Las cacerolas han muerto. ¡Vivan las cacerolas!
Mempo Giardinelli
El gobierno provisional surgido de la Asamblea Legislativa horas antes
de la última Navidad se presentó ante el país como
siempre hacen los políticos argentinos, de todo signo: mezclando
verdades con mentiras, anuncios esperados con elusiones y efectismo, biblia
con calefón. De manera perversa (después de todo tiene mucho
más malicia que los radicales) el gatopardismo neomenemista que
copó el Senado desarrolló un libreto conocido: hacer como
que todo va a cambiar cuando en realidad nada cambia.
La eterna viveza peronista
Jorge Luis Borges afirmaba, con su impar ironía,
que los peronistas no son ni buenos ni malos; son incorregibles. La picardía
es estilo en ellos, algunas veces simpático, tantas otras letal.
Esta vez se cuidaron (hasta ahora) de no repetir sus peores performances,
graficadas para siempre en la novela del inolvidable Osvaldo Soriano No
habrá más penas ni olvido. Pero no perdieron ni una sola
de sus mañas, como se vio desde antes de la Asamblea Legislativa,
en la que cometieron todo tipo de irregularidades como decidir elecciones
sin tener facultades para convocarlas e imponer la Ley de Lemas, que cualquier
estudiante de Derecho sabe que es completamente inconstitucional.
Comenzaron por elegir como presidente provisional
a quien posiblemente sea la figura más cuestionable de la política
argentina. En cierto modo, incluso, más que el propio Menem. Y no
sólo por las múltiples denuncias de ejercicio autoritario
y antidemocrático en su provincia, ni por los escándalos
con la “Turquita Senín” cuando filmaban retozones videos pornos
en un motel de San Luis. Aun cuando se dejara de lado todo eso hay una
cuestión fundamental en la que casi nadie repara en estos días:
y es que gobernar durante 18 años ininterrumpidos, así sea
la Península Barataria, es una inmoralidad. Desde la recuperación
constitucional en 1983, el ahora Presidente no ha dejado de autorreelegirse
en su provincia con todo tipo de artimañas dizque constitucionales.
Y en este punto es irrelevante que lo hayan votado sus comprovincianos.
Todo gobierno que permanece 18 años y con proyección indefinida
como el de Adolfo Rodríguez Saá en San Luis es ejemplarmente
antidemocrático, en la Argentina y en cualquier lugar del mundo.
Pues a esa persona eligió el justicialismo
para resolver (es un decir) su interna, una vez más a costa de todo
el país.
La viveza que los caracteriza los llevó
a escribir y pronunciar un discurso con tintes “progres” y a designar al
abogado Alberto Zuppi en Justicia y a un respetado hombre de los Derechos
Humanos como Jorge Taiana junto a una galería de monstruos resucitados.
Un solo ejemplo de cómo las primeras medidas fueron, una vez más,
típicamente contradictorias: por un lado revierten las concesiones
de Fernando de la Rúa a los militares con el anuncio de que se respetará
el principio de “extraditar o juzgar” a los acusados de violar los derechos
humanos durante la última dictadura; por el otro, esa medida es
relativizada en el acto por el canciller y ministro de Defensa José
María Vernet, quien dijo que eso está siendo “estudiado”
por las Fuerzas Armadas. Y al mismo tiempo se otorgan 10.000 Planes Trabajar
a los militares.
El sello de este accionar está, qué
duda cabe, en la reaparición de los más horribles prontuarios
del proto-menemismo, hoy reciclados gracias a cirugías estéticas
(no es ironía sino descripción de la realidad) y a la impunidad
imperante en la política argentina. Ahí están como
ejemplos Carlos Grosso y José Luis Manzano, renacidos de sus incendios
políticos. Ahí están Luis Barrionuevo y el masserista
Hugo Franco, frutos de la misma matriz. Y también están todos
los gobernadores santafesinos de triste memoria, denunciados por corrupción
e impresentables incluso en su provincia, a la que llamaron, absurdamente,
“invencible”. Sólo les faltó reflotar al famoso “Trucha”
van Rell.
