Ablanque

La matanza (Del 6 al 8 de Diciembre 2002)

A las diez de la mañana, tal como estaba previsto, el cerdo llegó en su jaula. Aquí vemos a Florentino tratando de consolarlo. No sabemos que chiste le contó, pero el cerdo pareció quedarse más tranquilo. Fermín le decía ... no le hagas caso que te vamos a matar...te vamos a matar.

 

Hacía un frío terrible, por eso hubo que calentar un poco el agua bendita.

Isaac se encargó de bendecir al cerdo, y ya de paso, trató de inmovilizarlo, pero el animal no tardó en soltarse. Florentino lo había dejado tan tranquilo y confiado, que no hizo nada por escaparse.

 

 

Entre tanto, en la casa vieja de Victorio e Isidora, las mujeres picaban la cebolla para las morcillas. Como se ve en la fotografía, hicieron falta unos cuantos barreños. El resultado fue superior, este año hemos tenido las mejores morcillas de todas las matanzas. 

 

Y dieron casi las doce cuando, por fin, murió el cerdo.

El sacrificio fue rápido. Victorio ejerció de matachín demostrando una gran maestría.

Isaac, Paulino, Luis, Boni,  y unos cuantos más lo sujetaron. Maruja recogió la sangre, el resto miraba.
 

A continuación, se procedió a pelar el cochino. Esta tarea también se hizo por el método tradicional.

Previamente se calentó agua en las calderas de cobre. El cerdo se metió en el gamellón y se procedió a eliminar todo el pelo escaldándolo con agua hirviendo y frotando con cuchillos bien afilados.

 

Al mismo tiempo, en la plaza de la iglesia, se preparaban las migas. Juanito, Paulino, Checa y alguno más, fueron a por leña de chaparro a primera hora de la mañana.

Las lumbres se encendieron sobre la una y a las tres ya teníamos las migas en la mesa.

Sensacionales, esa fue la opinión unánime. Este año han dado con la receta magistral, no hay duda.

Aquí vemos a Boni y a Justo, con la rasera en mano.

En la comida nos juntamos unos 120, en la cena, unos 15  más. Este año hemos sido menos gente que en años anteriores. El puente ha tenido un día menos y la gente le tiene mucho miedo al frío.

Por la noche tuvimos parrillada y después nos quedamos cantando en el karaoke.

El Sábado degustamos un monumental cocido.  También tuvimos karaoke y algún chistecillo que nos contó Ángel. Algunos hicieron la siesta, otros continuaron hasta la hora de la cena.

Cenamos unas morcillas exquisitas y degustamos unos sabrosísimos lomos. Después al baile. El hombre orquesta nos animó hasta que se fue la luz, pero tuvimos tiempo de bailar unos pasodobles y el esperado asereje.

Desde aquí agradecemos el esfuerzo realizado por todas esas personas que siempre están dispuestas a colaborar desinteresadamente. No ponemos una lista para evitar que se olvide alguno.

Muchas gracias por mantener vivo el espíritu de colaboración.

 

 

El genial Flo