
William Shakespeare
HAMLET
DRAMATIS PERSONAE
El ESPECTRO
HAMLET,
Príncipe de Dinamarca
El REY
Claudio, hermano del difunto Rey Hamlet
POLONIO,
dignatario de la corte danesa
OFELIA, hija
de Polonio
LAERTES, hijo
de Polonio
REINALDO,
criado de Polonio
HORACIO
amigos de Hamlet
ROSENCRANTZ
amigos de Hamlet
GUILDENSTERN
amigos de Hamlet
VOLTEMAND
cortesanos
CORNELIO
cortesanos
OSRIC
cortesanos
FRANCISCO soldados
BERNARDO soldados
MARCELO soldados
FORTINBRÁS,
Príncipe de Noruega
Un CAPITÁN
del ejército noruego
El ENTERRADOR
SU COMPAÑERO
Un SACERDOTE
ACTORES
MARINEROS
SECUACES de
Laertes
EMBAJADORES
de Inglaterra
Cortesanos,
mensajeros, criados, guardias, soldados, acompañamiento.
PRÍNCIPE
DE DINAMARCA
I.i Entran
BERNARDO y FRANCISCO, dos centinelas.
BERNARDO
¿Quién va?
FRANCISCO
¡Contestad
vos! ¡Alto, daos a conocer!
BERNARDO
¡Viva el rey!
FRANCISCO
¿Bernardo?
BERNARDO
El mismo.
FRANCISCO
Llegas con
gran puntualidad.
BERNARDO
Ya han dado
las doce: acuéstate, Francisco.
FRANCISCO
Gracias por
el relevo. Hace un frío ingrato, y estoy abatido.
BERNARDO
¿Todo en
calma?
FRANCISCO
No se ha oído
un ratón.
BERNARDO
Muy bien,
buenas noches.
Si ves a
Horacio y a Marcelo,
mis compañeros
de guardia, dales prisa.
Entran HORACIO y MARCELO.
FRANCISCO
Creo que los
oigo. ¡Alto! ¿Quién va?
HORACIO
Amigos de
esta tierra.
MARCELO
Y vasallos
del rey danés.
FRANCISCO
Adiós, buenas
noches.
MARCELO
Adiós, buen
soldado. ¿Quién te releva?
FRANCISCO
Bernardo.
Quedad con Dios.
Sale.
MARCELO
¡Eh, Bernardo!
BERNARDO
¡Eh! Oye, ¿está ahí Horacio?
HORACIO
Parte de él.
BERNARDO
Bienvenido,
Horacio. Bienvenido, Marcelo.
MARCELO
¿Se ha vuelto
a aparecer eso esta noche?
BERNARDO
Yo no he
visto nada.
MARCELO
Dice Horacio
que es una fantasía,
y se resiste
a creer en la espantosa
figura que
hemos visto ya dos veces.
Por eso le he
rogado que vigile
con nosotros
el paso de la noche,
para que, si
vuelve ese aparecido,
confirme que
lo vimos y le hable.
HORACIO
¡Bah! No
vendrá.
BERNARDO
Siéntate un
rato
y deja que
asediemos tus oídos,
tan escudados
contra nuestra historia,
diciéndote lo
que hemos visto estas dos noches
HORACIO
Muy bien,
sentémonos
y oigamos lo
que cuenta Bernardo.
BERNARDO
Anoche mismo,
cuando esa estrella
que hay al
oeste de la polar se movía
iluminando la
parte del cielo
en que ahora
brilla, Marcelo y yo,
con el reloj
dando la una...
Entra el ESPECTRO.
MARCELO
¡Chsss! No
sigas: mira, ahí viene.
BERNARDO
La misma
figura; igual que el rey muerto.
MARCELO
Tú tienes
estudios: háblale, Horacio.
BERNARDO
¿No se parece
al rey? Fíjate, Horacio.
HORACIO
Muchísimo. Me
sobrecoge y angustia.
BERNARDO
Quiere que le
hablen.
MARCELO
Pregúntale,
Horacio.
HORACIO
¿Quién eres,
que usurpas esta hora de la noche
y la forma
intrépida y marcial
del que en
vida fue rey de Dinamarca?
Por el cielo,
te conjuro que hables.
MARCELO
Se ha
ofendido.
BERNARDO
Mira, se
aleja solemne.
HORACIO
Espera,
habla, habla. Te conjuro que hables.
Sale el ESPECTRO.
MARCELO
Se fue sin
contestar.
BERNARDO
Bueno,
Horacio. Estás temblando y palideces.
¿No es esto
algo más que una ilusión?
¿Qué opinas?
HORACIO
Por Dios, que
no lo habría creído
sin la prueba
real y terminante
de mis ojos.
MARCELO
¿Verdad que
se parece al rey?
HORACIO
Como tú a ti
mismo.
Tal era la
armadura que llevaba
cuando
combatió al ambicioso rey noruego.
Tal su ceño
cuando, tras fiera discusión,
a los polacos
aplastó en sus trineos
sobre el
hielo. Es asombroso.
MARCELO
Con paso tan
marcial ha cruzado ya dos veces
nuestro
puesto a esta hora cerrada de la noche.
HORACIO
No puedo
interpretarlo exactamente,
pero, en lo
que se me alcanza, creo que esto
presagia
conmoción en nuestro estado.
MARCELO
Bueno,
sentaos, y dígame quien lo sepa
por qué se
exige cada noche al ciudadano
tan estricta
y rigurosa vigilancia;
por qué tanto
fundir cañones día tras día
y comprar
armamento al extranjero;
por qué se
rec lutan calafates, cuyo esfuerzo
no distingue
el domingo en la semana.
¿Qué ejército
amenaza para que prisa y sudor
hagan
compañeros de trabajo al día y a la noche?
¿Quién puede
informarme?
HORACIO
Yo puedo. Al
menos, el rumor
que corre es
este: nuestro difunto rey,
cuya imagen
se nos ha aparecido ahora,
sabéis que
fue retado por Fortinbrás
de Noruega,
que se crecía en su afán
de emulación.
Nuestro valiente Hamlet,
pues tal era
su fama en el mundo conocido,
mató a
Fortinbrás, quien, según pacto sellado,
con refrendo
de las leyes de la caballería,
con su vida
entregó a su vencedor
todas las
tierras de que era propietario:
nuestro rey
había puesto en juego
una parte
equivalente, que habría recaído
en
Fortinbrás, de haber triunfado éste;
de igual modo
que la suya, según
lo previsto y
pactado en el acuerdo,
pasó a
Hamlet. Pues bien, Fortinbrás el joven,
rebosante de
ímpetu y ardor,
por los
confines de Noruega ha reclutado
una partida
de aventureros sin tierras,
carne de
cañón para un empeño
de coraje,
que no es más,
como han
visto muy bien en el gobierno,
que
arrebatarnos por la fuerza
y el peso de
las armas esas tierras
perdidas por
su padre. Creo que esta es
la causa
principal de los aprestos,
la razón de
nuestra guardia, la fuente
del tráfago y
actividad en nuestro reino.
Vuelve a
entrar el ESPECTRO.
Pero, ¡alto,
mirad! ¡Ahí vuelve! Le saldré
al paso,
aunque me fulmine. ¡Detente, ilusión!
El ESPECTRO abre
los brazos.
Si hay en ti
voz o sonido, háblame.
Si hay que
hacer alguna buena obra
que te depare
alivio y a mí, gracia, háblame.
Si sabes de
peligros que amenacen
a tu patria y
puedan evitarse, háblame.
O, si
escondes en el vientre de la tierra
tesoros en
vida mal ganados, lo cual,
según se
cree, os hace a los espíritus
vagar en
vuestra muerte, háblame. ¡Detente y habla!
Canta el
gallo.
¡Detenlo tú,
Marcelo!
MARCELO
¿Le doy con
mi alabarda?
HORACIO
Si no se
para, dale.
BERNARDO
¡Está aquí!
HORACIO
¡Aquí!
Sale el ESPECRRO.
MARCELO
Se ha ido.
Hicimos mal
en usar la violencia
con un ser de
tanta majestad,
pues es
invulnerable como el aire
y pretender
agredirle es una burla.
BERNARDO
Iba a hablar
cuando cantó el gallo.
HORACIO
Y se
sobresaltó como un culpable
citado por el
juez. He oído decir
que el ga
llo, clarín de la mañana,
despierta con
su voz altiva y penetrante
al dios del
día y que, alertados,
en tierra o
aire, mar o fuego,
los espíritus
errantes en seguida
se recluyen:
de que es verdad
ha dado prueba
este aparecido.
MARCELO
Se esfumó al
cantar el gallo.
Dicen que en
los días anteriores
al del
nacimiento de nuestro Salvador
el ave de la
aurora canta toda la noche;
entonces,
dicen, no vagan los espíritus,
las noches
son puras, los astros no dañan,
las hadas no
embrujan, las brujas no hechizan:
tan santo y
tan bendito es este tiempo.
HORACIO
Eso he oído,
y lo creo en parte. Mas mirad:
con manto
cobrizo, el alba camina
sobre el
rocío de esa cumbre del oriente.
Dejemos la
guardia y, si os parece,
vamos a
contar al joven Hamlet
lo que hemos
visto esta noche, pues, por mi vida,
que el
espectro, mudo con nosotros, le hablará.
¿Estáis de
acuerdo en que debemos informarle,
como exigen
la amistad y nuestro deber?
MARCELO
Sí, vamos,
que sé dónde podemos
hallarle
fácilmente esta mañana.
Salen.
I.ii Entran
Claudio, REY de Dinamarca,
POLONIO,
LAERTES y su hermana OFELIA, señores y acompañamiento.
REY
Aunque la
muerte de mi amado hermano Hamlet
sigue viva en
el recuerdo, y procedía
sumirse en el
dolor y fundirse todo el reino
en un solo
semblante de tristeza,
no obstante,
tanto han combatido la cordura
y el afecto,
que ahora le lloro con buen juicio
sin haber
olvidado mi persona.
Por eso, a
quien fuera mi cuñada, hoy mi reina,
viuda corregente
de nuestra guerrera nación,
con, por así
decir, la dicha ensombrecida,
con un ojo
radiante y el otro desolado,
con gozo en
las exequias y duelo en nuestra boda,
equilibrando
el júbilo y el luto,
la he tomado
por esposa. Y no he desestimado
vuestro buen
criterio, que siempre prodigasteis
en el curso
de este asunto. Por todo ello, gracias.
Ahora sabed
que Fortinbrás el joven,
juzgando mal
nuestra valía o creyendo
que, tras la
muerte de mi amado hermano,
la nación
está descoyuntada y en desorden,
y movido por
sueños de ventaja,
no ha dejado
de asediarme con mensajes
que reclaman
la entrega de las tierras
perdidas por
su padre y en buena ley ganadas
por mi
valiente hermano. Esto, en cuanto a él.
Entran VOLTEMAND y CORNELIO.
Respecto a mí
y a la presente reunión,
el caso es
como sigue: he escrito esta carta
al rey
noruego, tío de Fortinbrás el joven,
quien, sin
fuerzas y postrado, apenas sabe
la intención
de su sobrino, pidiéndole
que detenga
su avance, ya que toda
la tropa
reclutada se compone
de súbditos suyos.
Y así os envío,
queridos
Cornelio y Voltemand,
como
portadores de mi saludo al viejo rey,
sin daros más
poder personal
para negociar
con el noruego que el fijado
ampliamente
en estas cláusulas. Adiós,
y que vuestra
rapidez sea prueba de lealtad.
VOLTEMAND
En esto como
en todo veréis nuestra lealtad.
REY
No puedo
dudarlo. Cordialmente, adiós.
Salen VOLTEMAND y CORNELIO.
Bien,
Laertes, ¿qué hay de nuevo?
Me hablaste
de una súplica. ¿Cuál es, Laertes?
Al rey danés
nada que sea de razón
le pedirás en
vano. ¿Qué solicitas, Laertes,
que no pueda
ser mi ofrecimiento, y no tu ruego?
La cabeza no
será tan afín al corazón,
ni la mano
diligente con la boca
como el trono
de Dinamarca con tu padre.
¿Qué deseas,
Laertes?
LAERTES
Augusto
señor, la merced
de vuestra venia
para regresar a Francia,
pues, aunque
vine a Dinamarca de buen grado
a mostraros
mi lealtad en vuestra coronación,
ahora
confieso que, cumplido mi deber,
mis
pensamientos y deseos miran a Francia
y se inclinan
en demanda de permiso.
REY
¿Tienes la
venia de tu padre? ¿Qué dice Polonio?
POLONIO
Sí, mi señor.
Os suplico
que le deis vuestra licencia.
REY
Disfruta de
tus años, Laertes; tuyo sea el tiempo
y emplea tus
buenas prendas a tu gusto. –
Y ahora,
sobrino Hamlet e hijo mío...
HAMLET
Más en
familia y menos familiar.
REY
¿Cómo es que
estás siempre tan sombrío?
HAMLET
No, mi señor:
es que me da mucho el sol.
REINA
Querido
Hamlet, sal de tu penumbra
y mira a
Dinamarca con ojos de afecto.
No quieras
estar siempre, con párpado abatido,
buscando en
el polvo a tu noble padre.
Sabes que es
ley común: lo que vive, morirá,
pasando por
la vida hacia la eternidad.
HAMLET
Sí, señora,
es ley común.
REINA
Si lo es,
¿por qué parece para ti tan singular?
HAMLET
¿Parece,
señora? No: es. En mí no hay «parecer».
No es mi capa
negra, buena madre,
ni mi
constante luto riguroso,
ni suspiros
de un aliento entrecortado,
no, ni rios
que manan de los ojos,
ni expresión
decaída de la cara,
con todos los
modos, formas y muestras de dolor,
lo que puede
retratarme; todo eso es «parecer»,
pues son
gestos que se pueden simular.
Lo que yo
llevo dentro no se expresa;
lo demás es
ropaje de la pena.
REY
Es bueno y
digno de alabanza, Hamlet,
que llores a
tu padre tan fielmente,
pero sabes
que tu padre perdió un padre,
y ese padre
perdió al suyo; y que el deber filial
obligaba al
hijo por un tiempo
a guardar
luto. Pero aferrarse
a un duelo
pertinaz es conducta
impía y
obstinada, dolor poco viril,
y muestra
voluntad contraria al cielo,
ánimo débil,
alma impaciente,
entendimiento
ignorante e inmaduro.
Pues,
sabiendo que hay algo inevitable
y tan común
como la cosa más normal,
¿por qué
hemos de tomarlo tan a pecho
en necia
oposición? ¡Vamos! Es una ofensa al cielo,
ofensa al
muerto, ofensa a la realidad
y hostil a la
razón, cuya plática perpetua
es la muerte
de los padres, y que siempre,
desde el
primer cadáver hasta el último,
ha
proclamado: «Así ha de ser.» Te ruego
que entierres
esa pena infructuosa y que veas
en mí a un
padre, pues sepa el mundo
que tú eres
el más próximo a mi trono,
y que pienso
prodigarte un género de afecto
en nada
inferior al que el más tierno padre
profese a su
hijo. Respecto a tu propósito
de volver a
la universidad de Wittenberg ,
no podría ser
más contrario a mi deseo,
y te suplico
que accedas a quedarte,
ante el gozo
y alegría de mis ojos,
cual
cortesano principal, sobrino e hijo mío.
REINA
Que tu madre
no te ruegue en vano, Hamlet:
quédate con
nosotros, no va yas a Wittenberg.
HAMLET
Haré cuanto
pueda por obedeceros, señora.
REY
Una respuesta
grata y cariñosa.
Sé como yo
mismo en Dinamarca. -Venid, señora.
El libre y
gentil asentimiento de Hamlet
sonríe a mi
corazón; en gratitud
el rey no
brindará en este día
sin que el
cañón a las nubes lo proclame
y mi brindis
retumbe por el cielo,
repitiendo el
trueno de la tierra. Vamos.
Salen
todos menos HAMLET.
HAMLET
¡Ojalá que
esta carne tan firme, tan sólida,
se fundiera y
derritiera hecha rocío,
o el Eterno
no hubiera promulgado
una ley
contra el suicidio! ¡Ah, Dios, Dios,
que enojosos,
rancios, inútiles e inertes
me parecen
los hábitos del mundo!
¡Me repugna!
Es un jardín sin cuidar,
echado a
perder: invadido hasta los bordes
por hierbas
infectas. ¡Haber llegado a esto!
Muerto hace
dos meses... No, ni dos; no tanto.
Un rey tan
admirable, un Hiperión
al lado de
este sátiro, tan tierno con mi madre
que nunca
permitía que los vientos del cielo
le hiriesen
la cara. ¡Cielo y tierra!
¿He de
recordarlo? Y ella se le abrazaba
como si el
alimento le excitase
el apetito;
pero luego, al mes escaso...
¡Que no lo
piense! Flaqueza, te llamas mujer.
Al mes
apenas, antes que gastase los zapatos
con los que
acompañó el cadáver de mi padre
como Níobe,
toda llanto, ella, ella
(¡Dios mío,
una bestia sin uso de razón
le habría
llorado más!) se casa con mi tío,
hermano de mi
padre, y a él tan semejante
como yo a
Hércules; al mes escaso,
antes que la
sal de sus lágrimas bastardas
dejara de
irritarle los ojos,
vuelve a
casarse. ¡Ah, malvada prontitud,
saltar con
tal viveza al lecho incestuoso !
Ni está bien,
ni puede traer nada bueno.
Pero estalla,
corazón, porque yo debo callar.
Entran HORACIO, BERNARDO y MARCELO.
HORACIO
Salud a
Vuestra Alteza.
HAMLET
Me alegro de
veros...
¡Horacio, o
no sé quién soy!
HORACIO
El mismo,
señor, y vuestro humilde servidor.
HAMLET
Mi buen
amigo, y yo servidor tuyo.
¿Qué te trae
de Wittenberg, Horacio?-
¡Marcelo!
MARCELO [saludando]
Mi señor...
HAMLET
Me alegro de
verte. [A BERNARDO] Buenas tardes.
Pero, ¿qué te
trae de Wittenberg, Horacio?
HORACIO
Mi afición a
la vagancia, señor.
HAMLET
Que no me lo
diga tu enemigo,
ni tú ofendas
mis oídos confiándoles
una imagen
tan adversa de ti mismo.
Sé que no
eres ningún va go.
Dime, ¿qué
estás haciendo en Elsenor?
Te
enseñaremos a beber a gusto antes de irte.
HORACIO
Señor, he
venido al funeral de vuestro padre.
HAMLET
Compañero, no
te burles, te lo ruego:
di más bien a
la boda de mi madre.
HORACIO
La verdad es
que vinieron muy seguidos.
HAMLET
Ahorro,
Horacio, ahorro: los pasteles funerarios
han sido el
plato frío de la boda.
Antes
encontrar en el cielo a mi peor enemigo
que haber
visto ese día, Horacio.
Mi padre...
Creo que veo a mi padre.
HORACIO
¿Dónde,
señor?
HAMLET
En mi
pensamiento, Horacio.
HORACIO
Yo le vi una
vez: era un rey admirable.
HAMLET
Era un
hombre, perfecto en todo y por todo;
ya nunca veré
su igual.
HORACIO
Señor, creo que
le vi anoche.
HAMLET
¿Viste? ¿A
quién?
HORACIO
Señor, a
vuestro padre el rey.
HAMLET
¡A mi padre
el rey!
HORACIO
Templad por
un instante vuestro asombro
y escuchad
con atención la maravilla
que voy a
relataros, con estos dos
señores por
testigos.
HAMLET
¡Por Dios
santo, cuéntame!
HORACIO
Dos noches
seguidas, a estos dos señores,
Marcelo y
Bernardo, haciendo guardia
en el vacío
sepulcral de media noche,
se les ha
aparecido una figura
igual que
vuestro padre, armada de pies a cabeza,
que ante
ellos camina solemne,
con paso
lento y grave. Tres veces anduvo
ante sus ojos
aterrados y suspensos,
a la
distancia de su bastón de mando,
mientras
ellos, encogidos de pavor,
se quedaban
mudos sin hablarle. A mí
me lo
contaron con miedo y sigilo,
y la tercera
noche yo velé con ellos;
y allí, tal
como dijeron, la hora,
la figura,
hasta la última sílaba,
llegó el
aparecido. Era vuestro padre,
como iguales
son mis manos.
HAMLET
Pero, ¿dónde
fue eso?
MARCELO
Señor, en la
explanada donde hacíamos la guardia.
HAMLET
¿Y no le hablaste?
HORACIO
Le hablé,
señor, pero él no contestó;
aunque una
vez, alzando la cabeza,
se movió como
si fuese a hablar,
pero entonces
cantó fuerte el gallo mañanero
y, al oírlo,
el espectro se esfumó
y desapareció
de nuestra vista.
HAMLET
Asombroso.
HORACIO
Alteza, por
mi vida que es verdad;
pensamos que
era nuestra obligación
hacéroslo
saber.
HAMLET
Sí, sí,
claro; pero me inquieta. –
¿Hacéis
guardia esta noche?
BERNARDO y
MARCELO
Sí, señor.
HAMLET
¿Decís que
armado?
BERNARDO y
MARCELO
Armado,
señor.
HAMLET
¿De pies a
cabeza?
BERNARDO Y
MARCELO
Señor, de la
cabeza a los pies.
HAMLET
Entonces no
le visteis la cara.
HORACIO
Sí, señor: la
visera estaba en alto.
HAMLET
¿Tenía mirada
fiera?
HORACIO
Un semblante
de pesar más que de ira.
HAMLET
¿Pálido o
encendido?
HORACIO
No, muy
pálido.
HAMLET
¿Y te miraba
de frente?
HORACIO
Con la vista
clavada.
HAMLET
¡Quién
hubiera estado allí!
HORACIO
Os habría
aterrado.
HAMLET
Sí,
seguramente. ¿Se quedó mucho tiempo?
HORACIO
Lo que se
tarda en contar cien sin mucha prisa.
BERNARDO y
MARCELO
Más tiempo,
más.
HORACIO
Cuando yo le
vi, no.
HAMLET
Tenía la
barba cana, ¿o no?
HORACIO
La tenía
igual que en vida:
de un negro
plateado.
HAMLET
Esta noche
velaré.
Quizá vuelva
a aparecerse.
HORACIO
Seguro que
vuelve.
HAMLET
Si adopta la
figura de mi noble padre
le hablaré,
aunque se abra la boca del infierno
y me mande
callar. Os lo suplico,
si no habéis
revelado aún la aparición,
seguid
manteniéndola en secreto,
y a lo que
vaya a suceder en esta noche
podéis darle
sentido, mas no lengua.
Premiaré
vuestra amistad. Y ahora, adiós:
en la
explanada, entre las once y las doce,
me reuniré
con vosotros.
LOS TRES
Nuestra
lealtad a Vuestra Alteza.
HAMLET
Decid afecto
y recibid el mío. Adiós.
Salen
[todos menos HAMLET].
¿El espectro
de mi padre en armas? Algo pasa.
Sospecho una
traición. ¡Ojalá fuese de noche!
Mientras,
alma mía, aguarda: la ruindad,
por más que
la entierren, se descubrirá.
Sale.
I.iii Entran
LAERTES y OFELIA.
LAERTES
Mi equipaje
está embarcado. Adiós.
Hermana,
siempre que el viento sea próvido
y zarpe algún
barco, no descanses
hasta haberme
escrito.
OFELIA
¿Lo dudas?
LAERTES
Respecto a
Hamlet y su vano galanteo,
tenlo por
capricho e impulsiva liviandad,
por violeta
de su joven primavera:
precoz, mas transitoria; grata, mas huidiza;
perfume y
pasatiempo de un minuto, nada más.
OFELIA
¿Nada más?
LAERTES
Seguro que
nada más.
