El caos social en la Argentina:
Los padres de los saqueos y algunas preguntas
Mempo Giardinelli
La situación en este país no da para más y asistimos
a un nuevo desastre político: mientras miles de personas asaltan
supermercados y el terror invade las calles de la mayoría de las
ciudades, incluyendo los barrios más elegantes de Buenos Aires,
el President Fernando de la Rúa firma el Estado de Sitio y se resiste
a renunciar, apenas apuntalado por hijos y amigos y uno que otro funcionario.
El radicalismo, el peronismo y el frepasismo
—que gobiernan desde la restauración de la democracia en 1983— han
conducido al país a este abismo que reinaugura violencias. Primero
saquearon ellos al país, continuando y perfeccionando el saqueo
iniciado por los militares. Al fin y al cabo todos se menemizaron (asumiendo
ese estilo frivolo e inescrupuloso de hacer política) y entre todos
llevaron a la Argentina a la bancarrota. Y ahora no saben qué hacer
cuando los que fueron saqueados empiezan a saquear las sobras.
No parece quedar nadie, en la dirigencia política,
con algo de crédito y de sensatez como para colocarse al frente
del descontento popular y evitar que el desborde nos avergüence dentro
de unos días.
Mientras tanto, hay que subrayar que la verdadera
responsabilidad de lo que estamos padeciendo en estas horas radica en la
estulticia de este gobierno de traidores a la patria (que no otra cosa
son) y en el desastre económico en que han sumido a esta sociedad
hoy desesperada.
Domingo Felipe Cavallo es uno de los principales
responsables, porque con su política económica terrorista
ha venido preparando el terreno para esto. Fernando de la Rúa es
el otro. Jefe del anterior, o su rehén, de todos modos le cabe la
enorme responsabilidad de la traición a las ilusiones de todo un
pueblo.
Los sectores dirigentes en general, y no sólo
los políticos, son también responsables del caos porque pudiendo
frenar no frenaron y porque antepusieron siempre sus intereses sectoriales
por sobre los de la nación. También los dirigentes sindicales,
que son —los oficiales y los “duros”— caricaturas vergonzosas de la historia
del movimiento obrero. Y el menemismo, obviamente, que durante diez años
depredó y corrompió, y ahora recorre los cuarteles seguramente
dispuesto a avalar cualquier intervención militar de emergencia.
El descontrol es responsabilidad también
de la Corte Suprema Automática que en el último mes completó
la burla a la Justicia protegiendo a Carlos Menem con una estrategia digna
de cualquier mafia; y por supuesto del Senado Automático, cuya mayoria
peronista preparó el terreno hace dos semanas modificando de hecho
el orden de la sucesión presidencial, en la que ahora queda en primera
fila Ramón Puerta, un fervoroso menemista ex gobernador de la Provincia
de Misiones, cuestionado por su llamativa riqueza personal y su íntima
amistad con el dictadorzuelo paraguayo Lino Oviedo.
La politica de “Déficit Cero”
que proclamaron De la Rúa y Cavallo no cierra ni a palos (que ya
han empezado, por cierto) y el caos social y económico empuja hoy
a este gobierno a una salida como la de Raúl Alfonsín en
1989. Lo grave es que ahora esta nación está anímicamente
mucho más debilitada y contempla impotente la cínica dolarización
que ansió siempre el banco-terrorismo vernáculo. Les falta
todavía apoderarse del Banco de la Nación, les falta sepultar
a la educación pública, les falta completarles la revancha
a los militares asesinos.
Hacía falta una pueblada pacífica
y ordenada, profundamente democrática y no violenta, y alguien de
la Democracia debió haberla encabezado. Porque sí tenemos
salida en la Argentina. Sí hay opciones políticas y económicas,
como las que proponen el Frente Nacional contra la Pobreza (Frenapo, que
acaba de plebiscitar con millones de votos su propuesta socio-económica),
la Central de Trabajadores Argentinos (CTA, único sector sindical
respectable y todavía incuestionado moralmente), el Plan Fénix
(parido en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad
de Buenos Aires por los más serios economistas argentinos) y muchas
organizaciones sociales y políticas de la Argentina.
Pero ninguno de los que pudo hacerlo lo hizo
y ésa es una cuenta que tendremos que cargar, también, a
la dolorosa lista de nuestra memoria. Porque todos aquí sabíamos
que esta pueblada se iba a producir e iba a ser caótica y sangrienta
si no se la conducía. Ahora está en marcha y es horrible
y desastrosa, tal como la propiciaron los ajustadores mientras se relamían
los dinosaurios.
La situación es intolerable y es muy
probable la renuncia del Presidente de la Rúa. La Constitución
Nacional tiene prevista la vía sucesoria: el presidente del Senado
debería en tal caso asumir la Presidencia y convocar a elecciones
nacionales. Si esto ocurre, debe abrirse un debate nacional sobre nuestros
modos de hacer política. Los argentinos lo necesitamos, de una vez,
como al agua y al aire. Porque nos va en ello la democracia que tanto nos
costó conseguir.
El problema de este país absurdamente
pauperizado no es económico, como suele pensarse y se proclama.
Es profunda y decididamente político.
Y políticas son algunas de las preguntas
que tendremos que hacernos, en las jornadas venideras. Por ejemplo: ¿Por
qué razón los fascistas siempre triunfan en la Argentina?
¿Qué tara tenemos —pueblo y dirigentes— que permitimos que
en todos los turnos de la Historia la minoría fascista, nazi, chovinista
y xenófoba de este país nos tuerza el presente y obnubile
el futuro?
Porque eso es lo que verdaderamente está
pasando en la Argentina en estas horas.
***Publicado en Página 12, jueves 21 de diciembre, Buenos Aires
(Argentina), 2001.