RELATO PARTICIPANTE CONCURSO 400 PALABRAS "LA RAZÓN".
COMENTARIO DEL AUTOR:
Escribir para un concurso siempre es difícil. Hacerlo además con la limitación de sólo 400 palabras.... casi un imposible. En ese estrecho margen tienes que contar una historia, llegar al lector y, además, realizar una redacción original y bella. Nuevamente me sumerjo en la experimentación y en el NO desanimarme ante los retos. El mini-relato se centra en un viandante. Alguien como tú (si me permites tutearte) y como yo. En aquellas cosas que nos rondan en nuestro camino. Espero que te guste, y que te acuerdes de él, la próxima vez que vayas por una calle. |
Cuando salgo del metro y me dirijo al trabajo, dando un pequeño
paseo. A menudo, si no voy apurado de tiempo, voy fijándome en las decenas
de conductores que pasan por la calle. Ellos no me ven, soy un viandante más
en la acera, ser inanimado dentro de su ruta, cuya única presencia sólo
es revelada, al cruzarme en un paso de cebra, o en el inoportuno semáforo
que les retrasa aún más. Sin embargo, para mí si existen,
a través de la luna de sus coches, trato de imaginar el microcosmos en
el que viven. Seguros en sus fortalezas de chapa y cristales, destapan sus máscaras
cotidianas que les separa del mundo exterior.
En sus procesiones matinales,
la madre besa por el espejo retrovisor a su niño dormido en el asiento
de atrás. Se siente culpable de hacerle madrugar tan pequeño.
Una hipoteca esclava no le permite dejar de trabajar. Cuanto daría por
no perderse los primeros pasos de su pequeño. Otro coche, ostensiblemente
más lujoso, alberga a un cuarentón elegante, cuya complexión
física y tez bronceada, anuncia a voces que es un triunfador. Yo me sonrío
entonces. Trato de ver sus defectos para consolarme de mi humilde situación.
Pero por desgracia, sólo veo a un tipo que seguro acaba de disfrutar
unas vacaciones que nunca podría costearme…. Pobre, el estrés
acabará con él dentro de unos años. Detrás suya,
en una furgoneta tan destartalada que sólo funciona por amor propio,
dos currantes del sector de la construcción, charlan sin parar. Bueno,
a decir verdad sólo uno de ellos habla. Cerca de la jubilación,
un obrero que parece saber como se arreglaría el mundo, expone sus ideas
a su compañero. Éste, un joven inmigrante ecuatoriano que lucha
por mantener los ojos abiertos, asiente con la cabeza casi por costumbre. Él
no está allí, su corazón le tiene preso a miles de kilómetros,
justo donde le aguarda mujer y dos hijos.
Cuando el semáforo se pone en verde, amor, amistad, cansancio y engaños
pasan tan deprisa que apenas los puedo retener.
Si, es bonito imaginar vidas ajenas mientras camino. Tantas han pasado delante
mía, que me siento casi de su familia. Yo, en cambio, camino tranquilo
de vuelta al trabajo. Soy un peatón, y como tal soy invisible al resto
del mundo. Únicamente al cruzar, recupero mi “tangibilidad”.
A veces lo hago a propósito, sólo para comprobar si aún
existo.
400 Palabras Concurso Relatos de Verano de La Razón. volver a menú de relatos
Autor: Ambrosio Sánchez
ambrosio1975@yahoo.com