No crecemos
solamente en tamaño
y en vigor,
sino que con nuestro cuerpo
aumenta la
eficacia de la mente
y el
espíritu. Tal vez te quiera ahora
y no haya
mancha ni doblez que empañe
sus nobles
intenciones. Mas desconfía:
su grandeza
le impide su deseo
y su regia
cuna le somete.
Él no puede
hacer su voluntad
como la gente
sin rango, pues de su elección
depende el
bienestar de todo el reino,
y por eso su
elección se supedita
al voto y
aquiescencia de ese cuerpo
del cual él
es cabeza. Si te dice que te quiere,
podrá creerlo
tu prudencia en la medida
en que él,
por su altura y posición,
pueda
cumplirlo, es decir, no más allá
del sentir
general de Dinamarca.
Así que considera
tu deshonra
si, crédula,
escuchas su cantar,
le das tu
corazón o le abres
tu casto
tesoro a su empeño inmoderado.
Cuidado,
Ofelia, ten cuidado, hermana mía;
mantente en
retaguardia del cariño,
no te
expongas al peligro del deseo.
La más
recatada se prodiga
si a la luna
revela su belleza.
Ni la virtud
escapa a la calumnia.
El gusano
estraga los renuevos
antes que
florezcan, y en la aurora
y el fresco
rocío de nuestros años
es cuando las
plagas más corrompen.
Guárdate; el
temor es la mejor defensa:
la sangre
joven, sin tentarla, se subleva.
OFELIA
El sentido de
tu buena lección
será el
guardián de mi pecho. Mas, hermano,
no me
enseñes, como el mal sacerdote,
la espinosa
pendiente del cielo
mientras tú,
cual fatuo libertino,
sigues la
senda florida del placer
y no tus
propios consejos.
LAERTES
No temas por
mí.
Entra POLONIO.
Me estoy
demorando. Aquí está nuestro padre.
Doble
bendición es doble fortuna:
feliz ocasión
para otra despedida.
POLONIO
¿Aún aquí,
Laertes? ¡Por Dios, a bordo, a bordo!
El viento ya ha
hinchado tus velas, y están
esperándote.
Llévate mi bendición
y graba en tu
memoria estos principios:
no le prestes
lengua al pensamiento,
ni lo pongas
por obra si es impropio.
Sé sociable,
pero no con todos.
Al amigo que
te pruebe su amistad
sujétalo al
alma con aros de acero,
pero no
embotes tu mano agasajando
al primer
conocido que te llegue.
Guárdate de
riñas, pero, si peleas,
haz que tu
adversario se guarde de ti.
A todos
presta oídos; tu voz, a pocos.
Escucha el
juicio de todos, y guárdate el tuyo.
Viste cuan
fino permita tu bolsa,
mas no
estrafalario; elegante, no chillón,
pues el traje
suele revelar al hombre,
y los
franceses de rango y calidad
son de suma
distinción a este respecto.
Ni tomes ni
des prestado, pues dando
se suele
perder préstamo y amigo,
y tomando se
vicia la buena economía.
Y, sobre
todo, sé fiel a ti mismo,
pues de ello
se sigue, como el día a la noche,
que no podrás
ser falso con nadie.
Adiós. Mi
bendición madure esto en ti.
LAERTES
Humildemente
de vos me despido.
POLONIO
El tiempo te
llama. Corre, los criados esperan.
LAERTES
Adiós,
Ofelia, y recuerda bien
lo que te he
dicho.
OFELIA
Lo he
encerrado en la memoria,
y tú
guardarás la llave.
LAERTES
Adiós.
Sale.
POLONIO
¿Qué es lo
que te ha dicho, Ofelia?
OFELIA
Con permiso,
una cosa del Príncipe Hamlet
POLONIO
Vaya, ha
hecho bien.
Me han dicho
que últimamente te dedica
mucho tiempo
y que tú le dispensas
tu atención
con gran esplendidez.
Si es así,
como me han insinuado
a modo de
aviso, debo decirte
que no
pareces comprender con claridad
tu lugar como
hija mía ni tu honra.
¿Qué hay
entre vosotros? Dime la verdad.
OFELIA
Señor,
últimamente me ha dado
muchas
muestras de su afecto.
POLONIO
¿Afecto?
¡Bah! Veo que estás verde
e inexperta
en cuestión tan peligrosa.
¿Crees en sus
muestras, como tú las llamas?
OFELIA
Señor, no sé
qué pensar.
POLONIO
Pues yo te
enseñaré. Considérate una niña
al haber dado
por valiosas unas muestras
que no son de
ley. Muéstrate más cauta
o, por no
agotar el término acosándolo,
harás que yo
sea muestra de idiotez.
OFELIA
Señor, me ha
galanteado
de un modo
decoroso.
POLONIO
Ya, a modo de
capricho. ¡Vamos, vamos!
OFELIA
Y me ha
corroborado sus palabras
con todos los
divinos juramentos.
POLONIO
Sí, cepos
para pájaros. Sé bien
que, cuando
arde la sangre, el alma se prodiga
en
juramentos. Hija, esas llamaradas,
que dan más
luz que calor y se extinguen
cuando parece
que prometen,
no las tomes
por fuego. Desde ahora, hija,
escatima un
poco más tu virginal presencia,
haz que tus
encuentros exijan algo más
que la orden
de acudir. Respecto a Hamlet,
créele en la
medida en que es joven,
y piensa que
el ronzal con que se mueve
es mucho más
largo que el tuyo. En suma, Ofelia,
no creas sus
juramentos, pues son intermediarios
de distinto
color del que los viste,
abogados de
causas impías, que se expresan
como santos y
piadosos alcahuetes
para
seducirte mejor. No lo repetiré:
hablando
claro, no quiero que en adelante
deshonres ni
un momento de tu ocio
conversando
con el Príncipe Hamlet.
Haz lo que te
digo. Vamos, ven.
OFELIA
Os obedeceré,
señor.
Salen.
I.iv Entran
HAMLET, HORACIO y MARCELO.
HAMLET
El viento
corta implacable. Hace mucho frío.
HORACIO
Este viento
hiela y te traspasa.
HAMLET
¿Qué hora es?
HORACIO
Creo que casi
las doce.
MARCELO
No, ya las
han dado.
HORACIO
¿Ah, sí? No
he oído nada.
Entonces se
acerca la hora
en que el
espectro acostumbra a vagar.
Toque de
trompetas y dos salvas.
¿Qué
significa esto, señor?
HAMLET
El rey
trasnocha y alza el codo,
está de
borrachera, baila como un remolino
y, cada vez
que se atiza su vino del Rin,
rebuznan las
trompetas y timbales
celebrando su
brindis.
HORACIO
¿Es la
costumbre?
HAMLET
Vaya que sí.
Pero, a mi
juicio y aunque vine al mundo aquí
y estoy hecho
a ella, es una costumbre
que más honra
perder que conservar.
Entra el ESPECTRO.
HORACIO
¡Mirad,
señor, ahí viene!
HAMLET
¡Los ángeles
del cielo nos protejan!
Seas espíritu
del bien o genio maldito,
traigas auras
celestiales o rachas del infierno,
sean tus
propósitos malvados o benignos,
tu aspecto
tanto mueve a preguntar
que voy a
hablarte. Te llamaré Hamlet,
rey, padre,
excelso danés. ¡Ah, contesta!
No me dejes
que estalle en la ignorancia,
sino dime por
qué tus restos consagrados
han roto su
mortaja, por qué el sepulcro
al que en
calma descendiste abre ahora
sus pesadas
mandíbulas de mármol
para
arrojarte de sí. ¿Qué puede suceder
para que tú,
estando muerto, bajo la tenue luna
aparezcas
otra vez revestido de acero,
llenando la
noche de espanto, y a nosotros,
juguetes de
la vida, nos perturbes
con
pensamientos que rebasan nuestra mente?
¿Por qué? Di.
¿Por qué razón? ¿Qué hemos de hacer?
El ESPECTRO le
hace señas.
HORACIO
Os llama para
que le sigáis,
como si
quisiera haceros una confidencia.
MARCELO
Mirad, con un
gesto cortés
os llama a un
lugar más apartado.
¡No vayáis!
HORACIO
No, de ningún
modo.
HAMLET
Se niega a
hablar. Tengo que seguirle.
HORACIO
¡Señor, no!
HAMLET
Pero, ¿a qué
viene el miedo?
Mi vida no
vale para mí ni un alfiler
y, en cuanto
a mi alma, ¿qué puede él hacerle
si es tan
inmortal como él mismo?
Me vuelve a
llamar. Voy a seguirle.
HORACIO
Señor, ¿y si
os condujese hacia las aguas
o a la
espantosa cima de la roca
que se
descuelga amenazante sobre el mar
y adoptase
alguna forma aterradora
que os
privara del poder de la razón
y os llevase
a la locura? Pensadlo bien.
HAMLET
Me sigue
llamando. - Ya voy, te sigo.
MARCELO
No debéis ir,
señor.
HAMLET
¡Quítame las
manos!
HORACIO
Hacednos
caso, no vayáis.
HAMLET
Me llama el
destino, y la más fina
arteria de
este cuerpo es tan potente
cual las
fibras del león de Nemea.
Aún me hace
señas. ¡Soltadme, señores!
Por Dios, que
a quien me pare volveré un espectro.
¡Fuera ya! -
Vamos, te sigo.
Salen el ESPECTRO y HAMLET.
HORACIO
Sus fantasías
le trastornan.
MARCELO
Sigámosle. No
conviene obedecerle.
HORACIO
Vamos tras
él. ¿Adónde puede llevar esto?
MARCELO
Algo podrido
hay en Dinamarca.
HORACIO
El cielo
dispondrá.
MARCELO
Nosotros
sigámosle.
Salen.
I.v Entran
el ESPECTRO y HAMLET.
HAMLET
¿Adónde me
llevas? No pienso seguir.
ESPECTRO
Escúchame.
HAMLET
Habla.
ESPECTRO
Se acerca la
hora en que he de entregarme
al tormento
de las llamas sulfúreas.
HAMLET
¡Ah, pobre
ánima!
ESPECRRO
No me
compadezcas, sino presta
oído atento a
lo que voy a revelarte.
HAMLET
Habla, he de
oírte.
ESPECTRO
Y habrás de
vengarme cuando oigas.
HAMLET
¿Qué?
ESPECTRO
Soy el alma
de tu padre,
condenada por
un tiempo a vagar en la noche
y a ayunar en
el fuego por el día
mientras no
se consuman y purguen los graves
pecados que
en vida cometí. Si no me hubieran
prohibido
revelar los secretos de mi cárcel,
oirías una
historia cuya más leve palabra
desgarraría
tu alma, te helaría la sangre,
como
estrellas te haría saltar los ojos
de sus
órbitas, y erizaría tu liso cabello,
poniendo de
punta cada pelo,
como púas de
aterrado puercoespín.
Pero esta
proclamación del más allá
no es para
oídos de mortales. ¡Ah, Hamlet, escucha!
Si alguna vez
quisiste a tu padre...
HAMLET
¡Santo Dios!
ESPECTRO
... venga su
inmundo y monstruoso asesinato.
HAMLET
¡Asesinato!
ESPECTRO
Inmundo
asesinato como todos, pero éste
harto
inmundo, inusitado y monstruoso.
HAMLET
Vamos,
cuéntamelo ya y, con alas tan veloces
como el
meditar o el amoroso pensamiento,
correré a la
venganza.
ESPECTRO
Te veo
dispuesto; si no reaccionases,
serías más
insensible que la planta
que lánguida
se pudre en la inacción
a orillas del
Leteo. óyeme, Hamlet.
Propagaron
que, durmiendo en el jardín,
me mordió una
serpiente: con una historia falsa
de mi muerte
burdamente han engañado
a toda
Dinamarca. Mas atiende, noble hijo:
la serpiente
que arrancó la vida de tu padre
lleva ahora
su corona.
HAMLET
¡Ah, mi alma
profética! ¿Mi tío?
ESPECTRO
Sí, esa
bestia incestuosa, ese adúltero,
con su astuta
brujería y sus pérfidas prendas
(¡ah, astucia
que daña, prendas que seducen!)
se atrajo a
su lascivia ignominiosa
el deseo de
una reina honesta en apariencia.
¡Oh, Hamlet,
qué deslealtad! Conmigo,
cuyo amor fue
siempre tan perfecto
que iba en
armonía con las promesas
que le hice
al desposarla, para hundirse
con un mísero
cuyas dotes naturales
eran pobres
al lado de las mías.
Pero si la
virtud no se deja seducir
aunque el
vicio la tiente bajo forma divina,
la lujuria,
aunque unida a un ángel radiante,
se sacia en
un lecho celestial
y se ceba en
la inmundicia.
Espera. Creo
que siento el olor de la mañana.
He de ser
breve. Durmiendo en el jardín,
como era mi
costumbre por la tarde, tu tío,
a esa hora
insospechada, se acercó sigiloso
con un frasco
de esencia ponzoñosa
y vertió en
los portales de mi oído
el tósigo
ulcerante, cuyo efecto
a la sangre
del hombre es tan hostil
que al punto
recorre como azogue
las venas y
conductos corporales
y con súbito
poder cuaja y coagula,
como gotas de
ácido en la leche,
la sangre más
fluida y saludable. Lo hizo con la mía
y al instante
me vi como un leproso,
mi piel lisa
arrugada en una costra
infecta y
repugnante.
Así, mientras
dormía, el acto de un hermano
de un golpe
me arrancó vida, corona, esposa,
me segó en la
flor de mis pecados,
sin viático,
asistencia, extremaunción
y, mis
cuentas sin rendir, me envió a juicio
con todas mis
imperfecciones sobre mí.
¡Fue
horrendo, horrendo, harto horrendo!
Si tienes
sentimientos, no lo sufras;
no consientas
que el tálamo real de Dinamarca
sea lecho de
lujuria y vil incesto.
Mas,
cualquiera que sea tu proceder,
no ensucies
tu alma, ni acometas
ninguna
acción contra tu madre. Déjala al cielo
y a las
espinas que, clavadas, le hieren
su propio
corazón. Adiós ya.
La luciérnaga
anuncia la mañana:
su llama
mortecina palidece.
Adiós, adiós,
Hamlet. Acuérdate de mí.
Sale.
HAMLET
¡Ah, legiones
celestiales! ¡Ah, tierra! - ¿Qué más?
¿Afiado el
infierno? ¡No! - Resiste, corazón,
y vosotras,
mis fibras, no envejezcáis
y mantenedme
firme. ¿Acordarme de ti?
Sí, pobre
ánima, mientras resida memoria
en mi turbada
cabeza. ¿Acordarme de ti?
Sí, de la
tabla del recuerdo borraré
toda
anotación ligera y trivial,
máximas de
libros, impresiones, imágenes
que en ella
escribieron juventud y observación,
y sólo tus
mandatos viviran
en mi libro
del cerebro, sin mezcla
de asuntos
menos dignos. ¡Sí, sí, por el cielo!
¡Ah, perversa
mujer!
¡Ah, infame,
infame, maldito infame sonriente!
Mi cuaderno,
mi cuaderno; he de anotarlo:
uno puede
sonreír y sonreír, siendo un infame.
Al menos,
seguro que es posible e n Dinamarca.
Bueno, tío,
ahí tienes. Y ahora, mi consigna:
«Adiós,
adiós, acuérdate de mí.»
Lo he jurado.
HORACIO y MARCELO
[dentro]
¡Señor,
señor!
Entran HORACIO y MARCELO.
MARCELO
¡Príncipe
Hamlet!
HORACIO
Que Dios le
proteja.
HAMLET
Así sea.
HORACIO
¡Eh-oh!
¡Eh-oh, señor!
HAMLET
¡Hucho,
hucho-hó! ¡Vuelve, pájaro !.
MARCELO
¿Cómo estáis,
noble señor?
HORACIO
¿Qué ha
ocurrido, señor?
HAMLET
¡Ah, qué
prodigio!
HORACIO
Mi buen
señor, contadlo.
HAMLET
No, que lo
divulgaréis.
HORACIO
Yo no, señor,
por el cielo.
MARCELO
Ni yo, señor.
HAMLET
¿Qué me
decís? ¿Quién pensaría que ... ?
¿Guardaréis
el secreto?
HORACIO y
MARCELO
Sí, por el
cielo.
HAMLET
No hay un
solo canalla en Dinamarca
que no sea un
pillo redomado.
HORACIO
Señor, para
oír eso no hace falta
que salga de
la tumba espectro alguno.
HAMLET
Sí, claro,
desde luego.
Entonces, sin
más ceremonia, es mejor
que nos demos
la mano y nos vayamos: vosotros,
adonde os
lleven vuestros asuntos y deseos,
pues cada
cual tiene sus asuntos y deseos,
los que sean;
en cuanto a mí, ¿sabéis?,
me voy a
rezar.
HORACIO
Señor,
habláis sin orden ni medida.
HAMLET
Siento
haberte ofendido, de veras,
lo siento de
veras.
HORACIO
No hay
ofensa, señor.
HAMLET
Por San
Patricio, sí que hay ofensa, Horacio,
y mucha. En
cuanto a esta aparición,
es un
espectro de verdad, os lo aseguro.
Por lo que
hace a vuestro deseo de saber
lo que me ha
dicho, dominadlo. Y ahora,
pues sois
amigos y hombres de armas y letras,
concededme un
humilde favor.
HORACIO
Sí, señor.
¿Cuál?
HAMLET
No revelar lo
que habéis visto esta noche.
HORACIO y
MARCELO
No lo
haremos, señor.
HAMLET
Pues juradlo.
HORACIO
Juro que no,
señor.
MARCELO
Juro que no,
señor.
HAMLET
Sobre mi
espada.
MARCELO
Señor, ya
hemos jurado.
HAMLET
Vamos, sobre
mi espada. Vamos.
Grita el ESPECTRO bajo el escenario.
ESPECTRO
¡Jurad!
HAMLET
¡Ajá,
muchacho! ¿Tú también? ¿Estás ahí,
buen hombre?
- Vamos, ya oís al del sótano
Prestaos a
jurar.
HORACIO
Proponed el
juramento, señor.
HAMLET
No decir
jamás lo que habéis visto.
Jurad sobre
mi espada.
ESPECTRO
¡Jurad!
[Juran.]
HAMLET
Hic et ubique ?. Pues cambiemos de sitio.
Venid,
señores y volved a poner vuestras manos en mi espada:
no decir
jamás lo que habéis oído.
Jurad sobre
mi espada.
ESPECTRO
¡Jurad!
[Juran.]
HAMLET
Muy bien,
viejo topo. ¡Qué rápido escarbas!
¡Vaya
zapador! - Cambiemos de nuevo, amigos.
HORACIO
¡Día y noche,
esto es harto extraño!
HAMLET
Pues igual
que al extraño, acógelo bien.
Hay más cosas
en el cielo y en la tierra, Horacio,
de las que
sueña nuestra filosofía. Vamos,
como antes:
jurad que nunca, Dios mediante,
por rara o
extraña que sea mi conducta
(pues tal vez
desde ahora crea conveniente
adoptar un
talante estrafalario),
si me veis en
tal tesitura, jamás,
doblando así
los brazos, meneando la cabeza
o diciendo
expresiones equívocas, como
«Nosotros lo
sabemos», o «Queriendo, podríamos»,
o «Si
fuésemos a hablar» o «Los hay que si pudieran»,
mostrando con
frases tan ambiguas
que sabéis
algo de mí... Jurad
que, Dios
mediante y toda la gracia divina,
no haréis
nada de eso.
ESPECTRO
¡Jurad!
[Juran.]
HAMLET
¡Descansa,
ánima inquieta! - Señores,
de corazón a
vosotros me encomiendo;
y todo lo que
un ser tan humilde como Hamlet
pueda hacer
por demostraros su estima,
si Dios
quiere, nunca faltará. Entremos todos.
Y, os lo
ruego, el dedo siempre en el labio.
Los tiempos
se han dislocado. ¡Cruel conflicto,
venir yo a
este mundo para corregirlos!
Venid. Vamos
todos.
Salen.
II.i Entran
POLONIO y REINALDO.
POLONIO
Dale este
dinero y estas notas, Reinaldo.
REINALDO
Sí, señor.
POLONIO
Obrarás con
prudencia, buen Reinaldo,
si, antes de
visitarle, te informas
de su género
de vida.
REINALDO
Señor, es lo
que iba a hacer.
POLONIO
Estupendo,
estupendo. Atiende: primero
averigua
cuántos daneses hay en París,
y cómo,
quién, qué medios, dónde viven,
sus
compañías, sus gastos; y así,
con estos
rodeos y preámbulos, cuando veas
que conocen a
mi hijo, más cerca estarás
que si
preguntas por él directamente.
Finge, es un
decir, que le conoces a lo vago,
diciendo:
«Conozco a su padre y a los suyos,
y un poco a
él.» ¿Te fijas, Reinaldo?
REINALDO
Perfectamente,
señor.
POLONIO
«Y un poco a
él, pero», y añades, «no mucho,
aunque si es
el que pienso, es un juerguista,
muy dado a
esto y aquello». Entonces le imputas
los cuentos
que te plazcan. Bueno, no tan graves
que puedan
deshonrarle, de eso guárdate;
sólo los
deslices bulliciosos y alocados
que notoria y
comúnmente se asocian
con la libre
juventud.
REINALDO
¿Como el
juego, sefíor?
POLONIO
Sí, o la
bebida, la esgrima, la blasfemia,
las peleas,
las rameras... Hasta ahí.
REINALDO
Señor, eso le
deshonraría.
POLONIO
Pues no,
mientras moderes los cargos.
No le hagas
imputaciones de otro modo,
diciendo que
es muy dado al desenfreno,
eso no: tú
habla de sus faltas con tal arte
que parezcan
las lacras de su libertad,
el estallido
de un ánimo fogoso,
la braveza de
una sangre indómita
que a todos
les asalta.
REINALDO
Pero,
señor...
POLONIO
¿Por qué todo
esto?
REINALDO
Sí, señor.
Desearía saberlo.
POLONIO
Pues, mira,
te explico mi intención,
y entiendo
que la maña es legítima.
Achacándole a
mi hijo esas leves faltas
como si
fueran polvo del camino,
fíjate, si
aquel a quien pretendes sondear
ha visto que
el joven de quien hablas
es culpable
de las lacras antedichas,
seguro que
concuerda contigo como sigue:
«Señor» o
algo así, «amigo», o «caballero»,
con arreglo a
la expresión y el título
de la persona
y el país.
REINALDO
Entendido,
sefíor.
POLONIO
Y entonces él
va y... él va y... ¿Qué iba yo a decirte? Por
la misa, que
iba a decir algo. ¿Dónde me he quedado?
REINALDO
En «concuerda
como sigue», en «amigo o algo así», en «caballero».
POLONIO
En «concuerda
como sigue». ¡Eso es!
Él concuerda
diciéndote: «Conozco al caballero,
le vi ayer, o
el otro día, el otro
o el otro,
con éste y aquél, y, como decís,
estaba
jugando, o inundado de bebida,
o discutiendo
en el tenis»; o te dice:
«Le vi entrar
en tal casa de trato»,
es decir, un
burdel, y así.
¿Te das
cuenta? Con un cebo
de mentiras
pescas el pez de la verdad.
Así es como
los hombres prudentes y capaces,
con rodeos y
requilorios,
desviándonos
damos con la vía.
Y tú,
siguiendo mi enseñanza y mi consejo,
lo lograrás
con mi hijo. ¿Entendido?
REINALDO
Perfectamente,
señor.
POLONIO
Entonces, ve
con Dios.
REINALDO [despidiéndose]
Mi señor...
POLONIO
Observa tú
mismo su conducta.
REINALDO
Sí, señor.
POLONIO
Y que siga
con su música.
REINALDO
Muy bien,
señor.
Sale.
Entra OFELIA.
POLONIO
Adiós. - ¿Qué
hay, Ofelia? ¿Qué pasa?
