición, los efectos de la sequía y de las inundaciones. El críquet –deporte nacional- la conversación en la calle en torno al obligado té, los niños y niñas que juegan al aire libre ˇhay tantos!. Las enfermedades y las minusvalías, las iniciativas colectivas por salir de la ignorancia y la miseria, los remedios medicinales ayurvédicos, etc. De esta manera fui aprehendiendo un mundo particular –dentro del universo India- que yo había elegido previamente.
2. El ámbito comunitario
A lo largo del viaje había recibido varias ofertas para colaborar con ongds y a partir de enero de 1996, transcurridos seis meses aproximadamente de mi llegada, trabajé en Rural Development Trust (RDT, o Consorcio para el Desarrollo Rural) dedicado a la promoción de las comunidades de dalits y adivasis que residen en el distrito de Anantapur, Estado de Andhra Pradesh, al sur de la India.
Viví junto a un grupo de familias asociadas a la organización, en un recinto o campus donde también se ubicaban las oficinas centrales, situado a las afueras de la ciudad de Anantapur, capital del distrito. En este recinto se escenificaban las relaciones laborales, familiares, personales, etc. de todos los que residíamos y/o trabajábamos allí, siempre abrigadas por el sentimiento de pertenencia al mismo colectivo. Al igual que la mayoría de las ongds que había visitado, muchos de los trabajadores de RDT y sus familias estaban ligados por sólidos vínculos que sobrepasan lo laboral. Constituían en definitiva una comunidad, una forma de organización social comprensible y asimilable para los individuos; una comunidad de nuevo cuño que trabajaba para las comunidades (castas y afines) tradicionalmente más pobres del distrito.
La comunidad de la casta es la institución social prevalente en India y el resto de países que conforman el subcontinente indostánico (Paquistán, Nepal, Bután, Bangladesh y Sri Lanka), que mantiene para bien y para mal la cohesión social. En muchas iniciativas de la India contemporánea, como organizaciones de desarrollo, empresas, partidos políticos, etc., el sistema de organización comunitaria se reproduce, dando lugar a lo que denomino "comunidad moderna". Ésta cuenta con algunos rasgos distintivos frente a la tradicional de casta, que también evoluciona.
2.1. RDT, un ejemplo de comunidad moderna
RDT constituye un ejemplo de comunidad moderna, en la que se han amalgamado familias procedentes de diferentes castas. Mantiene, al igual que en la unidad tradicional, el concepto mismo de comunidad como entorno de trabajo y de convivencia, y un marcado orden jerárquico. Proporciona unas señas de identidad al individuo, independientemente de su adscripción a la casta de origen, y también un extenso campo para las relaciones humanas dentro de ella. Es operativa además, para sus miembros en el proceso de engranaje con el resto de la sociedad.
Cada individuo depende económica y emocionalmente de la comunidad y se reconoce a sí mismo dentro de ella, a la vez que necesita de ésta como referencia en el exterior. Dentro de RDT cada uno mantiene una variada red de relaciones interpersonales, que se expresan a menudo de manera ambigua y hace que su comportamiento sea aparentemente más liquido y escurridizo. Es difícil la ruptura externa de relaciones entre personas o familias que están arropadas por una misma comunidad, dado que hay una profunda convicción de no cortar nunca los lazos entre los miembros de la misma.
De este modo el conflicto rara vez se expresa abiertamente, a menos que sea un caso considerado muy grave. Las tensiones afloran de manera más equívoca, casi siempre bajo una apariencia afable o con signos más sutiles. Recuerdo a dos familias que estaban enfrentadas en disputas de poder e influencia dentro de la organización. Para la boda de la hija de una de ellas no sólo invitaron a la otra a la celebración a la que toda la comunidad estaba convidada, sino también a otras ceremonias nupciales a las que únicamente acudía el circulo más cercano.
Cada trabajador que se incorporó a las oficinas centrales de RDT durante el año y medio que permanecí en Anantapur estaba, de un modo u otro, vinculado con familias de dentro de la organización. En la seleccion de personal se valoraba no solo su currículum profesional sino también su potencial ajuste a la comunidad. La carrera se desarrolla a largo plazo y en la promoción interna se considera el reconocimiento laboral acompañado de la ajustabilidad y fidelidad demostradas, tras años de servicio.
Como novedad respecto a lo tradicional, RDT es una comunidad suprarreligiosa y las familias practican su credo de origen (hindú, musulmán o cristiano). Por ello tampoco es endogámica y se prefiere el matrimonio con personas de religión y casta afín. También su dedicación al desarrollo de la parte más desfavorecida de la sociedad, que es su principio fundacional, supone una visión innovadora de la función de una comunidad dentro del conjunto social; y de su relación con la escala más baja, que desafía una cosmovisión hindú milenaria. El trabajo que realiza RDT es visto con recelo por algunos grupos privilegiados del distrito y sobre todo por las organizaciones afines a la hindutva, un importante movimiento nacional-hinduista, en ocasiones fundamentalista, que sacude a la India. Por el contrario es popular entre otra parte de la población, que reconoce su labor benefactora hacia los pobres.
