Socorro de París, 1590


Corría el verano de 1590 y Alejandro se veía obligado continuamente a preparar el socorro de París, ciudad a la que el conde de Béarn -Enrique de Borbón- había puesto cerco. No sirvieron de nada las quejas de Alejandro que veía que, en breve, podría perderse lo que con tanto esfuerzo y sangre se había conseguido en Flandes, pues un año antes únicamente dos (Holanda y Zelanda) de las diecisiete provincias de Flandes estaban por los rebeldes. Alejandro envió dos tercios de infantería -uno de ellos español- al duque de Umena, que dirigía la guerra en Francia contra Enrique de Borbón, pero en vista de los negativos resultados tuvo que encargarse de la campaña personalmente.

Partió, pues, Alejandro hacia Francia a primeros de agosto de 1590. Iban a enfrentarse los dos generales más afamados de Europa, Alejandro Farnesio y el conde de Béarn, Enrique de Borbón. Europa entera dependía del resultado de la contienda. El ejército que conducía Alejandro se componía de 14.000 infantes, entre españoles, alemanes y valones y cerca de 3.000 caballos. Las tropas reales en Flandes -a cargo del conde de Mansfeld- quedaban con ello muy debilitadas, lo que Mauricio de Nassau, como siempre, sabría aprovechar.

No se fiaba Alejandro de sus aliados franceses y así lo explica a sus hombres <<Que los de la liga [católica] por sola necesidad de intereses habían invocado las fuerzas y pedido protección al rey. Que los naturales en ellos se debían tener por los mismos; fáciles a las sospechas y consiguientemente a las mudanzas. Y así por todas las consideraciones de estado y guerra se debía proceder de modo en la conducta y gobierno del ejércio que ninguna acción se aventurara y ninguna sin gran madurez se ejecutase>>. Marchando, pues, con extremo recelo, llegó a Meos el 23 de agosto, juntándose allí con el ejército de 12.000 hombres del duque de Umena. París, acuciado por el hambre, se hallaba a punto de caer.


Alejandro Farnesio ante París. Ilustración de Franz Hogemberg.

Enrique de Borbón consultó con sus generales sobre las acciones a llevar a cabo ante la venida de Alejandro, y decidieron levantar el cerco y dirigir sus tropas contra él. En verdad parecía lo más lógico, pues las vituallas que consiguieran los de París poco serivirían si se impedía al de Parma reforzar la ciudad. El ejército del Borbón constaba de 20.000 infantes y 6.000 caballos, la mitad de éstos voluntarios de la abundante y "florida" nobleza francesa. Fue con sus tropas a Celes, donde había una ancha llanura para la batalla; al otro extremo, en varios días, se dispusieron las tropas de Alejandro. Invitó Enrique de Borbón por medio de un mensajero a Alejandro a la batalla, a lo que nuestro general respondió que tenía costumbre de dar las batallas cuando él mismo lo decidía y no cuando lo hacían sus enemigos.

Durante cuatro días hubo pequeñas escaramuzas hasta que Alejandro se decidió a avanzar. Su intención era aparentar la batalla y, cuando ésta se presentara, rehuirla para tomar la ribera cercana y avanzar a socorrer París, pues esa era la victoria que en realidad buscaba. Así se hizo. Mientras la vanguardia de las tropas de Alejandro entretenía a la del enemigo, el cuerpo mayor del ejército real se desvió pra tomar Lagny, en la ribera contraria del río. Allí pasaron algunas tropas y seis cañones con los que se comenzó a disparar contra las fortificaciones de Lagny. Después tendieron un puente de barcas sobre el río y lo cruzaron las infanterías italiana y española al igual que Jorge Basta con algunos de a caballo.

Cuando el Borbón se percató de la hábil maniobra de Alejandro, decidió atacar a lo que todavía restaba del ejército español en su margen del río. No le sirvió de nada, pues la inicialmente impulsiva naturaleza de Alejandro se había templado con su experiencia militar en Flandes y, previsoramente, había ordenado durante los días de las escaramuzas levantar fortificaciones que fueron suficientes para repeler el ataque. Poco después caía Lagny y se squeaba la ciudad mientras se pasaba a cuchillo a las tropas defensoras. Comenzarn entonces a introducir vituallas en Parías a la vez que se tomaban otras posiciones en eas margen del río Marne que aseguraban las posiciones españolas y el socorro de la ciudad.


Alejandro consigió entrar en París burlando al ejército del Borbón con una hábil maniobra. Ilustración de Franz Hogemberg.

El Borbón intentó sin éxito asaltar con escalas París durante la noche. Fue repelido dos veces y, finalmente, visto su fracaso, disolvió la mayor parte de su ejército y se retiró a San Dionisio. Alejandro decidió entonces volver a Flandes, lo que le acarreó las críticas de sus aliados franceses, que pretendía que permaneciese allí hasta derrotar de forma definitiva a Enrique de Borbón. De forma bastante diplomática, pues no quería causar una indisposición entre Felipe II y sus aliados de la Liga Católica, Alejandro les explicó que de no prevalecer las fuerzas católicas en Flandes serían atacados por dos frentes y desbaratados con facilidad. Se vio, sin embargo, obligado a tomar y asegurar el resto de la tierra y fuertes cercanos, principalmente el de Corbel, a orillas del Sena. Una vez aseguradas totalmente las cercanías de París y sus vías fluviales, pudo por fin emprender camino a Flandes.

 

Juan Giménez Martín. "Los Tercios de Flandes". Editorial Falcata Ibérica.