OFELIA
¡Ah, seiior,
me he asustado tanto!
POLONIO
Por Dios,
¿cómo ha sido?
OFELIA
Señor,
mientras cosía en mi aposento,
aparece ante
mí el Príncipe Hamlet
con el jubón
desabrochado, sin sombrero
con las
calzas sucias y caídas, como argollas
al tobillo,
más pálido que el lino,
temblando las
rodillas, y el semblante
tan triste en
su expresión que parecía
huido del
infierno para hablar de espantos.
POLONIO
¿Está loco
por ti?
OFELIA
Señor, no lo
sé, pero lo temo.
POLONIO
¿Qué te dijo?
OFELIA
Me agarró de
la muñeca y me apretó.
Entonces
extendió todo su brazo
y con la otra
mano haciendo de visera
se puso a
escudriñarme la cara,
cual si fuera
a dibujarla. Así, un buen rato.
Al final,
sacudiéndome el brazo levemente
y alzando y
bajando así tres veces la cabeza,
lanzó un
suspiro tan profundo y lastimero
que pareció
destrozarle todo el cuerpo
y acabar con
su existencia. Entonces me soltó
y, vuelta la
cabeza sobre el hombro,
parece que
encontró el camino sin mirar,
pues salió
sin ayuda de los ojos
y los tuvo en
mí clavados hasta el fin.
POLONIO
Anda, ven
conmigo. Voy a ver al rey.
Eso es el
delirio del amor,
que por su
propia violencia se aniquila
y lleva a las
acciones más desesperadas,
como sucede
cada vez con las pasiones
que tanto nos
afligen. Siento...
¿Le has
hablado con dureza últimamente?
OFELIA
No, señor.
Sólo cumplí vuestras órdenes:
le devolví
sus cartas y rechacé su presencia.
POLONIO
Eso le ha
enloquecido. Siento
no haber
acertado al observarle.
Pensé que
jugaba contigo y que sería
tu perdición.
¡Malditos mis recelos!
Parece
natural en la vejez
excedernos en
la desconfianza,
igual que es
propio de los jóvenes
andar escasos
de juicio. Ven, vamos con el rey.
Esto ha de
saberse, que obrar con sigilo
traerá más
desgracia que enojo el decirlo.
Salen.
II.ii Entran
el REY,
REY
Bienvenidos,
Rosencrantz y Guildenstern.
Además de lo
mucho que ansiábamos veros,
os mandamos
llamar a toda prisa
porque os
necesitábamos. Habéis oído hablar
de la
transformación de Hamlet: la llamo así
puesto que no
parece el mismo,
ni por fuera
ni por dentro. Qué pueda ser,
si no es la
muerte de su padre,
lo que le
tiene tan fuera de sí,
no acierto a
imaginarlo. Os ruego a los dos
que,
habiéndoos criado con él desde la infancia
y conociendo
tan de cerca su carácter,
accedáis a
quedaros en la corte
por un
tiempo, de modo que vuestra compañía
le aporte
distracción y permita averiguar,
mediando
ocasiones favorables,
si algo
ignorado le perturba
que,
descubierto, podamos remediar.
REINA
Caballeros,
él ha hablado mticho de vosotros
y me consta
que no hay dos en todo el mundo
a quien tenga
más afecto. Si os complace
mostrar la
cortesía y gentileza
de pasar
algún tiempo con nosotros
en ayuda y
cumplimiento de nuestra esperanza,
vuestra
visita recibirá la gratitud
que a la real
largueza corresponde.
ROSENCRANTZ
El poder
soberano de Vuestras Majestades
puede
hacernos cumplir vuestros augustos deseos
sin tener que
suplicarnos.
GUILDENSTERN
Con todo,
obedecemos
y nos
brindamos con toda nuestra entrega,
poniendo a
vuestros pies nuestros servicios
y aguardando
vuestras órdenes.
REY
Gracias,
Rosencrantz y noble Guildenstern.
REINA
Gracias,
Guildenstern y noble Rosencrantz.
Os suplico
que al instante visitéis
a mi hijo,
ahora tan cambiado. - Que uno de vosotros
lleve a estos
señores donde esté Hamlet.
GUILDENSTERN
¡Quiera Dios
que nuestra presencia y nuestro esfuerzo
le sirvan de
alivio y ayuda!
REINA
Así sea.
Salen ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN [con
un criado].
Entra POLONIO.
POLONIO
Señor,
nuestros embajadores
han vuelto
felizmente de Noruega.
REY
Siempre
fuisteis portador de buenas nuevas.
POLONIO
¿Lo creéis,
señor? Os aseguro, Majestad,
que tanto mi
lealtad como mi alma
están al
servicio de Dios y de mi rey.
Y creo, a no
ser que este mi cerebro
ya no siga el
rastro de la astucia
tan bien como
solía, que he encontrado
la causa de
la insania de Hamlet.
REY
Decídmela,
que ansío conocerla.
POLONIO
Primero,
recibid a los embajadores.
Mi noticia
será el postre del banquete.
REY
Pues honrad
los entrantes y traedlos.
[Sale POLONIO.]
Mi reina,
dice que ya ha averiguado
la causa del
trastorno de tu hijo.
REINA
Temo que ya
la conozcamos: la muerte
de su padre y
nuestra boda apresurada.
REY
Bien, le
sondearemos.
Entran POLONIO, VOLTEMAND y CORNELIO.
Bienvenidos,
amigos. ¿Qué hay
de nuestro
hermano el noruego?
VOLTEMAND
Os devuelve
complacido deseos y saludos.
Así que nos
oyó, ordenó que detuviesen
las levas del
sobrino, que él había tomado
por un
reclutamiento contra el rey de Polonia,
pero que,
tras indagaciones, resultó
que apuntaban
contra Vuestra Majestad.
Así, dolido
al ver que se habían aprovechado
de su
afección, vejez y decaimiento,
ordenó a
Fortinbrás que desistiera.
Éste al punto
obedeció, fue reprimido
por el rey, y
al final le hizo promesa
de no volver
a tomar armas contra vos,
ante lo cual,
lleno de gozo, el rey noruego
le dio una
anualidad de tres mil coronas
y permiso
para usar sus tropas reclutadas
contra el rey
de Polonia, con el ruego,
consignado en
este documento,
de que os
dignéis conceder paso franco
por vuestros
dominios a esta expedición,
con tales
garantías y licencias
como en él se
recogen.
REY
Me complace,
y en tiempo
conveniente he de leer,
contestar y
ponderar todo este asunto.
Mientras,
gracias por empresa tan lograda.
Id a
descansar; por la noche, venid al festín.
Sed muy
bienvenidos.
Salen los
embajadores.
POLONIO
El asunto
acabó bien.
Mi soberano,
mi reina, controvertir
qué pueda ser
la majestad, el deber, por qué
el día es
día, la noche noche, y el tiempo tiempo,
sería perder
noche, día y tiempo.
Así que, pues
lo breve es el alma del buen juicio
y lo extenso,
los miembros y adornos exteriores,
seré breve.
Vuestro noble hijo está loco.
Digo «loco»,
pues, para definir la locura,
¿no tendría
uno que estar loco?
Pero dejemos
esto.
REINA
Más sustancia
y menos arte.
POLONIO
Señora, os
jur o que hablo sin arte.
Que está loco
es cierto; es cierto que es lástima
y es lástima
que sea cierto... ¡Qué torpe figura!
Ya basta, que
no pienso hablar con arte.
Admitamos que
está loco; sólo resta
averiguar la
causa del efecto
o, mejor dicho,
la causa del defecto,
pues el
efecto defectivo tiene causa.
Por tanto,
sólo resta... Lo restante, por tanto...
Ponderad.
Tengo una hija (la tengo mientras sea mía)
que, fijaos,
en su lealtad y obediencia,
me ha
entregado esto. Sacad vuestras conclusiones.
[Lee] la
carta.
«Al ídolo de
mi alma, la celestial y hermoseada Ofelia ... » Este término es horrible,
infame;
«hermoseada» es un término infame. Pero escuchad: «... esta carta; a su
blanquísimo
pecho, esta carta».
REINA
¿Es Hamlet
quien se lo ha escrito?
POLONIO
Tened
paciencia, señora. Voy a leerla fielmente.
«Duda que
ardan los astros,
duda que se
mueva el sol
duda que haya
verdad,
mas no dudes
de mi amor.
¡Ah, querida
Ofelia! Los versos se me dan mal. No tengo arte para medir mis
lamentos.
Pero que te amo más que a nadie, mucho más, créelo. Adiós.
Tuyo siempre,
queridísima amada
mientras mi
cuerpo sea mío,
Hamlet.»
Esto me lo ha
mostrado mi obediente hija
y, además, a
mi oído ha confiado
todos sus
galanteos, tal como sucedieron
en tiempo,
modo y lugar.
REY
Y ella, ¿cómo
le ha respondido?
POLONIO
¿Qué opináis
de mí?
REY
Que sois
hombre leal y de bien.
POLONIO
Procuro
serlo. ¿Qué habríais pensado
si, cuando vi
en acción su amor ardiente
(pues yo me
percaté, tenedlo en cuenta,
antes que mi
hija me avisara); qué habríais pensado
vos o mi
querida Majestad, la reina,
si yo hubiera
sido el cuaderno de sus notas,
o me hubiera
hecho el distraído,
o no hubiera
dado importancia a estos amores?
¿Qué habríais
pensado? No, yo no perdí el tiempo
y le hablé a
mi jovencita de este modo:
«El Príncipe
Hamlet no es de tu esfera;
esto se
acabó.» Entonces le ordené
que si él
venía a verla se encerrara,
no admitiera
sus mensajes, ni recibiera prendas.
Lo hizo, y mi
consejo le dio fruto,
pues, para
abreviar, al verse por ella rechazado,
le entró
melancolía, después inapetencia,
después
insomnio, después debilidad,
después
mareos y, siguiendo este declive,
la locura que
le hace delirar
y que todos
lamentamos.
REY
¿Tú crees que
es eso?
REINA
Tal vez. Es
Posible.
POLONIO
Decidme, ¿ha
ocurrido alguna vez
que yo haya
dicho con certeza «Es tal cosa»
y me haya
equivocado?
REY
Que yo sepa,
no.
POLONIO [señalando
su cabeza y sus hombros]
Separad ésta
de aquí si me equivoco.
Habiendo
indicios que me guíen,
daré con la
verdad, aunque se oculte
en el centro
de la tierra.
REY
¿Cómo podemos
comprobarlo?
POLONIO
Sabéis que a
veces pasea largo rato
por esta
galería.
REINA
Desde luego.
POLONIO
La próxima
vez, le suelto a mi hija.
Vos y yo nos
pondremos detrás de algún tapiz.
Observad su
encuentro. Si no está enamorado
y por estarlo
no ha perdido el juicio,
haced que yo
cese en mi puesto de gobierno
y me ocupe de
una granja y de sus cuadras.
REY
Lo
probaremos.
Entra HAMLET leyendo un libro.
REINA
Mirad qué,
absorto en su lectura viene el pobre.
POLONIO
Retiraos, os
lo ruego, retiraos.
Voy a
hablarle. Con permiso.
Salen el REY y
¿Cómo está mi
Príncipe Hamlet?
HAMLET
Bien,
gracias.
POLONIO
¿Sabéis quién
soy, sefíor?
HAMLET
Perfectísimamente:
sois un pescadero.
POLONIO
¿Yo? No,
señor.
HAMLET
Pues ojalá
fueseis tan honrado.
POLONIO
¿Honrado,
señor?
HAMLET
Claro: tal
como va el mundo, ser honrado es ser uno entre diez mil.
POLONIO
Muy cierto,
seiior.
HAMLET
Pues si el
sol cría gusanos en un perro muerto, que es carnaza digna de besar...
¿Tenéis una
hija?
POLONIO
Sí, señor.
HAMLET
Que no salga
al sol. Concebir es una dicha, mas no como pueda concebirlo vuestra
hija. Amigo,
cuidado.
POLONIO
[aparte] ¿Qué te parece? Siempre con mi hija.
Aunque al principio no me conoció:
dijo que yo
era pescadero. Está ido, ido. La verdad es que yo, en mi juventud,
también sufrí
penas de amor, casi tanto como él. Le hablaré otra vez. - ¿Qué leéis,
señor?
HAMLET
Palabras,
palabras, palabras.
POLONIO
¿De qué
tratan, señor?
HAMLET
¿Tratan,
quién?
POLONIO
Quiero decir lo
que leéis, señor.
HAMLET
Son
calumnias, pues el satírico granuja dice aquí que los viejos tienen la barba
cana,
la cara llena
de arrugas, los ojos segregando resina o savia de ciruelo, y que andan
escasos de
juicio y flojos de muslos. Todo lo cual, señor, aunque lo creo con firmeza
y entereza,
no me parece correcto escribirlo así. Vos mismo os volveríais de mi edad
si pudierais
andar para atrás como un cangrejo.
POLONIO
[aparte] Será locura, pero con lógica. - ¿Queréis
pasar donde no haga aire?
HAMLET
¿A mi tumba?
POLONIO
Ahí sí que no
hace aire. [Aparte] ¡Qué atinadas suelen ser sus respuestas! La locura
acierta a
veces cuando el juicio y la cordura no dan fruto. Voy a dejarte, y en seguida
urdiré el
modo de que se encuentre con mi hija. - Honorable señor, humildemente
pido licencia
para retirarme.
HAMLET
No podéis
pedirme nada que yo no os dé con mayor gusto; salvo mi vida, mi vida.
POLONIO
Adiós, señor.
HAMLET
¡Viejos
tontos y cargantes!
Entran ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.
POLONIO
Si buscáis al
Príncipe Hamlet, ahí está.
ROSENCRANTZ [a
POLONIO]
Id con Dios,
señor.
[Sale POLONIO.]
GUILDENSTERN
¡Respetable
señor!
ROSENCRANTZ
¡Queridísimo
señor!
HAMLET
¡Mis
magníficos amigos! ¿Qué tal, Guildenstern? ¡Ah, Rosencrantz! ¿Cómo estáis,
muchachos?
ROSENCRANTZ
Igual que el
común de los mortales.
GUILDENSTERN
Contentos de
no pasar de contentos: del gorro de
HAMLET
¿Ni las
suelas de sus zapatos?
ROSENCRANTZ
Tampoco,
señor.
HAMLET
Entonces
vivís por su cintura o en el centro de sus favores.
GUILDENSTERN
En su
intimidad.
HAMLET
¿Así que en
sus partes? ¡Ah, claro! Es una golfa. ¿Qué hay de nuevo?
ROSENCRANTZ
Nada, señor:
que el mundo se ha vuelto honrado.
HAMLET
Estará cerca
el Día del Juicio. No, vuestra noticia no es cierta. Dejad que os pregunte
con más
precisión. ¿Qué habéis hecho, queridos amigos, para que
traiga a esta
cárcel?
GUILDENSTERN
¿Cárcel,
señor?
HAMLET
Dinamarca es
una cárcel.
ROSENCRANTZ
Entonces lo
es el mundo.
HAMLET
Sí, una
cárcel espléndida, con muchas celdas, encierros y calabozos, y Dinamarca es
de los
peores.
ROSENCRANTZ
No somos de
esa opinión, señor.
HAMLET
Porque no lo
es para vosotros, pues no hay nada bueno ni malo: nuestra opinión le
hace serlo.
Para mí es una cárcel.
ROSENCRANTZ
Así lo ve
vuestra ambición: es poco país para vuestro ánimo.
HAMLET
¡Dios santo!
Encerrado en una cáscara de nuez me tendría por rey del espacio
infinito, si
no fuera porque tengo malos sueños.
GUILDENSTERN
Sueños que
son ambición, pues la esencia del ambicioso es la sombra de un sueño.
HAMLET
Y un sueño es
una sombra.
ROSENCRANTZ
Cierto, y
considero a la ambición de sustancia tan etérea que sería la sombra de una
sombra.
HAMLET
Entonces los
mendigos son cuerpos, y los reyes y los héroes engolados, sombras de
mendigos.
¿Vamos a la corte? Más no puedo discurrir.
ROSENCRANTZ y
GUILDENSTERN
Os
acompañaremos.
HAMLET
De ningún
modo. No pienso mezclaros con mis sirvientes, pues, para ser sincero,
estoy
pésimamente atendido. Pero, pon la franqueza de nuestra amistad, ¿qué hacéis
en Elsenor?
ROSENCRANTZ
Visitaros,
señor, nada más.
HAMLET
Pobre como
soy, no tengo ni gracias para dar. Pero os lo agradezco, aunque mi
gratitud no
valga un centavo. ¿No os han hecho venir? ¿Fue iniciativa vuestra? ¿Es
visita
voluntaria? Vamos, sed sinceros conmigo. Venga, vamos, hablad ya.
GUILDENSTERN
¿Qué vamos a
decir, señor?
HAMLET
Lo que sea,
con tal que haga al caso. Os han hecho venir: hay en vuestra mirada una
confesión que
vuestro pudor no es capaz de disfrazar. Sé que los buenos reyes os han
hecho venir.
ROSENCRANTZ
¿Con qué fin,
señor?
HAMLET
Eso decídmelo
vosotros. Mas permitid que os conjure, por los derechos de nuestro
compañerismo,
por la armonía de nuestros años mozos, por la obligación de una
amistad tan
duradera y por todo lo que otro podria proponer: sed abiertos y sinceros
y decidme si
os han hecho venir o no.
ROSENCRANTZ
[aparte a GUILDENSTERN]
¿Qué dices
tú?
HAMLET
Cuidado, que
os vigilo. Si me apreciáis, no calléis.
GUILDENSTERN
Señor, nos
han hecho venir.
HAMLET
Yo os diré
por qué. Me adelantaré a lo que vais a revelarme y así no sufrirá
menoscabo la
discreción que prometisteis a los reyes. últimamente, no sé por qué, he
perdido la
alegría, he dejado todas mis actividades; y lo cierto es que me veo tan
abatido que
esta bella estructura que es la tierra me parece un estéril promontorio.
Esta regia
bóveda, el cielo, ¿veis?, este excelso firmamento, este techo majestuoso
adornado con
fuego de oro, todo esto me parece nada más que una asamblea de
emanaciones
pestilentes e inmundas. ¡Qué obra maestra es el hombre! ¡Qué noble en
su
raciocinio! ¡Qué infinito en sus potencias! ¡Qué perfecto y admirable en forma
y
movimiento!
¡Cuán parecido a un ángel en sus actos y a un dios en su entendimiento!
¡La gala del
mundo, el arquetipo de criaturas! Y sin embargo, ¿qué es para mí esta
quintaesencia
del polvo? El hombre no me agrada; no, tampoco la mujer, aunque por
tus sonrisas
pareces creer que sí.
ROSENCRANTZ
Señor, no
había en mí tal pensamiento.
HAMLET
Entonces,
¿por qué te has reído cuando he dicho que el hombre no me agrada?
ROSENCRANTZ
Señor, de
pensar en la cuaresma que les vais a dar a los cómicos. Los dejamos atrás
cuando venían
hacia aquí a o freceros sus servicios.
HAMLET
El que haga
de rey será bienvenido; a su majestad le pagaré tributo. El caballero
andante usará
su espada y su rodela, el amante no suspirará en vano, el excéntrico
acabará su
papel en paz, el gracioso hará reír a los que pronto se disparan y la dama
hablará sin
cortapisas, que, si no, el verso suelto andará cojo. ¿Qué cómicos son
éstos?
ROSENCRANTZ
Los que tanto
os agradaban: los actores de la ciudad.
HAMLET
¿Cómo es que
viajan? Siendo estables gozaban de más fama y beneficios.
ROSENCRANTZ
Creo que les
prohibieron actuar tras el reciente disturbio.
HAMLET
¿Y son tan
renombrados como cuando yo estaba en la ciudad? ¿Tienen tanto
público?
ROSENCRANTZ
No, desde
luego que no.
HAMLET
¿Cómo es eso?
¿Es que están pasados?
ROSENCRANTZ
No, se
mantienen a su altura. Pero ha nacido una parvada de chiquillos, unos pollitos
que chillan a
más no poder y se les aplaude escandalosamente. Están de moda, y
tanto se
meten con los teatros populares, como ellos los llaman, que el galán de
espada al
cinto tiene miedo de la pluma y ya no vuelve a frecuentarlos.
HAMLET
¿Así que
chiquillos? ¿Quién los patrocina? ¿Cómo se mantienen? ¿Seguirán en el
oficio cuando
muden la voz? Y si luego acaban en los teatros populares, que será lo
más probable
si no hay otra cosa, ¿no dirán que sus poetas los malean obligándolos a
criticar su
propio futuro?
ROSENCRANTZ
La verdad es
que ha habido mucho ruido en ambas partes, y la gente no ve nada malo
en
provocarlos al debate. Durante un tiempo no se vendía un argumento en que no se
enzarzasen
autores contra actores.
HAMLET
¿Es posible?
GUILDENSTERN
Bueno, se ha
vertido mucho ingenio.
HAMLET
¿Y se llevan
la palma los chiquillos?
ROSENCRANTZ
Sí, señor, y
a Hércules mismo con su carga.
HAMLET
Tan extraño
no es, pues mi tío es rey de Dinamarca, y los que en vida de mi padre le
hacían muecas
dan ahora veinte, cuarenta, cincuenta, cien ducados por su retrato en
miniatura.
Voto a Dios, que hay algo anormal en todo esto, como podría demostrar la
filosofía.
Toque de
trompetas.
GUILDENSTERN
Ahí están los
cómicos.
HAMLET
Caballeros,
sed bienvenidos a Elsenor. Dadme la mano, vamos. A toda bienvenida
corresponde
ceremonia y cortesía. Permitid que cumpla con vosotros de este modo,
no sea que mi
acogida a los actores (que, os lo advierto, será espléndida) parezca más
calurosa que
la vuestra. Bienvenidos. Pero mi tío -padre y mi tía- madre se equivocan.
GUILDENSTERN
¿En qué, mi
señor?
HAMLET
Yo sólo estoy
loco con el nornoroeste; si el viento es del sur, distingo un pico de una
picaza.
Entra POLONIO.
POLONIO
Mis saludos,
caballeros.
HAMLET
Escucha,
Guildenstern, y tú también: a cada oído, un oyente. Esa gran criatura que
veis ahí
todavía va en pañales.
ROSENCRANTZ
Será la
segunda vuelta, pues dicen que el viejo vuelve a ser niño .
HAMLET
Profetizo que
viene a hablarnos de los cómicos. Atended... Tenéis razón, pues así fue
el lunes por
la mañana.
POLONIO
Señor, tengo
noticias para vos.
HAMLET
Y yo noticias
para vos. Cuando Roscio era actor en Roma...
POLONIO
Señor, han
llegado los actores.
HAMLET
¡Ya, ya!
POLONIO
Os lo juro...
HAMLET
Cada actor
llegó en su burro.
POLONIO
Los mejores
actores del mundo, tanto en lo trágico como en lo cómico, lo histórico,
pastoril,
cómico-pastoril,histórico-pastoril, trágico-histórico, trágico-cómicohistórico-
pastoril, la
obra unitaria o la pieza libre. Séneca no será tan grave ni Plauto
tan leve. Se
observen las reglas o se desatiendan, ellos no tienen igual.
HAMLET
¡Ah, Jefté,
juez de Israel, qué tesoro tienes!
POLONIO
¿Qué tesoro
tenía?
HAMLET
Pues,
«Hija
hermosa, nada más,
y la quería
de verdad.»
POLONIO [aparte]
Y dale con mi
hija.
HAMLET
¿No estoy en
lo cierto, Jefté?
POLONIO
Señor, si me
llamáis Jefté, sí que tengo una hija y la quiero de verdad.
HAMLET
No, eso no se
sigue.
POLONIO
Pues, ¿cómo
se sigue?
