| "La
inmigración y la Nueva Economía son dos aspectos de un mismo fenómeno"
Jorge M.
Reverte me espera en la cafetería de un hotel junto al representante
de la editorial. Llego pronto, y al cabo de un rato empezamos una
entrevista breve pero concisa. Jorge M. Reverte mira a los ojos y
habla con honestidad, y su voz profunda sugiere las vicisitudes de tanta página
impresa.
Periodista y escritor, nacido en Madrid en 1948, Jorge M. Reverte
ha publicado ya siete libros. En su trabajo como periodista, actualmente
colabora con los periódicos El País, El Periódico de
Catalunya y con la emisora Canal Sur Radio. De él han escrito:
"Jorge Martínez Reverte es un hombre con un humor tan fino
que da la impresión de que no existe" (Juan Cruz, Triunfo).
por
Marta Pi
Redacción BCN
Un
humor casi diríase que inglés empapa todo el libro junto al enredo y al
despropósito. ¿La risa es la mejor herramienta para retratar la
sociedad?
Es una de las mejores, no es la única. Pero si uno no se ríe, no toma
distancia, y esa distancia es fundamental.
La inmigración es uno de los temas más polémicos de la España
actual. ¿Con su libro ha querido hacer novela social?
No directamente, aunque sé que está ahí. Supongo que desde el momento
que hago algo que pasa en la sociedad... y, además, me preocupaba el
tema. De hecho, todo empezó por ahí. Pero no como consigna.
¿Cree que este problema tiene visos de solucionarse?
Esto ya no lo sé, lo que pasa es que si no lo solucionamos lo vamos a
pasar muy mal.
Otro tema de actualidad que figura en el libro es la Nueva Economía...
Claro, son las dos partes de lo mismo. Ahora vivimos en un mundo que se
llama de la globalización; forman parte de él los dos casos extremos:
las empresas de la Nueva Economía y los más tirados de la humanidad, que
van de un sitio a otro para encontrar algo para comer. Son dos aspectos de
un mismo fenómeno.
La falta de comunicación es el elemento común que marca la relación
de Gálvez con dos mujeres. ¿Es así como usted ve las relaciones entre
los sexos?
Bueno, es que yo discrepo. Con su ex no tiene falta de comunicación, sino
que tiene una comunicación muy complicada. Aunque ella no le soporte y le
haya tenido que abandonar hace tiempo, tienen una comunicación muy
importante en muchos terrenos...
¿Aunque a menudo esto les lleve a equívocos?
Claro, y además hay una discrepancia permanente sobre la valoración de
los momentos, los ritmos y la vida.
Gálvez es un tipo algo mediocre envuelto en una situación que le
desborda. ¿Todos los periodistas nos sentimos Gálvez alguna vez?
Yo creo que sentimos alguna cosa que no llega a ser lo de Gálvez, porque
él es un personaje novelesco. A menudo sentimos la frustración de no
poder ir un poco más allá en lo que investigamos, en lo que nos
preocupa, así como la frustración de que nuestras preocupaciones tengan
que ver con nuestro trabajo. Nuestro trabajo tiene unos límites muy
claros, y aun cuando no son claros, sino oscuros, siguen siendo límites.
Gálvez mismo admite que se implica demasiado en los temas que trata...
Esto es lo que le lleva a ser un héroe, pero un héroe a su pesar, porque
ya no tiene más remedio. Las circunstancias le obligan a implicarse.
Pero es un héroe que tiene algo de cobarde.
Mucho. Mucho. Y eso forma parte de afrontar temas que están muy por
encima de sus posibilidades.
Se mencionan en el libro varios temas de actualidad. ¿No tiene miedo a
las fechas de caducidad?
No, no me importa, porque no los utilizo como elementos de complicidad
sino como elementos cronológicos y de fijación de época. No me parecen
ni significativos, ni no significativos. Son elementos que tienen una
cierta relevancia en la época en que se desarrolla la acción.
Todo el libro parece una reivindicación del periodismo de calle. ¿Cree
que el periodismo actual ha perdido autenticidad?
No, yo no creo que haya tenido nunca más autenticidad que ahora. Lo que
pueden haber cambiado son las posibilidades de hacer cosas, las formas en
que los periodistas nos enfrentamos a la realidad o las formas en que nos
enfrentamos a las empresas en las que trabajamos. Yo no creo que el
periodismo haya sido más o menos auténtico nunca, ni que los periodistas
fueran mejores antes ni después. Somos todos iguales.
Quizá
lo que haya cambiado es la metodología a raíz de la entrada de
Internet...
Han cambiado las herramientas. La metodología es la misma. Antes se usaba
la máquina de escribir manual y ahora se utiliza el ordenador, así como
antes se utilizaba el departamento de documentación y ahora se busca en
Internet. Pero las bases fundamentales sobre las que se hace periodismo yo
creo que siguen siendo las mismas: contrastar los datos y este tipo de
cosas.
¿Qué piensa usted de Internet?
Yo estoy a favor.
Radicalmente. Y digo radicalmente por la capacidad que ha dado al
individuo de documentarse, de tener acceso a las cosas y de enfrentarse a
ellas; es fantástico. Estoy completamente enamorado de la Red, igual que
estoy a favor de los ordenadores. Escribo tres veces más rápido y mejor
desde que tengo ordenador, porque puedo corregir con más facilidad... mecánicamente
es mucho más sencillo.
¿Cuándo vuelve Gálvez?
Pues no lo sé, porque como no quiero vivir de Gálvez, será cuando mi
trabajo que me da de comer me deje tiempo para poder dedicarme a Gálvez. |