2.2. Mi "batalla" como cooperante
Para comenzar, en RDT me pidieron que impartiera un curso de español destinado a los trabajadores del departamento de educación. Mi primer pensamiento fue declinar la propuesta, ya que se trataba de una tarea –así lo considere en ese momento- que no encajaba mucho con la de un cooperante. Además creía que por mi formación no estaba preparado para dar las clases, aunque obviamente, sabía hablar castellano. Pero mi intuición detuvo estas disquisiciones y acepté, seguramente guiada por un indicador que he seguido durante mis años en la India, que es comenzar a trabajar donde la gente está. En este caso el curso de español era necesario para formar a traductores; en RDT se recibían numerosas cartas en nuestra lengua, escritas por padrinos y madrinas que financiaban, por medio del sistema de apadrinamiento, la educación primaria de muchos niños/as dalits y adivasis.
Estuve adscrito al mencionado departamento de educación y comencé las clases con un grupo de trabajadores con edades comprendidas entre 18 y 24 años, que se habían incorporado recientemente a la organización y desempeñaban tareas administrativas. Pero además de realizar mi trabajo tuve que esforzarme por sumergirme en otra lengua (telugu) y cultura, e interesarme por las particularidades propias de la organización. Al comenzar esta etapa sentía que traspasaba una barrera. Hasta entonces había sido un viajero de larga estancia en India, con mayores o menores oportunidades de contactar con su gente, de vivir su cotidianeidad y de aprender de diversas experiencias de desarrollo. En adelante emprendía una tarea conjunta con los locales; era necesario por parte de todos un entendimiento mutuo pero me correspondía a mí, como visitante y forastero, realizar una mayor aproximación.
Mi trabajo y mi tiempo libre transcurría en el ámbito comunitario al que me he referido anteriormente y aquí fue donde tuvo lugar mi verdadera batalla como cooperante. Primero con la exploración de un contexto que integra gran parte de las relaciones laborales, personales, familiares, etc. que llevan a cabo los individuos. Y segundo con la acomodación personal a dicho contexto. Evidentemente me llevó mi tiempo apreciar la dimensión comunitaria, y las cualidades que imprime ésta al comportamiento de mis nuevos compañeros y vecinos.
Los elementos que creo me ayudaron más en el proceso de reconocimiento y acomodación al nuevo medio fueron la observación, la prudencia –como norma de actuación en un contexto para mí desconocido- y el silencio, que no necesariamente significa permanecer siempre callado, aunque esta actitud es muy valorada en oriente, sino más bien evitar formular categóricos juicios de valor sobre situaciones que vivía, que tanto condicionan posteriormente nuestras actuaciones. Esto comportó de algún modo un silencio mental, e incorporarme sin más al flujo de los acontecimientos que ocurrían. Al unirme a este flujo, y en mi faceta de cooperante, traté de mantenerme siempre un paso por detrás de las personas con las que trabajé y conviví.
También juzgo que fue conveniente comenzar con una experiencia piloto –el curso de español en mi caso- ya que el campo de pruebas era más seguro y las consecuencias de los posibles fallos menos dañinas para el conjunto. Esto suponía, además, mostrar un posicionamiento claro dentro del organigrama laboral de la organización, asumiendo mi naturaleza de aprendiz, ignorante en suma, o cooperante en prácticas en India. Este rango condicionó positivamente mi proceso de reconocimiento del medio desde la base mismo, en el cual se forman los constructos que nos guían para la comprensión de los hechos y para la actuación en sí. Cuando se llega a un lugar tan nuevo, y tan ajeno a las referencias habituales, se suelen cometer errores en el afán por averiguar la vía más adecuada de colaboración. El carácter experimental me facilitó la rectificación hasta encontrar un modo personal de trabajar, inteligible para los locales y que hiciera posible el entendimiento mutuo.
2.3. Deconstruir
Considero esencial para un cooperante que la comprensión del contexto en que trabaja y vive sea efectivamente un reflejo de éste. Esto es fácil de decir y parece una perogrullada, pero a menudo he comprobado que en el trabajo y actitud de no pocos de los miembros adscritos a la casta de los cooperantes subyace su pretensión de cómo deberían de ser las cosas en lugar de asentarse sobre los hechos que emanan de la experiencia cotidiana. Solo hay que mantenerse abierto a ella, con todos los sentidos alertas. Pero parejo a esta actitud, pienso, hemos también de deconstruir, olvidando esquemas previos y tratar de no opinar demasiado, o hacerlo apresuradamente, sobre lo que vemos, escuchamos (el silencio mental)
Deconstruir para construir, es decir representar en nuestra mente la nueva realidad que vivimos, tomando los hechos –normalizados o no- en su contexto, tal cual son y graduando nuestra percepción acorde con la experiencia social inmediata, concreta y cotidiana. Esto supone además reconocer unas pautas de comunicación y comportamiento características de la comunidad y sintonizar las propias para que sean aceptables y entendibles. Y también respetar la naturaleza de las relaciones en el ámbito cultural determinado.