HAMLET
Asi:
«Por azar,
cual Dios dirá.»
Que sabéis
que continúa:
«Sucedió,
como se vio ... »
Lo demás lo
tenéis en la primera estrofa de la devota canción, que aquí llegan
pasatiempos.
Entran
cuatro o cinco ACTORES.
Bienvenidos,
señores, bienvenidos todos. - Me alegra verte tan bien. - Bienvenidos,
amigos. - ¡Mi
viejo amigo! Te ha salido barba desde que te vi. ¿No te subirás a mis
barbas aquí,
en Dinamarca? - ¡Ah, mi joven señora! Válgame, desde la última vez que
os vi,
vuestra merced se ha acercado al cielo en la altura de un chapín. Dios quiera
que
no hayas
mudado la voz y suene a moneda falsa. - Señores, sed todos bienvenidos.
Ahora, a
lanzarse contra lo que salga, como cetreros franceses. Anda, a recitar. Venga,
una prueba de
tus dotes; vamos, un fragmento que conmueva.
ACTOR 1.0
¿Cuál, señor?
HAMLET
Te oí una vez
recitar un fragmento que nunca se representó; a lo sumo, una sola vez.
La obra, lo
recuerdo bien, no gustó a la multitud, era caviar para el público. Pero, en
mi sentir y
en el de otros cuyo juicio en la materia pesa más que el mío, era una obra
magnífica,
bien concertada, y compuesta con tanta mesura como arte. Recuerdo que
alguien dijo
que no había pimienta en los versos que los hiciera picantes, ni nada en
el lenguaje
que pudiera acusar al autor de afectación, sino que tenía un estilo
comedido. En
ella me gustaba más que nada un fragmento, el relato de Eneas a Dido,
especialmente
la parte que trata de la muerte de Príamo. Si aún vive en tu memoria,
empieza donde
dice... A ver, a ver:
«El áspero
Pirro, cual la fiera hircana...»
No, así, no.
Empieza con Pirro:
«El áspero
Pirro, con sable armadura,
negra cual su
intento e igual que la noche
cuando en el
funesto corcel iba oculto,
ha untado su
negra y horrífica efigie
de heráldica
infausta. De pies a cabeza
vestido de
gules, hebras pavorosas
de sangre de
padres, madres, hijas, hijos,
cocida y
reseca por calles que abrasan
y dan una luz
violenta y maldita
a su odiosa
muerte. Quemado de furia
y fuego,
cubierto de sangre cuajada,
carbunclos
sus ojos, Pirro infernal busca
al anciano
Príamo.»
Sigue tú.
POLONIO
Por Dios, que
lo habéis dicho muy bien, con buena dicción y gran mesura.
ACTOR 1.0
«Al punto le
halla
en vana
ofensiva. Su espada vetusta
yace donde
cae, hostil a sus órdenes,
rebelde a su
brazo. En lid desigual
Pirro embiste
a Príamo y yerra en su rabia,
pero con el
soplo de su rudo acero
el anciano
cae. La inánime Ilión,
cual
sintiendo el golpe, con torres en llamas
se viene a
tierra, y su hórrido estruendo
a Pirro
suspende: he ahí que su espada,
en trance de
herir la nívea cabeza
del viejo
patriarca, se paró en el aire.
Cual imagen
de un tirano quedó Pirro,
quien,
inmóvil entre propósito y acto,
no hacía
nada.
Mas (tal como
ocurre ante una tormenta,
el cielo
callado, las nubes tranquilas,
los vientos
en calma, y toda la tierra
muda cual la
muerte), de pronto el trueno
estremece el
aire; así, tras la pausa,
se excita
otra vez la venganza de Pirro;
y nunca
golpeó el martillo de un cíclope
con menos
piedad la armadura de Marte,
de forja
perpetua, que ahora golpea
a Príamo el
arma sangrienta de Pirro.
¡Atrás,
ramera Fortuna! ¡Oíd, dioses!
¡En santo
concilio quitadle su fuerza,
rompedle a su
rueda los radios y pinas,
haciendo que
el cubo ruede desde el cielo
y caiga en el
tártaro!»
POLONIO
Demasiado
largo.
HAMLET
Irá al
barbero, junto con tu barba. - Sigue, te lo ruego. Éste sólo quiere mojigangas
o
cuentos
verdes; si no, se duerme. Sigue. Llega a lo de Hécuba.
ACTOR 1.0
«Mas quien a
la reina viese en su arrebozo ... »
HAMLET
¿«Arrebozo»?
POLONIO
Está bien;
«arrebozo» está bien.
ACTOR 1.0
«...
corriendo descalza, un río de lágrimas
conminando al
fuego; paño y no corona
sobre la
cabeza; vestido su cuerpo,
flaco y
extenuado de tanto engendrar,
con manta
cogida en la prisa del miedo...
Quien todo
esto viese, con voz venenosa
contra el
poder de Fortuna se alzaría.
Hubiéranla
visto entonces los dioses,
cuando ella
vio a Pirro en cruel pasatiempo
cortando a su
esposo en tristes pedazos,
a no ser que
lo mortal no los conmueva,
el mero
estallido de pena y dolor
habría hecho
llorar a los ojos del cielo
y sufrir a
los dioses».
POLONIO
Mirad: se le
altera el semblante y le brotan las lágrimas. - No sigas, te lo ruego.
HAMLET
Ya basta.
Pronto declamarás el resto. - Mi buen señor, ¿queréis cuidaros de hospedar
bien a los
actores? Oídme: que sean bien tratados, pues son el compendio y la
crónica del
mundo. Más os vale un mal epitafio a vuestra muerte que sufrir en vida
su censura.
POLONIO
Señor, los
trataré como se merecen.
HAMLET
¡Cuerpo de
Dios, mucho mejor! Tratad a cada uno como se merece y, ¿quién escapa
al látigo?
Tratadlos según vuestro honor y dignidad: cuanto menos merezcan, más
mérito tendrá
vuestra largueza. Acompañadlos.
POLONIO
Venid,
señores.
Sale con
[todos] los ACTORES [menos
el primero].
HAMLET
Seguidle,
amigos. Mañana habrá función. - Oye, amigo, ¿podéis representar «El
asesinato de
Gonzago»?
ACTOR 1.0
Sí, mi señor.
HAMLET
Será para
mañana noche. Si es preciso, ¿podrías aprenderte de memoria un
fragmento de
doce a dieciséis versos que yo puedo escribir e intercalar?
ACTOR 1.0
Sí, mi señor.
HAMLET
Muy bien.
Sigue al caballero y no te burles de él.
[Sale el ACTOR I.0]
Mis buenos
amigos, hasta la noche. Sed bienvenidos a Elsenor.
ROSENCRANTZ [despidiéndose]
Mi señor...
Salen ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.
HAMLET
Quedad con
Dios. - Ahora ya estoy solo.
¡Ah, qué
innoble soy, qué mísero canalla!
¿No afea mi
conducta el que este actor,
en su fábula,
fingiendo sentimiento,
acomode su
alma a una imagen
al punto que
su rostro palidezca,
le broten
lágrimas, el semblante se le mude,
la voz se le
entrecorte, y que aplique todo el cuerpo
a la
expresión de su imagen? Y todo por nada.
¿Por Hécuba?
¿Quién es
Hécuba para él, o él para Hécuba,
que le hace
llorar? ¿Qué haría si tuviese
el motivo y
la llamada al sentimiento
que yo tengo?
Ahogar el teatro con sus lagrimas,
atronar con
su clamor los oídos del público,
enloquecer al
culpable y aterrar al inocente,
pasmar al
ignorante y suspender
los sentidos
de la vista y el oído. Mas yo,
vil
desganado, me arrastro en la apatía
como un
soñador, impasible ante mi causa
y sin decir
palabra; no, ni por un rey
cuya vida, su
bien más preciado,
fue ruinmente
aniquilada. ¿Soy un cobarde?
¿Quién me
llama infame, me da en la cabeza,
me arranca la
barba y me la sopla a la cara,
me tira de la
nariz, me acusa de embustero
en cuerpo y
alma? ¿Quién?
¡Voto a ... !
Lo sufriría. Pues seguro
que soy dulce
cual paloma y no tengo la hiel
que encona
los agravios, que, si no,
ya habría
cebado a los milanos del cielo
con la
asadura de este ruin. ¡Canalla inhumano
rijoso,
sensual, desleal, desnaturalizado!
¡Oh,
venganza!
¡Ah, qué
torpe soy! Sí. ¡Buen lucimiento!
Yo, hijo de un
padre querido al que asesinan,
movido a la
venganza por cielo e infierno,
como una puta
me desfogo con palabras
y me pongo a
maldecir como una golfa
o vil
fregona. ¡Ah, qué vergüenza!
Actúa,
cerebro. He oído decir
que unos
culpables que asistían al teatro
se han
impresionado a tal extremo
con el arte
de la escena que al instante
han confesado
sus delitos; pues el crimen,
aunque es
mudo, al final habla
con lengua
milagrosa. Haré que estos actores
reciten algo
como el crimen de mi padre
en presencia
de mi tío. Observaré sus gestos,
le hurgaré la
herida. Al menor sobresalto
ya sé qué
hacer. El espíritu que he visto
quizá sea el
demonio, cuyo poder le permite
adoptar una
forma atrayente; sí, y tal vez
por mi
debilidad y melancolía,
pues es
poderoso con tales estados,
me engaña
para condenarme. Quiero pruebas
concluyentes:
el teatro es la red
que atrapará
la conciencia de este rey.
Sale.
III.I Entran
el REY,
GUILDENSTERN.
REY
¿Y a través
de circunloquios no podéis
averiguar por
qué afecta ese trastorno
y se crispa
el sosiego a tal extremo
con su
demencia destemplada y peligrosa?
ROSENCRANTZ
Reconoce que
se siente perturbado,
mas no hay
modo de que diga por qué causa.
GUILDENSTERN
Ni parece que
se deje sondear:
cuando queremos
llevarle a que revele
su estado
verdadero, rehúye la ocasión
con su locura
fingida.
REINA
¿Os acogió
bien?
ROSENCRANTZ
Como todo un
caballero.
GUILDENSTERN
Y, sin
embargo, muy forzado.
ROSENCRANTZ
Se resistía a
conversar, mas respondió a nuestras preguntas sin reservas.
REINA
¿Le
animasteis con alguna distracción?
ROSENCRANTZ
Señora,
sucedió que, de camino,
dejamos atrás
a unos actores. Le hablamos de ellos
y, por lo
visto, se alegró con la noticia.
Ahora ya se
encuentran en la corte
y creo que
tienen el encargo
de actuar
esta noche en su presencia.
POLONIO
Muy cierto, y
me ha rogado
que suplique
a Vuestras Majestades
que asistáis
a la función.
REY
Con toda el
alma, y me complace sumamente
que esté con
ese ánimo. - Caballeros,
alentadle un
poco más y seguid
llevándole
hacia estas diversiones.
ROSENCRANTZ
Sí, Majestad.
Salen ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.
REY
Querida
Gertrudis, déjanos tú también,
pues hemos
planeado que venga aquí Hamlet
para que
pueda encontrarse con Ofelia
como por
azar.
Su padre y yo
mismo, legítimos espías,
haremos de
tal modo que, viendo sin ser vistos,
podamos
juzgar el encuentro con certeza
y deducir de
su conducta
si lo que
tanto le aqueja es realmente
una afección
amorosa.
REINA
Te obedezco.
-En cuanto a
ti, Ofelia, me alegraría
que la causa
de la insania de Hamlet
fueran tus
encantos, como espero
que, por el
bien de los dos, tus virtudes
le devuelvan
al camino acostumbrado.
OFELIA
Así lo
espero, señora.
[Sale
POLONIO
Ofelia, pasea
por aquí. - Majestad, si os place,
vamos a
ocultarnos. - Tú lee este libro:
tal muestra
de recogimiento explicará
tu soledad. -
En esto no obramos bien:
como prueba
la experienc ia, con el rostro devoto
y el acto
piadoso hacemos atrayente
al propio
diablo.
REY [aparte]
¡Gran verdad!
¡Qué duro
latigazo a mi conciencia!
La cara de
una golfa, repintada de color,
no es más fea
con el afeite que se aplica
que mis actos
con mis falsas palabras.
¡Ah, qué
pesada carga!
POLONIO
Ya viene;
retirémonos, señor.
Salen [el REY y POLONIO].
Entra HAMLET.
HAMLET
Ser o no ser,
esa es la cuestión:
si es más
noble para el alma soportar
las flechas y
pedradas de la áspera Fortuna
o armarse
contra un mar de adversidades
y darles fin
en el encuentro. Morir: dormir,
nada más. Y
si durmiendo terminaran
las angustias
y los mil ataques naturales
herencia de
la carne, sería una conclusión
seriamente
deseable. Morir, dormir:
dormir, tal
vez soñar. Sí, ese es el estorbo;
pues qué
podríamos soñar en nuestro sueño eterno
ya libres del
agobio terrenal,
es una
consideración que frena el juicio
y da tan
larga vida a la desgracia. Pues, ¿quién
soportaría
los azotes e injurias de este mundo,
el desmán del
tirano, la afrenta del soberbio,
las penas del
amor menospreciado,
la tardanza
de la ley, la arrogancia del cargo,
los insultos
que sufre la paciencia,
pudiendo
cerrar cuentas uno mismo
con un simple
puñal? ¿Quién lleva esas cargas,
gimiendo y
sudando bajo el peso de esta vida,
si no es
porque el temor al más allá,
la tierra
inexplorada de cuyas fronteras
ningún
viajero vuelve, detiene los sentidos
y nos hace
soportar los males que tenemos
antes que
huir hacia otros que ignoramos?
La conciencia
nos vuelve unos cobardes,
el color
natural de nuestro ánimo
se mustia con
el pálido matiz del pensamiento,
y empresas de
gran peso y entidad
por tal
motivo se desvían de su curso
y ya no son
acción. - Pero, alto:
la bella
Ofelia. Hermosa, en tus plegarias
recuerda mis
pecados.
OFELIA
Mi señor,
¿cómo ha estado Vuestra Alteza
todos estos
días?
HAMLET
Con humildad
os lo agradezco: bien, bien, bien.
OFELIA
Señor, aquí
tengo recuerdos que me disteis
y que hace
tiempo pensaba devolveros.
Os lo
suplico, tomadlos.
HAMLET
No, no. Yo
nunca os di nada.
OFELIA
Mi señor,
sabéis muy bien que sí,
y con ellos
palabras de aliento tan dulce
que les daban
más valor. Perdida su fragancia,
tomad
vuestros presentes: para el ánimo noble,
cuando olvida
el donante se empobrecen sus dones.
Tomad, señor.
HAMLET
¡Ajá! ¿Eres
honesta?
OFELIA
¡Señor!
HAMLET
¿Eres bella?
OFELIA
¿Qué queréis
decir?
HAMLET
Que si eres
honesta y bella, tu honestidad no debe permitir el trato con tu belleza.
OFELIA
¿Puede haber
mejor comercio, señor, que el de honestidad y belleza?
HAMLET
Pues sí,
porque la belleza puede transformar la honestidad en alcahueta antes que la
honestidad
vuelva honesta a la belleza. Antiguamente esto era un absurdo, pero
ahora los
tiempos lo confirman. Antes te amaba.
OFELIA
Señor, me lo
hicisteis creer.
HAMLET
No debías
haberme creído, pues la virtud no se puede injertar en nuestro viejo tronco
sin que quede
algún resabio. Así que no te amaba.
OFELIA
Más me
engañé.
HAMLET
¡Vete a un
convento! ¿Es que quieres criar pecadores? Yo soy bastante decente, pero
puedo
acusarme de cosas tales que más valdría que mi madre no me hubiese
engendrado.
Soy muy orgulloso, vengador, ambicioso, con más disposición para
hacer daño
que ideas para concebirlo, imaginación para plasmarlo o tiempo para
cumplirlo.
¿Por qué gente como yo ha de arrastrarse entre la tierra y el cielo? Todos
somos unos
miserables: no nos creas a ninguno. Venga, vete a un convento. ¿Dónde
está tu
padre?.
OFELIA
En casa,
señor.
HAMLET
Cerrad bien
las puertas, que sólo haga el bobo allí dentro. Adiós.
OFELIA
¡El cielo le
asista!
HAMLET
Si te casas,
sea mi dote esta maldición: serás más casta que el hielo y más pura que la
nieve, y no
podrás evitar la calumnia. Vete a un convento, anda, adiós. O si es que
has de
casarte, cásate con un tonto, pues el listo sabe bien los cuernos que ponéis, A
un convento,
vamos, deprisa. Adiós.
OFELIA
¡Santos del
cielo, curadle!
HAMLET
Sé muy bien lo
de vuestros afeites. Dios os da una cara y vosotras os hacéis otra.
Andáis a
saltitos o pausado, gangueando bautizáis todo lo creado, y hacéis pasar por
inocencia
vuestros dengues. Muy bien, se acabó; me ha vuelto loco. Ya no habrá más
matrimonios.
De los que ya están casados vivirán todos menos uno. Los demás, que
sigan como
están. ¡A un convento, vamos!
Sale.
OFELIA
¡Ah, qué
noble inteligencia destruida!
Del
cortesano, él sabio y el soldado,
el ojo, la
lengua, la espada. Esperanza y flor
de nuestro
reino, espejo de elegancia
y modelo de
conducta, blanco de observantes,
y ahora
destrozado. Y yo, la mujer más abatida,
que gozó de
la miel de sus promesas,
veo ese noble
y soberano entendimiento
destemplado
cual campanas que disuenan,
esa estampa
sin par de perfecta juventud
perdida en el
delirio. ¡Pobre de mí!
Tener que ver
esto, y no lo que vi.
Entran el REY y POLONIO.
REY
¿Amor? No,
por ahí no se encamina
y, aunque
fuera algo confuso, lo que ha dicho
no es indicio
de locura. Algo lleva en el alma
que su melancolía
está incubando
y temo que al
romperse el cascarón
habrá
peligro. Para evitarlo,
como medida
inmediata he decidido
que parta sin
demora hacia Inglaterra
a reclamar el
tributo que nos debe.
Quizá la
travesía, el cambio de país
y de
escenario consigan arrancarle
de su pecho
la inquietud tan arraigada,
que no deja
reposo a su cerebro
y le saca de
sí mismo. ¿Qué os parece?
POLONIO
Le hará bien.
Aunque yo sigo creyendo
que la causa
y fundamento de su mal
es amor
desestimado. - ¿Qué hay, Ofelia?
No nos cuentes
lo del Príncipe Hamlet:
lo hemos oído
todo. - Señor, obrad como gustéis,
mas, si os
parece, después de la función,
permitid que
su madre la reina le inste a solas
a que revele
sus penas. Que sea clara con él.
Yo, con
vuestra venia, pondré mi oído
al alcance de
su plática. Si nada descubre,
mandadle a
Inglaterra o recluidle
donde
juzguéis conveniente.
REY
Vigiladle.
La locura de
un grande no debe descuidarse.
Salen.
III.ii Entran
HAMLET y dos o tres ACTORES.
HAMLET
Te lo ruego,
di el fragmento como te lo he recitado, con soltura de lengua. Mas si
voceas, como
hacen tantos cómicos, me dará igual que mis versos los diga el prego -
nero. Y no
cortes mucho el aire con la mano, así; hazlo todo con mesura, pues en un
torrente,
tempestad y, por así decir, torbellino de emoción has de adquirir la sobriedad
que le pueda
dar fluidez. Me exaspera ver cómo un escandaloso con peluca
desgarra y
hace trizas la emoción de un recitado atronando los oídos del vulgo, que,
en su mayor
parte, sólo aprecia el ruido y las pantomimas mas absurdas. Haría azotar
a ése por
inflar a Termagante: eso es más herodista que Herodes. Te lo ruego,
evítalo.
ACTOR 1.0
Esté segura
Vuestra Alteza.
HAMLET
Tampoco seas
muy tibio: tú deja que te guíe la prudencia. Amolda el gesto a la
palabra y la
palabra al gesto, cuidando sobre todo de no exceder la naturalidad, pues
lo que se
exagera se opone al fin de la actuación, cuyo objeto ha sido y sigue siendo
poner un
espejo ante la vida: mostrar la faz de la virtud, el semblante del vicio y la
forma y carácter
de toda época y momento. Si esto se agiganta o no se alcanza,
aunque haga
reír al profano, disgustará al juicioso, cuya sola opinión debéis valorar
mucho más que
un teatro lleno de ignorantes. No quiero ser irreverente, pero he visto
actores (elogiados
por otros en extremo) que, no teniendo acento de cristiano, ni
andares de
cristiano, pagano u hombre alguno, se contonean y braman; de tal modo
que parece
que los hombres fuesen obra de aprendices de
vilmente que
imitan a la humanidad.
ACTOR 1.0
Señor, espero
que eso lo tengamos bastante dominado.
HAMLET
Dominadlo del
todo. Y que el gracioso no se salga de su texto, pues los hay que se
ríen para
hacer reír a un grupo de pasmados, aunque sea en algún momento crítico
del drama. Eso
es infame, y demuestra una ambición muy lamentable en el gracioso.
Anda,
preparaos.
Salen los ACTORES.
Entran POLONIO, ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.
¿Qué hay,
señor? ¿Va a asistir el rey a la función?
POLONIO
Con la reina,
y en seguida.
HAMLET
Apremiad a
los actores.
Sale POLONIO.
¿Queréis
ayudarle a darles prisa?
ROSENCRANTZ y
GUILDENSTERN
Sí, Alteza.
Salen.
Entra HORACIO.
HAMLET
¡Eh, Horacio!
HORACIO
Aquí estoy,
mi señor, a vuestras órdenes.
HAMLET
Horacio, eres
el más ponderado de cuantos hombres haya conocido.
HORACIO
Querido
señor...
HAMLET
No, no
pienses que te adulo.
¿Qué ventaja
podría yo esperar de ti,
que no tienes
más renta para comer y vestirte
que tus
propias cualidades? ¿A qué adular al pobre?
No, que la
lengua melosa endulce vanidades
y se doblen
las solícitas rodillas
si el halago
rinde beneficio. Escucha.
Desde que mi
persona aprendió a escoger
y supo
distinguir, su elección
recayó en ti.
Tú has sido como aquel
que,
sufriéndolo todo, nada sufre;
un hombre
que, sereno, recibe por igual
reveses y
favores de Fortuna. Dichoso
el que
armoniza pasión y buen sentido
y no es
flauta al servicio de Fortuna
por sonar
como le plazca. Dame un hombre
que no sea
esclavo de emociones, y le llevaré
en mi
corazón; sí, en el corazón del corazón,
como yo a ti.
Pero ya basta.
Esta noche
actúan ante el rey.
Las
circunstancias de una escena se aproximan
a las que ya
te dije de la muerte de mi padre.
Te lo ruego,
cuando presenten el hecho
observa a mi
tío con la máxima atención
que te dé el
alma. Si durante un fragmento
no sale a la
luz su escondida culpa,
el espectro
que hemos visto está maldito
y mis
figuraciones son inmundas
cual la
fragua de Vulcano. Fíjate en él;
yo pienso
clavarle mis ojos en su cara.
Después
uniremos pareceres
cuando
juzguemos su reacción.
HORACIO
Sí, Alteza.
Si durante la comedia
hurta algo a
mi atención y se me escapa,
yo pagaré el
robo.
HAMLET
Ya vienen a
la función. Me haré el loco.
Búscate un
sitio.
Marcha
danesa. Toque de clarines. Entran el REY,
POLONIO,
OFELIA, ROSENCRANTZ, GUILDENSTERN y NOBLES
del
séquito, con
REY
¿Cómo lo pasa
mi sobrino Hamlet?
HAMLET
Pues muy
bien; con el yantar camaleónico: vivo del aire, relleno de promesas. Ni el
capón se ceba
así.