La pregunta que a estas horas se hacen
muchos argentinos, entonces, es la siguiente: ¿Qué creen
estos tipos, que somos tontos? Si ellos fueron los destructores de la Patria
y para enriquecerse fortalecieron el sistema de privilegio, corrupción
y servilismo, ¿para qué hicimos el cacerolazo? ¿Es
que una vez más desde el poder nos van subestimar a los argentinos?
Se los va a tragar a todos
Dicen que en San Luis circula, desde hace
años, el relato de cuando “El Adolfo” era niño y solía
encapricharse deseando los juguetes de sus amiguitos. Parece que cada vez
que conseguía que los otros chicos le prestaran sus juguetes, luego
él no los devolvía. La anécdota es una más
entre las tantas que describen a este hombre y que ahora mismo se intentan
silenciar, como sucedió con los videos de “Telenoche investiga”
grabados en noviembre de 2000 —bajo el título “Rodriguez S.A.”—
que mostraban cómo se hacen negocios irregulares en el gobierno
puntano y que sigilosamente acaban de ser retirados del sitio web de Telenoche.
Lo cierto es que, desde que asumió
hace sólo una semana, este presidente interino se comporta como
un emperador con ganas de ser eterno. No ha pronunciado una sola palabra
acerca de las elecciones que supuestamente debe convocar, y en todos sus
discursos anuncia y promete como quien tiene años por delante y
no 60 días. Bastó verlo esta semana en su visita a la CGT,
cuando rodeado de Hugo Moyano y Rodolfo Daer, y con Víctor Reviglio
y Luis Barrionuevo cuidándole las espaldas, habló como para
la posteridad y no para dos meses. El gobernador santafesino Carlos Reutemann
lo ha comentado a sus íntimos: “Éste es Chávez, éste
nos acostó a todos”. Y es evidente que todos los impresentables
que convocó a su lado no son gente de hacer noche solamente sino
de quedarse a vivir. Además, es un secreto a voces que están
trabajando para que no haya elecciones en marzo, las cuales, se dice en
Buenos Aires, fueron una imposición de los gobernadores de Córdoba
y de Santa Cruz.
Las elecciones son inciertas por la misma
interna peronista. Si Rodríguez Sáa hiciera un buen gobierno
(digamos: si contiene la crisis o la dilata, si consigue distraer a la
sociedad con gratificaciones inmediatas) él mismo será invencible
y ni los peronistas querrán ir a votar. Si en cambio hiciera un
gobierno desastroso que sólo acentúe la crisis (en mi opinión
lo más probable, pues ya ha dejado en claro que no afectará
a las AFJP, los Bancos ni las empresas privatizadas) entonces tampoco querrán
comicios porque el repudio de la ciudadanía será implacable.
Mayor que el 14 de octubre, cuando en todo el país triunfó
el “voto-bronca”.
Otra razón para dudar de las elecciones
de marzo es que las leyes electorales establecen que 60 días antes
de los comicios deben cerrarse las listas. Y todo indica que eso no se
va a cumplir. Y como a esto lo sabían los legisladores, resulta
más evidente aún que la Asamblea Legislativa no se reunió
para resolver un grave problema republicano, sino para negociar ventajas,
cocinarlas tras bambalinas y traicionar —¡y en caliente!— la justa
rabia popular.
A mediados de esta semana Néstor Kirchner
denunció un “pacto entre menemistas, aliancistas y dirigentes del
propio Gobierno” para suspender los comicios del 3 de marzo y sinceró
una sospecha que comparten todos los presidenciables del PJ, desde José
Manuel de la Sota hasta Carlos Ruckauf y Reutemann. “Acá están
operando fuertemente para que haya un presidente débil y así
después poder borrarlo de un plumazo. Por eso no quieren un presidente
fuerte, legitimado por el voto de la gente. Por eso le digo a la gente
que no guarden las cacerolas”, alertó Kirchner el miércoles,
el mismo día en que se conocieron tres presentaciones judiciales
contra la realización de los comicios.
En la Casa Rosada es evidente el trajín
para conseguir la prolongación del mandato de Rodríguez Saá.
