Entrevista extraída del portal literaturas.com
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Por ©Luis García Madrid- España 1951. Estudió Filosofía y Letras, Sicología y se graduó en Periodismo. Desde 1977 trabaja en exclusiva para el diario El País, donde ha sido redactora jefe de El País Semanal. En 1970 publicó su primera novela, Crónica del desamor, a la que siguieron La función Delta (1981), Te trataré como una reina (1983), Amado Amo (1988), Temblor (1990), finalista ese año del Premio Europeo de Novela, Bella y oscura (1993) y La hija del caníbal (Premio Primavera de 1997). Su obra ha sido traducida a idiomas como el alemán, italiano, inglés, etc. Ha publicado también La vida desnuda (1994) e Historias de mujeres (Alfaguara, 1995). En 1998 publica en Alfaguara el volumen de relatos Amantes y enemigos. Cuentos de parejas. Su última novela es El corazón del tártaro (2001).
Introducción.-
Rosa
Montero es un poco, junto a otra compañera de profesión cuyo nombre
obviaré en este momento, la Pepito Grillo de una generación que se acostó
con la Dictadura y se desperezó con la democracia. Rosa es un poco ese
Pepito Grillo que todos llevamos dentro pero al que nunca nos atrevemos a
despertar, so peligro de soliviantar nuestro cómodo tránsito por la
vida. Lo siento. Seguro que ya se habrá repetido en más de una ocasión,
pero si Rosa (o Maruja, ahora sí voy a citarla) no existieran ni se
asomaran desde esas ventanas de El País, seguro que habría que
inventarlas. P.-
Periodista
y escritora. ¿Qué
fue primero, el huevo o la gallina?. Rosa Montero.-
Para mí el
periodismo escrito es un género literario, así es que ,me considero una
escritora que escribe narrativa, ensayo y periodismo. Empecé escribiendo
narrativa, a los cinco años ya escribía cuentos de ratitas que hablaban
y cosas así. Si estudié periodismo fue porque me gustaba escribir ficción,
y no al contrario.
P.-
Se
lo pregunto porque soy de los que mantienen que muchos de nosotros nos
hicimos lectores desde el descubrimiento de columnistas como usted, que
consiguieron en un tiempo récord instaurar un nuevo género que
compitiese en igualdad de condiciones con el teatro, la poesía... R.M.-
Gracias por el elogio, que me encanta, pero nosotros no instauramos
nada. El periodismo como género literario es tan viejo como Larra. P.-
Algunas de sus columnas son auténticos cuentos breves. ¿Qué le
debe a dicho género?. R.M.-
¿Tú crees? Yo
eso lo veo más en Millás, que es un maestro del microcuento. Yo creo que
mis columnas son columnas. Creo que son estrictamente periodísticas, pero
ya te digo que para mí el periodismo es un género tan literario como
cualquier otro, como el ensayo, el drama, la poesía... P.-
En ellas, suele hablar de lo mundano de lo cercano, pero también
de lo trascendente. ¿Resulta
la
vida tan desmaquillada como para mostrárnosla así, desnuda?. R.M.
No sé si consigo desmaquillar del todo la vida, como dices.
Intento contar, o entender,
lo que hay debajo del tópico. Pero a veces no es fácil hacerlo.
P.- Se puede decir que su
incursión en la novela es relativamente reciente. ¿Dónde se encuentra más
a gusto?. ¿En ese género en sus columnas periodísticas?.
R.M.-
Me encanta que te parezca relativamente reciente porque me
rejuvenece, pero mi primera novela salió hace 22 años. Y antes, sin
publicar, ya escribía narrativa, como te he dicho. Para mí las columnas
son trabajo. Me gusta mi profesión periodística, pero no es más que
eso, una profesión. La narrativa, en cambio, es algo mucho más profundo.
Es mi manera de vivir, lo que estructura mi vida.
P.- Uno no puede evitar el
solidarizarse con lo que trata en su sección Angeles
y monstruos. Historias duras de gentes anónimas pero muy, muy
cercanas. ¿Cómo bucea en
ellas?. ¿Se ve en su posición de Pepito Grillo, como decía al
principio, removiendo conciencias?. R.M.-
No, no. Mi intención primera no es remover conciencias, sino
aprender, entender un poco mejor la vida y el mundo, rozar la emoción de
la existencia. P.-
¿Cómo ve a la mujer en este comienzo de milenio tan desajustado y
desarbolado?. R.M.-
Mejor que nunca. Pero todavía queda mucho camino por andar. P.-
Personalmente hay un estrato de la población especialmente
olvidado, y que sin embargo se ha demostrado que son consumados lectores.
Me estoy refiriendo a la tercera edad, término que me disgusta bastante.
¿Cree en la existencia de una literatura para mayores?. R.M.-
Ni hablar. Sólo creo en la buena y mala literatura, y también
creo que hay un libro para cada persona. Si alguien no lee, si no le gusta
leer, es porque todavía no ha encontrado ese libro que es su llave mágica
hacia la lectura. P.-
En estos tiempos del pensamiento
único, y de desarboladas batallas e intrigas palaciegas en lo
literario, ¿no le parece que hay quien pretende instaurar a su vez la novela
única?. R.M.-
Pues no. De hecho vivimos un momento posmoderno, es decir, un
momento en el que no existe una única respuesta frente al mundo, ni ética
ni estética. Hoy coexisten todo tipo de novelas. En otras épocas ha
habido una mayor tiranía estética en cuanto al modelo de narrativa
imperante. P.-
¿Qué opina del tan manido canon literario? R.M.-
Es una tontería como cualquier otra.
P.- Premio Nacional de
Periodismo, Premio Primavera de Novela..., ¿y El Cervantes?. R.M.-
¡Cielos! En estos momentos el Cervantes ni aparece por el
horizonte de mi imaginación más desaforada.
P.- ¿Qué opinión le
merece, habida cuenta que pocos Premios están dotados de tanta polémica,
a menudo gratuita?. R.M.-
Todos los premios son arbitrarios, está en su naturaleza. En
cuanto a la polémica, los premios más amañados son justamente los que
no generan polémica. Cuando están arreglados, los jurados no debaten
entre ellos.
P.- ¿Qué está escribiendo
en estos momentos?.
R.M.-
Acabo de sacar una novela “El corazón del Tártaro”, y ahora
estoy reposando las ideas. También tomo notas para una novela medieval y
para un libro de ensayos literarios.
P.- ¿Para cuando un nuevo
libro de relatos, si me permite la licencia, o una nueva recopilación de
artículos?.
R.M.- Un libro de relatos va
para largo; tengo una idea para uno, pero iré haciéndolo muy despacio...
El anterior libro de relatos reúne cuentos escritos a lo largo de quince
años, de modo que... En cuanto a la recopilación de artículos, no tengo
nada pensado por el momento.
P.- Por último, ¿siente que
junto a sus colegas de columna, dignificaron un género que no pasaba por
buenos momentos?. R.M .- Pues no, la verdad es que no creo eso. No eran las columnas las que pasaban por malos momentos, sino el periodismo español en general, porque salía de una época de dictadura. Pero eso no tiene que ver con el valor de las columnas o de los columnistas en sí.
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