REY
¡No entiendo
tus palabras, Hamlet. A mí no me responden.
HAMLET
Ni a mí
tampoco. [A POLONIO] Señor, actuasteis una vez en la universidad, ¿no es
así?
POLONIO
Sí, Alteza, y
me tenían por buen actor.
HAMLET
¿Y qué papel
representasteis?
POLONIO
El de Julio
César. Me mataron en el Capitolio. Me mató Bruto.
HAMLET
Bruto capital
tenía que ser para matar a ese cabestro.
- ¿Están
listos los cómicos?
ROSENCRANTZ
Sí, Alteza.
Esperan vuestra orden.
REINA
Mi buen
Hamlet, ven; siéntate a mi lado.
HAMLET
No, buena
madre; aquí hay un imán más atrayente.
POLONIO [al
REY]
¡Vaya!
¿Habéis oído?
HAMLET
Señora,
¿puedo echarme en vuestra falda?
OFELIA
No, mi señor.
HAMLET
Quiero decir
apoyando la cabeza.
OFELIA
Sí, mi señor.
HAMLET
¿Creéis que
pensaba en el asunto?
OFELIA
No creo nada,
señor.
HAMLET
No está mal
lo de echarse entre las piernas de una dama.
OFELIA
¿Cómo, señor?
HAMLET
Nada.
OFELIA
Estáis
alegre, señor.
HAMLET
¿Quién, yo?
OFELIA
Sí, Alteza.
HAMLET
¡Vaya por
Dios! ¡Vuestro autor de mojigangas! Pero, ¿qué puede hacer uno sino
estar alegre?
Mirad lo contenta que está mi madre, y mi padre murió hace menos de
dos horas.
OFELIA
No, hace dos
veces dos meses.
HAMLET
¿Tanto?
Entonces al diablo estas ropas, que mi luto será fastuoso. ¡Por Dios! ¡Muerto
hace dos
meses y aún no olvidado! Entonces hay esperanza de que el recuerdo de un
gran hombre
le sobreviva seis meses. ¡Por
soportar el
olvido, igual que el caballito, cuyo epitafio reza: «¡Qué pecado! Al
caballito
olvidaron.»
Suenan
oboes. Se inicia la pantomima.
Entran un
rey y una reina, abrazándose con gran ternura. La reina se
arrodilla
y con gestos le asegura su amor. El rey la levanta, le pone la
cabeza
sobre el hombro y se tiende sobre un lecho de flores. Ella, al verle
dormido,
se aleja. Pronto entra un hombre, que le quita la corona, la
besa,
vierte veneno en los oídos del rey y sale. Vuelve la reina, le ve
muerto y
hace gestos de dolor. El envenenador, con dos o tres comparsas,
vuelve a
entrar y da muestras de condolencia. Se llevan el cadáver. El
envenenador
corteja a la reina con regalos. Al principio, ella parece
reacia y
opuesta, pero alfinal acepta su amor.
Salen.
OFELIA
¿Qué
significa eso, señor?
HAMLET
Es un
malhecho al acecho, que quiere decir desastre.
OFELIA
Tal vez la
pantomima exprese el argumento de la obra.
Entra el FARAUTE.
HAMLET
Éste nos lo
dirá. Los cómicos no saben guardar secretos; lo cuentan todo.
OFELIA
¿Explicará lo
que hemos visto?
HAMLET
Eso o lo que
queráis enseñarle. Si no os da reparo que mire, a él tampoco le dará
deciros qué
significa.
OFELIA
¡Qué malo,
qué malo sois! Voy a seguir la obra.
FARAUTE
Al presentar
la tragedia
rogamos
vuestra clemencia
y vuestra
atenta paciencia.
[Sale.]
HAMLET
¿Qué es esto,
un prólogo o un lema de sortija?
OFELIA
Ha sido
breve, señor.
HAMLET
Como amor de
mujer.
Entran [dos ACTORES], REY y REINA.
ACTOR REY
El carro de
Febo ya dio treinta vueltas
al mar de
Neptuno y al orbe de Gea,
y al mundo
han bañado treinta veces doce
lunas
rutilantes otras tantas noches
desde que
Himeneo y Amor nos juntaron
las manos y
almas en vínculo santo.
ACTOR REINA
Haya tantos
giros de luna y de sol
antes que se
pierda nuestro inmenso amor.
Mas, ¡pobre
de mí! Te veo tan doliente
y sin la
alegría que has gozado siempre,
que estoy
alarmada. Mas, aunque esté inquieta,
señor, tú no
debes sentir impaciencia,
pues ansia y
amor de mujer cambian juntos:
ambos en
exceso o nada ninguno.
Ya te he
demostrado cuán grande es mi amor,
y de esa
medida ahora es mi temor.
ACTOR REY
Muy pronto,
mi amor, habré de dejarte,
pues ya no
soy dueño de mis facultades.
Honrada y
amada, sola quedarás
en el bello
mundo; y esposo, quizá,
con igual
carifio...
ACTOR REINA
¡No sigas, no
sigas!
Traición a mi
alma tal amor sería.
Si tomo otro
esposo, él sea mi infierno,
pues quiere
un segundo quien mató al primero.
HAMLET
¡Ajenjo,
ajenjo!
ACTOR REINA
A otro
matrimonio nunca dan lugar
razones de
amor, mas de utilidad.
A mi esposo
muerto mataría otra vez
si en el
lecho a otro yo fuese a ceder.
ACTOR REY
No dudo que
sientas lo que ahora me dices,
mas muchos
designios no suelen cumplirse;
pues son los
esclavos de nuestra memoria:
fuertes
cuando nacen, mas su fuerza es corta.
Como el fruto
verde, se aferran al árbol;
cuando están
maduros, caen sin tocarlos.
Todos
olvidamos, y por conveniencia,
pagarnos
nosotros nuestras propias deudas.
Si nos
proponemos algo con pasión,
veremos que
muere pasado el ardor;
pues, cuando
es violenta, la pena o la dicha
en sus
propios actos se mata a sí misma.
Donde hay
grande dicha, la pena más daña:
la dicha y la
pena oscilan por nada.
El mundo es
fugaz, y extrañar no debe
que nuestro
amor mismo cambie con la suerte,
pues al
juicio nuestro queda la cuestión:
si amor guía
a fortuna o fortuna a amor.
Cuando el
grande cae, sus íntimos huyen;
no tendrá
enemigos el pobre que sube.
El amor, por
tanto, sirve a la fortuna,
y para el
pudiente amigos abundan;
pruebe a un
falso amigo quien sufra escasez
y un gran
enemigo pronto ha de tener.
Mas, para
acabar donde he comenzado,
deseo y
destino corren tan contrarios
que nuestros
designios siempre se deshacen:
la intención
es nuestra, mas no el desenlace.
Dices que no
piensas casarte con otro;
morirá tu
idea tras morir tu esposo.
ACTOR REINA
Ni frutos la
tierra, ni luz me dé el cielo,
ni solaz el
día, ni la noche el sueño.
¡Que todo
contrario que enturbie la dicha
destruya los
grandes deseos de mi vida!
¡Que aquí y
más allá me acose la angustia
si vuelvo a
casarme cuando yo sea viuda!
HAMLET
¡Como no lo
cumpla...!
ACTOR REY
Solemne
promesa. Y ahora déjame:
el sueño me
vence y deseo distraer
el tiempo
durmiendo.
Se duerme.
ACTOR REINA
Tu mente
descanse,
y que la
desgracia jamás nos separe.
Sale.
HAMLET
Señora, ¿qué
os parece la obra?
REINA
Creo que la
dama promete demasiado.
HAMLET
Mas cumplirá
su palabra.
REY
¿Conoces el
argumento? ¿No hay nada que ofenda?
HAMLET
No, no. Todo
es simulado, incluso el veneno. No hay nada que ofenda.
REY
¿Cómo se
llama la obra?
HAMLET
«La
ratonera.» ¿Que por qué? Es metafórico. La pieza representa un crimen
cometido en
Viena. El duque se llama Gonzago; su esposa, Baptista. Ya veréis. Una
canallada,
pero, ¿qué más da? A Vuestra Majestad y a los libres de culpa no no s toca.
El jamelgo,
que respingue, que nuestros lomos no pican.
Entra LUCIANO.
Este es un
tal Luciano, sobrino del rey.
OFELIA
Hacéis muy
bien de coro, Alteza.
HAMLET
Podría decir
el diálogo entre vos y vuestro amado si viera a los títeres en danza.
OFELIA
Estáis muy
mordaz, señor.
HAMLET
Quitarme el
hambre os costará un buen suspiro.
OFELIA
Cuanto mejor,
peor.
HAMLET
Así confundís
a los maridos. - Empieza, criminal. ¡Venga! Déjate de muecas y
empieza.
Vamos, que el cuervo ha graznado en son de venganza.
LUCIANO
Negros
pensamientos, poción, manos prestas,
sazón
favorable, nadie que lo vea;
ponzoña de
hierbas en sombras cogidas,
tres veces
por Hécate infecta y maldita,
tu natural
magia e influjo maléfico,
la salud y
vida róbenle al momento.
Le vierte
el veneno en el oído.
HAMLET
Le envenena
en el jardín para quitarle el reino. Se llama Gonzago . La historia se
conserva y
está escrita en espléndido italiano. Ahora veréis cómo el asesino se gana
el amor de la
esposa de Gonzago.
OFELIA
El rey se
levanta.
HAMLET
¡Cómo! ¿Le
asusta el fogueo?.
REINA
Mi señor,
¿qué os pasa?
POLONIO
¡Cese la
función!
REY
Traedme luz.
Vámonos.
NOBLES
¡Luces,
luces, luces!
Salen
todos menos HAMLET y
HORACIO.
HAMLET
Dejad que,
herido, llore el corzo
y brinque el
gamo ileso,
pues, si unos
duermen, velan otros
y el mundo
sigue entero.
Amigo, si la
suerte fuese a abandonarme, con esto, un penacho de plumas y dos
rosetas de
Provenza en mis zapatos calados, ¿verdad que entraría de socio en una
tropa de
actores?
HORACIO
Con media
participación.
HAMLET
No, una
entera.
Mi buen
Damón, ya te he contado
que el reino
fue muy pronto
de nuestro
Jove despojado
y ahora reina
un... mico.
HoRACIO
Así no hay
rima.
HAMLET
¡Ah, Horacio!
Mil libras a que el espectro no mintió.
¿Te has
fijado?
HORACIO
Perfectamente,
Alteza.
HAMLET
¿Al
mencionarse el veneno?
HORACIO
Le observé
muy bien.
Entran ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.
HAMLET
¡Ajá! ¡Vamos,
música! ¡Venga, las flautas!
Pues si al rey
no le gusta la función,
será que no
le gusta, y se acabó.
¡Vamos,
música!
GUILDENSTERN
Señor,
concededme un momento.
HAMLET
Todo un
siglo.
GUILDENSTERN
El rey...
HAMLET
Ah, sí, ¿qué
le pasa?
GUILDENSTERN
Está en sus
aposentos y alterado.
HAMLET
¿Por el vino?
GUILDENSTERN
No, Alteza,
de cólera.
HAMLET
Tenías que
haber sido más sensato y decírselo a su médico, pues, si de mí depende el
que se
purgue, quizá se agrave su cólera.
GUILDENSTERN
Mi señor,
poned en orden las palabras y no os apartéis tan bruscamente de mi asunto.
HAMLET
Estoy suave.
Declama.
GUILDENSTERN
Vuestra madre
la reina, con el ánimo angustiado, me envía a vos.
HAMLET
Sé
bienvenido.
GUILDENSTERN
No, Alteza;
esta clase de cumplido no es de buena ley. Si tenéis a bien darme una
respuesta
sana, cumpliré el encargo de vuestra madre. Si no, vuestro permiso y mi
vuelta
pondrán fin a este asunto.
HAMLET
No puedo.
GUILDENSTERN
¿No podéis
qué, señor?
HAMLET
Darte una
respuesta sana: mi cabeza está enferma. Pero, en fin, cuantas respuestas
pueda darte serán
tuyas o, como dices, más bien de mi madre. Conque basta y al
grano. Mi
madre, dices...
ROSENCRANTZ
Dice que
vuestra conducta la ha sumido en el pasmo y desconcierto.
HAMLET
¡Qué
maravilla de hijo, que tanto asombra a su madre! Pero, ¿qué cola trae la
materna
admiración?
ROSENCRANTZ
Antes que os
acostéis desea hablar con vos en su aposento.
HAMLET
Será
obedecida, así fuera diez veces mi madre. ¿Alguna otra cosa?
ROSENCRANTZ
Señor, antes
me apreciabais.
HAMLET
Y ahora
también, por mis manos pecadoras.
ROSENCRANTZ
Señor, ¿a qué
se debe vuestro mal? Os empeñáis en negaros vuestra propia libertad al
no confiar
vuestras penas a un amigo.
HAMLET
Señor, no
puedo medrar.
ROSENCRANTZ
¿Cómo es
posible, si tenéis el voto del rey para sucederle en Dinamarca?
HAMLET
Sí, pero,
entre tanto, «el que espera ... ». El refrán ya está pasado.
Entra uno
con una flauta.
¡Ah, la
flauta! A ver. - En confianza, ¿por qué dais tantas vueltas y me ahuyentáis
como si me
empujarais a una trampa?
GUILDENSTERN
Mi señor, si
mi lealtad es tan osada, mi afec to es descortés.
HAMLET
No entiendo
bien eso. ¿Quieres tocar esta flauta?
GUILDENSTERN
Señor, no sé.
HAMLET
Te lo ruego.
GUILDENSTERN
Creedme, no
sé.
HAMLET
Te lo
suplico.
GUILDENSTERN
Señor, no sé
tocarla.
HAMLET
Tan fácil es
como mentir. Tapa estos agujeros con los dedos y el pulgar, dale aliento
con la boca y
emitirá una música muy elocuente. Mira, estos son los agujeros.
GUILDENSTERN
Pero no sabré
sacarles ninguna melodía. Me falta el arte.
HAMLET
Vaya, mira en
qué poco me tienes. Quieres hacerme sonar, parece que conoces mis
registros,
quieres arrancarme el corazón de mi secreto, quieres tantearme en toda la
extensión de
mi voz; y, habiendo tanta música y tan buen sonido en este corto
instrumento,
no sabes hacerle hablar. ¡Voto a ... ! ¿Crees que yo soy más fácil de
tocar que
esta flauta? Ponedme el nombre de cualquier instrumento; aunque me
destempléis,
no soltaré nota.
Entra POLONIO.
Dios os
guarde, señor.
POLONIO
Señor, la
reina quiere hablar con vos en seguida.
HAMLET
¿Veis esa nube
que tanto se parece a un camello?
POLONIO
Por Dios que
es igual que un camello.
HAMLET
Parece una
comadreja.
POLONIO
El lomo es de
comadreja.
HAMLET
¿No parece
una ballena?
POLONIO
Igual que una
ballena.
HAMLET
Entonces iré
pronto con mi madre. - [Aparte] Me agotan e l histrionismo. - Iré
pronto.
POLONIO
Se lo diré.
Sale.
HAMLET
«Pronto» se
dice pronto. - Y ahora, dejadme, amigos.
[Salen
todos menos HAMLET.1
Ya es la hora
embrujada de la noche
en que se
abren los sepulcros y el infierno
exhala al
mundo su infección. Ahora bebería
sangre
caliente y cometería atrocidades
que, al
verlas, el día se estremeciera.
Ya basta.
Ahora, con mi madre. No te corrompas,
corazón. Que
el alma de Nerón no invada mi ánimo
Pierda yo
bondad, mas no sentimiento.
Le diré venablos,
pero sin herirla.
Haya
hipocresía entre mi alma y mi lengua.
Aunque la
repruebe con duras palabras,
ponerlas por
obra no quiera mi alma.
Sale.
III.iii Entran
el REY, ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.
REY
No me gusta
su actitud, ni conviene
a mi
seguridad dejar tan libre su locura.
Así que
preparaos: os expido el nombramiento
y él parte a
Inglaterra con vosotros.
Mi condición
no puede tolerar
un peligro
tan cercano como el que engendra
de hora en
hora su delirio.
GUILDENSTERN
Estaremos
aprestados.
Es un desvelo
sagrado y piadoso
proteger al
sinnúmero de súbditos
que viven y
se nutren de Vuestra Majestad.
ROSENCRANTZ
La vida
personal está obligada
a preservarse
de los daños con la fuerza
y las armas
de la mente; con más razón
un espíritu
de cuyo bienestar
dependen
tantas vidas. Cuando muere un rey
no muere
solo, sino que, cual remolino,
arrastra
cuanto le rodea. Es una rueda ingente,
colocada en
la cima del monte más alto,
en cuyos
radios enormes se entallan diez mil
piezas
menudas, de modo tal que, cuando cae,
todo
aditamento, todo apéndice acompaña
a su ruina
estrepitosa. Pues jamás
gimio un rey
sin lamento general.
REY
Preparaos
para la inminente travesía.
Le pondremos
cadenas al peligro
que se mueve
con tanta libertad.
ROSENCRANTZ y
GUILDENSTERN
Nos apresuraremos.
Salen.
Entra POLONIO.
POLONIO
Señor, se
dirige al aposento de su madre.
Yo me
esconderé tras los tapices
para oírlo.
Seguro que le riñe a fondo.
Y, como
dijisteis, y dijisteis sabiamente,
conviene que
alguien más que una madre,
pues ellas
son parciales por naturaleza,
escuche la
plática a escondidas. Adiós, Majestad.
Antes que os
acostéis, pasaré a veros
y contaros lo
que sepa.
REY
Gracias,
señor.
Sale POLONIO.
¡Ah, inmundo
es mi delito, su hedor llega hasta el cielo!
Lleva la
primera y primitiva maldición
el
fratricidio. Rezar no puedo.
Fuertes son
inclinación y voluntad,
pero más
fuerte es la culpa, y las derrota.
Como un
hombre enfrentado a un doble objeto,
dudo por cuál
he de empezar
y no emprendo
ninguno. ¿Y si esta mano maldita
se agrandara
con la sangre de un hermano,
no habría
lluvia en los cielos piadosos
para dejarla
más blanca que la nieve?
¿Para qué
sirve la gracia si no es para mirar
al pecado
cara a cara? ¿Y qué hay en la oración
sino el doble
poder de impedirnos obrar mal
o perdonarnos
si caemos?. Tendré ánimo.
El daño está
hecho, mas, ¿qué suerte de oración
me serviría?
¿«Perdona mi inmundo asesinato»?
Imposible,
pues aún gozo de los frutos
por los que
cometí el asesinato:
la corona, la
reina, mi ambición.
¿Nos pueden
perdonar sin quitarnos el provecho?
En la usanza
corrupta de este mundo
la mano
dadivosa del culpable
desplaza a la
justicia; y es sabido
que el propio
botín compra a la ley. Mas no en el cielo:
allí no hay
fraude, allí el acto muestra
su color
verdadero, y nos obligan,
habiendo de
hacer frente a nuestras faltas,
a declarar
contra nosotros. Entonces, ¿qué me resta?
Ver qué puede
el arrepentimiento. ¿Qué no podrá?
Mas, ¿qué
puede cuando uno ya no puede arrepentirse?
¡Mísero
estado! ¡Corazón más negro que la muerte!
¡Oh, alma atrapada,
que luchando por librarse
más se
enreda! ¡Amparadme, ángeles, queredlo!
Doblaos,
rígidas rodillas, y tú, pecho de acero,
sé tierno
como un recién nacido.
Tal vez sea
posible.
Se
arrodilla
Entra HAMLET.
HAMLET
Ahora es buen
momento, está rezando; voy a hacerlo ya.
[Desenvaina.]
Entonces sube
al cielo
y esa es mi
venganza. Esto hay que razonarlo.
Un ruin mata
a mi padre, y yo,
su único
hijo, por ello mando al cielo
a ese ruin.
Ah, esto es
paga y recompensa, no venganza.
Mató a mi
padre en la impureza, saciado,
en la flor de
sus culpas, en plena lozanía.
¿Quién sabe
cómo están sus cuentas, salvo el cielo?
Mas, según
nuestro saber y modo de pensar,
su caso es
grave. ¿Me habré vengado
matándole
mientras él purga su alma,
cuando está
preparado para el tránsito? No.
Adentro,
espada, y conoce sazón más horrorosa.
Cuando duerma
borracho o esté ardiente,
o en el lecho
del placer incestuoso,
blasfemando
en el juego o en un acto
que no tenga
señal de salvación,
entonces le
derribas; que dé coces al cielo
y su alma sea
más negra y más maldita
que el
infierno adonde va. Mi madre aguarda.
Tu rezo los
días enfermos te alarga.
Sale.
REY
Vuelan mis
palabras, queda el pensamiento.
Palabras
vacías no suben al cielo.
III.iv Entran
POLONIO
Viene en
seguida. Censuradle a fondo.
Decid que sus
excesos ya son insufribles
y que Vuestra
Majestad le ha protegido
de las iras.
No voy a hablar más.
Os lo ruego,
sed clara con él.
HAMLET [dentro]
¡Madre,
madre, madre!
REINA
Así lo haré.
Perded cuidado. Escondeos, que ya viene.
Entra HAMLET.
HAMLET
Y bien,
madre, ¿qué ocurre?
REINA
Hamlet, has
ofendido mucho a tu padre.
HAMLET
Madre, tú has
ofend ido mucho a mi padre.
REINA
Vamos, vamos,
replicas con lengua muy suelta.
HAMLET
Venga, venga,
preguntas con lengua perversa.
REINA
¿Qué es esto,
Hamlet?
HAMLET
¿Qué ocurre
ahora?
REINA
¿Olvidas
quién soy?
HAMLET
Por la cruz,
nada de eso. Eres la reina,
esposa del
hermano de tu esposo
y, ojalá no
lo fueras, pero eres mi madre.
REINA
Muy bien. Te
mandaré a quien sepa hablarte.
HAMLET
Vamos, vamos,
siéntate. Tú no te mueves
ni te vas
hasta que ponga frente a ti
un espejo que
te enseñe tus adentros.
REINA
¿Qué vas a
hacer? ¿No irás a matarme?
¡Ah, socorro,
socorro!
POLONIO [detrás
del tapiz]
¡Ah, socorro,
socorro, socorro!
HAMLET
¡Cómo! ¿Una
rata? ¡Por un ducado la mato!
Mata a POLONIO [atravesando el tapiz].
POLONIO
¡Ah, me han
matado!
REINA
¡Ay de mí!
¿Qué has hecho?
HAMLET
Pues no sé.
¿Es el rey?
REINA
¡Ah, qué
locura criminal es esta!
HAMLET
¿Criminal?
Casi tanto, buena madre,
como matar a
un rey y casarse con su hermano.
REINA -
¿Matar a un
rey?
HAMLET
Sí, señora,
eso he dicho. -
Y tú, bobo,
imprudente, entrometido, adiós.
Te creí tu
superior. Acepta tu suerte.
Pasarse de
curioso trae peligro. -
No te
retuerzas más las manos. Calma, siéntate;
yo seré quien
te retuerza el corazón
si está hecho
de materia permeable
y la ruin
costumbre no lo ha vuelto tan duro
que no pueda
expugnarlo el sentimiento.
REINA
¿Qué he hecho
yo para que me hables así
con lengua
tan ruidosa y ofensiva?
HAMLET
Una acción
tal que empaña
el cándido
rubor de la decencia,
llama
hipocresía a la virtud, quita
la rosa de la
frente al amor puro
dejándole un
estigma, vuelve los esponsales
tan falsos
como juramentos de tahúr.
Ah, tal
acción que del sagrado contrato
arranca el
alma, cambiando en palabrería
la santa
religión. El cielo enrojece
sobre esta
sólida esfera y, con triste semblante,
como si
aguardara el Día del Juicio,
está
angustiado por tu acción.