Las tácticas en marcha son tres: a) convocar a una nueva Asamblea
Legislativa que prorrogue el mandato de “El Adolfo”; b) llamar a un plebiscito
que refrende su permanencia hasta el 10 de diciembre de 2003; C) lograr
que sea la propia Justicia la que trabe el proceso electoral. Los que más
se mueven son el ministro de Trabajo, Oraldo Britos, y el menemista Hugo
Franco, a cargo de los Asuntos Militares e íntimo amigo de Guillermo
López, uno de los ministros de la Corte Suprema. Relación
importantísima, no sólo por la desdichada tradición
de esta verdadera Corte de los Milagros sino porque aquellas presentaciones
judiciales darían lugar a la intervención de los 9 Magos.
Lo que se toca y lo que no
Después de los cacerolazos que llamaron
la atención de todo el mundo, parece por lo menos irresponsable
mantener al país congelado, prorrogando el feriado cambiario hasta
comienzos de enero. Y ahí está, evidentemente, el quid de
la cuestión.
Es obvio que el cavallo-delarruismo dejó
al país fundido. La situación financiera legada por Cavallo
es, coinciden todos los sectores, “mucho más grave de lo que creíamos.
Apenas dejaron 3.500 millones de dólares de reservas en el Banco
Central”. Y eso en circunstancias en que se conoce que la deuda externa,
tanto pública como privada, alcanzó en setiembre último
los 147.000 millones de dólares: 91.000 millones del sector público
nacional más la del sector privado no financiero (35.671 millones)
y la del sector financiero (20.222 millones) que gracias a Cavallo no es
deuda sólo de ellos sino de todos los argentinos.
En ese contexto, la perspectiva de una
tercera moneda (inconvertible, o sea tan basura como los Lecop, Lecor,
Patacones, Quebrachos, Cecacores, Bocanfores y tantos otros papeles inservibles
que padece la ciudadanía) no se vislumbra como otra cosa que más
del mismo engaño.
Así, y con el riesgo país
ya en los 5.500 puntos, es obvio que todos los escenarios posibles que
hoy se han de estar imaginando en el poder acabarán mal. Sencillamente
porque no van a hacer lo que hay que hacer y reclamó el pueblo a
cacerolazos: salir urgentemente del maldito modelo económico, pero
en serio y no sólo retóricamente. Afectando a quienes hay
que afectar, o sea a los que se pasaron más de una década
celebrando a costa de millones. Es hora de que paguen un poco, por lo menos.
Tal fue el grito de la pueblada reciente. Y convendría escucharlo,
porque está a la vista lo que le pasó a De la Rúa
por tener tapones en los oídos y vendas en los ojos.
Será letal si este gobierno provisional
resulta ser, como dicen en México, la misma gata pero revolcada.
Pueden buscar y recibir apoyos a nivel internacional, pueden retomar diálogos
con el FMI, acaso renovar la paciencia de los acreedores. Pero nada cambiará
si no se afectan los intereses de los sectores que tanto protegieron Carlos
Menem, Domingo Cavallo y Fernando de la Rúa, o sea las AFJP, las
privatizadas y el banco-terrorismo organizado.
Este quizá sea el gran problema
irresoluble del neomenemismo gatopardista. No es el amor sino el espanto
lo que une a Ruckauf, De la Sota, Kirchner e incluso al más astuto
de todos, que en mi opinión es Reutemann. Todos son amigos y enemigos
a la vez, en el clásico e inmoral estilo de la politiquería
argentina. Todos menemistas, aunque como la buena moza ahora no lo quieran
ser. Aunque ahora lo nieguen, todos coquetearon y disfrutaron de la pizza
y el champán. Aun los más discretos, como el santafesino
y el santacruceño, todos muestran la misma hilacha.
Y que la expectativa creada por Rodríguez
Saá no es un cheque en blanco lo demuestra también el hecho
de que la gran mayoría de la gente insiste, en todas las encuestas,
en que debe levantarse el “corralito”. O sea, quieren disponer de sus fondos,
hoy retenidos en los bancos. Pero eso, justamente eso, no se toca.