2.4. Confianza
Gracias a la sintonía que se fue estableciendo con la comunidad, no sólo en la faceta laboral, progresamos en la aceptación y confianza mutua, que fue lo que en definitiva permitió que mi trabajo arraigara. Una aceptación que hay que distinguir de la "no oposición" o de la indiferencia. En la comunidad de RDT, y en India en general, el recién llegado es siempre bien acogido pero a la vez muy observado, y si por alguna razón no encaja, su comportamiento transgrede ciertas normas u ofende, el anfitrión o anfitriones manifiestan más bien indiferencia, dentro de un trato correcto. El visitante casi nunca se encuentra una reacción airada, ya que el conflicto expresado como oposición o enfrentamiento es difícil de ver en oriente. "L’hindou cherche constamment, consciemment ou non, à se sentir en harmonie avec le monde".
También es cierto que su sentido de la hospitalidad concede al huésped, sobre todo si es extranjero, ciertas deferencias y, al menos aparentemente, un estatus privilegiado. Pero si se tiene intención de convivir y trabajar durante más tiempo del que dura una visita, el recién llegado ha de saber colocarse poco a poco en un plano más normalizado, equiparado a sus convecinos. O de lo contrario esta situación de favor, que los anfitriones por sí mismos van a mantener en mayor o menor medida, puede convertirse en una trampa, anulando la franqueza de las relaciones y sesgando perjudicialmente la percepción del medio. Puede ser también esta condescendencia prolongada una forma de practicar el ostracismo.
En la relación entre un cooperante y el medio social en que vive y trabaja hay diferentes vías de aproximación, tantas como personas existen. No es necesario para el forastero una inmersión profunda en el contexto particular para mantener una relación fluida con sus compañeros, vecinos, etc. Pero la ignorancia que portamos al comienzo de nuestro trabajo –o incluso cuando éste se encuentra avanzado- hay que curarla con prudencia, y poco a poco construir confianza mutua.
La confianza se estableció en primer lugar en el seno del grupo con que trabajaba directamente y con quienes, además, compartía muchos otros momentos de trabajo en la oficina y de ocio. Esto permitió que brotara una expresión más auténtica o sentida y que de esta manera se manifestaran problemás laborales, tal y como ellos los vivían en la organización. Por otra parte mostraban algunas carencias formativas en aspectos necesarios para su trabajo y que eran fácilmente subsanables.
2.5 Redefinición del trabajo
Tras unos meses de la experiencia piloto, y establecida una comunicación franca dentro del grupo, propuse a la dirección de RDT un nuevo planteamiento de mi trabajo. Me quedó claro que era necesario centrarse en la formación en recursos humanos dentro del ámbito laboral, pero considerando el marco comunitario en que ocurría del que, además, participábamos todos.
La estructura jerárquica de RDT, al igual que en muchas comunidades de la India, no favorecía el pensamiento independientemente ni la iniciativa de las personas jóvenes con las que trabajaba. En la vida comunitaria, por tanto laboral también, las decisiones significativas (a veces no tanto) provienen de fuera del individuo, bien tomadas por una instancia superior, bien colectivamente. La persona se socializa ajustándose a la normas del grupo; suele actuar según la mayoría, en virtud de la costumbre o precedente, evitando toda opinión, acción e iniciativa que no esté contemplada por el colectivo o que pudiera contravenir lo establecido. Así, afirma S. Kakar en su libro The Indian psyche: "To size up a situation for one self and proceed to act upon one’s momentary judgment is to take an enormous as well cultural risk (…) such voluntary action is unthinkable" . En clase mostraron al principio una actitud pasiva (dispuestos casi siempre a escuchar sin más) que se resumía en: "dinos lo que hacer y lo haremos exactamente como tú quieres".
Seguramente el sentido de dependencia con respecto a la comunidad proporciona una agradable sensación de seguridad en el individuo pero, por otro lado, éste apenas es consciente de su potencial y a la larga pierde curiosidad, interés por el proceso natural de aprendizaje.
The anxiety triggered by the mere possibility of loosing the nurturing patronage of powerful figures usually prevents any deviation from the safer compliant stance. Gradually the younger organization men resign themselves to waiting until they become seniors in their own rigth, free to enjoy the fruits and the delayed gratification that age brings with it in Indian society.
