El archiduque Alberto

 

Nació en Praga en la mañana del 13 de noviembre de 1559. A la temprana edad de once años partió hacia España junto con su hermana Ana de Austria que vino a casarse con Felipe II. El viaje transcurrió por el tumultuoso Flandes del duque de Alba, quedando su escolta a cargo del prior de la orden de San Juan, don Fernando de Toledo -hijo natural del duque de Alba-, y del coronel don Cristóbal de Mondragón. Se embarcaron con dirección a España arribando a Santander el 5 de octubre de 1570.

Mientras los dos hermanos mayores, Rodolfo y Ernesto, fueron con el emperador Maximiliano, su padre; los dos menores, Alberto y Wenceslao, quedaron al cuidado del rey Felipe II, que velaba por su educación. 

Murió Wenceslao de enfermedad a la edad de quince años, concentrándose entonces Felipe II en la formación de Alberto, el predilecto de sus sobrinos.

Acompañó al rey en la campaña de Portugal de 1580. Tres años más tarde quedó como gobernador de ese reino, jurando restituirlo a Felipe II o a su sucesor cuando él faltara. Gobernó Portugal con firmeza, prudencia y moderación durante un período de diez años, en los que ocurrieron sucesos tan gracos como el cerco de Lisboa por parte de la marina inglesa, que pusieron a prueba su madurez en el gobierno.

Reclamado por Felipe II, volvió a España donde el rey, siempre preocupado por su formación, le introdujo en el Consejo de Estado y le encargó él ocuparse de las audiencias públicas que él, por estar aquejado de gota, no podía atender personalmente. Se ocupó más tarde el rey de conseguirle el arzobispado de Toledo, para lo cual el joven Alberto había recibido formación eclesiástica en su juventud. Unos días antes de celebrarse la consagración se recibieron nuevas de Flandes que notificaban la muerte del archiduque Ernesto, su hermano, el cual gobernaba Flandes por encargo de Felipe II. Decidió el monarca español suspender la ordenación del archiduque Alberto y encargarle el gobierno de Flandes. La extrema confianza depositada en él por Felipe II queda probada por el permiso que le concedió el monarca español para que eligiera su propia Corte y Consejo de Estado.

Partió de Madrid hacia Flandes el 28 de agosto de 1595, seis meses después del fallecimiento de su hermano. Embarcó en Barcelona a finales de septiembre con 27 galeras que transportaban 9 compañías de soldados viejos españoles y 11 de bisoños.

Cosechó algunos éxitos militares, como la toma de Calais (1596), la rendición de Ardres, el sitio de Huslt y el de Amiens (este último acaecido en 1597), pero también estrepitosas derrotas, como la de Tournay. Como dice un descriptivo don José Almirante: "cambiando el capelo por el capacete, tuvo la humorada de ponerse al frente del ejército del operaciones, con burla y despecho de los generales de oficio".

En 1598, Felipe II, su tío, accedió a concederle la mano de su hija, Isabel Clara Eugenia, nombrándoles a ambos soberanos de los Países Bajos. Participó en la Batalla de las Dunas, o de Neuport (1601), donde la vanguardia española (a la que se le había sumado una compañía de amotinados, los de Diest, que tan pronto conocieron la noticia del enfrentamiento se personaron en el campo de batalla) resultó prácticamente aniquilada al caer en una emboscada tendida por Mauricio de Nassau, y, aunque inflingiendo severas pérdidas al enemigo, tuvo que retirarse para evitar males mayores.


El archiduque Alberto e Isabel Clara Eugenia, soberanos de Flandes

Concentró luego sus fuerzas en el sitio y toma de la emblemática plaza fuerte de Ostende (1601-1604), que se hallaba en manos de los rebeldes holandeses. Puso para ello al mando de sus tropas a don Ambrosio Spínola y Grimaldi, general de origen genovés, que cosecharía otras importantes victorias, como la de Oldensen, Lingen, Wachtendonck, Karlow, Lochum, Grol y Bergues. Cuando parecía que esta serie de triunfos (sumada a la pérdida de ayuda internacional por parte de los rebeldes) presagiaba un final victorioso a la larga guerra librada en los Países Bajos, el nuevo rey, Felipe III, desaprovechó la oportunidad firmando la llamada Tregua de los Doce Años (1609-1621).

Justamente en el año que se cumplía el plazo de dicha tregua, el archiduque Alberto murió en la ciudad de Bruselas, sin sucesión y la soberanía de los Países Bajos retornó, según se disponía en el Acta de cesión de 1598, a la corona española.

 

Fuente: Juan Giménez Martín, "Los Tercios de Flandes"