Los radicales también son incorregibles
Se supone que en dos meses habrá
que elegir pero nadie sabe a quién. No lo saben los peronistas por
esa interna feroz que siempre los desgarra, pero tampoco los radicales,
que no saben qué hacer. Temen, con razón, un desastre peor
al del ‘95, cuando la sociedad los castigó por su autismo y por
imponer a dedo un candidato imposible. En esas elecciones quedaron terceros,
con sólo el 17% de los votos, en la peor elección de su historia.
Además, después perdieron el bastión que para ellos
era Córdoba. Esta vez, lo saben, todo será muchísimo
peor y no sólo por el pésimo gobierno de De la Rúa
sino por el acompañamiento que le prestó todo el partido.
Como empecinado en no entender lo que pasa,
ahora el radicalismo discute estas posibilidades: a)presentar un candidato
único, que podría ser Angel Rozas, b) postular muchos lemas
para que algunos sumen en provincias, c) aliarse a cualquier costo con
Elisa Carrió.
Pero casi ningún radical considera
lo único digno que les quedaría: abstenerse. Una opción
que tampoco parecen considerar (al menos no lo han pronunciado) ni Carrió
ni otros dirigentes con aspiraciones. Y esto también subleva el
ánimo de muchos argentinos: porque si en la Asamblea Legislativa
se opusieron con firmeza a la Ley de Lemas, con argumentos de peso y discursos
brillantes (el de Carrió especialmente) ¿cómo es que
ahora van a ir a elecciones bajo ese engendro electoral? ¿Van a
convalidar la inconstitucionalidad participando con candidatos? ¿Van
a hacer de comparsas de la interna justicialista? No hay argumento decente
que pueda sostener esa participación. Ni la UCR ni Carrió
ni los restos del Frepaso debieran ir a estas elecciones de marzo, si acaso
se realizaran.
Este tipo de (in)conductas es lo que subleva,
lo que harta. Ver a Raúl Alfonsín maniobrando para convencer
(en realidad cooptar) a Elisa Carrió. Ver a Rodolfo Terragno que
se va de vacaciones en lugar de quedarse a decir lo que hay que decir.
Ver a Andrés Delich, que después de una gestión bastante
digna en Educación ahora ante la disolución del ministerio
dice que “el momento político no es propicio para que hable sobre
una medida del gobierno provisorio”.
Carlitos 2003 y la voz del pueblo
El ex presidente Carlos Menem, siempre chaplinesco,
en medio de la pueblada y la crisis habló de otras cosas (confirmó
que se postulará como candidato presidencial en 2003 y reiteró
que no hay que devaluar) y se fue a Chile a pasar las fiestas con la familia
de su mujer mientras aquí se apagaban los incendios de la protesta
popular y crecía la certeza de que en toda la pueblada la sociedad
tuvo claro lo que hacía. Según una encuesta de Manuel Mora
y Araujo, publicada por Página/12, el cacerolazo fue aprobado por
el 92% de la población, mientras que casi el 70% advirtió
que los saqueos fueron organizados por activistas. Casi nadie los consideró
espontáneos.
Mientras tanto, otras encuestas velozmente
realizadas en la Capital Federal tras la asunción de Rodríguez
Saá, indicaban que dos de cada tres personas aprobaron su discurso
de asunción en la parte en que dijo que la Argentina debe ir al
default, o sea suspender los pagos de la deuda externa. A falta de datos
sobre la intención de voto para el 3 de marzo (si es que se celebran
tales comicios) sí se conoce, por varias encuestas, la opinión
de los ciudadanos sobre los políticos. Y no hay grandes sorpresas:
bien colocados Carrió, Reutemann y un poco más atrás
de la Sota. Notable el crecimiento de Rodríguez Saá, Kirchner
y Ramón Puerta. Y abrupta la caída de las imágenes
de Carlos Ruckauf y Eduardo Duhalde, mientras muy atrás quedan Cavallo,
de la Rúa, Menem y Hugo Moyano. Impresiona la casi total de ausencia
de radicales. Sólo el gobernador chaqueño y presidente de
la UCR Angel Rozas alcanza a figurar, pero revoleando la cola.