Por otra parte se concede mucha importancia a las formas, a la apariencia de orden y obediencia, aunque las pautas marcadas son lo suficiente ambiguas como para permitir un grado de maniobra al individuo –y hasta de indisciplina –siempre bajo el paraguas de la comunidad.
La carencia de iniciativa en el personal de base, la repetición de unos patrones de trabajo seriados por parte de este y la falta de una comunicación y retroalimentación más auténtica con las instancias superiores causaba una insatisfacción cierta entre los trabajadores, e influía notablemente en su rendimiento. El tremendo ajuste que debía realizar el individuo, tanto en lo laboral como en lo personal, con respecto a las pautas prevalentes de la comunidad hacían de RDT –ciñéndome a su funcionamiento laboral interno- una organización bastante conservadora. Difícilmente se podían abordar cambios, por otro lado necesarios, si la mayoría de sus miembros no tenían la oportunidad de expresar o proponer alternativas a la manera en que estaban trabajando.
A la vez fui comprendiendo el aprecio de los estudiantes por las clases de español, sobre todo tras la paulatina inclusión de elementos no formales y la consiguiente apertura, aunque lenta, a la participación: la opinión e implicación del alumno en su propio proceso de aprendizaje. Estos elementos, como juegos, mímica, teatro, expresión corporal, música, etc., aportaron también una dosis de creatividad. La enseñanza a la que ellos estaban acostumbrados era rígida, repetitiva y poco creativa. Es una cuestión común a la mayoría de los centros educativos en la India, que inciden en la mera acumulación de conocimientos para pasar los exámenes y descuidan el cultivo del pensamiento independiente, de la capacidad inquisitiva y experimental… KT Margaret, una conocida pedagoga y activista social de India, recuerda sus años de estudiante:
I was frigthened of experiencing my thougths and feelings, of thinking freely and communicating honestly with others. I had to accept what was taugth, and keep all my contrary thougths and feelings about persons, events and incidents to myself. I did form my own opinion, wich were very often negative, but I made great efforts to be outwardly polite and pleasant
Poco a poco los estudiantes tuvieron la oportunidad de expresarse a su modo, lo que les liberaba directa o indirectamente de ciertas tensiones que mantenían, ya que –además- en el entorno comunitario no estaba bien resuelto el tema de la confidencialidad y la privacidad. Durante esta fase piloto esta descarga psicológica se realizó sin necesidad de convertir cada clase en una sesión de terapia o confesión colectiva.
Pero mi pretensión en última instancia iba encaminada a que los trabajadores fueran capaces de intervenir en el diseño del ordenamiento de su propio trabajo, que este surgiera también de la iniciativa de los individuos interesados y que ellos mismos marcaran las pautas, para consensuarlas entre todos; confiando en su sentido común y voluntad. Además, que este ordenamiento fuera consecuente con su propia visión subjetiva y coherente con el medio en que se desenvolvían todos. Yo debía mantenerme siempre un paso por detrás de todos ellos.
Estos fueron los ejes diagnósticos sobre los que redimensioné mi trabajo. Se pasó de un programa de enseñanza de español, en fase piloto, a uno de formación en recursos humanos, con un año de duración, en el que también estaba incluido el temario de la primera etapa. El nuevo curso, en el que se triplicó el número de participantes, se pensó para beneficiar a las personas en su relación con el conjunto de la organización y, por añadidura, a esta última. Sin el ánimo de cuestionar el sistema comunitario en que nos desenvolvíamos todos, pretendía facilitar la oportunidad de expresarse a una serie de trabajadores que vivían unos problemas laborales ciertos; de una manera más sentida y consensuada –y menos impuesta. Se trataba así de autoorganizarse, cuando el trabajo en grupo y cooperativo era para ellos casi desconocido.
Los estudiantes querían seguir siendo leales a la comunidad pero también demandaban cierta consideración. Por tanto, el proceso de cambio que pretendía plantear solo podía ser contemplado en el entorno comunitario en el que ellos naturalmente se identificaban y adscribían, e interviniendo específicamente en el ámbito laboral para buscar soluciones a algunos problemas de su vida diaria. En la percepción oriental las fuerzas son complementarias, nunca contrapuestas; este es un concepto y sentido del cambio inteligible en esta parte del mundo, en el que siempre se busca mantener la armonía de un equilibrio.
Durante toda la etapa piloto, así como en fases posteriores de mi trabajo, carecí de una voz crítica positiva que me alumbrara ante posibles errores, rectificaciones… Me guié principalmente por la retroalimentación espontánea que me ofrecían los estudiantes y la comunidad en general. El programa en recursos humanos continuó adelante, con una duración ligeramente inferior a la prevista, y seguidamente colaboré con otra ongd en el norte de la India, hasta completar tres años en dicho país.
