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En las comunidades o grupos humanos cuya misión es lograr alguna clase
de objetivo conviven jóvenes y maduros ejecutando tareas y desempeñando
roles, acordes a sus habilidades y para los que han tenido el crédito de
la organización que los contiene y confía en el resultado de sus
capacidades. Puede trasladarse este concepto al trabajo en empresas, en
la actualidad. Hasta aquí todo va bien, pero en los rasgos de esta
convivencia, con alguna distancia generacional, suelen aparecer zonas de
conflicto que en el òrden laboral merecen algunas reflexiones. La
convivencia generacional, obviamente, es tan vieja como la humanidad y
siempre ha habido antagonismo entre jóvenes y “viejos” en cada párrafo de
la historia humana. Pero, exactamente por ello, no intentaremos objetarlo
ni detenerlo y mucho menos desde esta columna sino, simplemente, enmarcar
los enormes atributos de este “excelente blend” del que se obtienen muy
buenos resultados organizacionales. El marco de nuestra actualidad indica
que los jóvenes han adquirido algunas importantes ventajas
generacionales:
1) Desde finales de los 80 la oferta educativa en
profesiones destinadas a integrar empresas ha crecido exponencialmente en
cantidad y calidad.
2) El dominio de las herramientas informáticas,
entre los jóvenes, es un factor común. 3) Su
curiosidad y el volumen y calidad de la información global consultada y
la casuística disponible eleva la suma de sus conocimientos.
4) La oferta educativa terciaria corta es de alta
calidad para los que no se deciden por universidades.
5) Las facilidades para viajar y convivir con el
trabajo o el estudio, en otras sociedades, aumentan la performance de los
de menor edad asi como las alternativas de posgrados habilitan las
superespecialidades en los jóvenes.
Aunque las vantajas que suman “los viejos” no son menores:
1) Muchos poseen las 5 ventajas anteriores
atribuidas a los jóvenes.
2) Si no disponen de algunas de ellas, aún están
a su alcance.
3) Políticamente han sumado años de experiencia
en la interrelación de grupos de trabajo con conceptos y habilidades más
claras de supervisión, conducción y liderazgo.
4) La edad sola no basta pero ayuda a una
percepción más global de los acontecimientos, del contexto y de la
anticipación necesaria y previsora para afrontar ciertas instancias.
5) Disponen de una sensibilidad mayor para el
reconocimiento de los riesgos y para la toma de decisiones.
Los jóvenes “ tienen mas aire “ para enfrentarse con la arena del dia
a dia y menos solemnidad en la interrelación con sus pares y jefes. Se
rebelan creativamente y, en contra de lo que se opina vulgarmente, son
muy responsables y acuden a las consignas más solidarias a la hora de los
“ incendios “ organizacionales, siempre y cuando hayan sido entrenados con
el rigor de una disciplina metódica, motivadora y comprometida con la
organización. Los “viejos” disponen del talento acumulado en horas de
batalla empresaria y la capacidad para ver mas allá de los
acontecimientos, siempre y cuando no hayan perdido la tolerancia y
mantengan el talante indispensable para la convivencia. Tienen, además,
la capacidad para “ligar o unir” las partes sueltas de las organizaciones
para que funcionen en términos de equipo. Compiten menos y van “ al grano
“ en las cuestiones emergentes. Los jóvenes buscan en el desafío y la
competencia una forma de autoevaluación para descubrir su propio límite
potencial. Los “viejos “ suelen eludir estos desafíos pero moderan a los
“adictos” a la rivalidad. Conducir jóvenes nos rejuvenece. Aprender de
los “viejos” nos enriquece y avanza sobre las experiencias. No para
evitarlas sino para reconocerlas a la hora en que aparecen. La
convivencia generacional es literalmente mala cuando de ella se
desprenden vencedores o vencidos. La inteligencia en términos
generacionales merece ser segmentada en pubertad, adolescencia y madurez
adulta. Etapas que, ligadas a la vida de todo ser humano, reflejan un
comportamiento con potencial para parecer atrasados o adelantados
dependiendo de la formación o aprendizaje a los que cada uno, por su
propia decisión, haya estado vinculado. Los jóvenes pueden crecer en
madurez y los “viejos” aumentar su juventud venciendo el único verdadero
rival de cada uno: su actitud frente a la vida. No se puede depender solo
de esperanzas ni se puede vivir solo de recuerdos. Cada hora, cada dia,
nos da la nueva chance de aprender. Se aprende de las conductas
conviviendo y en las acciones compartiendo. Se practica el “arte de ceder
“ para esta convivencia generacional de la cual descreo del título de
esta columna aseverando que: no hay conflicto…si uno no quiere.
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