En este punto hay que recordar que el impresionante
cacerolazo del miércoles anterior a la Navidad, iniciado en la medianoche
y desafiando al Estado de Sitio instaurado horas antes, se integró
con personas que se representaban a sí mismas, que ejercían
la democracia directa más directa que alguien se pueda imaginar.
Largamente humilladas, hartas de la traición contumaz de sus representantes,
ganaron las calles de las ciudades argentinas como antes lo hicieron otras
generaciones. Así como el 17 de octubre de 1945 nació el
peronismo de una manifestación del pobrerío marginal y la
clase obrera, y en la Semana Santa de 1987 otra manifestación masiva
y pluriclasista frenó el golpe de los militares “carapintadas”,
así el 19 de diciembre de 2001 quedará en la historia, me
parece, como el 17 de octubre de las clases medias urbanas que se resisten
a morir. Aunque algunos la esperábamos, ninguno sabía cómo
ni cuándo iba a ser esa pueblada. Y eso fue lo mejor: que surgió
espontáneamente y por la única gran razón del hartazgo.
Un hartazgo que, por fin, abandonó la queja y el lamento y se puso
en marcha. Nadie sabe hacia dónde, es cierto, y es la grave incógnita
que enfrentamos. Pero al menos se camina y no creo que sea una marcha sencilla
de detener. En todo caso, habrá que ver quién y cómo
la encarrila y, acaso, la conduce.
Lo importante es que a De la Rúa no
lo echaron los acreedores externos ni los ataques desestabilizadores de
sus adversarios. Lo echó la mayoría silenciosa que dejó
de hacer silencio y batió las cacerolas pero —y esto es clave— no
sólo para sacarlos a él y a Cavallo sino para protestar también
contra Menem y toda la caterva de resucitados que se encaraman ahora en
el poder y ya succionan los calcetines de Rodríguez Sáa.
Contra estas cosas se levantan muchas
voces. Es notable en Internet, en sitios y portales, cómo en estos
días se multiplican las electrocartas por todo el país, como
la que envió un autodefinido “Argentino harto” y cuyo texto ejemplariza
un sentir generalizado:
“ESTIMADO COMPATRIOTA: No queremos que los
políticos solo se bajen el sueldo, queremos además que todas
las estructuras administrativas nacionales, provinciales y municipales
se reduzcan el 50%. No queremos más personajes como Barrionuevo,
Moyano, Daer, el Secretario Alvarez, Ruckauf y Duhalde, que con sus “punteros”
iniciaron la ola de saqueos. No queremos más este Poder Judicial
con privilegios, ni jueces corruptos, eximidos además de pagar impuestos.
No queremos más a los ñoquis; a Shuberoff; a los Planes Trabajar
dados a miembros de Franja Morada; a los peluqueros, profesores de tenis
y demás dentro de la Rosada; al nepotismo (Solá ya nombró
a su esposa). No queremos que nos estafen con una quita brutal en los bonos,
porque los miles de argentinos que confiamos en este país, no vamos
a poner NUNCA MAS la plata en los bancos, AFJP o comprar bonos. No queremos
más a Moreau, Stubrin, Storani, Alfonsín, Castro, Carrió
y todos los que formaron parte de la Alianza y hoy miran para otro lado
diciendo “yo no fui”. Argentinos, estemos atentos. El 31 a las 12, después
del brindis, en vez de tirar petardos, golpeemos cacerolas para decirles
a estos políticos “estamos atentos”.
El futuro es tarea de todos
En sólo dos días, el pueblo
argentino, movilizado como nunca antes, echó al gobierno. Y aunque
enseguida los que tomaron las riendas del poder intentaron hacer creer
que la rebelión se había producido sólo contra Cavallo
y De la Rúa, todos sabemos que eso no es cierto. Como sabemos que
ni Rodríguez Saá ni sus carnotauros van a enfrentar al FMI,
ni van a asegurar el millón de empleos que prometieron, ni enjuiciar
a los represores, ni mucho menos resolver la crisis económico-financiera
en que estamos metidos. El discurso del puntano es como el “salariazo”
y la “revolución productiva” de Menem, como la “casa está
en orden” de Alfonsín, como la “ejecutividad” de De la Rúa.