II. LA VIDA SIGUE
Durante mi estancia y trabajo en India (1995-98) experimenté los inevitables cambios en la persona sin demasiados sobresaltos. Pero al llegar a esta parte del mundo te das plena cuenta de lo que antes solo intuyes: algo se ha tambaleado en tu propia identidad, y además te sientes un poco extraño en tu lugar de origen. También se añora la sencillez de aquella vida, la frugalidad. Llegas aquí y te adaptas, aunque no eres el mismo. India no deja indiferente a nadie, es un tópico bien cierto que se suele mencionar en las guías de viaje y folletos turísticos. "Au voyagueur occidental tenté par sa découverte, je suggère une initiation lente et graduelle. Car l’lnde est un choc. Un choc qui peut, parfois, susciter un reject total. Un choc qui, le plus souvent, déclenche une folle passion".
El interés y la fascinación que brotaron en mí por India ya desde el comienzo no oculta mi preocupación por la suerte de muchos de sus habitantes. Albergo dos sentimientos e inclinaciones diferentes: por un lado el compromiso como cooperante, por contribuir a crear unas condiciones de mayor igualdad en la vida de muchas familias sumidas en la miseria y/o la explotación. Por otro, el egoísmo de lograr una paz interior, por aprender y practicar sensatas técnicas de desarrollo personal, o simplemente contemplar las cumbres de los Himalayas, disfrutando de una plácida vida rural (plácida al menos para el que cuenta con capacidad económica). Pero, como he escrito anteriormente, en la percepción oriental las fuerzas son complementarias, nunca contrapuestas. Reconozco que me encuentro atraído por oriente y estoy decidido a continuar involucrado allá en el campo de la cooperación; a ahondar en sus conocimientos y ˇojalá! en su sabiduría.
1. Cooperar, comprenderse
Cuando estaba trabajando en RDT nos visitó un veterinario español que, al igual que yo, había decidido establecerse en India. Me comentó que había emprendido un negocio de exportación y yo le indiqué que pensaba dedicarme a favorecer el intercambio de ideas entre Asia y Europa (o la India y España si se prefiere). Mientras que su actividad no requería mayores explicaciones, ambos entendíamos qué suponía una empresa de comercio internacional, él me pedía más explicaciones acerca de mi propósito.
"India –le argumentaba- representa una civilización bastante ignorada por el común de los occidentales. Lejos de las imágenes, exótica o catastrofista, que nos suelen mostrar los medios de comunicación, alberga fenómenos muy interesantes: técnicas de desarrollo personal, iniciativas sociales, actitudes vitales, etc. Todos ellos sostenidos por un sistema de pensamiento muy bien pertrechado y profundo". Creía, y creo, que estas experiencias serían de utilidad para nuestro entorno, que podían ser tomadas en consideración y así enriquecer nuestra existencia. Pero primero hay que darlas a conocer, y para ello no necesito complicados trámites burocráticos ni especiales medios de transporte, como en el caso de la exportación. La dificultad vendrá por otro lado, sobre todo a la hora de aprehender dichas ideas y luego transmitirlas.
Si permanecí en la India fue porque vislumbré un proyecto de trabajo y vital, sugerente y distinto al que realizaba en mi país. Desde entonces estoy dedicado al campo de la cooperación al desarrollo, cuya finalidad entiendo que es –dicho de la manera más genérica posible- mejorar las condiciones de vida de la gente, considerando con ecuanimidad las variadas propuestas y soluciones a los distintos problemas (muchas veces compartidos o interrelacionados) que se dan en las numerosas sociedades de nuestro planeta. De mi experiencia como cooperante infiero la necesidad de comprensión entre las personas de diferentes ámbitos culturales que intervienen, e interactúan, en la definición y consecución de unos objetivos de desarrollo para una población en un territorio concreto.
2. El equipo Asia Formación
En abril de 1999, durante mi regreso temporal a España, se constituyó un grupo interdisciplinar e internacional de trabajo denominado "equipo Asia Formación", del que soy cofundador. Lo integramos personas provenientes del mundo de la cooperación, de la educación para el desarrollo y de la universidad, con experiencia laboral "in situ" en el continente asiático. Con este equipo nos proponemos acercar las realidades de dicho continente (al menos tal y como las hemos concebido nosotros) a través de programas formativos, que son la expresión consciente de los conocimientos que nos ha aportado nuestra práctica profesional en diversos países asiáticos, y del posterior estudio, reflexión y sistematización.
