Por el suelo, esparcidas,
quebradas y rotas,
hay ramas astilladas,
del que fuera verde orgullo,
triunfante y altanero de tu copa;
eres raza trasplantada,
de otra tierra,
ejemplo vegetal
traído por los hombres,
de otro mundo lejano, occidental;
ha sido el rayo,
envidioso de tu suerte,
de bello rey del jardín,
el que quiso darte muerte;
violencia y fuego,
aniquilando al noble y fuerte.
A mí, también,
me trajeron de occidente;
de la tierra extremeña de mi raza,
fundé en Aranjuez familia,
en él, tengo vida y casa;
quizá otro rayo implacable,
me fulmine algún día,
y siendo menos noble,
nada brillante ni fuerte,
a ti me iguale,
a la hora del fin y de la muerte;
pues no será motivo de quejarse,
en esta tierra que cantó Joaquín Rodrigo,
florido y fecundo valle,
crecer, morir e integrarse;
tierra de vivir y amar,
es buena para quedarse.
A la sequoia del Jardín de la Isla, que recibió un rayo el 2 de
septiembre de 1982.
Antonio Pizarro Luna.