REINA
¡Ay de mí!
¿Qué acción,
que se
anuncia tronando y rugiendo?
HAMLET
Mira este
retrato, y ahora éste;
imágenes son
de dos hermanos.
Ve la
gallardía de este rostro,
los rizos de
Hiperión, la frente de Júpiter,
los ojos de
Marte, que ordenan o amenazan;
el porte de
Mercurio el mensajero
posándose en
una montaña sublime.
En verdad,
una alianza y una forma
en que los
dioses dejaron su sello
para
ratificar lo que es un hombre.
Él fue tu
marido. Mira lo que sigue.
Este es tu
marido, espiga podrida
que infecta a
su hermano. ¿Tienes ojos?
¿Dejaste de
pastar en tan hermoso monte
para cebarte
en este páramo? ¿Eh? ¿Tienes ojos?
No lo llames
amor, pues a tu edad
el ardor de
la sangre está amansado
y se somete
al juicio. ¿Y qué juicio
llevaría de
éste a éste? ¿Qué demonio
te ha
engañado a la gallina ciega?
¡Ah,
vergüenza! ¿Y tu rubor? Ardiente infierno,
si te
inflamas en cuerpo de matrona,
en la fogosa
juventud la castidad
sea como cera
y en su fuego se derrita.
No hables de
impudicia si se enciende
la indómita
pasión cuando el hielo también arde
y la razón
sirve al deseo.
REINA
¡Ah, Hamlet,
no sigas! Me vuelves
los ojos
hacia el fondo de mi alma,
y en ella veo
manchas negras y profundas
que no pueden
borrarse.
HAMLET
No, vivirán
en la náusea
y el sudor de una cama pringosa,
cociéndose en
el vicio y la inmundicia
entre
arrullos y ternezas.
REINA .
¡No sigas
hablando! Cual puñales
tus palabras
me traspasan los oídos.
¡Basta, buen
Hamlet!
HAMLET
Un asesino,
un infame;
un canalla
que no llega a los talones
del que fue
tu marido; un payaso de rey,
el ratero del
reino y el poder,
que robó la
corona del estante
para
echársela al bolsillo...
REINA
¡Basta!
HAMLET
Un rey de
parches y pingajos...
Entra el ESPECTRO en ropa de noche
¡Salvadme y
envolvedme en vuestras alas,
ángeles del
cielo! ¿Qué deseas, noble figura?
REINA
¡Ay, está
loco!
HAMLET
¿Vienes a
reñirle a tu hijo indolente
que, dejando
pasar tiempo y fervor,
no pone por
obra tu fiero mandato? ¡Habla!
ESPECTRO
No lo
olvides. Esta aparición
sólo quiere
aguzar tu embotado propósito.
Pero mira el
desconcierto de tu madre.
Interponte
entre ella y su alma en lucha.
La
imaginación de los más débiles
opera con más
fuerza. Háblale, Hamlet.
HAMLET
¿Cómo estás,
madre?
REINA
¡Ah! ¿Cómo
estás tú,
que clavas la
mirada en el vacío
y conversas
con el aire incorpóreo?
Por tus ojos
asoma tu ánimo agitado
y, como
guerreros despertados por la alarma,
tu liso
cabello se levanta cual si fuera
una
excrecencia viviente. ¡Ah, hijo mío!
Rocía el
fuego y ardor de tu mal
con la fría
quietud. ¿Qué es lo que miras?
HAMLET
¡A él, a él!
¡Mira qué semblante demacrado!
Si predicase
a las p iedras, su causa
y su figura
las ablandaría. - No me mires,
no sea que tu
acto compasivo
cambie mi
duro propósito. Mi objeto
perdería su
color: llanto en vez de sangre.
REINA
¿A quién le
dices eso?
HAMLET
¿No ves nada
ahí?
REINA
No, nada;
aunque veo todo lo que hay.
HAMLET
¿Ni has oído
nada?
REINA
No, sólo
nuestras voces.
HAMLET
¡Ah, mira!
¡Ve cómo se aleja!
¡Mi padre,
vestido como en vida!
¡Mira cómo
sale por la puerta!
Sale el ESPECTRO.
REINA
No es más que
un ensueño de tu mente.
El delirio es
muy hábil
en crear
apariciones.
HAMLET
¿Delirio?
Mi pulso late
acompasado como el tuyo
y da una
música tan sana. No es locura
lo que he
dicho. Ponme a prueba y yo
repetiré mis
palabras, de lo cual
huiría la
locura. Madre, por el cielo,
no pongas un
bálsamo a tu alma
que muestre
mi demencia y no tu culpa.
Será una fina
piel sobre la llaga,
mientras,
invisible, la inmunda podredumbre
por dentro
todo infecta. Confiésate al cielo,
llora el
pasado, evita tentaciones;
no quieras
abonar la mala hierba
y hacerla más
frondosa. Perdona mi virtud,
pero en estos
tiempos de molicie y saciedad
la virtud ha
de excusarse con el vicio
e implorar
que le deje socorrerle.
REINA
¡Ah, Hamlet!
Me has partido en dos el corazón.
HAMLET
Pues tira la
peor parte
y con la otra
mitad vive más pura.
Buenas
noches. No vayas al lecho de mi tío.
Aparenta
virtud, aunque no tengas.
Esta noche
abstente;
eso dará
mayor facilidad
a la próxima
abstinencia. Buenas noches otra vez.
Cuando
ruegues la divina bendición,
yo te pediré
la tuya. - En cuanto a este caballero,
lo siento de
veras. Pero el cielo ha querido,
haciéndome su
azote y su verdugo,
castigarme a
mí con él y a él conmigo.
Le sacaré de
aquí y responderé
de su muerte.
Una vez más, buenas noches.
Tengo que ser
cruel sólo por afecto.
Lo peor
vendrá; esto es el comienzo.
REINA
¿Qué puedo
hacer?
HAMLET
De ningún
modo lo que yo te diga:
dejar que el
fláccido rey te atraiga a su lecho,
te pellizque
la cara, te llame paloma
y que, por un
par de besos inmundos,
o sobándote
el cuello con sus dedos malditos,
consiga que
le aclares el enigma:
que, en
realidad, toda mi locura
es
fingimiento. Estaría bien decírselo.
¿Podría una
reina gentil, modosa, prudente,
ocultarle
cuestiones de tal entidad
a un sapo, un
murciélago, un morrongo?
¿Podría? No:
a despecho de juicio y reserva,
abre la jaula
en el tejado, deja volar
a los pájaros
y, como el célebre mono,
haz la prueba
metiéndote en la jaula
y estréllate
al caer.
REINA
Si el habla
es aliento, y el aliento, vida,
te aseguro
que vida no tendré
para contar
lo que has dicho.
HAMLET
He de ir a
Inglaterra. ¿Lo sabías?
REINA
¡Ah, lo había
olvidado! Está decidido.
HAMLET
Éste va a
adelantarme el viaje.
Le arrastraré
el pellejo a la otra estancia.
Madre, buenas
noches ya. Este dignatario,
que en vida
fue un torpe y servil palabrero,
ahora es un
sepulcro callado y secreto. –
Vamos, señor,
acabemos el asunto. –
Buenas
noches, madre.
Sale
arrastrando a POLONIO.
IV.i Entra
el REY.
REY
Algo hay en
tus suspiros y sollozos.
Tienes que
explicármelo. Es propio que lo sepa.
¿Dónde está
tu hijo?
REINA
¡Ay, esposo,
lo que he visto esta noche!
REY
¡Pobre
Gertrudis! ¿Cómo está Hamlet?
REINA
Más loco que
el viento y el mar cuando ambos
luchan a
porfía. En su paroxismo,
al ver que
algo se movía tras el tapiz,
desenvaina
gritando «¡Una rata, una rata!»
y en su
frenética ilusión ha matado
al pobre
anciano allí escondido.
REY
¡Ah, grave
acción!
De haber
estado allí, habría sido mi muerte.
Su libertad
es una amenaza:
para ti, para
mí, para todos.
¿Y cómo
defender tal acto de violencia?
Yo seré el
responsable: por previsión
tenía que
haber atado corto y recluido
al joven
demente. Mas tanto era mi afecto
que no quise
entender lo inexcusable
y, como el
que padece una inmunda dolencia,
por no
divulgarlo, he dejado
que corrompa
hasta el tuétano. ¿Adónde ha ido?
REINA
A llevarse el
cadáver de su víctima,
con quien su
demencia, como veta de oro
en una mina
de viles metales,
se muestra
pura y llora lo ocurrido.
REY
Ven,
Getrudis,
Antes de que
el sol toque la montaña
ya le habré
embarcado. A este acto vil
habré de
hacerle frente y excusarlo
con toda
majestad y diplomacia. - ¡Guildenstern!
Entran ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.
Amigos,
procuraos más ayuda.
En su
demencia, Hamlet ha matado a Polonio
y le ha
sacado a rastras del cuarto de su madre.
Buscadle,
habladle cortésmente y llevad
el cuerpo a
la capilla. Os lo ruego, daos prisa.
Salen ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.
Ven,
Gertrudis; reunamos a los sabios amigos
e
informémosles de esta desgracia
y de nuestras
decisiones. ¡Ven ya, vamos!
Mi alma está
llena de angustia y desánimo.
Salen.
IV.ii Entra
HAMLET.
HAMLET
A buen
recaudo.
ROSENCRANTZ y
GUILDENSTERN [dentro]
¡Hamlet!
¡Príncipe Hamlet!
HAMLET
¿Qué ruido es
ese? ¿Quién llama a Hamlet? ¡Ah, aquí están!
Entran ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.
ROSENCRANTZ
Señor, ¿qué
habéis hecho con el cadáver?
HAMLET
Mezclarlo con
el polvo, su pariente.
ROSENCRANTZ
Decidnos
dónde está, para sacarlo
y llevarlo a
la capilla.
HAMLET
Ni lo creáis.
ROSENCRANTZ
¿Creer qué?
HAMLET
Que puedo
guardar vuestro secreto y no el mío. Además, si me interroga una
esponja, ¿qué
respuesta puede dar el hijo de un rey?
ROSENCRANTZ
¿Me tomáis
por una esponja, señor?
HAMLET
Sí, que chupa
el favor del rey, sus recompensas, sus poderes. Al final, quien mejor
sirve al rey
sois vosotros; como un mono, él os guarda en un rincón de su mandibula:
primero os
saborea y luego os traga. Cuando necesite lo que hayas indagado, te
exprime y la
esponja vuelve a quedar seca.
ROSENCRANTZ
No os
entiendo, señor.
HAMLET
Me alegro.
Palabra punzante no entra en oído de necio.
ROSENCRANTZ
Señor, tenéis
que decirnos dónde está el cuerpo y venir con nosotros ante el rey.
HAMLET
El cuerpo
está con el rey, pero el rey no está con el cuerpo. El rey es una cosa.
GUILDENSTERN
Señor, ¿una
cosa?
HAMLET
Una cosa de
nada. Llevadme a él. ¡Que te pillo, escóndete!.
Salen.
IV.iii Entra
el REY.
REY
He mandado
buscarle y hallar el cadáver.
Es un peligro
dejar que siga libre.
Mas no
conviene que le caiga todo el peso
de la ley: le
quiere la confusa multitud,
que no ama
con el juicio, sino con los ojos,
y atiende al
sufrimiento del culpable,
no a la
culpa. Para evitar sobresaltos,
su marcha
repentina debe parecer
decisión bien
ponderada. Dolencias extremas
exigen
remedios extremos o jamas se curan.
Entra ROSENCRANTZ.
¿Qué hay?
¿Qué ha ocurrido?
ROSENCRANTZ
Señor, se
niega a decirnos
dónde ha
dejado el cadáver.
REY
¿Y él dónde
está?
ROSENCRANTZ
Fuera,
vigilado y esperando vuestra orden.
REY
Traedle a mi
presencia.
ROSENCRANTZ
¡Guildenstern!
Trae al príncipe.
Entran HAMLET, GUILDENSTERN [ y
acompañamiento].
REY
Bien, Hamlet,
¿dónde está Polonio?
HAMLET
De cena.
REY
¿De cena?
¿Dónde?
HAMLET
No donde
come, sino donde es comido: tiene encima una asamblea de gusanos
políticos. El
gusano es el gran emperador de la dieta. Nosotros engordamos engordando
animales, y
así estamos gordos para los gusanos. El rey gordo y el mendigo
flaco son dos
viandas posibles: dos platos, la misma mesa. Ahí se acaba.
REY
¿Qué quieres
decir con eso?
HAMLET
Nada, sólo
mostraros cómo un rey puede viajar por las tripas de un mendigo.
REY
¿Dónde está
Polonio?
HAMLET
En el cielo.
Mandad que le busquen. Si allí no le encuentra el mensajero, buscadle
vos mismo en
el otro sitio. Si no le encontráis de aquí a un mes, os llegará el olor al
subir a la
galería.
REY
¡Buscadle
allí!
HAMLET
Os estará
esperando.
[Salen
algunos del acompañamiento.]
REY
Hamlet, por
tu propia se guridad,
que tanta
inquietud me produce
como llanto
lo que has hecho, tu acción
exige tu
marcha inmediata. Prepárate,
La nave está
presta, el viento acompaña,
te aguarda la
escolta y todo está a punto
para ir a
Inglaterra.
HAMLET
¿Inglaterra?
REY
Si, Hamlet.
HAMLET
Bueno.
REY
Así lo verás
cuando sepas mi intención.
HAMLET
Veo un
querubín que ya la ha visto. - Bueno, vamos.
¡A
Inglaterra! Adiós, querida madre.
REY
Tu tierno
padre, Hamlet.
HAMLET
Madre. Padre
y madre son marido y mujer, marido y mujer son una carne, así que
madre. -
Vamos. ¡A Inglaterra!
Sale.
REY
Seguidle de
cerca; embarcadle sin demora.
No os
retraséis: le quiero fuera esta noche.
En marcha,
que, en lo que atañe a este asunto,
todo está
ultimado. Daos prisa.
Salen
todos menos el REY.
Inglaterra,
si mi afecto en algo tienes
(como tal vez
te aconseje nuestra fuerza,
pues la
cicatriz de nuestro acero danés
aún sigue
roja, y nos pagas tributo
de buen grado),
no puedes tratar con ligereza
mi real orden
que, en carta especial
y por
extenso, reclama encarecidamente
la muerte
inmediata de Hamlet. Hazlo, Inglaterra,
pues él, como
fiebre, me quema la sangre
y tú eres mi
cura. Mientras no esté hecho,
nada me traerá
dicha ni contento.
Sale.
IV.iv Entra
FORTINBRÁS con su ejército.
FORTINBRÁS
Capitán, al
rey danés presenta mis respetos.
Dile que,
según nos concedió, Fortinbrás
reclama la
escolta prometida
para cruzar
su reino. Sabes dónde nos reunimos.
Si Su Majestad
quiere algo de mí,
le expresaré
mi lealtad en su presencia.
Házselo
saber.
CAPITÁN
Así lo haré,
señor.
FORTINBRÁS
Marchad
seguros.
Salen.
IV.v Entran
REINA
No quiero
hablar con ella.
HORACIO
Insiste en
veros, desvaría. Su estado da pena.
REINA
¿Qué quiere?
HORACIO
Habla mucho
de su padre, de las trampas
de este
mundo; balbucea y se da
golpes de
pecho; se ofende por minucias;
habla sin
concierto. Lo que dice es absurdo,
mas lleva a
quien la oye a interpretar
su
incoherencia. Se hacen conjeturas;
amoldan a su
idea las palabras que juntan,
las cuales, a
juzgar por los gestos y los guiños,
darían pie a
sospechas que, aun siendo
infundadas,
serían maliciosas.
REINA
Habrá que
hablar con ella, no sea que siembre
dudas
peligrosas en mentes malévolas.
Hazla pasar.
[HORACIO se dirige a la puerta.]
[Aparte] En mi alma enferma, pues vive en pecado,
cualquier
nadería predice un gran daño.
La culpa no
sabe fingir su recelo
y al fin se
traiciona queriendo esconderlo.
Entra OFELIA tocando un laúd, con el pelo
suelto y cantando.
OFELIA
¿Dónde está
la hermosa majestad de Dinamarca?
REINA
¿Qué ocurre,
Ofelia?
OFELIA [canta]
¿Cómo
conoceré a tu amor
entre los
demás?
Con venera y
con bordón
y sandalias
va.
REINA
¡Ah, pobre
Ofelia! ¿A qué viene esa canción?
OFELIA
¿Decíais?
Atended, os lo ruego.
[Canta] Ya murió, señora, y se fue,
ya murió y se
fue:
césped a su
cabecera
y piedra a
sus pies.
REINA
Pero,
Ofelia...
OFELIA
Atended, os
lo ruego.
[Canta] Su mortaja, blanquísima...
Entra el REY.
REINA
¡Ah, mírala,
esposo!
OFELIA [canta]
... cubierta
de flor,
a la tumba
fue sin llevar
lágrimas de
amor.
REY
¿Cómo estás,
linda Ofelia?
OFELIA
Bien, Dios os
lo pague. Cuentan que la lechuza era la hija de un panadero. ¡Señor!
Sabemos lo
que somos, no lo que podemos ser. ¡Dios bendiga vuestra mesa!
REY
Fantasea
sobre su padre.
OFELIA
Os lo ruego,
no hablemos de esto. Cuando os pregunten qué significa, decid:
[Canta] «Mañana es el día de San Valentín,
temprano, al
amanecer,
y yo estaré
en tu balcón;
tu enamorada
seré.»
Entonces él
se levantó y vistió
y a la
doncella hizo entrar
que de su
alcoba doncella
ya nunca
saldría jamás.
REY
Linda
Ofelia...
OFELIA
Pues sí, y
sin blasfemar le pondré fin:
[Canta] ¡Jesús, caridad cristiana!
Vergüenza le
tiene que dar.
Si puede, un
joven te goza:
¡Su potra,
eso está mal!
«Juraste
antes de tumbarme
hacer de mí
tu mujer.»
«¡Y ya lo
serías si en mi cama
no te llegas
a meter!»
REY
¿Cuánto hace
que está así?
OFELIA
Espero que
todo irá bien. Hay que tener paciencia. Pero lloro sin remedio de pensar
que lo
enterraron en la fría tierra. Mi hermano ha de saberlo. Así que gracias por el
buen consejo.
¡Vamos, mi carruaje! Buenas noches, señoras, buenas noches, buenas
noches.
Sale.
REY
Síguela de
cerca. Vigílala bien, te lo ruego.
[Sale HORACIO.]
Ah, este es
el veneno de la honda tristeza;
todo viene de
la muerte de su padre. ¡Ah, Gertrudis!
Las penas
nunca vienen como espías de avanzada,
sino en
batallones. Primero, su padre muerto;
después, tu
hijo ausente, el más violento autor
de su propia
partida; el pueblo, enturbiado,
revuelto con
tantas sospechas y rumores
sobre la
muerte de Polonio (y fue una ingenuidad
enterrarle
bajo mano); la pobre Ofelia,
trastornada y
privada de razón,
sin la cual
todos somos pinturas o animales;
por último, y
peor que todo lo demás,
su hermano ha
regresado de Francia en secreto,
se nutre de
su asombro, vive en la penumbra
y no le
faltan chismosos que le infectan
los oídos con
infundios sobre la muerte de su padre.
En tal apuro,
y escaseando los hechos,
no dudarán en
acusar a mi persona
en sus
rumores. Querida Gertrudis,
todo esto,
cual disparos de metralla,
me da muerte
superflua en muchas partes.
Ruido
dentro. Entra un MENSAJERO.
REINA
¡Ah! ¿Qué
ruido es ese?
REY
¡Mi guardia
suiza! ¡Que defiendan la puerta!
¿Qué ocurre?
MENSAJERO
Salvaos,
señor.
El océano,
rebasando sus orillas,
no sumerge
los llanos con más ímpetu
que Laertes,
con sus amotinados, arrolla
a vuestra
guardia. La chusma le llama señor
y, cual si el
mundo fuese a empezar hoy
y no hubiera
costumbres ni pasado
(garantía y
sostén de las palabras),
gritan:
«¡Elijamos nosotros!. ¡Laertes será rey!»
Al cielo
vuelan gorros, aplausos y vítores:
«¡Laertes
será rey, Laertes rey!»
REINA
¡Qué alegres
ladran tras la pista falsa!
¡Rastreáis al
revés, perros daneses!
Ruido
dentro.
REY
¡Han roto las
puertas!
Entra LAERTES con sus SECUACES.
LAERTES
¿Dónde está
ese rey? - Quedaos todos fuera.
SECUACES
No, entremos.
LAERTES
Dejadme, os
lo ruego.
SECUACES
Muy bien,
señor.
LAERTES
Gracias.
Guardad la puerta.
[Salen loS SECUACES.]
¡Ah, vil rey!
¡Dadme a mi padre!
REINA
Quieto, buen
Laertes.
LAERTES
La gota de mi
sangre que esté quieta
me acusará de
bastardo, gritará «cornudo»
a mi padre y
pondrá el estigma de ramera
en la frente
casta y pura de mi madre.
REY
Laertes,
¿cuál es el motivo
de esta
rebelión tan gigantesca? –
Suéltale,
Gertrudis. No te inquiete mi persona.
Hay tal
divinidad guardando a un rey
que la
traición apenas si vislumbra su objetivo
y no llega a
actuar. - Laertes, dime
lo que tanto
te ha inflamado. - Suéltale, Gertrudis. –
Habla ya.
LAERTES
¿Dónde está
mi padre?
REY
Muerto.
REINA
Pero no a sus
manos.
REY
Que pregunte
a placer.
LAERTES
¿Cómo murió?
Nada de trampas.
¡Al infierno
la lealtad! ¡Al más negro diablo
juramentos!
¡Al más profundo abismo
la gracia y
la conciencia! No temo condenarme.
A tal punto
he llegado que no me importa nada
esta vida, la
otra, cualquier cosa:
tomaré plena
venganza por mi padre.
REY
¿Quién te
frenará?
LAERTES
Juro que ni
el mundo entero.
Y mis medios
voy a administrarlos
de modo que
lo poco rinda mucho.
REY
Buen Laertes,
si deseas conocer
la verdad de
la muerte de tu padre,
¿está escrito
en tu venganza que tu juego
barra de
montón a amigo y enemigo,
al que gane y
al que pierda?
LAERTES
Sólo a sus
enemigos.
REY
¿Quieres
conocerlos?
LAERTES
A sus amigos
les abro los brazos
y, como el
pelícano, generoso les daré
vida y
alimento con mi sangre.
REY
Ahora hablas
como un buen
hijo y todo un caballero.
Que soy
inocente de la muerte de tu padre
y la he
llorado con honda tristeza
entrará tan
de lleno en tu razón
como el día
en tus ojos.
Ruido
dentro.
VOCES [dentro]
¡Dejadla
pasar!
LAERTES
¿Eh? ¿Qué
ruido es ese?
Entra OFELIA como antes.
¡Fiebre,
sécame el cerebro! ¡Lágrimas amargas,
quemadme el
sentido y poder de mis ojos!
Juro que tu
demencia será pagada en peso
hasta que la
balanza se incline de mi lado.
¡Rosa de
mayo, querida doncella, hermana, Ofelia!
¡Dios! ¿Es
posible que un juicio tan tierno
sea tan
mortal como la vida de un anciano?
El amor nos
perfecciona, y nos hace
enviar una
valiosa parte nuestra
tras el ser
al que amamos.
OFELIA [canta]
Su ataúd
descubierto va,
ay, nony,
nony, no, nony, no,
y en la tumba
le lloran ya.
Adiós, mi
paloma.
LAERTES
Si estuvieras
en tu juicio y clamases venganza,
no
conmoverías tanto.