Se extiende de esta manera el interés de la cooperación al desarrollo hacia los aspectos no materiales de la colaboración, al tener muy en cuenta la complejidad social y cultural de las poblaciones locales con las que se trabaja. La aplicación eficiente de proyectos de desarrollo solo puede ocurrir si se incorpora la participación de esta población; esto sucede necesariamente desde el entendimiento recíproco, más un cierto grado de confianza también mutua, entre personas y agencias de todas las partes implicadas, que a su vez provienen de distintas partes de la Tierra.
Por otra parte, durante mi estancia en India me llamaron la atención las variadas actitudes de los individuos que, por cualquier motivo, visitaban o residían en el país. Las relaciones entre personas e instituciones de diferentes ámbitos culturales están tomando una dimensión verdaderamente planetaria, además de multiplicarse los contactos entre aquellas, ya sea por negocios, turismo, migraciones económicas, refugiados, política, cooperación al desarrollo, etc. Considerar el factor social y cultural (entendido este último en su sentido más amplio) de las partes en estas relaciones supone, pienso, enriquecerlas. Especialmente para aquellos que se desplazan a otros países.
Por todo ello, en el equipo Asia Formación nos hemos implicado en cursos sobre el continente asiático desde una perspectiva intercultural, confluyendo ponentes de distinta trayectoria profesional. Hemos intervenido en el campo de la enseñanza –media, universitaria, no formal- abordando la educación para el desarrollo; del turismo, con la intención de ofrecer a los viajeros una información más completa sobre el país o países que van a visitar, y que les facilita su interrelación con los locales; de la empresa, para orientar a los trabajadores y empresarios que entran en contacto con sus homólogos de Asia; de la cooperacion al desarrollo, asesorando a organizaciones y particulares sobre el tema. Y nuestra aportación particular es dar a conocer en España, a través de actividades integradas en programas formativos, las pautas de pensamiento, sociales, culturales, religiosas y de desarrollo que fluyen por dicho continente, de manera que alumbren el fondo de pensamiento y de actuación de otras personas. Porque contemplamos la calidad de las relaciones entre los individuos como un valor intrínseco de desarrollo, algo por lo que merece la pena esforzarse, respetando además la naturaleza de las relaciones del ámbito cultural donde tiene lugar la acción.
En nuestro discurso tratamos de superar el binomio ricos-pobres, subdesarrollo-desarrollo o similares, elaborando los programas formativos desde una perspectiva multipolar. Normalmente se habla de un Norte –refiriéndose a la parte del mundo económicamente rica- que es la que contribuye al desarrollo del Sur –los países pobres. Ampliando el campo de colaboración e intercambios al mundo de las ideas, iniciativas sociales y económicas, desarrollo personal, etc., podemos establecer flujos en todos los sentidos, y vínculos en mayores condiciones de igualdad y dignidad. Esta es nuestra acepción de multipolaridad..
En los programas integramos los aspectos sociales, culturales, religiosos, de pensamiento y de desarrollo del continente y que se articulan en exposiciones de temas, actividades prácticas y talleres. Además se entrega documentación a los participantes (artículos, bibliografía e información de utilidad) y se muestra material diverso: libros, revistas, fotografías, cintas de vídeo y de música, especias, utensilios de cocina, juegos, vestidos, etc., que bien pueden utilizarse en las sesiones previstas o en los ratos libres, por las personas interesadas. Contamos con una extensa biblioteca, hemeroteca, fonoteca y videoteca sobre temas asiáticos, abiertas a todos aquellos que con posterioridad al curso quieran realizar alguna indagación.
En las exposiciones de temas se aborda en primer lugar el estudio del sistema social de una nación o naciones, según los casos. Su estructura, dinámica y las relaciones que ocurren entre los distintos sectores. En las sucesivas sesiones se tratan los aspectos complementarios más relevantes (pensamiento, religión, etc.) y que forman parte de la idiosincrasia del conjunto aludido. Este panorama del contexto general es útil para anclar o referenciar los asuntos que se estudian con más detalle, Y como persona vinculada a la cooperación al desarrollo, citaré ejemplos afines a ésta: la pobreza, el estado medioambiental o las distintas experiencias indígenas de desarrollo (a menudo reflejo de una visión milenaria), que ofrecen soluciones muy variadas a unos problemas y situaciones que compartimos, de un modo u otro, todos los seres humanos.
Para las sesiones prácticas, algunos miembros del equipo Asia Formación han elaborado metodologías específicas para el continente. El análisis iconográfico permite descubrir a los participantes los conceptos, percepciones y posibles estereotipos –propios o ajenos- sobre otras culturas. El análisis biográfico y de historia de vida facilita el conocimiento y la aproximación a la vida cotidiana de la gente. Las músicas del mundo, como instrumento de educación intercultural, muestran una imagen más positiva de culturas lejanas. Con los juegos de simulación, como el del monzón, el del ciclón o el de la vida cotidiana a través del vestido, se representa en el aula o –preferiblemente- al aire libre situaciones que se dan en la realidad; esto ayuda a entenderlas y analizarlas mejor, fomentando un sentimiento de empatía entre quienes las juegan y las personas que las viven.
