Dédalo buscó refugio en Creta, en la corte del rey Minos. Allí realizó una serie de trabajos entre los cuales sobresale el Laberinto, un palacio cuyo conjunto de corredores estaba de tal manera ensamblado que una vez dentro de ellos, era imposible hallar la salida. Allí había encerrado el rey Minos al Minotauro.
Durante su estancia en Creta, Dédalo tuvo un hijo, Ícaro, con una esclava del palacio llamada Náucratis.
Cuando Teseo llegó a Creta con el deseo de acabar con el Minotauro, Dédalo señaló a Ariadna lo que debía aconsejar al héroe para que entrara y consiguiera salir del Laberinto. Enterado de esto, el rey Minos se encolerizó y encerró al artista y a su hijo en el Laberinto. Confinado en esta cárcel, Dédalo no dejaba de pensar en la mejor forma de escapar lejos de Creta. Ideó al fin unas alas y las adaptó a los hombros, uniéndolas con cera.
Padre e hijo iniciaron un vuelo nunca concebido hasta entonces. El joven Ícaro, desoyó el consejo de su padre, es decir, no volar tan bajo que las olas mojasen las alas, ni tampoco tan alto que el sol derritiese las alas. Ícaro por arrogancia se elevó lo más alto que pudo, hasta que el calor derritió la cera que le unía a las alas y se precipitó al mar, que desde entonces se llamó Mar Icario. Su cuerpo fue hallado en las costas de la isla que se denominó también Icaria. Allí lo encontró y lo enterró Hércules.
El más conocido mito sobre Orfeo está relacionado con su bajada al hades en busca de su amada esposa Eurídice: Eurídice era una bella ninfa del bosque, un día tratando de escapar de los acosos de Aristeo, huyó despavorida, y en las orillas de un río pisó una serpiente venenosa, y murió a causa de la mordedura. Orfeo, desesperado bajó al Hades (Mundo Subterráneo) con el objeto de traerla de nuevo a la vida. Su música produjo encantamiento en el mundo subterráneo y todos olvidaron por un momento sus torturas y sus castigos. Sísifo, Tántalo, Danaides y otros hicieron un alto en su eterna condena y disfrutaron de su celestiales melodías. De tal modo agradó su música que el rey Hades y Perséfone aceptaron devolver a Eurídice, la amada del músico, pero con una condición: mientras Orfeo subiera a la tierra, su mujer debía seguirlo detrás y no debía volverse a verla, antes de haber salido del Mundo Subterráneo. Pero un rato antes de ver la luz, la duda mordía al músico, curioso de saber si lo seguía de verdad, en un momento dado miró atrás para comprobar si los dioses del hades no se habían burlado de él. Desde ese momento todo fue fatídico: Eurídice murió definitivamente y la sentencia del rey Hades fue irrevocable, permaneció inconmovible a los ruegos del desgraciado Orfeo.
A partir de este punto, mucho se ha hablado del inconsolable esposo. Se dice que se negó a todos los placeres terrenales, que no quería volver a casarse, y que durante tres años huyó del amor con las mujeres.
La tradición nos relata que se relacionaba sólo con muchachos de Tracia a los que iniciaba en la "vida órfica", la abstención de comer carne, la música y en las experiencias del más allá. Sobre su fin, se dice que después de haberse relacionado eróticamente con hombres, tuvo que enfrentarse ala venganza de las mujeres a las cuales rechazaba después de la muerte de Eurídice. Armadas de piedras y lanzas, las mujeres de Tracia le atacaron y despedazaron al encontrarle desarmado, solamente con la lira en la mano.
Las Musas le lloraron y enterraron según antiguas tradiciones y hasta los enemigos de la naturaleza participaron del duelo por el fallecimiento del divino cantor.
Ulises se casó con Penélope y tuvieron un hijo, Telémaco. Cuando Paris raptó a Helena y comenzó la Guerra de Troya, Ulises partió para dicha ciudad al mando de doce naves. Durante el asedio fue protagonista de la búsqueda de Aquiles que se hallaba escondido y cuya presencia reclamaban los dioses como indispensable para la victoria, el traslado de Ifigenia a Aúlide, la reconciliación entre Agamenón y Aquiles, la organización del combate entre Paris y Menelao y la muerte, entre otros de Dolón, Democoonte, Alcandro, Hipódamo, Quersidamante y Soco.
Dirigió a los griegos encerrados en el caballo de madera y fue el primero en salir al exterior acudiendo con Menelao en busca de Helena. Al término de la guerra intentó regresar inmediatamente a Itaca, pero distintas adversidades le obligaron a vagar durante diez años sin conseguirlo. Estuvo en el país de los Iotófagos, en el de los cíclopes, donde se enfrentó a Polifemo, en la morada del dios de los vientos, Eolo, en la tierra de los Iestrigones y en la isla de Circe, con quien tuvo un hijo, Telégono. Llegó a los dominios de Calipso y en una balsa arribó al país de los Feacios.
Aquí se dio a conocer y narró al rey Acinoo y a la reina Arete todas sus desventuras. Éstos le proporcionaron una nave con la que, al fin, pudo regresar a Itaca. Excepto su perro Argos, nadie le reconoció en su patria. Se presentó de incógnito a Penélope, a quien sugirió que organizase un concurso de tiro con un viejo arco suyo para elegir marido entre los numerosos pretendientes que la asediaban. Ulises venció en el concurso, se dio a conocer y mató a todos los pretendientes. Recuperó su trono y reinó en paz hasta que por una desgraciada circunstancia fue muerto por el hijo que había tenido con Circe, Telégono, llegado a la isla para darse a conocer a su padre. La fabulosa leyenda de Ulises es el tema de la célebre Odisea de Homero. DÉDALO E ÍCARO
Dédalo era el artesano ateniense, proveniente de la familia real de Cécrope, el primer rey de Atenas. Fue artista de mérito de su época, escultor, arquiteco e inventor. Un día este ingenioso artista cometió un crímen movido por la envidia por su sobrino y alumno, Talo, quien daba claras muestras de especial talento. Este inventó la sierra, sinspirándose en cómo usaba su mandíbula una serpiente. Dédalo, ciego de envidia, lo precipitó desde lo alto de la Acrópolis. Cuando se dió a conocer el crímen, el tribunal de Aerópago lo expulsó de la ciudad.
ORFEO
Orfeo era originario de Tracia y fue uno de los participantes en la expedición de los Argonautas; es también el protagonista de uno de los mitos más célebres y de los que entrañan mayor simbolismo. A su alrededor se tejió de la teología órfica, que influyó en las creencias primitivas cristianas. Fue hijo de Eagro y al parecer de la Musa Calíope; era músico carismático, poeta y cantante, y fuera de su entrega al arte de la lira se lo considera el inventor de la cítara.
ODISEO (ULISES)
Es el más famoso de los héroes de la mitología clásica. Era hijo de Laertes, rey de Itaca, y de Anticlea. Algunas leyendas tardías le presentaban como hijo de Sisifo.
HERCULES
EDIPO
TESEO Y PERSEO