OFELIA
Vos cantad
«Do-re-dó», y vos «Do-re- fá». ¡Ah, qué bien le va el estribillo! El
pérfido
mayordomo raptó a la hija del amo.
LAERTES
Ese absurdo
dice mucho.
OFELIA
Esto es
romero, para recordar. Acuérdate, amor. Y esto pensamientos, para pensar.
LAERTES
La lección de
la locura: ajusta el pensamiento y el recuerdo.
OFELIA
Esto es
hinojo, para vos, y aguileña. Y esto ruda, para vos; y una poca para mí. Los
domingos la
llamamos hierba de la gracia. ¡Ah, vos llevad la ruda por otro motivo!
Esto es una
margarita. Os daría violetas, pero todas se mustiaron al morir mi padre;
dicen que
tuvo buena muerte.
[Canta] Pues Robin el guapo es mi ilusión.
LAERTES
Pesadumbre y
tristeza, dolor, el infierno,
ella los
convierte en dulzura y encanto.
OFELIA [canta]
¿Y ya nunca
volverá?
¿Y ya nunca
volverá?
No, no, no,
muerto está,
y tú muere
ya,
pues él jamás
volverá.
La barba,
níveo blancor,
el pelo,
rubio color;
Ya murió, ya
murio.
¿A qué más
dolor?
Acoja su alma
Dios. Y todas las almas cristianas, si Dios quiere. Adiós.
Sale.
LAERTES
¿Ves esto,
Dios?
REY
Laertes, debo
compartir tu pena;
no me niegues
mi derecho. Ahora sal
y escoge a
tus amigos más juiciosos
para que
oigan y arbitren entre tú y yo.
Si me creen
implicado, de manera
personal o
coligada, yo, en desagravio,
te daré mi
reino, mi vida, mi corona
y todo lo que
es mío. Mas, si no es así,
accede a
dispensarme tu paciencia
y obraré en
alianza con tu alma
por dejarte
satisfecho.
LAERTES
Conforme. El
modo
en que murió,
su oscuro entierro (sin emblema,
espada, ni
blasón sobre sus restos,
rito noble o
ceremonia funeral);
todo esto
clama tanto del cielo a la tierra
que exijo que
se indague.
REY
Así se hará;
y donde haya
crimen, el hacha caerá.
Te lo ruego,
ven conmigo.
Salen.
IV.vi Entra
HORACIO con un CRIADO.
HORACIO
¿Quiénes son
los que quieren hablarme?
CRIADOS
Marineros,
señor. Dicen que os traen una carta.
HORACIO
Que pasen.
[Sale el CRIADO.]
No sé quién
en todo el mundo
va a
escribirme, si no es el propio Hamlet.
Entran loS MARINEROS.
MARINERO 1.0
Dios os
guarde, señor.
HORACIO
Igualmente.
MARINERO 1.0
Él os oiga.
Señor, os traigo esta carta de parte del embajador que iba a Inglaterra, si,
como me han
hecho saber, vuestro nombre es Horacio.
HORACIO [lee]
«Horacio:
Cuando hayas leído esto, haz que estos hombres tengan acceso al rey.
Traen carta
para él. No llevábamos dos días en el mar cuando un barco pirata bien
armado nos
dio caza. Al ser lentas nuestras velas, hubimos de mostrarnos animosos,
y en el
choque lo abordé. Al instante se soltaron de nuestro barco, y yo quedé su solo
prisionero.
Me han tratado cual ladrones compasivos. Pero saben lo que hacen: tengo
que pagarles
el favor. Que el rey lea la carta que le mando, y reúnete conmigo tan
deprisa como
huirías de la muerte. Te diré algo al oído que, aunque sea muy leve
para el
calibre del hecho, te va a dejar sin habla. Estos buenos hombres te llevarán
donde estoy.
Rosencrantz y Guildenstern siguen con rumbo a Inglaterra. De ellos
tengo mucho
que contarte. Adiós.
Siempre tuyo,
Hamlet.»
Venid, daré
curso a vuestra carta
y, por
cierto, a toda prisa, pues habéis
de llevarme
al que os la dio.
Salen.
IV.vii Entran
el REY y LAERTES.
REY
Tu conciencia
debe ahora sancionar
mi
absolución, y tu pecho acogerme como amigo,
pues has
podido oír y comprobar
que el hombre
que mató a tu noble padre
atentaba
contra mí.
LAERTES
Es evidente.
M as decidme
por qué no
procedisteis contra hechos
tan graves y
tan ciertos de pena capital,
cuando a ello
tanto os obligaban
vuestra
seguridad, prudencia y más motivos.
REY
Por dos
razones especiales
que, aunque a
ti te parezcan harto endebles,
tienen fuerza
para mí. Su madre, la reina,
le idolatra
y, en lo que a mí respecta
(sea mi
suerte o mi desgracia, no sé cuál),
tal es mi
conjunción con ella en cuerpo y alma
que, cual
astro que sólo gira dentro de su esfera,
yo fuera de
ella no existo. La otra razón
para no haber
hecho cargos públicos
es el cariño
que las gentes le profesan:
un afecto
que, sumergiendo sus delitos,
cambiaría sus
culpas en virtudes
cual la
fuente que transmuta en piedra la madera.
Así, mis
flechas, de ingrávida vara
para viento
tan fuerte, habrían regresado
a mi arco sin
hacer diana.
LAERTES
Y yo me
encuentro sin mi noble padre
y a mi
hermana en condiciones angustiosas,
que, si
elogio lo que fue, desde una cumbre
podía haber
retado al mundo entero
a emular sus
perfecciones. Mas ya me vengaré.
REY
Por eso no
pierdas el sueño. No creas
que estoy
hecho de sustancia tan inerte
que dejo que
el peligro me tire de la barba
y lo tomo a
simple juego. Pronto has de oír más.
Yo quería a
tu padre, y me quiero a mí mismo,
y esto espero
que te enseñe a imaginar...
Entra un MENSAJERO.
¿Qué pasa?
¿Hay noticias?
MENSAJERO
Señor, cartas
de Hamlet.
Ésta para
Vuestra Majestad, ésta para la reina.
REY
¿De Hamlet?
¿Quién las ha traído?
MENSAJERO
Señor, dicen
que marineros. Yo no los vi.
Me las dio
Claudio; él las recibió.
REY
Laertes, tú
has de oírlo. -
Déjanos.
Sale el MENSAJERO.
[Lee] «Excelsa Majestad: Sabed que, despojado,
he puesto pie en vuestro reino.
Mañana he de
pediros licencia para presentarme ante vos y, con vuestra venia,
exponeros las
razones de mi pronto e insólito regreso.
Hamlet.»
¿Qué
significa esto? ¿Han vuelto los demás?
¿O es alguna
trampa y todo es falso?
LAERTES
¿Conocéis la
letra?
REY
Es la de
Hamlet. «Despojado.»
Y en posdata
dice «solo». ¿Te lo explicas?
LAERTES
Señor, no entiendo
nada. Pero que venga.
Alivia la
dolencia de mi pecho
pensar que
viviré para decirle a la cara:
«¡Así
mataste!»
REY
Laertes, en
tal caso (y parece extraño, pero cierto),
¿dejarás que
yo te guíe?
LAERTES
Sí, mientras
no me desviéis hacia la paz.
REY
Hacia tu paz.
Si ahora ha regresado
tras cortar
su travesía y no piensa
reemprenderla,
le induciré
a un
encuentro cuya trama está madura
y en el cual
sin remedio ha de caer.
Por su muerte
no habrá un hálito de culpa:
ni su madre
advertirá la maña
y la creerá
un accidente. Hace unos dos meses
estuvo aquí
un caballero normando.
Yo he visto a
los franceses, he luchado contra ellos,
y son
diestros a caballo, pero este valiente
tenía magia.
Clavado a la silla,
conseguía del
animal tales prodigios
cual si fuese
un solo cuerpo con la bestia
y de su
especie por mitad. Tanto rebasaba
mi inventiva
que yo, imaginando piruetas,
quedaba atrás
de las suyas.
LAERTES
¿Normando
decíais?
REY
Normando.
LAERTES
Seguro que
Lamord.
REY
El mismo.
LAERTES
Le conozco
bien. Es la gala y la gema de su tierra.
REY
Dio
testimonio de ti
y alabó de
tal modo tu destreza
en el arte y
ejercicio de la esgrima,
sobre todo tu
dominio del estoque,
que exclamó:
«¡Qué espectáculo sería
si él tuviera
un rival!» Este elogio
envenenó de
envidia a Hamlet, a tal punto
que no hacía
sino pedir y desear
tu rápido
regreso por luchar contra ti.
De todo
esto...
LAERTES
De todo esto,
¿qué, señor?
REY
Laertes, ¿no
querías a tu padre?
¿O eres como
imagen del dolor,
como un
rostro sin alma?
LAERTES
¿Por qué lo
preguntáis?
REY
No es que
crea que no querías a tu padre;
es que sé que
el amor está sujeto al tiempo
y veo, pues
lo prueba la experiencia,
que el tiempo
le resta su fuego y ardor.
Hamlet
regresa. ¿A qué estarías dispuesto
por mostrar,
más en hechos que en palabras,
que eres
digno de tu padre?
LAERTES
A degollarlo
en la iglesia.
REY
Ni al crimen
debe darse refugio en sagrado,
ni poner
freno a la venganza. Mas, buen Laertes,
si piensas
actuar, permanece en tu aposento.
Hamlet sabrá
que has regresado.
Haré que algunos
elogien tu excelencia
y den doble
barniz al gran renombre
que el
francés te dispensó, os junten finalmente
y arreglen
las apuestas sobre ambos.
El, como es
despreocupado, noble e incapaz
de
estratagemas, no mirará las armas; así,
con sutileza
de manos, te será fácil
escoger una
espada con punta
y, de una
artera estocada, desquitarte.
LAERTES
Lo haré; y a
ese fin
untaré mi
espada de veneno.
Le compré un
ungüento a un charlatán,
tan mortal
que un cuchillo en él mojado
donde hiere
no hay emplasto milagroso
compuesto con
las hierbas mas energicas
del mundo que
salve de la muerte
a quien sólo
haya arañado. Pondré el veneno
en la punta y
bastará con que le roce
para que sea
su muerte.
REY
Lo
estudiaremos. Pondera
qué momento y
qué medios favorecen
nuestro objeto.
Si éste fracasara
y nuestra
mala actuación mostrase el plan,
más valdría
no intentarlo. Por tanto, a tu proyecto
hay que
añadirle otro de reserva
por si fuera
a malograrse. Espera, a ver.
Haré una
apuesta solemne por vuestra maestría.
Eso es.
Cuando el esfuerzo os dé calor y sed
(y habrás de
hacer más violentos los asaltos),
y él pida de
beber, le tendré preparada
una copa a
propósito; con que la sorba,
aunque escape
a tu golpe envenenado,
nuestro plan
se habrá cumplido.
Entra
¿Qué hay, querida
esposa?
REINA
Una pena le
pisa los talones a la otra;
tan rápido se
siguen. - Laertes, tu hermana se ha ahogado
LAERTES
¿Ahogado?
¿Dónde?
REINA
Sobre un
arroyo, inclinado crece un sauce
que muestra
su pálido verdor en el cristal.
Con sus ramas
hizo ella coronas caprichosas
de
ranúnculos, ortigas, margaritas, y orquídeas
a las que el
llano pastor da un nombre grosero
y las jóvenes
castas llaman «dedos de difunto».
Estaba
trepando para colgar las guirnaldas
en las ramas
pendientes, cuando un pérfido mimbre
cedió y los
aros de flores cayeron con ella
al río
lloroso. Sus ropas se extendieron,
llevándola a
flote como una sirena;
ella,
mientras tanto, cantaba fragmentos
de viejas
tonadas como ajena a su trance
o cual si
fuera un ser nacido y dotado
para ese elemento.
Pero sus vestidos,
cargados de
agua, no tardaron mucho
en arrastrar
a la pobre con sus melodías
a un fango de
muerte.
LAERTES
Ah, así que
está ahogada.
REINA
Ahogada,
ahogada.
LAERTES
Pobre Ofelia,
bastante agua has tenido:
me prohibo
llorar. Y sin embargo,
es humano; se
impone la naturaleza,
aunque sea
vergonzoso. Cuando cese mi llanto,
ya no habrá
mujer. - Adiós, señor.
Tengo
palabras de fuego queriendo encenderse,
pero este
desliz las apaga.
Sale.
REY
Sigámosle,
Gertrudis.
Mucho me ha
costado aplacar su ira,
y ahora me
temo que vuelve a empezar.
Sigámosle.
Salen.
V.i Entran
dos RÚSTICOS [el ENTERRADOR y su COMPAÑERO].
ENTERRADOR
¿Se va a dar
cristiana sepultura a la que conscientemente buscó su salvación?
COMPAÑERO
Te digo que
sí, conque cava ya la fosa. El juez ha visto el caso y dice que cristiana.
ENTERRADOR
¿Cómo es
posible si no se ahogó en defensa propia?
COMPAÑERO
Pues eso ha
decidido.
ENTERRADOR
Entonces
habrá sido se offendendo; no pudo ser otra cosa. La cuestión es esta: si
yo
me ahogo a
sabiendas, esto arguye un acto; un acto tiene tres ramas: hacer, obrar,
realizar. Ergu
ella se ahogó a sabiendas.
COMPAÑERO
Escucha,
señor cavador...
ENTERRADOR
Perdona. Aquí
está el agua: bien. Aquí, el hombre: bien. Si el hombre va al agua y se
ahoga, quieras
que no, es él quien se va. ¿Te fijas? Pero si el agua viene a él y le
ahoga, él no
se ahoga a sí mismo. Ergu quien no es culpable de su muerte no pudo
acortar su
vida.
COMPAÑERO
¿Esa es la
ley?
ENTERRADOR
¡Pues claro!
La ley que lo investiga.
COMPAÑERO
¿Quieres
saber la verdad? Sí no es una señora, no le dan cristiana sepultura.
ENTERRADOR
Exacto. Y es
una pena que los grandes tengan más derecho a ahogarse o colgarse que
sus hermanos
cristianos. ¡Venga, la pala! En la antigüedad no había más señores que
los
jardineros, cavadores y sepultureros. Tenían el oficio de Adán.
COMPAÑERO
¿Adán fue
caballero?
ENTERRADOR
El primero en
armarse.
COMPAÑERO
¡Pero si no
tenía armas!
ENTERRADOR
¿Tú es que
eres pagano? ¿No dice
Luego se armó
de paciencia. Voy a hacerte otra pregunta. Si no la contestas, confesión
y...
COMPAÑERO
Venga.
ENTERRADOR
Albañil,
calafate o carpintero: ¿Quién construye más fuerte que los tres?
COMPAÑERO
El que hace
la horca: el armazón sobrevive a mil ocupantes.
ENTERRADOR
Eso me ha
gustado, de veras. Lo de la horca está bien. Pero, ¿para quién? Está bien
para los que
hacen mal. Entonces está mal decir que una horca es más fuerte que una
iglesia; ergu
la horca estará bien para ti. Otra vez, venga.
COMPAÑERO
¿Que quién
construye más fuerte que albañil, calafate o carpintero?
ENTERRADOR
Vamos, dilo y
a correr.
COMPAÑERO
¡Ya lo tengo!
ENTERRADOR
Venga.
COMPAÑERO
¡Dios, no lo
sé!
Entran HAMLET y HORACIO a distancia.
ENTERRADOR
No te devanes
los sesos, que, por más que le pegues, tu burro no irá más rápido.
Cua ndo te
vengan con esa pregunta, tú di que el sepulturero, porque las casas que
hace duran
hasta el Día del Juicio. Vamos, corre a la taberna y tráeme una jarra de
aguardiente.
[Sale el COMPAÑERO.]
[Canta] De joven yo amé, amé;
me pareció
muy grato
menguar mis
anos con placer;
igual no lo
había probado-
HAMLET
¿Es que este
hombre no tiene sentido de su oficio, que cava tumbas cantando?
HORACIO
Con la
costumbre se vuelve una cuestión de indiferencia.
HAMLET
Cierto. La
mano que poco labra tiene el sentido más fino.
ENTERRADOR [canta]
Mas con
sigilo la vejez
ha hecho
presa en mí
y me
transporta a la región
como al que
no ha gozado así.
Arroja una
calavera.
HAMLET
Esa calavera
tenía lengua y podía cantar. Este bribón la estrella contra el suelo como
si fuera la
quijada de Caín, que cometió el primer crimen. Tal vez fuese la cabeza de
un político,
ahora avasallado por un asno, capaz de engañar a Dios, ¿no crees?
HORACIO
Tal vez,
señor.
HAMLET
O la de un
cortesano, que diría: «Buenos días, mi señor. ¿Cómo estáis, mi buen
señor?» Sería
el señor don Tal, que elogiaba el caballo del señor don Cual cuando
pensaba
pedírselo, ¿verdad?
HORACIO
Sí, mi señor.
HAMLET
Pues claro, y
ahora es de don Gusano, sin mandíbulas y con la crisma sacudida por el
sepulturero.
Bonita transmutación, si supiéramos verla. ¿Tan fácil ha sido crear estos
huesos que
ahora sólo sirven para jugar a los bolos? Los míos me duelen de pensarlo.
ENTERRADOR [canta]
Un pico y una
pala, pal,
envuelto en
un sudario,
y un hoyo
para huésped tal
será lo
necesario.
[Arroja
otra calavera.]
HAMLET
Otra más. ¿No
podría ser la de un abogado? ¿Dónde están ahora sus argucias, sus
distingos,
sus pleitos, sus títulos, sus mañas? ¿Cómo deja que este bruto le sacuda el
cráneo con
una pala sucia sin denunciarle por agresión? ¡Mmm ... ! Tal vez fuese en
vida un gran
comprador de tierras, con sus gravámenes, conocimientos,
transmisiones,
fianzas dobles, demandas. ¿Transmitió sus transmisiones y demandó
sus demandas
para acabar con esta tierra en la cabeza? ¿Le negarán garantía sus
garantes, aun
siendo dos, para una compra que no excede el tamaño de un contrato?
Todas sus
escrituras apenas caben en este hueco. ¿No tiene derecho a más el
hacendado?
HORACIO
Ni a una
pizca más, señor.
HAMLET
Los
pergaminos, ¿no son de piel de carnero?
HORACIO
Sí, Alteza, y
de becerro.
HAMLET
Carnero y
becerro ha de ser quien crea que aseguran algo. Hablaré con este hombre. -
Tú, ¿de quién
es esta fosa?
ENTERRADOR
Mía, señor.
[Canta] ... y
un hoyo para huésped tal
será lo
necesario.
HAMLET
Será tuya
porque te has metido dentro.
ENTERRADOR
Y como vos
estáis fuera, no es vuestra. Yo en esto no me he metido, pero es mía.
HAMLET
Te has metido
y has mentido diciendo que es tuya. Es para un muerto, no para un
vivo; así que
has mentido.
ENTERRADOR
Señor, es una
mentira viva y ahora vuelve con vos.
HAMLET
¿Para qué
hombre la cavas?
ENTERRADOR
Para ningún
hombre, señor.
HAMLET
¿Para qué
mujer?
ENTERRADOR
Para ninguna,
tampoco.
HAMLET
Pues, ¿a
quién van a enterrar?
ENTERRADOR
A una que fue
mujer, pero, que en paz descanse, está muerta.
HAMLET
¡Qué rotundo
es el granuja! Como no hilemos delgado nos matarán los equívocos.
De veras,
Horacio; lo he notado en los últimos tres años: nos hemos vuelto tan finos
que hasta el
más palurdo le pisa el talón al cortesano y le roza el sabañón. - ¿Desde
cuándo eres
sepulturero?
ENTERRADOR
De todos los
días del año, desde aquel en que nuestro difunto rey Hamlet venció a
Fortinbrás.
HAMLET
Y de eso,
¿cuánto hace?
ENTERRADOR
¿No lo
sabéis? ¡Si hasta los tontos lo sabenl Fue el día en que nació el joven Hamlet,
el que estaba
loco y mandaron a Inglaterra.
HAMLET
Sí, claro. ¿Y
por qué le mandaron a Inglaterra?
ENTERRADOR
Pues porque
estaba loco. Allí recobrará el juicio y, si no, poco importa.
HAMLET
¿Por qué?
ENTERRADOR
No se lo
notarán: allí todos están igual de locos.
HAMLET
¿Cómo se
volvió loco?
ENTERRADOR
De un modo
extraño.
HAMLET
¿Cómo
«extraño»?
ENTERRADOR
Vaya, pues
perdiendo el juicio.
HAMLET
¿De dónde
salió su locura?
ENTERRADOR
Pues de aquí,
de Dinamarca. Mozo y hombre, yo llevo aquí de sepulturero treinta
años.
HAMLET
¿Cuánto tarda
en pudrirse un muerto enterrado?
ENTERRADOR
Bueno, si no
se ha podrido antes de morir (pues hoy en día nos traen muchos
venéreos que
apenas se pueden enterrar), os puede durar unos ocho o nueve años. Un
curtidor os
dura nueve años.
HAMLET
¿Y él por qué
más que otros?
ENTERRADOR
Pues, señor,
porque tiene la piel tan curtida que el agua no la atraviesa en mucho
tiempo, y el
agua descompone bien a todo puto cadáver. Aquí hay una calavera; lleva
enterrada
veintitrés años.
HAMLET
¿De quién es?
ENTERRADOR
De un puto
chiflado. ¿Quién creéis que era?
HAMLET
No lo sé.
ENTERRADOR
¡Mala peste
de loco! Un día me vació en la cabeza una jarra de vino del Rin. Esta
calavera,
señor, es la de Yorick, el bufón del rey.
HAMLET
¿Ésta?
ENTERRADOR
La misma.
HAMLET
Deja que la
vea. ¡Ay, pobre Yorick! Yo le conocía, Horacio: tenía un humor
incansable,
una agudeza asombrosa. Me llevó a cuestas mil veces. Y ahora, ¡cómo
me repugna
imaginarlo! Me revuelve el estómago. Aquí colgaban los labios que besé
infinitas
veces. Y ahora, ¿dónde están tus pullas, tus brincos, tus canciones, esas
ocurrencias
que hacían estallar de risa a toda la mesa? ¿Ya no tienes quien se ría de
tus muecas?
¿Estás encogido? Vete a la estancia de tu señora y dile que, por más que
se embadurne,
acabará con esta cara. Hazla reír con esto. - Horacio, dime una cosa.
HORACIO
Sí, mi señor.
HAMLET
¿Tú crees que
Alejandro tenía este aspecto bajo tierra?
HORACIO
El mismo.
HAMLET
¿Y olía así?
¡Uf!
HORACIO
Igual, señor.
HAMLET
¡En qué bajos
usos podemos caer, Horacio! ¿No podría la imaginacion rastrear el
noble polvo
de Alejandro y encontrarlo taponando un barril?
HORACIO
Sería una
busca demasiado rebuscada.
HAMLET
No, nada de
eso; habría que seguirle con mesura llevados de lo probable. Es decir:
Alejandro
murió, Alejandro fue enterrado, Alejandro se convirtió en polvo. El polvo
es tierra,
con la tierra se hace el barro, y con el barro en que se convirtió, ¿por qué no
se puede
tapar un barril de cerveza?
Muerto y
hecho barro, el imperial César
rellena un
boquete y el aire intercepta.
¡Ah, que
aquella tierra que al mundo arredró
tape una
pared y corte un ventarrón!
Pero, alto.
Apartémonos: se acerca el rey,
la reina,
cortesanos.
Entran,
siguiendo un féretro, el REY,
CORTESANOS y
un SACERDOTE.
¿A quién
siguen? ¿Por qué un rito tan menguado? Eso indica que el difunto al que
siguen,
temerario se quitó su propia vida. Y era de alto rango. Vamos a escondernos
y mirar.
LAERTES
¿Qué más
ceremonias?