2.1. La escuela de la India
En el equipo Asia Formación hemos organizado una serie de cursos denominados en principio "escuela de la India" (aunque está en proyecto ampliarlos a otras zonas de Asia), abiertos al público en general, que acude con motivaciones muy variadas. Se han celebrado hasta la fecha (septiembre de 2000) cinco ediciones, normalmente en uno, dos fines de semana o puente festivo, en una casa de colonias o similar que posibilita el contacto con la naturaleza y un ambiente más relajado; se incluye menú autóctono, con picante opcional. Su peculiaridad es el carácter menos formal -comparado con los cursos impartidos en universidades y otros centros- y por ello más abierto a la participación de todos. La disponibilidad de un espacio educativo más amplio -la propia casa y el exterior- facilita el desarrollo de las actividades y el despliegue del material citado anteriormente.
Carecemos de condicionantes externos para que efectivamente se cumpla el programa previsto, y entregado por escrito a todos los interesados. Las exposiciones discurren con mayor protagonismo de los asistentes, propiciando su intervención con preguntas, apreciaciones, discusiones en grupo, etc. Muchas veces éstas se prolongan en los intervalos de las actividades, durante las comidas, veladas nocturnas… que vivifican el transcurso de la escuela, puntualizando, añadiendo o corrigiendo información en el contexto de una conversación entre compañeros.
Además se realizan sesiones prácticas, según la metodología enumerada anteriormente, y talleres complementarios. Estos tratan temas tan diversos como la mitología, la cocina, el cine y los medios de comunicación, la música, etc. Se ha dado el caso, también, de que algún participante que contaba con sólidos conocimientos sobre algún tema de interés ha encontrado cauce de expresión en forma de taller, ha complementado la exposición o actividad práctica o simplemente ha compartido su información durante los ratos libres.
El juego del monzón es la actividad práctica que mejor aceptación suele encontrar y en la que los participantes han manifestado que más han podido sentirse en la piel de una persona campesina de India.
2.2. El juego del monzón
El monzón es un juego de simulación que se centra en alguna de las dinámicas sociales que ocurren en la India rural. La actividad se sitúa en un pueblo imaginario, cerca de la ciudad de Mysore, Estado de Karnataka, al sur del país. El monzón hace referencia a las lluvias anuales que ocurren en el subcontinente entre los meses de junio y septiembre, que son la base indispensable de su agricultura y, en definitiva, de la subsistencia de cientos de millones de familias campesinas. Para ellas es un acontecimiento central.
El objetivo principal del juego es dar a conocer los diversos aspectos que influyen en la vida rural: la ya aludida dependencia del monzón para la subsistencia, las colaboraciones y liderazgos en el pueblo, la polarización creciente entre ricos y pobres, el papel del prestamista, la necesidad de proyectos de desarrollo y la intervención de los técnicos en ellos, los efectos de la irrigación, la desnutrición y sus consecuencias, el problema de la dote para casar a la hija, etc.
Cualquier juego de simulación es una simplificación de la realidad. En el que nos ocupa se presentan muchas situaciones frecuentes en la India rural, aunque es imposible afrontar todas y cada una de ellas a través de él. No se trata de realizar un análisis social que se pueda proyectar de forma generalizada, sino de trabajar de una manera dinámica y divertida una problemática concreta que afecta a gran parte de la población.
Originariamente se diseñó para jugarse con personal especializado en desarrollo y que conocía la realidad rural de la India. Su finalidad era ayudarles a reexaminar algunas de sus concepciones, conscientes o no, sobre la vida en los pueblos. Posteriormente se ha utilizado con grupos de personas muy diversas y en contextos varios, pero suele ser más eficaz cuando se aplica en el marco de un programa más amplio, y con quienes tienen conocimientos e interés especial por el país o por la cooperación al desarrollo en general.
2.2.1. El transcurso del juego
El juego tiene lugar a lo largo de diez años en la vida del pueblo. La mayoría de los participantes representan el papel de campesinos, agrupados en familias, que se enfrentan a las situaciones que ocurren cotidianamente en los pueblos indios. Cada una de ellas posee un número distinto de campos, y la posibilidad de plantar en cada campaña varias semillas (mijo, arroz o maíz) a su elección. Se les entrega una hoja de contabilidad anual.