Puros cuentos. Fue el cacerolazo lo que obligó al PJ a hablar
de lo que nunca habla y ahora es obvio que van a traicionar ese triunfo
popular. Pero hay que reconocer que para los ciudadanos de a pie, los que
marcharon cacerolas en mano a protestar, no aparecen alternativas. Ni por
el lado del radical-peronismo ni por el del ahora deslavado centro-izquierda.
Tampoco por el de la izquierda organizada, que obtuvo un millón
y medio de votos en octubre y ya anda proponiendo frentes populares de
esos que luego terminan —se sabe— en peleas entre comunistas y troskistas
y la anulación de los unos por los otros. El fascismo vernáculo
jamás ha sabido ser alternativa como no sea asaltando el poder (en
esa materia son maestros) y el maximalismo violento es claramente repudiado
por la sociedad argentina.
Lo grave de la hora, pues, resulta de
la siguiente afirmación: la ciudadanía tiene claro lo que
no quiere más, pero no está tan claro lo que quiere y sobre
todo cómo lo quiere ni con qué representaciones. ¿Se
trata solamente de sepultar para siempre a los viejos partidos políticos,
corruptos, internistas y serviles por igual a multinacionales, banqueros
y ricos? ¿Hay que llamar a una nueva Asamblea Constituyente para
debatir la reorganización de las formas de hacer política
en este país? ¿Con qué propuestas, y formuladas por
quién? ¿Y cómo garantizar que no triunfen nuevamente
los fascistas, que siendo una minoría siempre acaban imponiendo
sus puntos de vista e intereses en la Argentina?
Estas y otras preguntas exigen meditaciones
profundas, que —reconozcámoslo— no son la práctica habitual
de los argentinos. Lo único que parece cierto es que hay que esforzar
la imaginación para encontrar vías alternativas y originales.
Ni la derecha ni la izquierda, ni el peronismo ni el radicalismo, ni el
progresismo ni el izquierdismo han sabido ofrecer opciones consistentes,
sostenibles con ética y responsabilidad. Quizá esté
llegando la hora de intentar nuevos caminos, pero verdaderamente nuevos,
o sea sin participación y más bien en contra de los rituales
políticos tradicionales. O sea, descartando todo lo ya conocido
y probado.
Finale capriccioso con brío
Tras la primera pueblada, y a este paso, me
parece que habrá una segunda. No sé cuándo ni cómo,
y espero que esta vez sea igualmente pacífica y ordenada, democrática
y sobre todo no violenta. No es sólo un deseo; quizá acabe
siendo la única alternativa al gatopardismo imperante.
Sólo entonces se hará lo que
hay que hacer. En lo político y en lo económico, campos en
los que sí existen opciones, como las que proponen el Frenapo, la
CTA, el Plan Fénix y muchas organizaciones sociales y políticas
de la Argentina.
Algunos intelectuales vislumbramos, hace meses,
lo que acaba de suceder. Pero eso no es lo importante. Lo gravitacional
ahora es el gran debate sobre nuestros modos de hacer política que
se ha puesto en marcha. Quizá muchos no lo noten, y seguro que no
se dan cuenta los que gobiernan, pero está en marcha. Las redes
de internet, las comunicaciones personales, están colmados de búsquedas,
discusiones y formas alternativas, diferentes, para mejorar nuestra democracia.
Es una tarea maravillosa, que llena de esperanza a muchos que estaban desencantados
y que ahora vieron, con emoción e ilusionándose de nuevo,
cómo también a fuerza de cacerolazos se puede acabar con
la injusticia.
Cuando algo así sucede, eso se
llama revolución. No hay que temerle a esta palabra. Con la Constitución
y la Ley en la mano, y con el pueblo movilizado como en estas semanas dramáticas,
la Democracia siempre resultará fortalecida. A pesar de los dinosaurios
que tiran para atrás y de los ultras que irresponsablemente proponen
saltos al abismo. La revolución democrática, digo, ésa
que la inmensa mayoría de los argentinos queremos y necesitamos
desde hace tantos años.
***Publicado en La Voz del Interior, Suplemento dominical, domingo 30
de diciembre, Córdoba (Argentina) de 2001.