HAMLET
Este es
Laertes, un joven noble. Atiende.
LAERTES
¿Qué más
ceremonias?
SACERDOTE
Sus exequias
las hemos extendido
hasta el
límite aprobado. Su muerte fue dudosa;
de no haberlo
impedido una orden superior,
yacería en
lugar no consagrado
hasta el Día
del Juicio. En vez de plegarias, l
e habrían
arrojado cascotes, guijas y piedras.
Pero aquí se
le permiten ritos virginales,
flores de
doncella y entierro en sagrado
con toque de
campana y funeral.
LAERTES
¿Sin hacer
nada más?
SACERDOTE
Nada más.
Profanaríamos el oficio de difuntos
entonando un
solemne responso y rezándole
como a las
almas que mueren en paz.
LAERTES
Dadle
sepultura
y que broten
violetas de su carne
pura y sin
mancha. Cruel sacerdote, yo te digo
que mi
hermana será un ángel providente
cuando tú
estés aullando en el averno.
HAMLET
¿Cómo? ¿La
bella Ofelia?
REINA [esparciendo
flores]
Flores a esta
flor. Adiós.
Confiaba en
que serías la esposa de mi Hamlet.
Querida niña,
creí que iba a engalanar
tu lecho de
bodas, no tu sepultura.
LAERTES
¡Ah, que un
triple dolor
diez veces
triplicado caiga sobre ese maldito
cuyo crimen
te privó de tu excelsa cordura! –
Esperad, no
la sepultéis hasta que yo
la tenga una
vez más entre mis brazos.
Salta a la
fosa.
¡Apilad ahora
tierra sobre vivos y muertos
hasta hacer
de este llano una montaña
que descuelle
sobre el monte Pelión
o la cumbre
celeste del Olimpo!
HAMLET [adelantándose]
¿Quién es
este
que vocea su
dolor con tanto ímpetu
y hechiza a
los planetas con su angustia,
dejándolos
suspensos como a oyentes asombrados?
Aquí está
Hamlet de Dinamarca.
Salta
dentro tras LAERTES.
LAERTES
¡Que el
diablo te lleve!
HAMLET
¡Qué mal
rezas!
Quítame esos
dedos de la garganta,
pues, aunque
no soy impulsivo ni colérico,
en mí hay
algo peligroso
que más te
vale temer. ¡Quítame esa mano!
REY
¡Separadlos!
REINA
¡Hamlet,
Hamlet!
TODOS [LOS
CORTESANOS ]
¡Señores!
HORACIO
Calmaos,
Alteza.
HAMLET
Por esta
causa lucharé con él
hasta que mis
párpados dejen de moverse.
REINA
¿Qué causa,
hijo mío?
HAMLET
Yo quería a
Ofelia. Ni todo el amor
de veinte mil
hermanos juntos sumaría
la medida del
mío. - ¿Qué piensas hacer por ella?
REY
¡Ah, está
loco, Laertes!
REINA
¡Por el amor
de Dios, no le oigas!
HAMLET
¡Voto a ... !
Dime lo que harás.
¿Piensas
llorar, luchar, ayunar, desgarrarte?
¿O beber
vinagre, comerte un cocodrilo?
Yo también.
¿Has venido aquí a lloriquear,
a rebajarme
tirándote a la fosa?
Si te
entierras con ella, yo también.
Y si hablas
de montañas, que nos echen encima
fanegas a
millones hasta que la tierra
se queme la
cabeza en el círculo solar
y el Osa
parezca una verruga. Si voceas,
yo hablaré
tan hinchado como tú.
REY
Esto es pura
demencia;
el acceso no
puede durarle mucho tiempo.
Muy pronto
estará manso como una paloma
al salir del
cascarón sus doradas parejas
y se hundirá
en el silencio.
HAMLET
Oídme bien.
¿Por qué me tratáis así?
Yo siempre os
aprecié. Pero no importa.
Que Hércules
haga lo que se le antoje;
el gato
maúlla y el perro se impone.
Sale.
REY
Acompáñale,
Horacio, te lo ruego.
Sale HORACIO.
Lo que
hablamos anoche debe darte paciencia;
lo pondremos
por obra de inmediato.
Gertrudis,
haz que vigilen a tu hijo.
Esta tumba
tendrá su perenne monumento.
Muy pronto
veremos la hora tranquila;
mientras, la
paciencia será nuestra guía.
Salen.
V.ii Entran
HAMLET y HORACIO.
HAMLET
De eso nada
más. En cuanto al resto, veamos.
¿Te acuerdas
de todo mi relato?
HORACIO
¡Cómo no
acordarme, señor!
HAMLET
Había en mi
alma una especie de lucha
que me tenía
despierto. Me sentí peor
que un
amotinado en los grilletes.
En un
rapto... Benditos los arrebatos:
admitamos que
a veces el impulso
nos es más
útil que el cálculo, lo que nos muestra
que hay una
divinidad que modela nuestros fines,
cualquiera
que haya sido nuestro esbozo.
HORACIO
Así es.
HAMLET
Salí del
camarote y, envuelto
en mi tabardo
marinero, anduve
a tientas en
las sombras hasta hallarlos
les quité los
documentos y volví
finalmente al
camarote, permitiéndome
abrir el real
comunicado, mis temores
venciendo mis
modales. Horacio, en él leí
(¡ah, regia
canallada!) la orden expresa,
guarnecida de
razones muy variadas
sobre el bien
de Dinamarca e Inglaterra,
con, ¡ah!,
todos los duendes que me hacen peligroso,
de que, a su
lectura y en el acto,
sin esperar a
que afilasen el hacha,
me cortaran
la cabeza.
HORACIO
¡No es
posible!
HAMLET
Aquí está el
comunicado. Léelo sin prisa.
¿Quieres
saber cómo procedí?
HORACIO
Os lo ruego.
HAMLET V
Véndome
atrapado por infames
(antes que le
diera un resumen al cerebro,
él ya veía la
acción), me senté, proyecté
una nueva
orden, la escribí con buena letra.
Al igual que
los políticos, yo antes
menospreciaba
la caligrafía
y me esforcé
en olvidarla, pero ahora
me ha
prestado un fiel servicio.
¿Te digo el
contenido de la orden?
HORACIO
Sí, Alteza.
HAMLET
Fue un ruego
muy solemne de parte del rey:
Puesto que
Inglaterra ha sido su leal tributaria
y sus lazos
deben florecer cual la palmera,
puesto que la
paz debe llevar siempre
su guirnalda
de espigas y unirlos en su afecto,
con otros
muchos «puestos» bien colmados,
que, a la
vista y lectura del escrito,
sin debate y
cumpliéndolo a la letra,
se dé a sus
portadores la muerte inmediata
sin lugar a
confesión.
HORACIO
¿Y cómo lo
sellasteis?
HAMLET
Hasta en eso
fue el cielo providente:
llevaba en la
bolsa el anillo de mi padre,
cuyo sello es
idéntico al del rey;
doblé el
escrito a la manera del otro,
lo firmé,
sellé y reemplacé sin que nadie
advirtiera
ningún cambio. Al otro día
fue el
combate naval; lo que sigue
ya lo sabes.
HORACIO
Y
Guildenstern y Rosencrantz fueron a su muerte
HAMLET
¡Pero si
estaban prendados de su oficio!
No me rozan
la conciencia. Su caída
resulta de su
propia intromisión.
El inferior
corre peligro atravesándose
entre los
fieros golpes y estocadas
de rivales
poderosos.
HORACIO
¡Qué rey es
este!
HAMLET
¿No crees que
ya es mi turno?
Mata a mi
padre, prostituye a mi madre,
se mete entre
la elección y mi esperanza
y a mi propia
vida le echa el anzuelo
con toda esa
maña. ¿No sería de conciencia
pagarle con
mi brazo? ¿Y no sería condenarse
permitir que
esta úlcera se extienda
y siga
corrompiendo?
HORACIO
Tendrá pronto
noticias de Inglaterra
informándole
de todo lo ocurrido.
HAMLET
Muy pronto.
Pero el intervalo es mío.
Una vida no
dura más que decir «uno».
Pero me ha
dolido mucho, buen Horacio,
haberme
propasado con Laertes,
pues en el
rostro de mi causa puedo ver
el reflejo de
la suya. Me ganaré su favor.
Sin embargo,
sus alardes de angustia
dispararon mi
arrebato.
HORACIO
¡Chsss!
¿Quién viene?
Entra el
joven OSRIC.
OSRIC
Alteza, sed
muy bienvenido a Dinamarca.
HAMLET
Con humildad
os lo agradezco. - ¿Conoces a esta libélula?
HORACIO
No, mi señor.
HAMLET
Más gracia
para tu alma, que conocerle es pecado. Posee tierras, muchas y fértiles.
Con que un
animal sea dueño de animales, ya tiene el pesebre en la mesa del rey.
Este es un
rústico, pero, como digo, con grandes extensiones de estiércol.
OSRIC
Mi querido
señor, si vuestra gentileza se hallara ociosa, os transmitiría un mensaje de
Su Majestad.
HAMLET
Señor, le
prestaré oídos con toda entrega de espíritu. Dadle a vuestro gorro el uso
debido: es
para la cabeza.
OSRIC
Gracias,
Alteza. Hace mucho calor.
HAMLET
No, creedme:
hace mucho frío. El viento es del norte.
OSRIC
En efecto,
señor; hace bastante frío.
HAMLET
Para mi
complexión hace un calor sofocante.
OSRIC
Sobre manera,
Alteza. Hace mucho bochorno, como quien dice... ¿Cómo decirlo?
Pero, señor,
Su Majestad me manda participaros que ha hecho una gran apuesta en
favor
vuestro. Señor, se trata de...
HAMLET
Acordaos de
cubriros.
OSRIC
No, mi buen
señor, de veras; por respeto. Alteza, no ignoráis la e xcelencia de Laertes
con su arma.
HAMLET
¿Y cuál es?
OSRIC
Estoque y
daga.
HAMLET
Son dos
armas. Pero, en fin...
OSRIC
Señor, el rey
ha apostado seis corceles berberiscos, a los cuales, según creo, Laertes
ha
contrapuesto seis estoques y puñales franceses con todos sus adherentes, tales
como el
cinto, los tahalíes, etcétera. En verdad, tres de las portaderas son muy gratas
al gusto, muy
acordes con la empuñadura, un auténtico primor y de extremada
fantasía.
HAMLET
¿A qué
llamáis «portaderas»?
ORISC
Señor, las
portaderas son las correas.
HAMLET
El término
sería más propio si pudiéramos ceñirnos un cañón. Entre tanto, llámense
correas. Mas
sigamos. Seis caballos berberiscos contra seis espadas francesas, con
sus
adherentes y tres portaderas de extremada fantasía. Es la apuesta francesa
contra
la danesa.
¿Por qué se ha «contrapuesto», como vos decís?
OSRIC
Señor, el rey
ha apostado que en doce asaltos entre vos y Laertes, él no os ganará por
más de tres.
Laertes ha apostado por nueve de los doce. Podría ponerse a prueba de
inmediato si
Vuestra Alteza se dignase responder.
HAMLET
¿Y si
respondo que no?
OSRIC
Señor, quiero
decir si accedierais a enfrentaros.
HAMLET
Señor,
pasearé por este salón. Si le place a Su Majestad, es mi hora de ejercicios. Si
traen las
armas, y está dispuesto el caballero, y el rey mantiene su apuesta, haré que
gane si
puedo. Si no, me ganaré la deshonra y los golpes en cuestión.
OSRIC.
¿Transmito
así vuestra respuesta?
HAMLET
En tal
sentido, señor, con los floreos que os dicte vuestro estilo.
OSRIC
Me recomiendo
con lealtad a Vuestra Alteza.
HAMLET
Todo vuestro.
Sale OSRIC.
Hace bien en
recomendarse, pues nadie lo hará por él.
HORACIO
Este chorlito
se va con el cascarón en la cabeza.
HAMLET
Le hacía
ceremonias a la teta antes de mamar. Éste y otros muchos de su cuerda, que
tanto
cautivan a nuestro frívolo mundo, sólo han pescado la jerga de moda y las
fórmulas
externas: un surtido de pamemas que los saca adelante entre las mentes más
cultas; pero
prueba a soplarles y le s revientas las pompas.
HORACIO
Perderéis
este encuentro, señor.
HAMLET
No lo creo.
Desde que él marchó a Francia, no he dejado de practicar, y con tal
apuesta
ganaré. Aunque no te imaginas el malestar que siento. Pero no importa.
HORACIO
¿Qué es, señor?
HAMLET
Una tontería;
uno de esos presentimientos que turbarían a una mujer
HORACIO
Si vuestro
ánimo está inquieto, obedecedlo. Haré que no vengan y diré que no estáis
listo.
HAMLET
Nada de eso;
los augurios se rechazan. Hay singular providencia en la caída de un
pájaro. Si
viene ahora, no vendrá luego. Si no viene luego, vendrá ahora. Si no viene
ahora, vendrá
un día. Todo es estar preparado. Como nadie sabe nada de lo que deja,
¿qué importa
dejarlo antes? Ya basta.
Entran el REY,
acompañamiento
con trompetas, tambores, cojines, espadas de esgrima
y
manoplas,- una mesa con jarras de vino.
REY
Ven, Hamlet;
ven y toma esta mano.
[Pone la
mano de LAERTES en la de HAMLET.]
HAMLET
Perdonadme,
señor. Os he agraviado.
Perdonad como
caballero. Los presentes
bien saben y
a vos de cierto os han dicho
que estoy
aquejado de un grave trastorno.
Si rudamente
he provocado
vuestros
sentimientos, honor y disgusto,
aquí proclamo
que ha sido locura.
¿Fue Hamlet
quien hirió a Laertes? Jamás.
Si Hamlet ha
salido de sí
y, no siendo
él mismo, agravia a Laertes,
no es Hamlet
quien obra; Hamlet lo niega.
Entonces,
¿quién obra? Su locura. Si es así,
Hamlet es
también de la parte agraviada
y la locura
es su cruel enemiga.
Señor, ante
esta asamblea:
que mi
negación de un mal pretendido
me absuelva
en vuestro noble pensamiento,
como si mi
flecha, volando por encima
de la casa,
hubiera herido a mi hermano.
LAERTES
Lo admito en
mis sentimientos,
que son los
que más deberían moverme
a la
venganza. Respecto a mi honor
me reservo, y
no deseo reconciliarme
hasta que
voces de probada autoridad
emitan juicio
y precedente de concordia
y mi buen
nombre salga intacto. Hasta entonces
acojo como
afecto el afecto declarado
y no lo
menosprecio.
HAMLET
Lo acepto muy
gustoso, y lucharé
abiertamente
en este encuentro fraternal. –
Traed las
espadas, vamos.
LAERTES
Venga, una
para mí.
HAMLET
Laertes, os
daré realce. Mi torpeza
hará que
vuestro arte brille tanto
como un astro
en la noche más oscura.
LAERTES
Os burláis,
señor.
HAMLET
No, os lo
juro.
REY
Dales las
espadas, joven Osric. Hamlet,
¿conoces la
apuesta?
HAMLET
Perfectamente,
señor.
Vuestra
Majestad ha apostado por el débil.
REY
No me
inquieta; os he visto a ambos.
Mas, como él
es un maestro, se te ha dado ventaja.
LAERTES
Ésta es muy
pesada. A ver otra.
HAMLET
Ésta me
gusta. ¿Son todas del mismo largo?
OSRIC
Sí, Alteza.
Se
disponen a luchar.
REY
Poned las
jarras de vino en esa mesa.
Si Hamlet da
el primer golpe o el segundo,
o se desquita
en el tercer asalto,
que en todas
las almenas disparen los cañones.
El rey beberá
por el vigor de Hamlet
y en la copa
echará una perla más valiosa
que la que
cuatro reyes sucesivos
en la corona
danesa portaron.
Dadme las
copas; el timbal hablará a la trompeta,
la trompeta
al cañón de la muralla,
el cañón al
cielo y el cielo a la tierra, diciendo:
«El rey bebe
ahora por Hamlet.» Empezad.
Jueces,
vosotros siempre vigilantes.
HAMLET
Vamos.
LAERTES
Vamos, señor.
Luchan.
HAMLET
¡Uno!
LAERTES
¡No!
HAMLET
¿Jueces?
OSRIC
Un punto, un
punto muy claro.
LAERTES
Bien,
sigamos.
REY
Alto. Traed
el vino. Hamlet, tuya es esta perla.
Bebo a tu
salud.
Suenan
tambores y trompetas, y disparan una salva.
Dadle la
copa.
HAMLET
Primero, este
asalto. Dejadla a un lado. -
Vamos.
Vuelven a
luchar.
Otro punto.
¿Qué decís?
LAERTES
Otro punto,
lo confieso.
REY
Ganará
nuestro hijo.
REINA
Está sudando
y sin aliento.
Hamlet, toma
mi pañuelo, sécate la frente.
La reina bebe
por tu suerte, Hamlet.
HAMLET
Gracias,
madre.
REY
Gertrudis, no
bebas.
REINA
Quiero beber,
esposo; con permiso.
Bebe [y ofrece la copa a HAMLET].
REY [aparte]
Es la copa
envenenada. Ya es tarde.
HAMLET
Aún no me
atrevo, señora. Beberé luego.
REINA
Ven, deja que
te seque la cara.
LAERTES
Majestad,
esta vez le toco.
REY
No lo creo.
LAERTES [aparte]
Esto va casi
contra mi conciencia.
HAMLET
Vamos al
tercero, Laertes. No dais en serio.
Os lo ruego,
atacad con más ardor.
Temo ser
vuestro juguete.
LAERTES
¿Eso creéis?
Vamos.
Luchan.
OSRIC
Ningún punto
para nadie.
LAERTES
¡En guardia!.
Hiere a HAMLET. Hay un forcejeo y se cambian
los estoques. HAMLET
hiere a LAERTES.
REY
¡Separadlos!
Están furiosos.
HAMLET
No, sigamos.
Cae
OSRIC
¡Atended a la
reina!
HORACIO
Sangran
ambos. - ¿Cómo estáis, Alteza?
OSRIC
¿Cómo estáis,
Laertes?
LAERTES
Como pajaro
cogido en mi trampa, Osric.
Mi propia
traicion me da justa muerte.
HAMLET
¿Cómo está la
reina?
REY
Se ha
desmayado al verlos sangrar.
REINA
¡No, no, el
vino, el vino! ¡Ah, mi buen Hamlet!
¡El vino, el
vino! ¡Me ha envenenado!
Muere.
HAMLET
¡Ah, infamia!
¡Que cierren la puerta!
¡Traición!
¡Descubridla!
[Sale OSRIC.]
LAERTES
Está aquí,
Hamlet. Hamlet, estás muerto.
No hay
medicina que pueda salvarte.
No te queda
ni media hora de vida.
El arma
traidora está en tu mano,
con punta y
envenenada. La vileza
se ha vuelto
contra mí. Mira: yo,
caído para
siempre, y tu madre, envenenada.
No puedo más.
¡El rey, el rey es el cuípable!
HAMLET
¿Con punta y
envenenada? ¡Pues a lo tuyo, veneno!
Hiere al REY.
TODOS [LOS
CORTESANOS]
¡Traición,
traición!
REY
¡Amigos,
defendedme! Sólo estoy herido.
HAMLET
¡Toma,
maldito danés, criminal, incestuoso!
¡Bébete la
pócima!
[Obliga a
beber al REY.]
¿Está ahí tu
perla? Sigue a mi madre.
Muere el REY.
LAERTES
Recibió su
merecido:
es veneno que
él mismo preparó.
Perdonémonos,
mi noble Hamlet.
¡No caigan
sobre ti mi muerte ni la de mi padre,
ni la tuya
sobre mí!
Muere.
HAMLET
El ciclo te
absuelva. Voy a seguirte.
Me muero,
Horacio. - ¡Adiós, pobre reina!
Vosotros, que
palidecéis y tembláis
ante esta
desdicha, comparsas o testigos
mudos de esta
obra, si me quedara tiempo
(pues el
esbirro de la muerte siempre arresta),
ah, os
contaría... Ya basta. Horacio, me muero;
tú vives:
relata mi historia y mi causa
a cuantos las
ignoran.
HORACIO
Nada de eso.
Más que danés
soy antiguo romano.
Aún queda bebida.
HAMLET
Como hombre
que eres,
dame esa
copa. ¡Suéltala! ¡Por Dios, dámelal
¡Ah, buen
Horacio! Si todo queda oculto,
¡qué nombre
tan manchado dejaré!
Si por mí
sentiste algún cariño,
abstente de
la dicha por un tiempo
y vive con
dolor en el cruel mundo
para contar
mi historia.
Marcha a
lo lejos y cañonazo.
¿Qué es ese
ruido de guerra?
Entra OSRIC.
OSRIC.
El joven
Fortinbrás, de vuelta victoriosa
de Polonia,
dispara esta salva marcial
en honor de
los embajadores de Inglaterra.
HAMLET
¡Ah, ya
muero, Horacio!
El fuerte
veneno señorea mi ánimo.
No viviré
para oír las nuevas de Inglaterra,
pero adivino
que será elegido rey
Fortinbrás.
Le doy mi voto agonizante.
Díselo, junto
con todos los sucesos
que me han
llevado... El resto es silencio.
[Lanza un
hondo suspiro y ] muere.
HORACIO
Ha estallado
un noble pecho. Buenas noches,
buen
príncipe; que cánticos de ángeles
te lleven al
reposo. - ¿Por qué vienen los tambores?
Entran FORTINBRÁS y los EMBAJADORES de
Inglaterra, con
tambores,
estandartes y acompañamiento.
FORTINBRÁS
¿Dónde está
la escena?
HORACIO
¿Qué queréis
ver? Si es algo
de asombro o
dolor, cese vuestra busca.
FORTINBRÁS
Esta sangre
pregona matanza. Muerte altiva,
¿qué festín
preparas en tu celda infernal,
que con tal
violencia hieres a la vez
a tantos príncipes?
EMBAJADOR
El cuadro es
angustioso y nuestra embajada de Inglaterra llega tarde.
Sordos están
los oídos que nos deben
dar
audiencia, pues su orden fue cumplida
y Rosencrantz
y Guildenstern han muerto.
¿Quién nos
dará las gracias?
HORACIO
Su boca, no,
aunque en ella
hubiera vida
para agradecéroslo;
él nunca dio
la orden de matarlos.
Mas, puesto
que llegáis en hora tan sangrienta,
vos, de la
guerra con Polonia, y vos,
de
Inglaterra, disponed que los cadáveres
sean
expuestos en alto a la vista de todos
y permitid
que cuente al mundo, pues lo ignora,
todo cuanto
sucedió. De este modo sabréis
de actos
lascivos, sangrientos e inhumanos,
castigos
fortuitos, muertes casuales
y otras que
se deben a engaños y artificios;
y, por
último, de intrigas malogradas
vueltas
contra sus autores. Todo esto
fielmente os
contaré.
FORTINBRÁS
Apresurémonos
a oírlo,
y que esté
presente toda la nobleza.
En cuanto a
mí, acojo mi destino con dolor.
Sobre este
reino tengo derechos históricos
y ahora es la
sazón para reivindicarlos.
HORACIO
Hablaré
también de ello
y del voto
que otros muchos atraerá.
Mas cumplamos
sin tardanza lo propuesto,
ahora que los
ánimos se encienden, no sea
que a estas
tramas sucedan más desdichas.
FORTINBRÁS
Cuatro
capitanes portarán
a Hamlet
marcialmente al catafalco,
pues, de
habérsele brindado, habría sido
un gran rey.
Su muerte será honrada
con sones
militares y ritos de guerrero.
Llevaos los
cadáveres. Esta escena,
más propia de
batalla, aquí disuena.
Vamos, que
disparen los soldados.
Salen en
marcha solemne, seguida de una salva de cañón.