Entrevista extraída del portal telepolis.


“Sólo el gran místico encuentra a Dios de una vez y para siempre ”

Verónica Fernández-Muro nació en Buenos Aires en 1945. A los 17 años se trasladó con su familia a Nueva York, donde residió hasta 1971. Allí cursó estudios de Literatura Española y Latinoaméricana y trabajó como guía e intérprete en las Naciones Unidas. Desde Nueva York viajó a España enamorándose de Aranjuez. Ha publicado cuentos y poemas en Revista de Occidente y Hora de Poesía. En 1999 publicó su primera novela, Los miedos olvidados. Designada recientemente relaciones públicas del Club de Roma en España, intenta realizar su proyecto: un foro de debate y estudios en Aranjuez

por Cristina Vázquez
Redacción BCN


¿Cómo se puede explicar una experiencia mística?

Mi libro en sí ilustra lo que es una experiencia mística porque se describen varias en él. Para alguien que no haya leído el libro ni lo vaya a leer, podríamos decir que una experiencia mística es una experiencia de contacto directo con lo inefable, con lo incomunicable, con lo inenarrable, con algo que no puede ser realmente descrito en palabras. La palabra mística viene del griego mystos que significa "el que guarda silencio". El que guarda silencio precisamente lo guarda porque no puede expresar con palabras lo que ha visto o sentido. Mi novela es una empresa difícil en el sentido que intento expresar con palabras lo que algunos de los personajes han visto, sentido y oído y que es difícil de comunicar.

Si es tan difícil poder comunicar esas experiencias, ¿cómo es que ha escogido este tema como argumento central de la novela?

A pesar de que sea difícil de expresar, muchos místicos a lo largo de la historia han intentado hacerlo y lo han hecho muy bien, además. Por difícil que resulte comprenderlo, si uno no lo ha vivido, es posible adivinar a través de las palabras de los grandes místicos lo que es la percepción de Dios. Si yo he querido comunicar la experiencia mística a través de una novela con gente de carne y hueso que habla, ríe, canta, llora, hace el amor... incluso viola y mata; en definitiva, gente como nosotros. Si lo he hecho así es porque, en algún momento de mi vida, yo misma he estado cerca de la experiencia mística y he querido comunicarla.

¿Podemos decir que ha hecho un exhaustivo trabajo de lectura e investigación para apoyar documentalmente su obra?

No. Más que una investigación o una documentación, lo que he hecho ha sido una tarea de búsqueda. Yo no lo he hecho para escribir una novela, lo he hecho porque quería encontrar algo. Cuando tú pierdes algo o te parece que has perdido algo, o crees que lo has perdido, y lo quieres, lo buscas. Yo buscaba a Dios porque pensaba que lo había perdido. No lo sentía cerca. Es como cuando no encuentras unas gafas pero las tienes ahí delante. No me estaba dando cuenta que si que estaba a mi lado, pero no lo percibía allí conmigo. Mi búsqueda me llevó unos 20 ó 22 años. Fue la búsqueda de unas gafas metafóricas que las tenía delante de mis narices. Esta novela es mitad del camino de la búsqueda. Dios es muy cuco, se deja encontrar y después se pierde, vuelve a aparecer y desaparecer... Sólo el gran santo y el gran místico lo encuentra de una vez y para siempre. Yo no entro dentro de esa categoría de seres humanos admirables pero me encantaría acceder a eso. Estoy como haciendo la carrera y no sé si algún día podré decir que ya lo tengo para siempre. Entretanto, sigo buscándolo.

¿Es usted Azul, la protagonista de la novela?

Sí, por supuesto Azul soy yo y yo soy Azul. Azul tiene mucho de mí y yo ya quisiera tener muchas cosas que tiene Azul. Evidentemente, salen muchas cosas que me han pasado personalmente y muchos sitios en los que he vivido o he visitado.

Azul crea un centro de estudios en Aranjuez, viva imagen del suyo. ¿En qué se va a basar este ambiciosa iniciativa?

El proyecto de Azul en Viaje de vuelta al jardín es el proyecto de Verónica Fernández-Muro. Yo quiero hacer, a toda costa, este centro de estudios aunque aún no sé como lo voy a conseguir. Es una empresa bastante dura para una sola persona pero estoy intentando recabar ayuda aquí y allá, dando voces. He puesto en boca de Azul lo que yo también quiero hacer. Es decir, hay una especie de metamorfosis entre Azul y Verónica. Es una labor de equipo y mi contribución, hasta ahora, ha sido la escritura de esta novela. Luego, ya veremos si se hace realidad.

¿Por qué Azul es una mujer y no un hombre?

Y por qué no. Es algo hecho expresamente porque llevamos muchos años de monopolio de la divinidad, de la religión. Las tres grandes religiones del mundo que son monoteístas son también la imagen de la figura antropomórfica del dios varón. Y yo pienso y siento que ha llegado el momento en que la mujer como semiprotagonista, junto con el hombre, de la Historia encuentre su lugar y su razón de ser. Hay que empezar desde la raíz, desde los orígenes, y los orígenes están allí arriba.

Entonces, ¿podemos considerar su libro como feminista?

Sí, sin serlo abiertamente, porque no sólo habla del feminismo y se defiende a la mujer a capa y espada. De todas maneras, yo no quiero que se considere feminista porque tengo en contra del feminismo varios pleitos sin resolver. El feminismo es una lucha como otra cualquiera y a mí no me gustan las luchas. Hay que llegar a las cosas de común acuerdo, no luchando, sino concordando. El feminismo es una manera de luchar que nos fue muy útil en su momento pero creo que ya está pasado de moda. Ya hemos conseguido hacernos ese lugar que luego nos va a permitir llegar más arriba, más allá. Justo al lugar que nos corresponde, ni más ni menos que el hombre.

¿Se considera cristiana?

Nací dentro de la religión cristiana pero me considero una persona ni esencialmente católica ni esencialmente cristiana. Me considero una persona religiosa que busca en diferentes religiones y culturas las respuestas a sus preguntas.

¿Qué papel juega la Astrología en su novela?

La Astrología, históricamente hablando, es la madre de todas las ciencias. De los antiguos caldeos y sumerios nacieron todas las demás ciencias, incluida la Medicina. El conocimiento de los astros, por aquel entonces, era esencial para el hombre porque era lo que más a mano tenía, lo podían ver día a día, noche a noche, era fijo en el tiempo. Lo contradictorio es que a la Astrología no se le haga, hoy en día, un poco más de caso. Se la debería tomar más en serio. Ha caído, de alguna manera, en el menosprecio de las "ciencias establecidas" y éstas, a veces, son demasiado cojas.

A lo largo de la novela, la protagonista se ve envuelta en una serie de hechos, culturas y lugares muy actuales y a la vez diferentes. ¿Su mensaje no tiene fronteras?

Sí. Alcanzar a Dios, percibir a Dios... Dios está en todas partes, Dios es todas partes y Dios es todo ser. Todos somos Dios, todo es Dios, todo es una manifestación de Dios. La meditación es un camino pero no el único. Ayuda enormemente a alcanzar ese silencio interior, ese equilibrio, esa paz, esa armonía necesaria para la mente, no para el corazón. Cuando se crea ese clima, ese ser al que hemos llamado Dios, se siente más acogido. Él entra en silencio, él entra a puertas cerradas. Difícilmente se encontrará en una marabunta de luces, ruidos, sonidos y coloridos que en el silencio del interior. Aunque si lo buscas, lo puedes encontrar donde sea. Donde quieras encontrarlo allí está.