Asedio
de Jülich, 1621
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En julio de 1620, Spínola había partido de Flandes hacia el palatinado, con 25.000 hombres, ocupando las plazas de Mainz, Kreuznech y Oppenheim.
Renovada la guerra con Holanda y muerto el archiduque Alberto el 13 de julio de 1621, el consejo de la archiduquesa Isabel Clara Eugenia decidió atacar la plaza de Jülich "de la importancia que se sabe", según palabras de Carlos Coloma, soldado y escritor. En efecto, la importancia estratégica del ducado de Cleves-Jülich derivaba de que permitía evitar la "barrera de los grandes ríos" y penetrar en el país de Güeldres y en el corazón de las Provincias Unidas. Jülich, ademas eera la clave de las comunicaciones entre holandeses y protestantes alemanes y había sido cedida por el Marqués de Brandemburgo a los holandeses, quienes la fortificaron convirtiéndola en una importante plaza fuerte. Recibida la orden de abandonar el Palatinado y atacar Jülich, Spínola en medio de las operaciones preparó un gran movimiento ofensivo, dejando a Gónzalo Fernández de Córdoba con 20.000 hombres en el Rhin y marchando él con otros 10.000 a ocupar posiciones de observación de la frontera flamenca, en mayo de 1621.
Sin embargo, la muerte del archiduque le obligó a permanecer en Bruselas hasat agosto. En septiembre, Fernández de Córdoba reunadó las operaciones en el Rhin, donde sin suficientes fuerzas hubo de levantar el sitio de Frankenthal, el 25 de octubre. También Iñigo de Borja cercará la plaza de Sluisl, sin éxito. Através del barón de Barbazón, había reclutado infantería borgoñona y conseguido patentes para capitanes, seiscientos en Borgoña y los demás en los Países Bajos [...] A finales de agosto reunió 32.000 hombres en Maastritcht, como plaza de armas. Había decidido Spínola despistar a Mauricio de Nassau, que le vigilaba desde Cleves. Así salió de Maastritcht pasando casi a la vista de Jülich hasta tres leguas de Wesel. En la ciudad había unos 4.000 hombres y habían encerrado, confiando en su fortaleza, todo el ganado de sus términos. Creyendo que no eran el objetivo de Spínola, los holandeses sacaron el ganado al campo y Mauricio disminuyó 1.000 hombres su guarnición para engrosar sus fuerzas. Avisado el general española, envió rapidamente a Enrique Bergh, quien previamente había conseguido rendir la fortaleza de Rhede.
El 4 de septiembre "con seys mil hombres y cavallos, y ocho cañones tomó puestos, dexando atónito el lugar y más burlando al holandés", cogiendo 600 vacas y caballos. Spínola con el resto de sus fuerzas se acercó a Buderich, donde se acuarteló, echando un puente sobre el Rhin donde "podía impedir el desmandarsele". Enrique Bergh "emepeço a sitiar, y con quitar su curso al río, la desangró de todos los fossos, y la causó mucho temor, y acrecentándose su campo, con las banderas veteranas de Artoes y Enao, con brevedad se dispusieron las trincheras". Los sitiados hicieron una salida quemando sus molinos.
Spínola envió a don Luis de Velasco con 4.000 hombres, caballeria y 4 piezas de artillería a ocupar el paso de Cierves, asi como las villas de Kalkar, Griet y Sonsbeck para evitar todo socorro de parte de Mauricio y que la plaza cayese por falta de sustento. Sin embargo este, informado de que Spínola se encontraba en el Rhin, intentó aproximarse a Jülich cruzando el Mosa por Maaseik. Avisado el general español por sus espías, se situó rápidamente entre Jülich y Maaseik, acuartelándose, con lo que Mauricio perdió toda esperanza.
Los sitiados todavía hicieron una salida de importancia con 100 caballos y 200 mosqueteros, ganando un reducto y degollando a algunos soldados de la guarnición. Pero Enrique Bergh acudió a tiempo para derrotarles y coger más de cincuenta prisioneros. Después de cinco meses de sitio y movida sobretodo por el hambre, aunque también contribuyera la acción de una batería que mandó plantar Spínola a mediados de enero, la ciudad mandó a tres capitanes a parlamentar. En un principio el ya Marqués de los Balbases les despidió cortésmente para no admitir sus condiciones. Pocos días después "las propusieron de manera que consultadas con Spínola, que estaba ya en su alojamiento, les condeció: Que los burgueses se conservasen en su secta y el gobernador Federico Pithan, sus oficiales y soldados, saliesen libres con banderas, caxas y cuerdas encendidas, balas en la boca".
Los rebeldes pretendieron quitar importancia a este suceso, mientras que en España tuvo una gran repercusión.
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José Priego Fdez. del Campo. Perteneciente al capítulo VIIIº de "La infantería en torno al Siglo de Oro", ediciones Ejército (Madrid).