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¿QUIERES PERTENECER A COMITATUS LUCIFERI?
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¿Quiénes Somos?
Somos una Comunidad de carácter hermético e iniciático, que agrupa a hombres y mujeres de diversas edades, en torno del conocimiento de la via luciferum, el camino de la autodeificación.
Somos una Sociedad Iniciática, pues entendemos la iniciación como el vehículo privilegiado, a través del cual, sus miembros pueden hacer operativa la alquimia del alma, el progreso espiritual; nos reconocemos como una Organización Hermética, porque creemos que el sacramento del secreto es fundamental para una accesis adecuada a la via luciferum, único garante de la sacralidad de todas nuestras acciones.
En cuanto orden inciática, Comitatus Luciferi es una comunidad aryana, pues la iniciación es siempre la muerte a una vida y el nacimiento a otra, esto es, un renacimiento, un volver a nacer por segunda vez.
Comitatus Luciferi reconoce en la Via Luciferum un modelo privilegiado de alcanzar la divinidad, de llegar a ser como dioses. Ese modelo o arquetipo se alcanza gradualmente a través de la iniciación y el sacramento del silencio. Pero no se nos mal interprete: no somos ni una religión, ni una secta. No profesamos verdad alguna revelada ni por dios, ni por los hombres.
Comitatus Luciferi, en cuanto Communitas Hominum Liberorum es la más pura expresión de la Libertad Absoluta, sin restricciones de tipo alguno. En cuanto Communitas Hominum Intelligentiae, ella es una comunidad de estudio, esto es, una comunidad de hombres del conocimiento, del conocimiento del alma, de la alquimia, del eros y de la magia.
Finalmente, Comitatus Luciferi es una nueva sensibilidad, una sensibilidad que opone la estética a la moral, la maravilla del individuo frente a la prepotencia del rebaño.
¿Cuáles son nuestros principios?
1. Lucifer es la suprema verdad, el supremo amor, la suprema felicidad, la única libertad absoluta. Él no es una entidad, no es un ser, ni es una persona supraterrenal. Él es un arquetipo del inconsciente colectivo, el arquetipo del héroe que, como Prometeo, lleva la luz a los hombres. En cuanto tal Lucifer reside en el interior de cada uno, él es la luz de la vida interior, del espíritu, que ilumina el camino para el autodescubrimiento y la autodeificación.
2. Dios no existe. Si se piensa que dios es una entidad separada del hombre y del mundo, y que, por lo tanto, creó al hombre y al mundo, entonces se piensa en un dios que no existe. Si se cree que dios es un ser superior, omnisciente y omnipotente, que juzgará en el día final a los vivos y a los muertos, entonces se cree en un dios que no existe. Si se piensa que el único dios verdadero es el judío dios de Israel, o como lo propone su versión más sofisticada, la versión católica, el carpintero galileo crucificado en el siglo I, entonces se está pensando en un dios que no existe. No existe dios alguno fuera de la luz que ilumina el interior de cada hombre. Cada hombre puede llegar a ser dios, cada hombre es un dios en potencia.

3. La libertad es el valor supremo. Frente a este valor todo lo demás se vuelve superfluo y relativo. Así, nuestra máxima es, simplemente, haz lo que quieras. El único pecado posible es abstenerse de hacer lo que se quiere.
4. El Espíritu no es algo distinto del Cuerpo. La felicidad del Cuerpo es también la felicidad del Espíritu. Un ritual de alquimia del alma, de transformación del espíritu, de crecimiento y desarrollo interior no tiene mayor valor espiritual que la comida, la bebida o la fornicación. Los placeres del cuerpo son tan importantes como los placeres de la inteligencia.
5. No hay vida después de la muerte, ni resurrección de los cuerpos ni juicio de las almas. La muerte no supone ningún paso a otra vida, sino que el acabamiento de la única vida posible. Por eso nuestro predicamento es Carpe Diem, pues mañana únicamente seremos alimento para gusanos.
6. El único sentido de la vida es convertirse en dios. Convertirse en dios significa conocer el Lucifer que yace escondido en lo más recóndito de cada uno de nosotros, a través del camino de la autodeificación (que no es otro que un camino de despeje y de exorcización de la estructura de prejuicios que ha modelado nuestra vida), para de ese modo alcanzar la libertad más plena y absoluta.

¿Cuáles son los Fines de Comitatus Luciferi?
Los fines de Comitatus Luciferi se entrelazan con los principios de la comunidad, y con su más sagrado valor. Por ello Comitatus Luciferi aspira a que sus adeptos alcancen la más plena libertad, y logren, alguna vez, cumplir con los dos más sagrados imperativos: “haz lo que quieras” y “sé un dios”.
Con este fin, Comitatus Luciferi, a través de sus ritos estructurantes, simbólicos y operativos, persigue la transformación del hombre en übermensch, palabra que traducimos indistintamente como Hombre Superior, Hombre-Niño, Hombre-Dios.
En dicho cometido, Comitatus Luciferi persigue que sus amici se desprendan de toda consideración moral. Más todavía, cuanto que, modernamente hablando, toda moral ha llegado a ser expresión del judeocristianismo.
Por ello, Comitatus Luciferi rescata la sabiduría de las culturas paganas, la ciencia, la magia, el esoterismo y el culto a la naturaleza, así como los fenómenos en los que éstos están inalienablemente inmersos.
En ese sentido evocamos la fiesta dionisiaca, los ritos paganos y la orgía como expresión máxima de la felicidad y liberación del Hombre que no siente culpa ante el celoso y egoísta dios de Israel.
Finalmente Comitatus Luciferi busca interpretar bien a aquellos buscadores del derecho y la justicia, que sin tomar en consideración los doce mandamientos mosaicos, han encontrado desde su propia fuerza, derecho y deber y sentido;
a aquellos orgullosos que no esperan ayuda del Monte Sinaí, sino que han ido, aunque sea inconscientemente, hacia el sí mismo, de donde esperan siempre, hallarlo todo;
aquellos que han puesto el saber por sobre la creencia y el ser por sobre el parecer;
a aquellos que han reconocido que nunca jamás podría ser Yahvé su divinidad, Jesús de Nazareth, nunca jamás su Salvador;
a aquéllos que han nacido en el espíritu y le fueron fieles a su espíritu, que eligieron al sí mismo como objetivo final de su búsqueda de Dios y no al monte Sión del Oriente medio;
a aquéllos que no necesitaron un mediador para lograr llegar a su dios o para poder entablar con él un diálogo, los que, por el contrario, buscaron su dios con sus propias fuerzas y porque serán escuchados por él;
a aquéllos que no por medio de los más burdos recursos, como las penitencias medievales o los derbiches árabes o algunos otros que creían caer en éxtasis para ver la divinidad, sino a aquellos que miran la vida con sus confusiones, contradicciones y cargas, como un deber impuesto por la divinidad, para que con paciencia puedan aclarar sus confusiones y hacer compatibles sus contradicciones;
a aquéllos que y, en último término, no imploraron de rodillas al cielo, sino que valientemente reclaman su admisión en él, porque hicieron todo lo humanamente posible para ser dignos de llegar a ser dioses.
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