Al comienzo del primer año, cada familia refleja en la hoja de contabilidad el número de campos que ha decidido dedicar a cada cultivo. A los pocos minutos, el organizador del juego avisa de la llegada del monzón, siendo éste abundante, regular o escaso de acuerdo a unas tarjetas que extrae aleatoriamente. Entonces las familias calculan la producción de su cosecha anual según unas tablas prefijadas, expresadas en rupias (la moneda de India). La cantidad mínima anual para la subsistencia de cada hogar se estipula en 300 rupias. Si obtiene entre 200 y 290 padece desnutrición leve y por debajo de 200 rupias es grave; en estos dos casos se debe solicitar una tarjeta de desnutrición al organizador del juego y seguir las indicaciones que figuran en ella. Si se obtienen más de 350 rupias, se puede guardar el excedente para más adelante.
Los años se van sucediendo y en cada uno de ellos las familias deciden la siembra, recogen la cosecha, etc. De este modo su situación puede mantenerse en el nivel de subsistencia, empeorar (desnutrición y enfermedades asociadas a esta, endeudamiento, etc.) o mejorar (con posibilidad de ampliar sus tierras, invertir en otros sectores, pagar la dote de la hija, etc.)
Una o dos familias, dependiendo del número de participantes, son dalits, es decir parias. Ostensiblemente se sitúan apartados del resto, haciendo notar así que son despreciados. No pueden acudir a las asambleas del pueblo que se celebran y su vida está completamente condicionada por su rango de intocabilidad.
También interviene el prestamista, que es el más rico del pueblo. Siempre está dispuesto a conceder crédito a quienes lo solicitan, mostrando estos sumisión como por ejemplo tocándole los pies con una mano, con unos intereses entre 100 y 120% anuales. Su hermano, el goonda o mafioso, tiene la potestad para visitar a los acreedores, revisar su hoja de contabilidad, amenazar con violencia a aquellos que incumplen los pagos y, en su caso, ejecutar la hipoteca.
Todas las familias tienen una hija que casar, preferentemente entre el tercero y quinto año. La dote, obligatoria, cuesta 500 rupias que salen de los ahorros propios, de un préstamo (sólo el prestamista puede otorgarlo), etc. Aquellas que no consigan casarla sufrirán deshonra y por el pueblo comenzarán a circular rumores (que si la hija está enferma, que si es estéril…) que el organizador del juego y sus ayudantes se encargarán de propagar.
En el pueblo también intervienen otros personajes: el técnico en desarrollo propone, en distintos momentos, a la comunidad varios proyectos de mejora (de reforestación, ayuda alimentaria, salud, irrigación…), que ésta discute en asamblea de cabezas de familia. En ellos siempre se contempla la participación económica de los beneficiados y cada representante opinará, lógicamente, según sus propios intereses, estado de las cuentas domésticas… A los dalits no se les permite asistir a dichas reuniones, pero en ocasiones se pueden incorporar a algunos de los proyectos si la totalidad o parte de la asamblea ha decidido acometerlo. También entran en escena, según el número de jugadores, periodistas, técnicos en planificación familiar, y otros.
Las familias tienen que tomar decisiones frente a los acontecimientos que se van presentando en función de sus circunstancias, que varían de una a otra; no hay ninguna decisión prevista de antemano. Así, por ejemplo, en situación de pobreza y desnutrición unas pueden pedir un préstamo para alimentarse, o utilizar parte de este dinero para un proyecto de irrigación (que en un momento del juego propone el técnico en desarrollo) pero que también conlleva un riesgo; otras pueden decidir aguantar la desnutrición, optar por la emigración, etc. Las familias ricas tienen posibilidad de invertir sus excedentes, como se ha indicado anteriormente. A lo largo de la dinámica también se propagan algunos rumores por el pueblo que pueden influir en las decisiones.
El organizador, para mayor realismo, habrá de imprimir cierta tensión en el juego. Para ello señala unos tiempos para cada año (varios minutos) en los que hay que decidir sobre la siembra, recoger la cosecha y, simultáneamente, encarar las demás situaciones que acontecen. Esto ocurre así en la realidad, ya que a pesar de la apariencia de tranquilidad que sugiere la India rural, muchas familias viven abrumadas ante el trabajo de preparar las tierras para la época de las lluvias o ante la recolección, siempre con la incertidumbre de si el monzón será beneficioso o no. Y mientras tanto han de atender a otros problemas, como solicitar o pagar el préstamo, reunir la dote de la hija, las plagas de las cosechas, considerar los propuestas de los técnicos en desarrollo, etc. Pero el monzón no espera.
2.2.2. Debate final
El debate final es la parte más importante del juego. Los participantes tienen entonces la oportunidad de expresar e intercambiar sus experiencias, explicar sus percepciones, reflexionar sobre ellas y relacionarlas con las situaciones reales. Generalmente el organizador del juego no tiene que animar la discusión ya que, tras la dinámica, todos suelen estar prestos al debate. Máxime cuando se trata de una situación que ellos han vivido, aunque sea virtualmente.
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